Yo también soy un ‘magiógrafo’

La Comisaría de Nervión, teóricamente abierta las 24 horas, carece de aseos tanto para el público como para los policías. Quien sienta una necesidad fisiológica perentoria ha de echarse a la calle en busca de un bar; y si le sobreviene a horas intempestivas, tendrá que  aliviarse frente a una tapia, en un callejón o tras los contenedores. Se supone que las comisarías -centros de atención al público- deben cumplir las normas. ¿Cómo es posible entonces que ese local tenga licencia de Urbanismo, certificado de final de obra y licencia de apertura y haya pasado las revisiones obligatorias de la Sanidad municipal? Cuando a los ciudadanos se les obliga a cumplir la ley a rajatabla, parece cuando menos chirriante que sea la Policía la que presuntamente la incumpla. Por formular estas preguntas es probable, tal como ha dicho el jefe superior, Alvarez Riestra, que yo también sea un  “falso crítico, demagogo, enemigo de la libertad, leguleyo y magiógrafo”. Este palabro ni figura en el Diccionario, pero en boca de Riestra suena poco menos que a condenación eterna.

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