Pintura

El nuevo gerente de Mercasevilla, Manuel Blanco, ha descubierto que uno de los presuntos testaferros del caso de los ERE le facturó al mercado central de abastos 326.707 euros por la supuesta compra de 112.064 kilos de pintura de todo tipo de colores salvo el azul (paradójicamente, la tonalidad aplicada tras unas obras de mejora en la lonja) pero de los que no existe constancia de su entrega mediante albarán alguno ni nadie vio jamás pero por los que se ingresó el dinero en una cuenta bancaria.

Inmediatamente, su antecesor en el cargo, pagador de la pintura ‘fantasma’ y ya condenado en una de las ramas del caso Mercasevilla, Fernando Mellet, se ha apresurado a emitir, a través de su abogado, una nota de prensa en la que dice que si firmó el abono de aquellas facturas fue como en el caso de tantas otras miles y por la confianza que tenía en su equipo de colaboradores, amén de que cree recordar que en su época se hicieron trabajos en la nave 5, “que era de una entidad considerable”.

Mellet, pues, lanza la pelota no hacia arriba, sino hacia abajo cuando menciona a sus subordinados por pasarle las facturas a la firma, como si entre sus funciones como director-gerente no hubiera estado la supervisión de los papeles que llegaban hasta su mesa y no debiera haberle llamado la atención la acumulación de facturas de un mismo proveedor en tan corto espacio de tiempo (algunas se sucedían mes tras mes)  y por unas magnitudes desproporcionadas. Y es que con esos 112.064 kilos de pintura se habrían rellenado 5.603 latas de 20 kilos o 4.482 latas de 25 kilos, los formatos profesionales más habituales. ¿Cómo es que Mellet ni nadie recuerda haber visto un solo recipiente de una carga digna de un tráiler?

Si una lata de formato digamos doméstico (0,75 kilos) permite pintar una superficie de 7 a 10 m2 según los propios fabricantes, los 112.064 kilogramos aparentemente suministrados a Mercasevilla habrían permitido cubrir una superficie de entre 1.045.930 m2 y 1.494.186 m2, cifra equivalente a entre 104 y 149 campos de fútbol y por tanto de muchísima mayor entidad que la nave 5 supuestamente pintada, pero en todo caso de azul, en la época de Mellet.

Curiosamente, cada vez que estalla un escándalo, resulta que el máximo responsable,  por sus funciones directivas o como supervisor del proceso, nunca se ha leído los papeles o nunca se le ha ocurrido tirar de calculadora para comprobar si los números son acordes a la realidad.

Nunca pintaban nada, salvo a la hora de pasar por caja a final de mes.

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