Tesoro del Carambolo: Arma arrojadiza

El Ayuntamiento y la Junta están protagonizando un enfrentamiento político a cuenta del tesoro del Carambolo que no es nuevo, ya que nos hallamos ante la reedición del mismo conflicto con algunos protagonistas distintos y similares argumentos pero que se interpretan en función de la ideología de cada uno y del rol ocupado, según se estuviera en la oposición o en el  gobierno. Al final, la impresión que queda en la opinión pública es que lo que menos importa es el propio tesoro, convertido en un arma arrojadiza con tal de erosionar al adversario.

Hagamos memoria. En febrero de 2010, siendo Monteseirín (PSOE) aún alcalde, su entonces delegada de Cultura, Maribel Montaño, anunció de forma sorprendente que el Ayuntamiento había llegado a un acuerdo con la Consejería de Cultura para que el tesoro quedara expuesto en las Casas Consistoriales durante el tiempo en que se hicieran las obras de reforma en el Museo Arqueológico y con el objetivo de que las joyas no siguieran guardadas en la caja fuerte de un banco, como en los últimos treinta años.

Montaño, al igual que otros responsables de Cultura, pensaba en las que parecían inminentes obras de rehabilitación del Museo Arqueológico, unos trabajos que, al igual que los previstos en el Museo de Bellas Artes, se prometen dotar económicamente en los siguientes Presupuestos Generales pero que, como el Godot de la obra teatral de Samuel Beckett, nunca se financian porque nunca hay partidas presupuestarias o son ínfimas.

DESAUTORIZADA

Aquel anuncio de exposición del tesoro en la sede del Ayuntamiento fue de inmediato desautorizado por su correligionario y entonces homólogo en la Junta de Andalucía, Bernardo Bueno, que negó la firma de convenio alguno. En el Gobierno autónomo se interpretó el aserto de Montaño como un intento de provocar en la opinión pública un movimiento favorable a la pretensión de Monteseirín.

Recuérdese que el exalcalde ya protagonizó un polémico episodio cuando, de forma impulsiva y para horror de los técnicos, cogió con las manos y sin precaución alguna joyas del delicado y valioso tesoro, tanto que a efectos de las compañías de seguros su póliza tendría una cuantía de 16 millones de euros.

Monteseirín le había echado un ojo al tesoro y quería rentabilizarlo como fuera sustrayéndolo de su ámbito natural y legal de exhibición, el Museo Arqueológico (de titularidad estatal pero de gestión autonómica), para acogerlo en unas dependencias municipales. Si no podía ser en el Ayuntamiento, en la Plaza Nueva, por tratarse de una sede administrativa no preparada para usos museísticos, la alternativa debía ser el Antiquarium bajo las Setas de la Encarnación, con lo que de paso atraería público al icono de su mandato.

Aquel proyecto también fue rechazado, en este caso por el Ministerio de Cultura, y los ecos de su decisión llegaron hasta el recién constituido por entonces nuevo gobierno local de Sevilla, con Zoido al frente, el cual nombró como delegada del ramo a Mar Sánchez Estrella.

APLAUSO MUNICIPAL

Preguntada sobre el tema con motivo de la presentación de los conciertos del Día de la Música, la delegada declaró en junio de 2011 que el Ayuntamiento no podía hacer otra cosa que “aceptar” la resolución de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales.

Mar Sánchez Estrella destacó que había sido un comité de expertos del Ministerio, formado por científicos y profesionales de gran nivel, el que había denegado el permiso para exponer el tesoro en el Antiquarium. Este comité se había basado en informes de la Comisión Andaluza de Bienes Muebles, el Museo Arqueológico de Sevilla y la Dirección General de Museos de la Junta de Andalucía, todos contrarios al traslado propuesto por Monteseirín, entre otros motivos, por razones de seguridad y porque el Carambolo es de una época histórica que nada que tenía que ver con los restos romanos del Antiquarium.

Y, atención a este punto. La delegada de Cultura del actual Ayuntamiento recalcó que el nuevo gobierno municipal “siempre ha pensado” que el tesoro, cuya titularidad es del Consistorio, “tiene que estar donde siempre debió estar, en el Museo Arqueológico de Sevilla; y no una copia, sino el original”.

