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Alcázar: un hueco de 8 metros en el muro del patio del León

OBJETIVO

Abrir un acceso para el paso de los turistas a la Casa del Militar

RECHAZO

Icomos, órgano consultivo de la Unesco, critica la desvirtuación que provocaría en el patio
NUEVOS ELEMENTOS

Para salvar el desnivel se previó una rampa de 12,5 metros de larga y barandillas

 

El Comité Español del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), organismo consultivo de la Unesco para temas de patrimonio, no ahorra críticas en su informe negativo al proyecto de la dirección del Alcázar (redactado por el arquitecto Francisco Reina con el apoyo del arqueólogo Miguel Angel Tabales), que ha contado con el respaldo del Ayuntamiento y el aval de la Comisión de Patrimonio, de meter la piqueta en el patio del León y proceder a demoliciones con el fin de habilitar la Casa del Militar como centro de recepción de turistas y con la coartada de que así no tendrían que guardar cola en la calle sino en el interior del recinto declarado Patrimonio de la Humanidad.

Gracias al informe del Icomos ha trascendido que se preveía abrir un hueco de casi 8 metros de anchura (7,80 metros) en el muro que separa el patio del León de la Casa del Militar, una actuación que a juicio del órgano consultivo de la Unesco “desvirtúa por completo las proporciones del patio doméstico haciendo necesaria la disposición de un dintel de grandes dimensiones en el muro y un portón totalmente atípico que no está definido en la documentación del proyecto”.

Asimismo, en el proyecto rechazado de plano por Icomos se prevé que los peldaños que salvan el desnivel entre los dos ambientes y que actualmente se encuentran dentro del patio de la Casa del Militar sean desplazados a la zona del patio del León, con mayores dimensiones incluso, lo que obligaría a disponer una rampa de 12,50 metros de longitud y unas barandillas de protección, que antes no eran necesarias.

Por otra parte, la ubicación de las taquillas en un lateral del patio, tras las columnas, recuerda a juicio de Icomos la situación ya existente y resulta un poco forzada, “ya que carece de espacio de apoyo técnico -afirma- en su zona posterior”. En el proyecto se plantea igualmente la posibilidad de incluir una zona de tienda con acceso público externo, algo que para Icomos “resulta incompatible con los protocolos de seguridad”.

El organismo consultivo de la Unesco también rechaza la idea de cubrir el patio con una montera acristalada completamente plana, con carpintería de aluminio y estructura de perfiles de acero. Estima Icomos que “los perfiles huecos de aluminio resultan visualmente mucho más pesados que los perfiles de acero de tipología tradicional, por lo que no resulta aconsejable la solución propuesta”.

La conclusión de Icomos es que los nuevos espacios proyectados para la acogida y control de visitantes “no difieren gran cosa de los actuales, ni en las superficies ni en las dimensiones de las salas, por lo que las retenciones y las colas seguirán produciéndose con la misma intensidad que con los servicios actuales”.

 

CONTRADICCIONES

 

Icomos destaca las contradicciones en que incurren los artífices del proyecto, a los que achaca una visión puramente arqueológica y no arquitectónica, cuando le acabaron reconociendo que los protocolos de seguridad impedirían el libre acceso de los turistas y resultaría imprescindible que el control de aquéllos se realizara en el mismo momento en que ya accedieran al recinto, es decir de nuevo en la puerta del León.

“Esta medida -reza el informe de Icomos- tiene como finalidad evitar que puedan ser introducidos objetos prohibidos a una zona donde se producirán aglomeraciones de visitantes, con la consiguiente posibilidad de riesgo”. Y añade: “Por lo tanto, en caso de suprimir los edificios actuales sería preciso habilitar algún tipo de construcción para albergar los controles de seguridad, que deberían mantenerse en el mismo emplazamiento, reproduciendo la afección visual a la contemplación de lienzos de la muralla”.

Y continúa: “Esta circunstancia, que debería haberse tenido en cuenta desde el inicio de los trabajos, invalida por completo el objetivo del proyecto y obliga a un replanteamiento desde el origen”.

Las construcciones que se quiere demoler son también Patrimonio Mundial

 

Las construcciones adosadas a la muralla en el interior del patio del León que los redactores del proyecto insisten en demoler ya existían -recuerda Icomos- cuando en bien fue inscrito en el Listado de Patrimonio Mundial “y por lo tanto -afirma- forman parte del bien declarado”.

