Memorias

Si el tercer volumen de las Memorias de Alfonso Guerra es un trago amargo de digerir para Chaves, al que incluye en el bando de los traidores, no menos sabrá a cicuta y será un golpe para el ego de Monteseirín. Mientras Alfredo, designado en su día alcaldable por el dedo de Caballos con tal de darle por saco a Borbolla, hacía planes una vez instalado en la Plaza Nueva para perpetuarse al menos 20 años en el cargo, el Guerra cuenta cómo el PSOE ya le estaba haciendo la cama, hasta el punto de que a él le propusieron en dos ocasiones sustituirlo como el candidato socialista. O sea, que si Monteseirín fue alcalde durante doce años se debió a que Guerra no quiso serlo, ya que hubiera ganado con la gorra,  y aquél, en plan Claudio (el emperador romano cuya vida fue novelada por Robert Graves), acabó beneficiándose de las luchas intestinas de su partido hasta que, parafraseando al ex-vicepresidente del Gobierno, el tiempo le alcanzó. Su destino final como promotor de una peña bética en Madrid parece más acorde con sus auténticos méritos, conforme al principio de Peter.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *