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Cátedras

Una peculiaridad de los conservatorios es la denominación de asignaturas y/o de los profesores que las imparten no por la actividad musical, sino por el instrumento. Así, en vez de catedrático de interpretación pianística existe el titular de piano, del trombón y hasta de modalidades de guitarra, como la clásica o la flamenca. Es como si el catedrático de Química lo fuera de probeta o pipeta. Ahora, la Universidad  ha copiado esa terminología de los conservatorios de música al anunciar la creación de la Cátedra Metropol-Parasol, así denominada porque es una manera de hacerle publicidad a la obra de quien la financia, la constructora Sacyr, en cuyo beneficio ese pseudosocialista aparente defensor de la cosa pública llamado Alfredo Sánchez Monteseirín se la hurtó a los sevillanos y la privatizó por los próximos 40 años. En cinco siglos  de historia, ni a la Hispalense ni a ninguna empresa local les dio por financiar la Cátedra Giralda, Real Alcázar o Torre del Oro, y miren por dónde la primera que se constituye está dedicada a las polémicas Setas de la Encarnación.

Globalización

Recientemente se ha inaugurado al Norte del campus de la Universidad de Michigan (EEUU) el Museo de Arte Eli y Edythe Broad. Les invito a que en el buscador de imágenes de Google tecleen ‘Museo Broad’ y comprueben si las fotos y dibujos del edificio, sobre todo las de su silueta lateral, no les resultan familiares. Salvando la geometría de pliegues, la forma del nuevo museo norteamericano se asemeja bastante a la de la Biblioteca proyectada en el Prado de San Sebastián, derribada por ilegal. Y es que ambas son hijas de la misma madre, la arquitecta iraquí Zaha Hadid. La reflexión de fondo es que este tipo de arquitectura de la globalización lo mismo (no) sirve para Estados Unidos que para Sevilla, porque se factura desde estudios multinacionales al margen del contexto en que se materializará y de la historia, la cultura y la tipología de cada ciudad. Por eso, la torre Pelli es, con ligeros retoques, la misma en la Cartuja que en Bilbao. Así que si quieren saber cómo habría quedado la Biblioteca del Prado no tienen más que irse a Michigan para ver su copia.

 

Indisys

Los ciudadanos que hayan accedido a la página web de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía para pedir cita con el médico o realizar cualquier otro trámite administrativo han debido de encontrarse con una figura parlante que les habla en estos términos:

-Buenos días. Me llamo María. Le puedo ayudar a pedir cita para medicina de familia o darle información sobre la gripe A y enfermedades de transmisión sexual. También puedo hablarle de alimentación y dietas infantiles, cuidados del bebé, vacunas, lactancia o temas como el aborto…. Estoy a su disposición para lo que necesite.

 

María es lo que se conoce como un asistente virtual, una figura cada vez más habitual en las páginas corporativas de las grandes empresas que precisan relacionarse con sus usuarios, o al revés, y que son capaces de atender las peticiones y consultas de éstos. Los asistentes virtuales son la avanzadilla del Internet del futuro, las denominadas webs semánticas, que se basarán en el procesamiento del lenguaje natural, algo que parece elemental pero que en la práctica es muy difícil de emular.

El usuario que dialogue con María, la asistente virtual de la Consejería de Salud, podrá ver en la parte inferior del cuadro de diálogo la siguiente leyenda en inglés: ‘Powered by Indisys’, es decir, creado o mantenido por Indisys, siglas correspondientes a la empresa Intelligent Dialogue Systems (Sistemas de Diálogo Inteligente).

Y, aunque lo parezca, quien es capaz de crear esta maravilla informática no es una compañía grande de Silicon Valley, sino una pequeña por tamaño pero grande en creatividad e imaginación, esta firma sevillana que responde por Indisys, tan grande a ojos de los que saben de este mercado que todo un gigante como Intel, el que equipa con sus chips la mayor parte de los ordenadores del mundo y les obliga a lucir externamente la pegatina ‘Intel inside’, ha comprado el 40% de sus acciones para financiar su expansión internacional.

De la nada, en tan sólo nueve años, la empresa sevillana creada en 2003 por tres licenciados en Filología Inglesa (Pilar Manchón, Gabriel Amores y Guillermo Pérez) ha pasado a codearse con la élite tecnológica mundial. Para quitarse el sombrero ante ellos: un espejo en que deben mirarse quienes no ven ninguna salida a la crisis. Y lo mejor es que encima son de Letras.

