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‘Safety car’

La consejera de Obras Públicas no descarta la creación de, ojo,  varias paradas de Metro en el centro. El fino oído político de Rosa Aguilar ha detectado en el proceso de alegaciones a las líneas 2,3 y 4 -el mismo en el que el Ayuntamiento ni-ni del (sin) alcalde se niega a participar por creer que está todo atado y bien atado-  cierto runrún en tal sentido y, en vez de enrocarse en el diseño de los técnicos, se muestra predispuesta a coger esa bandera reivindicativa y a ponerse al frente de la manifestación. Parafraseando a Fernando VII, de deseado a pérfido, doña Rosa está en trance de decir: “marchemos francamente, y yo la primera, por la senda de las dos estaciones en el centro”. El volantazo de la consejera deja en evidencia al (sin) alcalde que, más papista que el Papa, sigue empecinado en defender una sola parada pensando que así se congracia con la Junta. A Monteseirín le pasa como a Fernando Alonso: cree estar en cabeza de carrera y aún no se ha percatado de que la salida a pista del ‘safety car’ de la consejera lo ha dejado a la cola del pelotón.

El patulaje

Zoido demostró, frente a quienes auguraron que no iba a aguantar cuatro años en el Palomar, que no sufría el síndrome de Luis Yáñez, el cual dio la ‘espantá’ cuando vio que no iba a suceder a  Del Valle. Sin embargo, ahora Zoido ha metido la pata hasta el corvejón al decir que si no es el alcalde se irá tras las elecciones porque ha venido a la política “a servir y no a servirse”. Incurre en una confusión garrafal de concepto: no sólo se sirve desde la Alcaldía, sino también desde la Oposición, como demuestra él mismo cada día controlando al Poder en nombre de todos los sevillanos y no sólo de sus votantes. Con sus palabras ha dado pie a que Moriña  le acuse de ambicionar sólo el cargo, de incivismo por querer irse si no es alcalde y de hacer un chantaje antidemocrático al electorado. Tiene razón el portavoz socialista: la obligación de un político que se presenta a unas elecciones es defender el interés ciudadano allí donde democráticamente le sitúen los votos. Esta vez, Zoido se lo ha puesto al PSOE como decían que se las ponían a Fernando VII: a huevo.

El retrato improcedente

El encargo en plena crisis y con 207.202 parados en Sevilla de un retrato del expresidente de la Diputación, Luis Navarrete, por 81.200 euros es un ejemplo de cómo el PSOE está perdiendo el sentido de la realidad y se lo está poniendo al PP como se las ponían a Fernando VII: a huevo. Una vez descubiertos en semejante metedura de pata e insensibilidad social, los del partido obrero (¿?)  no han tenido reflejos para rectificar y quedar como unos señores. El PP les ha dado sopa con honda al exigir a Villalobos que anule el encargo y destine esos fondos a paliar la situación de los parados. El presidente del Banco de los Alimentos dice que cada euro que reciben lo convierten en 50 kilos de comida para los necesitados. Con el dinero del retrato de Navarrete se podrían comprar 4 millones de kilos. Si hasta Nana Mouskouri renuncia en Grecia a su pensión para ayudar a su país, ¿no debería renunciar Navarrete a su pintura hasta que lleguen tiempos mejores? Pero Navarrete no dice ni ‘mú’. Hay silencios que retratan a las personas más que el mejor de los pinceles.