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Memorias

Si el tercer volumen de las Memorias de Alfonso Guerra es un trago amargo de digerir para Chaves, al que incluye en el bando de los traidores, no menos sabrá a cicuta y será un golpe para el ego de Monteseirín. Mientras Alfredo, designado en su día alcaldable por el dedo de Caballos con tal de darle por saco a Borbolla, hacía planes una vez instalado en la Plaza Nueva para perpetuarse al menos 20 años en el cargo, el Guerra cuenta cómo el PSOE ya le estaba haciendo la cama, hasta el punto de que a él le propusieron en dos ocasiones sustituirlo como el candidato socialista. O sea, que si Monteseirín fue alcalde durante doce años se debió a que Guerra no quiso serlo, ya que hubiera ganado con la gorra,  y aquél, en plan Claudio (el emperador romano cuya vida fue novelada por Robert Graves), acabó beneficiándose de las luchas intestinas de su partido hasta que, parafraseando al ex-vicepresidente del Gobierno, el tiempo le alcanzó. Su destino final como promotor de una peña bética en Madrid parece más acorde con sus auténticos méritos, conforme al principio de Peter.

 

Melómano

Apenas llegar al Teatro de la Maestranza para asistir al Concierto de Año Nuevo que iba a ofrecer la Real Orquesta Sinfónica, sorpresa: casi me doy de bruces con Alfonso Guerra que, si no me equivoco, iba acompañado por su hijo ‘Pincho’. Me sorprende la asistencia de ‘El Canijo’ a un concierto cuyo programa se basaba íntegramente en composiciones de la familia Strauss -aunque Pedro Halffter dirigió entre las propinas una magnífica obertura de ‘La fuerza del destino’, de Verdi, por su bicentenario-, tan alejados estilísticamente los reyes de los valses de Gustav Mahler, del que Guerra pasa por ser su exégeta en España. Y sorpresa añadida porque cuenta la leyenda, no sé si negra o blanca, que Guerra se opuso a la construcción de un teatro de la ópera en la Expo -con diseño de Eleuterio Población- porque a su juicio era un espectáculo para señoritos, por lo que cuando al final se rectificó la única forma de hacerlo a tiempo fue recreciendo el Maestranza para convertirlo también en teatro lírico a costa de ese remonte que le confirió el mote de ‘la olla exprés’.

 

Luis Gómez Llorente, ‘in memoriam’

El pasado 5 de octubre murió en Madrid a los 73 años de edad Luis Gómez Llorente, exvicepresidente del Congreso de los Diputados, exsecretario de Formación del PSOE y ex profesor de la Universidad Laboral de Alcalá de Henares. Esta luctuosa noticia me retrotrae 35 años en el tiempo, cuando yo era entonces un joven veinteañero estudiante de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. En un suelto de la revista Triunfo habíamos leído, tanto yo como algunos otros compañeros de aquella época, la noticia de la muerte en el exilio de México de un historiador socialista que había nacido en Zalamea la Real, nuestro pueblo natal: Antonio Ramos Oliveira. Ninguno teníamos noticia de la existencia de aquel personaje, y aquello fue motivo más que suficiente para tratar de reconstruir su biografía zalameña y, luego, de tributarle un homenaje reivindicativo de su memoria, tal como ya conté en una Revista de Feria de Zalamea. Y allí que aprovechando mi estancia estudiantil en la capital de España y con el entusiasmo y la ingenuidad propias de la edad, me dediqué a recabar apoyos en pro de la materialización de aquella idea de aquellos que pudieran tener alguna vinculación con Ramos Oliveira o motivo para adherirse al proyecto.

En el cartel diseñado para el homenaje, que se fijó para el domingo 10 de abril de 1977 (Domingo de Resurrección) en el escenario del cine ‘Ruiz Tatay’, figuraban el entonces redactor jefe de la revista ‘Triunfo’, el gran periodista onubense Víctor Márquez Reviriego, aunque se apuntó más bien para motivar al resto, ya que desde el inicio teníamos claro por sus ocupaciones de que iba a resultar prácticamente imposible su asistencia; Alfonso Guerra, que también se cayó, con más razones que las esgrimidas por Reviriego dado su esencial papel en el PSOE dirigido por Felipe González; Manuel Azcárate, el político comunista que había conocido a Ramos en su época de diplomático de Naciones Unidas, y Luis Gómez Llorente, entonces secretario de Formación del Partido Socialista.

