Relojes

Aunque en realidad la frase la pronunció Espadas (muy aficionado a los cronómetros, por lo que se ha visto luego) se le atribuye a Zoido la expresión del deseo de que Sevilla funcionara como un reloj suizo. Pues bien, al cumplirse sus primeros cien días como alcalde, el reloj del Ayuntamiento se quedó parado por los impagos al relojero municipal, Torner, el de la calle Sagasta. El sábado, los viandantes que paseaban por la calle Sierpes observaron que de los seis relojes de ‘El Cronómetro’, el primero por la izquierda había perdido la sincronía con el resto y andaba con un enorme retraso, como si se le hubiera acabado la pila o se hubiera cansado de dar la hora. Y el lunes trascendía el cierre al cabo de 80 años de la Relojería Suiza, sita en la Plaza de San Francisco, en diagonal con el Ayuntamiento. Más pronto que tarde veremos allí una pizzería o un anexo de Robles. Que a Sevilla se le vayan parando los relojes puede ser toda una metáfora de que la ciudad se ha quedado detenida en el tiempo y que necesita que el alcalde, su relojero mayor, le dé más cuerda.

 

 

 

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