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El Ayuntamiento de Sevilla actuará sobre el alumbrado para averiguar si influye en el nivel de ruidos

PATRÓN DE RESPUESTA

Se trata de determinar la reacción humana a ambos factores conjuntamente

ESTUDIO PILOTO

Durante medio año se ensayará en la calle Pureza y en la Plaza del Altozano

CONCLUSIONES

Se verá si regulando las farolas se puede reducir la contaminación acústica

 

La Agencia de la Energía y para la Sostenibilidad del Ayuntamiento de Sevilla, dependiente del Área de Economía, Comercio y Relaciones Institucionales, licitará a partir de un presupuesto básico de 18.114 euros (IVA incluido) un estudio para determinar si existe un patrón de respuesta al binomio contaminación acústica-contaminación lumínica, para actuar en consecuencia. El estudio recuerda en buena medida las técnicas aplicadas en las calles durante la pasada Madrugada para prevenir o reaccionar ante posibles episodios de pánico colectivo como los registrados a partir del año 2.000.

El objetivo declarado del Ayuntamiento es conseguir una mejora general en la ciudad, tanto en el plano energético como en el ambiental, de ahí que estime la necesidad de realizar un estudio piloto que permita conocer la relación entre el nivel de contaminación acústica, y el comportamiento humano en función del nivel de iluminación existente, con el fin de poder obtener pautas de comportamiento e intentar modular en un futuro los niveles sonoros mediante la regulación de la intensidad lumínica, siempre teniendo en cuenta una graduación lumínica que permita un mayor ahorro energético y que además cumpla con los umbrales que garanticen tanto la seguridad vial como la pública.

Para ello se analizará una zona de la ciudad elegida por su entorno y características no sólo urbanística sino de actividad humana , y siempre garantizando al mismo tiempo unos niveles óptimos de la iluminación exterior, que se pueda hacer extensivo a otras zonas de la ciudad. La zona piloto elegida ha sido la calle Pureza (tramo entre la parroquia de Santa Ana y el Altozano) y la Plaza del Altozano, en el barrio de Triana. El ámbito temporal será de seis meses, con el fin de poder analizar en diferentes circunstancias la correlación existente (fiestas primaverales, de verano y periodos sin eventos en la vía pública).

 

La finalidad fundamental es disponer de un análisis sobre la relación existente entre la contaminación acústica que sufre una determinada área (niveles de inmisión de ruidos existentes en vía pública) y los niveles de iluminación existentes.

 

PARÁMETROS DEL ESTUDIO

 

Para ello se realizará el presente estudio piloto, teniendo en cuenta  factores como los siguientes: obtención y recopilación de datos sobre niveles de inmisión de ruidos en la vía publica en los siguientes periodos en la zona de estudio reseñada :

 

-Semana Santa.

-Periodo de actividad normal (Semana en blanco, periodo de 7 días en el mes de Mayo o Junio en la que no se celebren eventos en vía pública).

-Periodo de celebración de la Velá de Santa Ana (21 a 26 de Julio, ambos inclusive).

-Periodo de actividad normal (Semana en blanco, periodo de 7 días en Septiembre en la que no se celebren eventos en la vía pública).

 

Obtención y recopilación de datos de los niveles de inmisión de ruidos, para los distintos periodos de estudio reseñados anteriormente, usando en el alumbrado público existente, luminarias con distintos tipos de intensidad lumínica y de temperatura de color.

 

Elaboración, a partir de los datos obtenidos, del informe relacionando los niveles de inmisión de ruidos con las luminarias existentes en los periodos objeto de estudio y el aforo.

 

Conclusiones del estudio y propuestas de mejora en el uso del alumbrado público existente a fin de minimizar los niveles de inmisión de ruidos.

 

Con el fin de poder generar estos escenarios de luminosidad y cromatismo diferenciados, habrá que actuar sobre las luminarias existentes, siempre de acuerdo con el departamento que ostente las competencias correspondientes, modificando puntualmente los niveles de luminosidad y temperatura de color. Todos los datos deberán ser recopilados en continuo y transmitidos vía inalámbrica tanto al centro de control correspondiente del Ayuntamiento de Sevilla, como, en su caso, al adjudicatario del contrato.

 

ESCENARIOS

 

El informe deberá contemplar los distintos niveles de contaminación acústica provocada por la actividad humana medida en tiempo real y comparado, siempre, con distintos escenarios de intensidad lumínica y cromática, con el fin, en un futuro de graduar el nivel de contaminación acústica a través del control de la luminosidad.

