Dodotis

Los turistas japoneses caminaban confiadamente por la Avenida de la Constitución al tiempo que apuntaban sus cámaras fotográficas hacia lo alto, a la Giralda y los arbotantes de la Catedral; por eso no repararon en que se iban metiendo de lleno en una extensa ristra de cagajones frescos, con las consecuencias imaginables. ¿Qué imagen de Sevilla pregonaron luego en Japón? En todas las ciudades turísticas que conozco –y son algunas- los coches de caballos circulan con pañales, vulgo ‘dodotis’, y las calles no están alfombradas de excrementos secos de equinos ni emanan insoportables efluvios. El nuevo Ayuntamiento, con un criterio que responde al sentido común del que carecen algunos, ha anunciado que impondrá pañales a los équidos. Los cocheros, que llevan veinte años boicoteando la medida en plan vasco (“se acata, pero no se cumple”), vuelven a oponerse con argumentos tan peregrinos como el de que el problema lo causan las yeguas por excretar como excretan. Pues entonces la solución es muy sencilla: que los coches sean, como su nombre indica, de caballos.

 

 

 

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