Asimismo, rememora que en la declaración (del Alcázar como Patrimonio Mundial) “no existe ninguna referencia a que las mismas tuviesen un carácter impropio ni que fuese necesaria su demolición”.

Icomos estima que “teniendo en cuenta la diversidad de opiniones de los expertos y las cautelas que deben adoptarse en intervenciones que tienen carácter irreversible la opción recomendable sería su conservación, intentando mejorar sus prestaciones actuales”.

El organismo consultivo de la Unesco incide de nuevo en la contradicción de los promotores del proyecto de negar cualquier valor arquitectónico a las construcciones adosadas por ser a su juicio excesivamente recientes cuando al mismo tiempo “introducen modificaciones y elementos completamente nuevos que, aplicando el mismo criterio, tendrían una valoración negativa”.

Esa valoración negativa se acentúa aún más si se tiene en cuenta la necesidad de un control en la propia entrada al recinto monumental, que obligaría a algún tipo de nueva construcción en este mismo emplazamiento.

Un proyecto incompatible con la inscripción del Alcázar en el listado de la Unesco

Icomos considera que el proyecto para “Adecuación del Área de Recepción en el entorno de la Puerta del León del Real Alcázar de Sevilla” (su denominación oficial) resulta incompatible con la inscripción del bien en el Listado del Patrimonio Mundial de la Unesco, por cuanto supone una alteración del mismo y es probable que repercuta negativamente en el Valor Universal Excepcional del bien inscrito.

Por ello propone “el desistimiento del mencionado proyecto en sus términos actuales”, que debe reconsiderarse plenamente, acompañado de un proceso de evaluación del impacto del patrimonio. La mejora de los accesos al monumento podrá plantearse a partir de la elaboración de un estudio funcional que permita definir con precisión las necesidades actuales, de manera que se puedan diferenciar grupos de visitantes de distinta naturaleza y proponer una diversificación de los accesos, rebajando la presión sobre las instalaciones de la puerta del León.

También, según Icomos, podrían acometerse ciertas mejoras en los espacios actuales, como por ejemplo el desplazamiento de las audioguías y la consigna a lugares más cercanos a la zona de salida, de forma que se facilite la devolución de las primeras y la recogida de las pertenencias evitando el retroceso de los visitantes y los cruces de circulaciones. Esto permitiría ampliar la zona de recepción y control y mejorar sus condiciones.

Para el Icomos sería recomendable eliminar los parterres y plantas situados en la base de los paños de muralla existentes entre los tres vanos del Patio de la Montería, ya que la humedad del riego y las raíces de la vegetación pueden producir serios problemas a los materiales constructivos históricos, a medio y largo plazo.

El sello de la Unesco

Como en las telenovelas, en la historia de Sevilla Patrimonio de la Humanidad hay que empezar por un resumen del capítulo anterior para enlazar con el presente, que ha protagonizado esta semana el alcalde al convertir la conmemoración del XXV aniversario en un acto político y social, más que cultural, de respaldo a su figura por parte del presidente del Gobierno y de su claque local.

Recuérdese que Zoido, detractor de la torre Pelli por su impacto paisajístico y la amenaza que suponía para mantener el título de Patrimonio Mundial, tras su acceso a la Alcaldía estuvo contemplando mano sobre mano cómo el rascacielos crecía a razón de casi una planta por semana hasta que cuando ya era un hecho irreversible por aquello de la presunta indemnización de 200 millones -una interesada leyenda urbana- que habría costado su demolición, se pasó con armas y bagajes al bando de sus defensores.

A cambio de que la Unesco no incluyera a Sevilla en la ‘lista negra’ del Patrimonio Mundial en peligro, se comprometió ante la Unesco en San Petersburgo a estas medidas:

 

1) Crear un grupo de trabajo con Icomos (el órgano asesor de la Unesco, que no dejó de subrayar el negativo efecto del rascacielos) y la promotora de la torre Pelli (antes Cajasol, ahora Caixabank) para estudiar medidas de amortiguamiento del impacto visual del edificio, de 178 metros de altura, sito al borde del casco histórico.

2) Organizar en Sevilla un congreso internacional de expertos para abordar cómo compaginar el crecimiento urbanístico y la protección del patrimonio en las ciudades con monumentos declarados Patrimonio Mundial.

3) Modificar el PGOU para impedir otras torres Pelli. Según proclamó el alcalde a finales de junio, “no habrá más rascacielos”.