En un futuro que espero no sea muy lejano, además del ‘Intel inside’ en la carcasa de los ordenadores, lo que veremos en las páginas web será eso de ‘Powered by Indisys’ (made in Seville).

 

Desmedido

El rector de la Hispalense ha mostrado algunas dudas sobre “la longitud del paro” (sic) convocado por el Cadus (dos semanas). Todo un catedrático de Física de la Materia Condensada confunde distancia con tiempo, al hablar de la “longitud” en vez de la “duración” del paro académico. Si la máxima autoridad universitaria se hace un lío con los sistemas de medidas, ¿qué nivel puede esperarse de la díscola grey estudiantil? ¿Comprenden ahora la obra de caridad que suponía permitir que los alumnos copiaran? Quizás Arellano ha resuelto la dualidad espacio/tiempo o ha inventado un nuevo sistema combinado, como el Triatlón, que mezcla natación, ciclismo y atletismo. O se ha inspirado en las inmobiliarias, que anuncian los pisos no por su distancia en kilómetros a un punto determinado, sino si están a cinco o diez minutos del Centro o de una parada del Metro, lo mismo que cuando en el 92 la Expo hablaba de las isocronas respecto de la Cartuja y no de los kilómetros. Arellano es el primer rector capaz de medir el tiempo en metros en lugar de en horas, minutos y segundos.

Rector ni-ni

Al contrario que el PNV, cuya máxima frente al Gobierno era “se acata pero no se cumple”, el nuevo rector de la Hispalense, Antonio Ramírez de Arellano, ha declarado estar dispuesto a “acatar y cumplir” la demoledora sentencia del TSJA y del Supremo sobre la ilegal biblioteca de inspiración marchenera y monteseirinesca erigida en mala hora en el Prado por la Universidad que debe dar ejemplo. Pero a continuación añadió que trabaja en las alegaciones a la demanda vecinal de que se ejecuten ya los doce o no sé cuántos fallos judiciales a su favor en estos años de lucha. O sea, que el nuevo rector, compadre con Luque de la criatura concebida por la arquitecta Zaha Hadid en una zona verde, que te quiero verde, del Prado de todos hace lo contrario de lo que dice, pues si prepara alegaciones significa que no tiene intención de tirar ese esqueleto de cemento que cada día que pasa le cuesta un pico en vigilancia a los contribuyentes. Total, como dijo un día que ese dinero era de la Junta y no de la US…. Con Arellano nos ha salido un rector ni-ni: ni acata ni cumple.

Rectora

Antonio Ramírez de Arellano, futuro rector de la Universidad Hispalense y aún mano derecha de Joaquín Luque, que tan poca mano izquierda ha tenido con la ilegal biblioteca en el Prado de San Serbastián, presentó su equipo de gobierno, continuista de la actual etapa. De sus catorce componentes –incluido el rector en ciernes-, nueve (el 64%) ya están gobernando la universidad con Joaquín  Luque. Segundo rasgo característico: la mayoría de sus miembros proceden de carreras científicas y técnicas. Y es que son malos tiempos para la lírica. Y el tercer aspecto subrayable: hay el doble de mujeres (nueve) que de hombres (cinco), sin que nadie haya abogado por las listas-cremallera o hable de discriminación feminista, al contrario de lo que, con la demagogia habitual, habría hecho la clase política en esas circunstancias. Esta mayoría refleja el creciente poder y la valía de las féminas universitarias. Por cierto: el Vicerrectorado de Infraestructuras lo ocupa una mujer, de lo que se infiere, conforme a la tradición de esta universidad, que más pronto que tarde habrá por fin una rectora pastoreando el rebaño de la Hispalense.