Tras los abandonos de Reviriego y Guerra, en las semanas previas al acto público el cartero me trajo un telegrama a casa. Recuerdo que era un día lluvioso. Azcárate me comunicaba la imposibilidad de acudir a Zalamea la Real al homenaje. Sólo nos quedaba Luis Gómez Llorente, que fiel a su bonhomía, no faltaría a la cita, si bien yo estuve angustiado hasta el último minuto. Pegamos carteles por todo el pueblo, aunque muchos fueron arrancados. Y además se produjo un hecho inesperado: en la víspera, el 9 de abril de 1977, el Gobierno de Suárez legalizó el Partido Comunista de Santiago Carrillo, también recientemente fallecido. Aquel día pasó a la historia como el Sábado Santo Rojo. Y a la jornada siguiente, Domingo de Resurrección, estaba anunciado el homenaje, acto que se convirtió en motivo de fiesta y exaltación de las fuerzas políticas de izquierda en la Cuenca Minera de Riotinto sin que nadie se pudiera imaginar aquella circunstancia. Algunas viejas se persignaban por la calles y otros evocaban con temor la Guerra Civil sin saber que justo entonces empezaba la Transición de la España de la concordia.

¿Vendría o no vendría Gómez Llorente? ¿Qué ocurriría si no aparecía con toda aquella masa de gente esgrimiendo banderas rojas con la hoz y el martillo? Para alivio mío y del resto de amigos que con nuestro entusiasmo juvenil organizamos aquel homenaje sin prever sus posibles consecuencias, Gómez Llorente apareció con cierto retraso por la cuesta que desembocaba en el cine/teatro en un coche conducido por un tal Pepote Rodríguez de la Borbolla, según supimos después (Pepote acabaría de presidente de la Junta de Andalucía), y acompañado por Margarita Ramírez Montesinos, que había sido mi profesora de griego  en el Instituto La Rábida, de Huelva.

Luis Gómez Llorente dio una lección magistral sobre el escenario del teatro. Lementablemente, la persona encargada de grabar el acto y cuyo nombre omito siempre por no indignarme más, dijo que no pudo hacerlo porque….. se la había olvidado ponerle la cinta a la grabadora. Así no pudimos ni transcribir ni editar aquella conferencia, ya que Luis habló sin papeles. Al final se ganó una estruendosa ovación y la gente salió encantada tras agolparse para felicitarlo efusivamente. El firmó ejemplares de su libro ‘Aproximación a la historia del socialismo español’. Luego departimos en petit comité en una mesa del Permanente, sobrenombre del casino del pueblo, y me causó una impresión aún mejor que la que me había dado durante nuestros breves encuentros en la sede del PSOE en Madrid, que por entonces no estaba en la histórica calle de Ferraz, sino en la de García Morato, nombre del as de la aviación franquista con el que también había sido bautizado el complejo sanitario de Sevilla, hoy el ‘Virgen del Rocío’. Tal como se le ha calificado en alguna nota necrológica de estos días, era un hombre machadiano, coherente con sus ideas y viviendo conforme a sus convicciones y con una forma enormemente didáctica de hablar, cualidad de un gran profesor.

Nunca más mantuvimos nuevos contactos. Yo era aún un estudiante cuando ya ocupaba cargos de mucha mayor responsabilidad política y no quise molestarle, pero siempre guardaré en mi memoria el gesto que tuvo con un joven idealista que acudió a verle para pedirle que acudiera a un pueblo desconocido para él y  situado a 700 kilómetros de su lugar de residencia con objeto, incluso costándole el dinero el desplazamiento, de rendir homenaje a un historiador muerto en el exilio dos años antes. Por paradojas de la vida, él acabaría sumido en un exilio interior dentro del PSOE tras el abandono del marxismo por su partido, y refugiado en la enseñanza y dedicado a sus alumnos. Descanse en paz Luis Gómez Llorente.