4) Optativamente, pero con ánimo de materializar cuanto antes la promesa, solicitar la declaración de otros monumentos sevillanos como Patrimonio de la Humanidad.

El alcalde asumió la obligación de rendir cuentas ante la Unesco sobre el cumplimiento de estas promesas en febrero de 2013.

A falta de dos meses para examinarse ante el organismo de la ONU, no hay constancia de que el Ayuntamiento haya cumplido aún ninguno de estos acuerdos, por lo que lo más oportuno hubiera sido no llamar la atención sobre las asignaturas patrimoniales pendientes, máxime tras la inhibición ante la torre Pelli, que ha puesto en peligro los títulos patrimoniales de la ciudad.

Sin embargo, en una urbe con tan poca conciencia crítica como la nuestra, Zoido no podía dejar pasar la ocasión de rentabilizar políticamente el XXV aniversario de la Declaración de la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias como Patrimonio de la Humanidad con el desplazamiento expreso a Sevilla de Mariano Rajoy, el cual convirtió en metáfora para la salida de la crisis el esfuerzo en la construcción piedra a piedra de las catedrales, novelado, entre otros, por Ken Follet (‘Los pilares de la tierra’) e Ildefonso Falcones (‘La catedral del mar’).

Al menos la efemérides podría haberse convertido en motivo de reconocimiento a todos cuantos en plan llaneros solitarios se han significado durante años en la lucha por la preservación de Sevilla desde Icomos, Adepa, Ben Baso, Ecologistas en Acción…. para, además, mantener su complicidad en tan noble empeño, pero en lugar de Víctor Fernández Salinas, Pablo Ferrand, José Juan Fernández Caro, Joaquín Egea, Ana Avila, David Gómez….entre los invitados de Zoido al Alcázar estaban, con todos mis respetos, personajes en sus antípodas como Victorio y Lucchino, Carmen Tello, Curro Romero, Alfonso Díez y hasta Pepe Mel.

Pura política, pues, de escaparate y relumbrón social con la coartada del Patrimonio de la Humanidad.

Y aunque en el medio año transcurrido desde la XXXVI Sesión del Comité Mundial en San Petersburgo, en la que se salvó por los pelos la inclusión de Sevilla en la ‘lista negra’, no se ha cumplido ninguno de los compromisos adoptados ante la Unesco, Zoido, para desmontar la tesis de Miguel Rus de que en Sevilla se da un paso adelante y dos atrás, avanzó tres al frente con un triple anuncio:

1) Tratar de ampliar los espacios declarados Patrimonio Mundial, por el sello de máximo prestigio que confiere la Unesco.

2) Ampliar la protección del entorno de los tres grandes monumentos.

3) Crear en Sevilla una oficina permanente de la Unesco, que vele por la protección del patrimonio.

Nos hallamos, una vez más, ante una típica huida hacia adelante en la que se quiere aparecer más a la vanguardia que nadie en la conservación cuando -y no sólo por la torre Pelli- llevamos años de retraso, en la retaguardia.

En el PGOU de 1987 se determinó la necesidad de redactar un Plan Especial de protección del casco histórico de Sevilla que, dado su tamaño (el mayor de Europa), se dividió en 27 sectores. Al cabo de 25 años (otra efemérides coincidente con la del Patrimonio de la Humanidad, pero no celebrada, claro está) hasta hace sólo unos meses no se han aprobado de forma inicial o provisional los Planes de Protección de sectores como ¡los de la propia Catedral y  el Alcázar!, además de San Andrés-San Martín, y el año pasado los de Magdalena y el Puerto (sólo el Avance), tardanza (sólo año y medio es imputable a Zoido) que ha propiciado la destrucción de parte de la trama urbana o caserío histórico (en la tramitación del Plan Especial de Triana desapareció el 40% de lo catalogado al inicio) en el que se hallan incardinados los monumentos sevillanos.

Y ahora Zoido propone la creación de una oficina permanente de la Unesco que vele por la protección de nuestro patrimonio. Es toda una declaración de impotencia, porque esa responsabilidad no debe radicar en la Unesco, sino en nosotros mismos.