Para ello, a su vez, habrá que tener en cuenta el aforo existente en cada momento y distinguir las fuentes de contaminación acústica , ya sean del tráfico rodado o de otras actividades. De la gran cantidad de datos resultantes de las mediciones se efectuarán las oportunas comparaciones entre niveles de luminosidad, cromatismo, aforo y ruido que permitan obtener de ello mapas de ruido temporales así como propuestas de mejora y de futuro.

 

El resultado del informe deberá incorporar los oportunos planos con las medidas sonométricas comparadas con los niveles de luminosidad y cromatismo existentes, al menos, uno por cada periodo de estudio. Toda la información deberá estar georreferenciada y ser compatible con la infraestructura de datos espaciales (IDE) del Ayuntamiento de Sevilla.

El Gobierno indulta al dueño del bar “El Coyote”, condenado a cuatro años por “ruidos intolerables”

El Boletín Oficial del Estado del pasado 2 de enero de 2017 publicó un Real Decreto del Ministerio de Justicia por el que se concede el indulto a Gabriel Baños Paisano, uno de los dueños del bar “El Coyote”, de Dos Hermanas, que el 9 de marzo de 2012 fue condenado por la Audiencia Provincial de Sevilla como autor de un delito de contaminación acústica a la pena de cuatro años y un día de prisión e inhabilitación especial para el ejercicio de la profesión u oficio relacionados con la explotación de negocios de hostelería. La pena fue confirmada posteriormente por el Tribunal Supremo, que rechazó el recurso interpuesto.


La Sala Séptima de la Audiencia Provincial consideró probado que, desde agosto de 2007 y hasta mayo de 2008, Gabriel Baños Piasano y Sara B.M. ponían la música en su bar ‘El Coyote’ “a diario en horario nocturno y, en especial, durante las madrugadas de todos los fines de semana”. El volumen “notoriamente excesivo” de la música ocasionó “ruidos intolerables” en el interior de las casas de algunos vecinos, pero a pesar de que los imputados “conocían las graves molestias” que “continuadamente” causaban a los vecinos, “quienes les mostraban sus quejas a causa del ruido nocturno procedente del bar”, los acusados “volvían a conectar la música tras la marcha de los agentes de la Policía Local” que acudían al lugar de madrugada a realizar inspecciones.

Así, los agentes realizaron hasta diez inspecciones en las que comprobaron “el exceso de ruido” e incluso las medidas puestas por los acusados “para no ser descubiertos”. La sentencia recoge que incluso el Ayuntamiento de la localidad abrió al bar un expediente sancionador una vez “comprobados los ruidos abusivos”, todo lo cual llevó a que el 14 de diciembre de 2007 el Consistorio ordenara como medida provisional el precinto del foco emisor de ruidos, lo que fue notificado al procesado. Posteriormente, el 14 de enero de 2008 y “tras comprobar el excesivo acústico y el relatado incumplimiento de las resoluciones del Ayuntamiento”, éste ordenó la suspensión de la actividad del bar, lo que también fue notificado al acusado, a pesar de lo cual ni él ni la procesada “atendieron nunca los requerimientos” del Ayuntamiento.

BURLA A LA POLICÍA

Los agentes, por su parte, comprobaron que para “burlar” la orden de 14 de diciembre de 2007 los acusados, “si bien mantenían el precinto de reproductor de música y el limitador de sonido, habían conectado un ordenador y un televisor a un amplificador para emitir música a elevado volumen sin pasar por el limitador”. A pesar de las reiteradas inspecciones de los policías, que llegaron a precintar el aparato de música y a ordenar la suspensión de la actividad del bar, los agentes constataron el 14 de mayo de 2008 que, “abierto el bar, el precintado y la orden de cierre estaban tirados en el suelo”, por lo que volvieron a precintar el establecimiento delante del acusado.

La Audiencia señala que los vecinos de las viviendas aledañas “se han visto” durante este periodo de tiempo expuestos “reiteradamente” a ruidos que, “por su frecuencia, intensidad, duración, falta de control sobre la fuente y sonoridad han afectado gravemente a su sosiego, descanso nocturno y conducta”.

En el juicio, una psicóloga “fue categórica” al señalar que una de las vecinas afectadas “presentaba malestar emocional, depresión y hostilidad por síntomas que incluyen vivencias disfóricas, de desánimo, impotencia, falta de energía, así como ideas destructivas, alteraciones del sueño y del apetito”, resaltando que a pesar de que los ruidos cesaron en mayo de 2008, esta vecina aún sufría todos estos síntomas en noviembre de 2010.