* Luis Gómez Llorente, maestro socialista (Obituario publicado en el diario El País):

http://politica.elpais.com/politica/2012/10/05/actualidad/1349437419_685106.html

 

*Luis Gómez Llorente, temible dialéctico y socialista cabal (Artículo de Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona en el diario El País):

http://politica.elpais.com/politica/2012/10/08/actualidad/1349652474_321435.html

 

*Luis Gómez Llorente, un socialista clásico (Artículo de Antonio García Santesmases y Manuel de la Rocha Rubí en el diario El País):

http://politica.elpais.com/politica/2012/10/09/actualidad/1349735457_720830.html

 

 

Converso

A pesar del homenaje que con motivo del XX aniversario le organizó la SER, Felipe González no fue el padre espiritual de la Expo, sino que, como San Pablo camino de Damasco, se cayó del caballo y pasó de principal objetor a su apóstol. Socialistas de aquella época recordaban cómo tardaron ocho meses desde el primer Ayuntamiento de la Democracia, merced al impulso de Rodríguez Almodóvar como primer teniente del alcalde Uruñuela, en vencer la inicial oposición del presidente a seguir la aventura de la Expo, que sobre el papel se había iniciado con la petición formal del Consistorio hispalense el 26 de enero de 1981. Hay que ponerse en su lugar: España venía de una asonada golpista y de unos Pactos de la Moncloa, y González decía que no había dinero para tamaña empresa. Así se mantuvo en sus trece, hasta que, quizás por la influencia de Guerra, que vio la Expo como pretexto para relanzar el país ante el mundo, el 15-6-1983 su Gobierno presentó ante el BIE el proyecto conjunto con EEUU. Luego, quien se cayó del caballo fue Chicago y Sevilla se quedó con la exclusiva.

‘Invictus’

Alfonso Guerra, a sus 71 años de edad, le ha salvado algo más que los muebles al PSOE en Sevilla y ha dejado esta provincia convertida  en el equivalente a la aldea gala de Astérix cercada por las gaviotas, que no las águilas, de las legiones ‘romanas’ del PP de Arenas.  El Guerra puede alardear de ser el único que es único: el único diputado electo en todas las legislaturas de la Democracia (también los leones de las Cortes fueron fundidos en Sevilla, muy cerca de su casa natal) y el único invicto, pues ha noqueado a once contrincantes en otras tantas convocatorias electorales a lo largo de 34 años. Un récord digno del libro Guinness, pero todo lo que dice  en su favor  ofrece una lectura inversa sobre su propio partido: durante siete lustros, el PSOE sevillano ha sido incapaz de fabricarle un relevo. Hasta Viera, que en realidad  es entrenador de fútbol y político en sus ratos libres, miró el banquillo y no vio aún a nadie con garantías de sustituirlo. Dentro de cuatro años, Guerra tendrá 75 y no es eterno. ¿Qué hará el PSOE el día en que le falte el ‘Canijo’?

Axioma

El Diccionario de la Academia define ‘axioma’ como “cada uno de los principios fundamentales e indemostrables sobre los que se construye una teoría”.  Uno de los principios fundamentales del movimiento socialista es que el PP nunca puede lograr la victoria en Sevilla. Alfonso Guerra lo repitió en su conferencia en el Foro Antares ante un auditorio repleto de viejas glorias del partido (Del Valle, Caballos, Montaner, García Garrido…), casi tan viejos como él: “Es difícil concebir que el PP gane en Sevilla al PSOE”. Este mantra socialista es parangonable a ese otro económico según el cual la vivienda nunca bajaba de precio. Estos mitos han saltado hechos añicos, como demuestran el estallido de la burbuja inmobiliaria por una parte y los veinte concejales de Zoido en Sevilla tras una barrida histórica al PSOE por otra. El problema de Alfonso Guerra es, como el de aquellos soldados japoneses de la II Guerra Mundial perdidos durante 40 años en la jungla, que no se ha enterado de que los tiempos están cambiando y de que en política tampoco hay ya verdades inmutables.

 

Chupando banquillo

Alfonsito Rodríguez Gómez de Celis ha escrito en su blog que se avecinan dos elecciones (generales y autonómicas) en el momento más grave que han tenido los socialistas en democracia y ha apelado a la Ejecutiva Provincial del PSOE con un “debemos mirar hacia el futuro…”. Tanto caso le ha hecho Viera al niño Celis en eso de mirar al futuro que su Ejecutiva ha nombrado como cabeza de lista al Congreso de los diputados a Alfonso Guerra, que tiene 71 años y lleva ininterrumpidamente en las Cortes unos siete lustros, desde las primeras elecciones democráticas. Cuando Monteseirín y sus acólitos los críticos reclamaban más cuota orgánica e institucional dentro del partido (eso sí, sin ganar ningún congreso previo, ni siquiera vicariamente para no dar la cara) decían metafóricamente que el PSOE sevillano (Viera) y andaluz (Griñán) es tan atípico que el poder se va a transmitir de los abuelos a los nietos sin pasar por la generación intermedia, osea, la suya. Se equivocaban. El nombramiento de Guerra demuestra que va a pasar no a los nietos, sino a los bisnietos.