 

Los sapos de Zoido

El Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco ha decidido que la Catedral, Archivo de Indias y Alcázar no sean incluidos este año en la ‘lista negra’ del patrimonio en peligro como había propuesto Icomos, después de los compromisos adoptados por Zoido. Es una moratoria de un año pero que todo el mundo sobreentiende será definitiva y que supone un triunfo de la habitual política española de los hechos consumados.
Tal como dice Fernández Salinas, secretario del comité español de Icomos, ha sido una decisión de carácter político, ya que los aspectos técnicos se han quedado fuera del debate. Ha trascendido, aunque no aún el coste de la factura y quién la paga -si el Ayuntamiento o el Gobierno- que para influir en la decisión de la Unesco se contrataron los servicios del ex-director adjunto del Comité del Patrimonio Mundial, el cual, tras 16 años en el seno de la organización, se ha establecido como consultor privado y cobra por hacer ‘lobby’.
Al igual que en otros organismos, como el COI, donde los votos se compran y se venden a cambio de contraprestaciones presentes o futuras, también en este caso se han forjado alianzas con ciertos países para frenar la exclusión de Sevilla del Patrimonio Mundial, por el golpe que habría supuesto para la deteriorada ‘marca España’. No es casual que esta alianza se forjara con países tercermundistas como Argelia, Colombia, Iraq, India, Senegal, Mali… y que, por contra, los más desarrollados y cultos, caso de Alemania, Suiza y Estonia, fueran los más críticos con Sevilla y con el Gobierno de España por haber propiciado con su inhibición durante tres años la construcción de la torre Cajasol, pese a las advertencias de la Unesco, finalmente papel mojado.

VICTORIA MORAL

Zoido, que de objetor de la torre desde la Oposición ha pasado a su paladín con el furor del neoconverso (ahora propugna rascacielos extramuros del Centro), se ha escudado en el argumento esgrimido por los partidarios de la torre para subrayar las diferencias entre Dresde y Sevilla: mientras en la ciudad alemana se había protegido el paisaje histórico, que destrozaría un puente, en la nuestra la protección sólo se otorgó a la Catedral, el Archivo y el Alcázar y no a todo el casco histórico; y como desde estos tres bienes no se divisa a ras de suelo la torre Cajasol, técnicamente no puede decirse que haya una afección de ésta sobre aquéllos.
Por paradójico que resulte, los compromisos de Zoido para evitar la inclusión de Sevilla en la ‘lista negra’ suponen una victoria moral para Icomos, que siempre habló del impacto de esta Babel sobre el paisaje histórico hispalense extendido sobre una planicie y al que consideró globalmente y no sólo a los tres monumentos aislados de su entorno; y que también subrayó la necesidad de ampliar jurídicamente las zonas de protección del casco histórico frente a la inhibición de la Junta, que propició así que Monteseirín  facilitara la erección de la torre de 178 metros cuando previamente tumbó el proyecto de torre de Ricardo Bofill (impulsado por el PA) de tan sólo 80 metros por su impacto sobre el casco antiguo (y porque por debajo camuflaba más edificabilidad de la permitida) . El urbanismo, como se percata ahora Fernández Salinas, es pura política disfrazada de razones técnicas, y la Unesco tampoco ha escapado a la política de pasillos tejida en torno a la torre Cajasol.

PLAN ESPECIAL

Cuando Zoido se compromete a redactar un Plan Especial para que en la Cartuja no se alce ni un rascacielos más está reconociendo el dictamen de Icomos sobre el impacto de la torre Cajasol sobre toda Sevilla, aunque técnicamente no sea visible desde la Catedral, el Archivo y el Alcázar, porque si es tan legal y no causa afección alguna a estos bienes, ¿qué razón hay para impedir que se construyan más iconos de la pretendida modernidad (el primer rascacielos data de finales del siglo XIX) y para no convertir la Cartuja en el Manhattan sevillano?
Cuando Zoido se compromete ante la Unesco  a organizar un congreso internacional para poner en común los avances en relación con el paisaje urbano y los bienes Patrimonio Mundial, ¿de qué está hablando si no de las tesis de Icomos sobre el valor del paisaje histórico como bien a preservar y no sólo de monumentos aislados?
Y cuando Zoido se compromete a amortiguar el impacto visual de la torre también le da la razón a Icomos, porque si el rascacielos no afecta a los bienes del Patrimonio Mundial, decidir medidas de reducción de su impacto equivale a asumir la tesis de Icomos de que altera el paisaje histórico de Sevilla.
Cada compromiso de Zoido ha supuesto la aceptación implícita del informe de Icomos, que si no ha derivado en la inclusión de Sevilla en la ‘lista negra’ ha sido por ‘razón de Estado’.

