Sapos

Dicen que la política consiste en desayunarse un sapo cada mañana. Que se lo pregunten a Luciano Alonso, el consejero con pinta de Lee Marvin. Al malagueño le tocó encarnar el papel de indignado de la Junta cuando los catalanes de La Caixa dieron la espantá en las Atarazanas e incumplieron el convenio de su restauración (25 millones de euros) y dotación durante 75 años (300 millones). Insinuó algo que ahora está de moda con Danone sobre los ahorros de los andaluces, le incoó un expediente para meterle un puro y auguró una indemnización acorde con el montante del convenio. Ahora, hechas las paces entre Griñán y Fainé por aquello de recuerda quién te da la liquidez, José Antonio, Luciano se la ha envainado. Dice, sin pestañear, que renunciar a 325 millones a cambio de los 25 a que se ha reducido el nuevo convenio es una gran oportunidad. ¡Qué papelón! Cuando coincidan con el consejero de Cultura, tengan cuidado por si aún está regurgitando todo lo que se ha tenido que tragar con las Atarazanas, aunque tengo la impresión de que no son sapos, sino estrellas de mar.

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