El ecuador

Oído en el autobús. Una pasajera le pregunta a gritos desde un extremo al otro del vehículo a un amigo el pasado domingo: “¡¿Irás el lunes por la noche a la Feria?!”. Respuesta igual de altisonante: “¡Pero si ya estamos en Feria desde el viernes por la tarde!”. Efectivamente, el interpelado añade que a esas alturas ya lleva metido tres días en la caseta familiar, a la que retornaba en el bus, y, como él, decenas, por no decir ‘cienes’, de miles de sevillanos, de lo cual se infiere que en esta ciudad dual tenemos un calendario oficial y otro real, como el reloj que marcaba un tiempo distinto según lo miraran el Ayuntamiento o los canónigos de la Catedral. Y que el sevillano de a pie y el de coche de caballos no reparan en esas distinciones administrativas entre Preferia y Feria: Feria desde las mismas vísperas o vísperas convertidas directamente en Feria. Cuando, tras la prueba del ‘alumbrao’, estas líneas vean la luz, el almanaque municipal señalará el inicio de la Feria, pero el reloj biológico de la ciudad marca que en realidad ya estamos en su ecuador.

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