Setas versus Expo 92

Monteseirín  pronunció  durante la  ‘inauguración’ de las inacabadas setas un discurso articulado en torno a cuatro mensajes, según estas frases:

1) “Hoy terminamos muchas cosas: los parasoles, las pasarelas, la impresionante cripta arqueológica….. pero, sobre todo, terminamos con el sino de la Encarnación, con 30 años de indolencia y de frustraciones….y una demostración palmaria de incapacidad política”.

Así tachó de incapaces a los alcaldes anteriores, los mismos que no osaron hipotecar la ciudad con un gasto de 140.821.266 euros, y se puso a sí mismo como el mejor alcalde de la Democracia.

2) “Según los análisis de los expertos, los beneficios económicos que Metropol va a traer a la ciudad superarán, en sólo un año, la inversión acometida, en turismo, comercio, hostelería, imagen y proyección exterior”.

Ese aserto, por demostrar, equivale a atribuir a las setas la mitad del movimiento económico que genera  la Semana Santa por todos los conceptos (240 millones de euros).

3) “Sólo decirles (a los críticos) que no tengan miedo a cambiar, porque es cuestión de tiempo que Metropol Parasol sea cantado como uno de los símbolos seculares de la Sevilla eterna, como hoy es la Plaza de España”.

plaza mayorMonteseirín volvió a presentarse no como el alcalde de todos, sino como el permanente instigador de una división entre dos Sevilla, la supuestamente rancia por conservadora y la pretendidamente moderna por progresista, y como paladín de esta última. Pero en su, para él, momento de gloria, le traiciona el inconsciente y en vez de presentar su icono como una ruptura con la tradición, exhibe su deseo de que sea asumido por esa  denostada Sevilla eterna y equiparado a uno de sus símbolos, la Plaza de España (¿?).

4) “Tengo la sensación, que creo compartida, de que esta tarde, en la Encarnación, estamos teniendo el privilegio de asistir a la inauguración de la Sevilla del siglo XXI”.

Monteseirín comete el mayor pecado de soberbia al omitir que Sevilla entra en el siglo XXI con la Expo 92. ¿Acaso no ha sido  ése el motivo esgrimido por él mismo para dar el nombre  de Felipe González  a la biblioteca que en Torneo mira a la Cartuja, sede de la Exposición?

La Muestra dotó a la ciudad de unas infraestructuras y equipamientos (desde la  fibra óptica y el estreno de la telefonía móvil hasta el AVE) sin parangón en aquel entonces, una ventaja que no supo aprovechar.

FRENTE A FRENTE

La comparación entre el Parasol loado por Monteseirín como un canto a sí mismo y algunas magnitudes de la Expo  son esclarecedoras.

obras.jpg000Monteseirín ha tardado en construir –y aún están inconclusas, no se olvide- las setas tanto tiempo (6 años) como se tardó en levantar  los pabellones de los 108 países participantes en la Expo, de las 17 comunidades autónomas, de las 23 organizaciones internacionales y los temáticos, amén de los 471 kilómetros del AVE a Madrid, los 90 kilómetros de la autovía a Huelva, la ampliación del aeropuerto, el levantamiento del tapón de Chapina, los ocho nuevos puentes, las nuevas rondas, todos los hoteles de nueva planta, etcétera..

Si en vez de construir las setas, Monteseirín hubiera tenido que hacer la Expo y todo lo demás, ¿cuánto tiempo habría necesitado?

Con los 140.821.266 euros que oficiosamente  ha costado el proyecto de la Encarnación, la Expo habría tenido  dinero para estas opciones, a elegir:

-Dos puentes como el del Alamillo (la parte de Calatrava costó 60 millones de euros) más el Reina Sofía (costó 18,6 millones).