El acusado, por su parte, denunció error en la valoración de la prueba, pero el Tribunal Supremo le recordó posteriormente  que “casi 20 testigos, funcionarios municipales y peritos han declarado sobre las mediciones, precintos y su retirada”, añadiendo que ambos acusados “fueron advertidos en reiteradas ocasiones y se giraron visitas de inspección con precintos de la actividad que fueron desobedecidas”.

El acusado negó en su recurso, igualmente, que la música superara los decibelios permitidos, punto en el que el Supremo señala que “el relato fáctico refiere que las mediciones efectuadas por los técnicos y la Policía competente en la materia superaban las medidas consideradas como emisión permitida”, así como la indebida aplicación del delito que se imputaba.

Sin consenso ni sobre el ruido

La reina Fabiola, una aristócrata española que accedió al trono del país centroeuropeo tras su matrimonio con el rey Balduino, acudió en cierta ocasión de visita a una residencia de la Tercera Edad que el Gobierno de su país adoptivo había habilitado para albergar a personas sin recursos, entre ellas muchos emigrantes que durante la posguerra contribuyeron con su trabajo a la reconstrucción de la nación.

La reina fue visitando las estancias donde los jubilados mataban el tiempo de distintas y tranquilas maneras, pero al salir de una de ellas se le oyó exclamar:

-¡Estos ruidosos españoles!

Fabiola de Mora y Aragón llevaba ya tantos años en Bélgica -ha sido reina consorte durante más de tres decenios- que su oído, habituado a la plácida forma de vida de los belgas, ya no soporta el elevado tono de voz y los decibelios emitidos por sus compatriotas de origen cuando se divierten.

REGULAR LA VIDA

La anécdota revela una de las características por las que se nos identifica a los españoles y más aún a los meridionales como los sevillanos y andaluces: ruidosos a fuer de alegres por festejar una vida en gran parte desarrollada en el exterior gracias a un clima donde el frío y la nieve son la excepción en vez de la norma, como en la Europa central y nórdica.

Por éso no es de extrañar que el afán del Ayuntamiento por regular la emisión de ruido mediante una Ordenanza ‘contra la contaminación acústica, ruidos y vibraciones’ se haya convertido en el más polémico del trienio del mandato de Zoido, ya que en el fondo equivale a un intento de regular la vida cotidiana de los sevillanos.

La Ordenanza, finalmente aprobada en el último Pleno con únicamente los votos favorables de la mayoría del PP, sin consenso político y con una fuerte contestación de colectivos ciudadanos y de sectores económicos -unos, por defecto; otros, por exceso- ha provocado la presentación de una cifra inusual de alegaciones, nada menos que mil, que ocupan siete tomos.

Se han registrado alegaciones (42) hasta de los técnicos de la propia Delegación de Medio Ambiente, encargada junto con la Policía Local de velar por su cumplimiento, sin contar las presentadas por la patronal CES, los hosteleros, cofradías, sindicatos, comunidades de propietarios, asociaciones en defensa del derecho al descanso….

El gobierno municipal ha redactado unos 400 folios en contestación a los escritos presentados y admitido 400 de las 1.000 alegaciones. Como dice en el preámbulo del texto, ha intentado conciliar “esos intereses a veces contradictorios”, pero por la división generada ese intento de solución salomónica no ha contentado ni a tirios ni a troyanos, que es lo que suele ocurrir con las soluciones a medias.

ORDINARIO Y EXTRAORDINARIO

Estas Ordenanzas llegan a regular, a veces hasta el exceso, las actividades ordinarias incluso de la vida doméstica y económica, pero en contraste son permisivas con las actividades extraordinarias, a las que no se impone límite de ruido: Semana Santa, Feria, ‘velás’, romería del Rocío, fiestas navideñas, Cabalgata de Reyes…. El texto es, pues, maximalista y minimalista e incurre en contradicciones por alternar el exceso con el defecto de celo.

A título de ejemplo, incluye una prohibición que habría hecho feliz a la reina Fabiola de Bélgica: la de jugar al dominó, los dados y cualquier otro, digamos, deporte de mesa cuya práctica genere ruido. La prohibición se antoja maximalista, ya que en todo caso se podría haber actuado de forma conjunta con las federaciones de jugadores existentes para educar a éstos a depositar las fichas del dominó sobre la mesa en vez de golpearla y/o haber impuesto la obligación de disputar las partidas sobre tapetes amortiguadores del ruido, como se ha dispuesto para las patas de las sillas metálicas de los bares a fin de que no causen contaminación acústica cuando se las arrastre.