El tapado

Cuenta la leyenda que antes de Miguel Florencio hubo otros rectores en la  Universidad Hispalense, y que también hubo alcaldes en Dos Hermanas antes de Kiko Toscano.  Quizá Miguel Florencio fue vicerrector de Infraestructuras antes que rector, si no es que nació ya con este título bajo el brazo en vez de con un pan. Infraestructuras es a la Hispalense lo que Urbanismo al Ayuntamiento: la clave de bóveda del poder. Por eso, cuando Monteseirín ganó sus únicas elecciones por minoría mayoritaria y se quitó del medio a los andalucistas del PA, los sociatas, y especialmente Manuel Marchena,  daban saltos de alegría gritando aquello de “¡Urbanismo, Urbanismo!”. Joaquín Luque, actual rector, fue vicerrector de Infraestructuras con Florencio antes de que éste abdicara en él de su cargo perpetuo. Antonio Ramírez de Arellano es el vicerrector de Infraestructuras de Luque y, ahora, como candidato único, va a ser rector. Pero ésto no es noticia. La noticia saltará cuando nombre al vicerrector de Infraestructuras. Entonces ya sabremos quién será el rector en el año 2016.

Compatibilizar

La biblioteca del Prado da más juego que la de Alejandría. Ahora, Espadas insta a Zoido a que se pronuncie “sin intermediarios” sobre la sentencia y sobre cómo se “compatibilizará” su ejecución con “la conservación de una inversión que ya ha supuesto un importante gasto”. En su obsesión por meterle las cabras en el corral a Zoido o viceversa, yerra. Desde que Monteseirín y Marchena embaucaron a la Hispalense y ésta les firmó un papel exonerador de responsabilidad, quien debe pronunciarse es el rector, no el alcalde. Se nota en Espadas la nefasta cultura del “ya que”. Ya que la Universidad ha gastado un dineral en las obras, ¿cómo se van a derribar?, plantea subliminalmente con el término “compatibilizar”. Ya que hemos gastado 170 millones en la esclusa, ¿cómo no se va a hacer el dragado?, dicen los del Puerto. Ya que se alzó el ilegal hotel en el Algarrobico, ¿ahora cómo se va a tirar?, dicen los del ladrillo. “Compatibilizar”, amigo Espadas, equivale en todos estos  casos a premiar la política de hechos consumados y a saltarse a la torera el Estado de Derecho.

Usted paga

Tras el fallo del Supremo que aboca inevitablemente al derribo de la biblioteca medio construida
por la Universidad en suelo amputado a los jardines del Prado, la Hispalense debería haber
reaccionado acatando públicamente la sentencia y anunciando en consecuencia la inmediata
demolición ‘motu proprio’ del adefesio de cemento perpetrado sobre una zona verde. Pero no.
Han sido el Ayuntamiento y el vecindario quienes han clamado por que este caso se acabe de
una vez por todas, mientras que la culpable y condenada, la entidad cinco veces centenaria
cuya historia quedará mancillada por  este baldón, guarda un inexplicable silencio y no asume
sus responsabilidades. Como la Universidad no se mueve ni se conmueve pese a los trece
fallos judiciales en contra que acumula, otra vez tendrán que ser los vecinos quienes insten a
que se dice un auto de ejecución de la sentencia, que puede tardar seis meses más. Como
cada día de demora supone 10.400 euros, la sinrazón universitaria supondrá un coste añadido
de 1.872.000 euros, que pagarán los sevillanos. Luque, suma y sigue.

Tarjeta roja

El Supremo estima inadmisible el recurso contra la anulación de la biblioteca en el Prado porque era nula de pleno derecho al haber sido expulsada ya del ordenamiento jurídico. Tarjeta roja. Es la decimotercera sentencia favorable a los vecinos y contraria a la Hispalense, cuyo rector, Joaquín Luque, era vicerrector de Infraestructuras cuando se promovió el ilegal proyecto y se acordó eximir al Ayuntamiento de Monteseirín y Marchena, los dos embaucadores, de cualquier responsabilidad sobre lo que acaeciera. La Hispalense debió haber demolido las obras en julio de 2009, cuando las paralizó el TSJA, y no gastar 10.400 euros/día  en su vigilancia y mantenimiento, empecinada en un recurso tras otro. Los ha perdido todos y en estos dos años y medio, aparte del dinero en la fallida construcción, ha gastado 11.232.000 euros en sostener aquel esqueleto de cemento. Un despilfarro del que Luque, cuya única salida es la dimisión, se hace el loco. Hoy, como no han derruido la biblioteca, la locura de Luque nos cuesta a los sevillanos otros 10.400 euros. Y así sucesivamente.