-Dos puentes como el del Quinto Centenario (57 millones), más el de Chapina o Cristo de la Expiración (11,5 millones) y también casi el de las Delicias (15 millones de euros).

alamillo-Toda la red ferroviaria del 92: la estación de Santa Justa (60 millones), la variante Norte a Huelva, ésa que ha permitido ahora implantar el Cercanías al Aljarafe (18 millones), el tramo Santa Justa-La Salud (24 millone), la estación de ordenación de Majarabique (9,7 millones), la estación de mercancías de La Negrilla (8,3 millones), el centro de tratamiento técnico de Santa Justa (7,9 millones) y actuaciones varias (7,2 millones). Y aún habrían sobrado 3,7 millones.

-La ampliación del aeropuerto (costó 91,8 millones de euros) y casi toda la autovía Sevilla-Huelva (60 millones).

-Todas las rondas de circunvalación: la Este (7,3 millones), la Sureste (25 millones),  la Suroeste (83 millones), la Oeste (20 millones) y hasta la Ronda Urbana Norte (7,8 millones de euros).

PRETEXTOS DISTINTOS

¿Para qué seguir? Esta muestra es suficiente para comprender que cualquiera de estos lotes de obras con que se preparó Sevilla para la Expo y con un coste similar al de las setas  han tenido un efecto dinamizador para su economía, o mejorado la vida de los sevillanos, de forma mucho más importante de lo que ‘a priori’ pueda tener el Metropol.

La Expo, como sostenían Felipe González y Alfonso Guerra, fue un gran pretexto para modernizar Sevilla y Andalucía y para que superaran el retraso secular que sufrían en materia de infraestructuras.

Por el contrario, en la Encarnación el mercado provisional de abastos, condenado a desaparecer a medio plazo conforme al pliego de condiciones impuesto por Sacyr a los comerciantes (sus gastos se han quintuplicado desde su traslado) con la connivencia municipal, ha sido el pretexto para erigir en la peor crisis económica de la historia reciente de Sevilla un costosísimo icono arquitectónico sin más función que la de perpetuar la huella de Monteseirín como‘faraón del siglo XXI’.

El ERE y yo

Mar Moreno y Manuel Recio

Mar Moreno y Manuel Recio

Sabido es que el nuevo PSOE se forjó en un despacho laboralista de Capitán Vigueras. Salvo el teatrero Alfonso Guerra, los próceres del neosocialismo se precian de ser expertos en Derecho Laboral, desde Felipe González hasta Pepe Griñán (inspector de Trabajo), pasando por Escuredo y Chaves. Este le debe a Federico Durán el favor de que su plaza como ‘profe’ en la materia se la trasladara desde el País Vasco a Andalucía. Los discípulos de esta escuela sevillana del Derecho juran que no hay un fondo de reptiles en la Junta para untar a empresas amigas, porque en realidad la pasta no se repartió a los EREs de Mercasevilla, Río Grande, Egmasa, Hitemasa…, sino a los trabajadores a título individual. ¿Y por qué he de dudar yo de la palabra de esos sabios? No dudo, sino que la hago mía. Aviso a navegantes: voy a presentar en la ventanilla de la Junta un expediente de regulación de empleo de mí mismo, un ERE unipersonal. Albergo la secreta esperanza de trincar al menos las migajas de esos 647 millones que ni pasan por el Consejo de Gobierno ni se publican en el Boja.

Guerra y la falta de banquillo socialista

Hace una semana se conocía el sondeo oficial del Iesa en que por primera vez el PP aparecía como vencedor en Andalucía en caso de que ahora se celebrasen elecciones en la comunidad, con una ventaja de 1,6 puntos sobre el PSOE. Tras 30 años de gobiernos socialistas, esta encuesta realizada por un organismo dependiente de la propia Junta revela un estado de opinión sin precedentes: el PP está en condiciones de dar un vuelco histórico en el mayor granero de votos del socialismo español.

El sondeo ha causado un terremoto de la máxima intensidad en la escala Richter de la política, por más que el PSOE haya tratado de disimular los efectos de su impacto. Pero el epicentro del seísmo político no hay que datarlo a mitad de enero de 2010, sino mucho antes. Los temblores telúricos fueron percibidos por los sismógrafos socialistas en, como diría Rosa Aguilar,  “tiempo real”: en paralelo a la realización del trabajo de campo por el Iesa en noviembre de 2009. Si a la luz de los resultados de esta encuesta rebobinamos la moviola y nos situamos a finales del año pasado, comprenderemos mejor por qué a mitad de noviembre Griñán desató la polémica sobre el congreso extraordinario para relevar cuanto antes a Chaves como secretario general.