Al Ayuntamiento, sin embargo, no se la ha ocurrido prohibir las sillas de bares y terrazas porque forman parte de una actividad económica muy rentable para sus arcas (los más de 10.000 veladores que ha autorizado le generan unos ingresos de entre 2,5 y 3 millones de euros/año en tasas); ni tampoco el fútbol pese al griterío ensordecedor de las hinchadas del Sevilla F.C. y el Betis cuando animan a sus equipos y/o cantan sus goles, a pesar de que emiten muchos más decibelios -y se dejan oír en buena parte de la ciudad- que una simple partida de dominó en una peña de jubilados.

Esta antítesis maximalismo/minimalismo en función de los intereses que haya por medio es uno de los rasgos que más se reprochan al gobierno municipal, el cual también parece ignorar que en toda España hay un millón de jugadores de dominó, muchos más que de fútbol, por lo que esta prohibición aparentemente insignificante puede acabar provocándole un quebradero de cabeza electoral.

BUENAS INTENCIONES

Si se lee detenidamente la Ordenanza, plagada de buenas intenciones, es difícil no suscribir muchos de sus puntos, encaminados a acabar con o mitigar el ruido al que nos hemos condenado a acostumbrarnos, a nuestro pesar, por nuestra falta de civismo pero que sería evitable con un poco de educación y sin necesidad de las medidas coercitivas contempladas en el texto: coches-discoteca, barriles de cerveza arrastrados por el suelo en vez de ser transportados en carretillas de mano, vendedores ambulantes pregonando su mercancía o sus servicios con megafonía a toda pastilla, perros sin bozal dejados solos ladrando en los balcones, macro pantallas de televisión en el exterior de los bares amplificando el volumen del partido de fútbol estrella de la jornada liguera, el choque de las bombonas para avisar de que ha llegado el camión del butano….

Ahora bien, frente a esta regulación de los focos emisores de ruido en la vida ordinaria del común de los sevillanos, el Ayuntamiento se muestra mucho más laxo, con la típica y tópica coartada de la creación de puestos de trabajo, cuando hay intereses económicos de por medio. Así, el gobierno municipal autoriza (artículo 12) la apertura de locales con música siempre que se radiquen en un edificio con parcela catastral distinta del colindante de uso de vivienda, existan sistemas estructurales distintos en ambas parcelas y no se ubiquen en Zona Acústica Saturada. A juicio de la Plataforma por el Derecho al Descanso y de Juristas contra el Ruido, este artículo puede suponer un coladero que acabe provocando numerosos conflictos, por cuanto permitirá que se instalen al lado de bloques habitados desde academias de baile a cualquier otro negocio emisor de música.

A OJO

Otro punto de gran controversia es el que faculta a la Policía Municipal a imponer sanciones por contaminación acústica cuando a juicio de los agentes se perciban unos niveles inaceptables de ruido. ¿Y cuáles son esos niveles y cómo se miden? No hay obligación de medir de forma objetiva con un sonómetro y comprobar si el volumen de decibelios se atiene a la normativa. Todo queda al arbitrio del policía de turno y del grado de sensibilidad de su oído, que puede ser hipersensible o lo contrario. Salvando las distancias, es como si Tráfico impusiera las sanciones por exceso de velocidad a los conductores no ateniéndose a lo que marque un radar, sino a la estimación a ojo de los agentes.

El texto, pues, era perfectible y el Ayuntamiento podría haber hecho un mayor esfuerzo en su mejora y en el  logro de un mayor grado de consenso, un equilibrio entre el razonable interés en fomentar la actividad económica y el legítimo derecho de los ciudadanos a disfrutar del medio ambiente, reconocido por la Constitución.

El problema de fondo de este tipo de bienintencionadas Ordenanzas es la voluntad política y la disposición de medios para aplicarlas. Al tiempo de la aprobación de esta última se conocía la querella presentada por un ciudadano ante la Fiscalía contra una terraza que usaba hasta los árboles del Parque para colgar altavoces, sin que las denuncias presentadas previamente ante el Ayuntamiento hubieran surtido efecto alguno. Y son infinidad las quejas aparecidas en la prensa y/o elevadas al Defensor del Pueblo por la pasividad municipal a la hora de atender las quejas por contaminación acústica, al margen de que por los recortes no hay personal suficiente en turno de noche para calibrar denuncia alguna.

El propio alcalde ha declarado tras la aprobación de la Ordenanza que van a seguir trabajando para lograr “el máximo consenso posible”. ¿No habría sido más lógico haber actuado al revés: lograr primero el consenso para después aprobar la Ordenanza? Una vez aprobado el texto ya no tiene sentido hablar de consenso, cuando en realidad se ha aplicado el rodillo de la mayoría absoluta.