El IRPF

Susana Díaz ha desvelado su declaración de la renta y la de su esposo para someterse a la malsana curiosidad (las cargas del cargo) de sus vecinos de Triana, correligionarios (sí, los mismos que antes la apodaban malévolamente ‘Gusana’ y ahora le rinden pleitesía, hasta la próxima puñalada trapera por la espalda), adversarios y andaluces en general. Aunque me llama la atención que la pareja presidencial tenga tres coches (aparte del oficial de ella) sólo para dos, cada uno es muy libre de coleccionar lo que quiera con su dinero. Más significativo me parece que después de que se haya destacado tanto de su biografía política que había llegado al PSOE desde el Humanismo Cristiano como catequista en su parroquia y que era devota del Rocío (¿de la romería o de la Virgen?) y de la Semana Santa, a la hora de cumplimentar la declaración del IRPF ha puesto la cruz no en la casilla de la Iglesia Católica, sino en la de ‘A fines sociales’, cuando hasta le cabía la opción salomónica de marcar las dos casillas solidarias. A ver cómo se lo explica ahora al cura de su barrio.

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