Recuérdese que en octubre Griñán decía que no quería distraer a sus filas con cuitas internas en un momento de crisis económica,  porque si anticipaba los plazos del cónclave socialista ello implicaba poner a toda la maquinaria del partido a trabajar casi en exclusiva en su preparación y esa distracción afectaría de lleno a su Gobierno. Medio mes después, cambió radicalmente de opinión y urgió repentinamente a acabar con la bicefalia con Chaves en un congreso extraordinario. ¿Por qué? Casualidad o coincidencia, el Iesa ya tabulaba encuestas del sondeo que reflejaba un hundimiento de la marca PSOE en Andalucía.

Y también casualidad o coincidencia -¿hay aún casualidades en política?-, poco después Monteseirín trataba de anticipar su ‘operación salida’ y transmitía a Griñán su deseo de abandonar el Ayuntamiento en busca de otros cuarteles de invierno donde refugiarse  con todo su equipo de asesores y personal de confianza antes de que fuera demasiado tarde y la onda expansiva del terremoto político vaticinado por el sondeo del Iesa le afectara de lleno, repitiera o no candidatura en las municipales.

El voto del estómago

En una tierra donde se vota más con el estómago que con el cerebro o el corazón, la cifra de 850.000 parados  andaluces tendría un demoledor efecto electoral para el PSOE, tal como refleja el sondeo. En 2007, sólo un tercio de los andaluces calificaba de mala la situación económica; ahora la perciben como mala o bastante mala el 78,6%. Hace tres años, dos tercios opinaban que el paro era el principal problema de la comunidad; hoy, el 89%.

Más de la mitad de los andaluces ve Andalucía menos o mucho menos preparada que el resto de España para afrontar la crisis y un 45,8% culpa de la situación a la Junta. Dos de cada tres andaluces perciben la situación de nuestra tierra como mala o bastante mala y una cuarta parte opina que es regular.

Y atención a estos datos: un 82% conoce a alguien de su entorno más cercano (familia, amigos, compañeros) que ha perdido su empleo en los últimos seis meses y uno de cada tres andaluces que aún trabaja teme por su puesto de trabajo.

Las expectativas sobre el futuro tampoco son muy optimistas: dos tercios estiman que dentro de un año la situación seguirá igual o peor todavía, en línea con los últimos estudios socioeconómicos conocidos. Caja España prevé una caída de la actividad económica del 1% a lo largo de 2010 y una tasa de paro del 22%.

Y ahora, ¿quién?

Este escenario de recesión para todo el año significa que aún pueden incrementarse en Sevilla capital los 70.000 parados actuales, personas que tienen padre, madre, cónyuge, hijos, hermanos, primos, tíos….con derecho a voto. Calculando una familia media de cuatro miembros, serían 280.000 los afectados de alguna manera por el paro en una ciudad de 700.000 habitantes, y cuando acabe 2010 faltarán sólo cinco meses para las municipales. En 2007, en plena bonanza económica, Monteseirín ya perdió las elecciones  frente a un recién llegado a la política como entonces era Zoido, del que la mitad del electorado no conocía ni su nombre. Sólo le salvó Torrijos. Hoy, los sondeos ocultos del PSOE y la percepción instalada en la opinión pública indican que el ya candidato oficial del PP ganaría por mayoría absoluta la Alcaldía.

El PSOE sabe que con este panorama socioeconómico necesita más que nunca de un candidato capaz de movilizar a todos sus simpatizantes a las urnas al toque de generala. Monteseirín no entusiasma, sino todo lo contrario. ¿Es Celis el hombre capaz de arrebatar a las masas? ¿Sería Juan Espadas? ¿Viera acaso? Y si no ellos, ¿quién, entonces?

Y ahí Griñán saca a relucir de nuevo como posible candidato a Alfonso Guerra, el que antaño congregaba a las bases socialistas en los mítines tan sólo al conjuro de su nombre y al que los militantes gritaban con entusiasmo aquello de “¡Dales caña, Arfonzo!”.

Si Griñán ha tenido que esgrimir el nombre de una vieja gloria que evoca en el imaginario socialista la mejor época de su historia reciente, ello es la prueba de la falta de banquillo del PSOE. Al contrario de lo que presume Del Nido de la plantilla del Sevilla F. C., Griñán ha mirado dentro de su partido y ha comprobado con horror que carece de fondo de armario.