Para ello, según Sánchez Estrella, era necesario avanzar en las obras de restauración del museo, por lo que anunció que iba a luchar para que el Arqueológico estuviera perfectamente restaurado lo antes posible y que iba a hablar con el Ministerio cuanto antes para aportarle soluciones y planes plurianuales de inversión.

Por otra parte, fuentes del Ministerio de Cultura reconocieron a la agencia Europa Press que la valoración negativa realizada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía al traslado de las piezas del tesoro al Antiquarium había sido clave para la denegación de la autorización.

LA HISTORIA SE REPITE

Las vueltas que da la vida, y la política. Cuatro años después se han invertido las tornas. Ahora es Zoido el alcalde que emula a Monteseirín en el afán de exponer el tesoro del Carambolo en el Ayuntamiento, en vísperas de las elecciones municipales, para conmemorar el L aniversario de su adquisición por el Consistorio, pese a que, según su delegada de Cultura, Mar Sánchez Estrella, este gobierno local siempre había pensado que las joyas deben estar en el Museo Arqueológico. Justamente esa era la sede que se acordó oficialmente hace medio siglo entre el Ayuntamiento y el Gobierno franquista a cambio de permitir que el tesoro se quedara en Sevilla y no pasara a engrosar los fondos del Museo Arqueológico Nacional, en Madrid.

Por dos veces, la última evaluando nueva documentación y nuevos planes enviados por el Consistorio, la Comisión de Bienes Muebles de la Junta de Andalucía (integrada exclusivamente por técnicos y de la que en esa segunda reunión se ausentaron los expertos vinculados de alguna manera tanto al Ayuntamiento como al Gobierno autónomo para evitar cualquier tipo de condicionamiento político en las votaciones) ha dictaminado en contra de la pretensión de Zoido, como en su día se pronunció en contra de los deseos de Monteseirín.

En aquella época, tanto el recién constituido gobierno local como el Ministerio de Cultura alabaron, y jamás cuestionaron, el dictamen de los expertos de la Junta de Andalucía contrario a Monteseirín, pese a ser el alcalde del mismo signo ideológico (PSOE) que el partido gobernante en la comunidad autónoma.

RECHAZO

Ahora, sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario: desde el Ayuntamiento y el Ministerio de Cultura se niega incluso la competencia legal de la Comisión de Bienes Muebles para oponerse al proyecto de Zoido, y se presentan los dictámenes negativos como un boicot más de la Junta de Andalucía a Sevilla, por más que el argumento de fondo es el mismo que en la época de Monteseirín: las Casas Consistoriales es un edificio administrativo que no reúne las condiciones de seguridad para exponer el tesoro. Los técnicos, no obstante, no ponen objeciones a que el original se muestre en el Arqueológico, o la réplica que hizo el orfebre Fernando Marmolejo se exhiba en el Ayuntamiento. Obviamente, si le ocurre algo a la copia no es lo mismo que si le pasara al original.

Tras estos dos dictámenes negativos pero que incluyen el permiso para la exposición en el Museo Arqueológico, el Ayuntamiento se queda sin el argumento de que la Junta se niega a que los sevillanos puedan ver su tesoro en su ciudad. Por tanto, insistir una y otra vez en el todo o nada de que la muestra debe celebrarse en las Casas Consistoriales pese a su falta de seguridad contribuye a cimentar la imagen de un uso electoralista del tesoro aun a costa de ponerlo en situación de riesgo.

Al parecer, el Ayuntamiento estaba dispuesto a gastar más de 50.000 euros en la contratación de vigilantes privados, vitrinas especiales, alarmas y demás para organizar esta exposición efímera, cuando un servicio complementario de vigilancia para su exposición permanente en el Arqueológico durante todo el año podría costar entre 100.000 y 150.000 euros, pero el Consistorio y la Consejería de Cultura no se avienen a negociar: una, porque quiere que los gastos sean compartidos; y otro,  porque alega que no tiene por qué aportar para una cuestión que no es de su competencia.

De lo que se colige que lo importante no es el qué (el tesoro, la ciudad de Sevilla), sino el quién (protagonismo de la Junta o del Ayuntamiento).

 

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