CON ARGUMENTARIO AJENO

Y si la política consiste en desayunarse un sapo cada mañana, Zoido se ha tragado en París y en las semanas previas una buena ración de anfibios a cuenta de su conversión a la causa del rascacielos. Ha tenido que tragarse el sapo de defender ante la Unesco el rascacielos con el argumentario de Monteseirín, Marchena, Pulido y Espadas: la modernidad, los puestos de trabajo, la indemnización en caso contrario y hasta que va a quitar muchos coches del Centro (¿?).
No hay nada más patético que hablar por boca de ganso y tener que asumir como propio el discurso de tus rivales políticos. Como decía Ben Bradley, mítico director de ‘The Washington Post’, el mayor premio es que te cite tu competencia en portada. Zoido, aun sin mentarlo por su nombre, no hizo más que citar a Monteseirín ante la Unesco. ¡Menudo sapo!.

14 torres Pelli

El secretario del comité español de Icomos, Víctor Fernández Salinas, ha declarado en relación con la torre Cajasol, alias Pelli, que “en Los Bermejales podría haber catorce torres y nadie diría nada”. Será porque no se ha percatado aún Conchita Rivas, porque si no Salinas se iba a enterar de lo que vale un peine. En este barrio al Sur del Sur se preguntan por qué razón han de acoger todo o casi todo lo que no quiere el resto de la ciudad en esa estrategia tan inglesa de los nimby: que lo pongan en cualquier parte pero no en mi patio trasero. Pues Los Bermejales son no el patio trasero, sino el cuarto trastero de Sevilla. ¿La mezquita? Primera opción, Los Bermejales. ¿Un centro para toxicómanos? Pues en cierta parcelita libre en Los Bermejales. ¿Los locos? Al hospital asimilado al barrio. Hasta el parque del Guadaíra deja de serlo y se convierte en carretera al desembocar entre Heliópolis y Los Bermejales. Con estos precedentes más las palabras de Salinas se comprende mejor por qué este barrio, harto, llegó a pedirle a Kiko Toscano su anexión por Dos Hermanas.

Sevilla, en la lista negra de la Unesco

“Un escenario realista es que Sevilla entre, tras la reunión de Brasilia, en la lista de ciudades con Patrimonio en peligro. Y podría ocurrir que, en el peor de los casos, expulsaran a Sevilla”. Estas premonitorias palabras fueron pronunciadas el 28-6-2010 por Víctor Fernández Salinas, vicesecretario en España del Icomos, tras comprobar  que la torre Cajasol seguía adelante pese a la primera advertencia dada en junio de 2009, en la misma Sevilla, por la XXXIII Conferencia del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Desde hace tres años, la Unesco viene dando avisos a España sobre la afección del rascacielos a los tres monumentos sevillanos patrimonio de la Humanidad (Catedral, Alcázar y Archivo de Indias), sin que ni el Gobierno, ni la Junta de Andalucía, ni el Ayuntamiento se hayan dado por enterados.

A LA TERCERA, LA VENCIDA

No ocurrió tras la Conferencia de Brasilia (2010), ni la de París (2011), donde en cada una de ellas la Unesco seguía exigiendo informes sobre la evolución de la torre, pero presumiblemente va a ocurrir  en la próxima de San Petersburgo. Conforme a la primicia de EL MUNDO, se votará la inclusión de los monumentos sevillanos en la ‘lista negra’ del Patrimonio en peligro y si el rascacielos no es paralizado antes del 15 de agosto y rebajado en altura antes de 2014, Sevilla perderá su título de Patrimonio de la Humanidad, un desprestigio equiparable a la expulsión de la ciudad alemana de Dresde en junio de 2009 (Omán renunció antes de que la echaran para poder realizar prospecciones petrolíferas en el hábitat del oryx).

Por tanto, tras tres años de avisos nadie en Sevilla puede llamarse a engaño ni rasgarse las vestiduras  ante un procedimiento que muestra un claro paralelismo con el de Dresde. También la ciudad germana fue advertida en 2006 de que si no renunciaba a construir un puente en el valle del río Elba se le retiraría el prestigioso título del que gozaba desde 2004. Los alemanes contestaron con el mismo argumento que ha hecho ahora suyo Zoido, el alcalde que proclamaba que no permitiría que la torre Cajasol pusiera en peligro la condición de Patrimonio de la Humanidad de Sevilla y que se comprometió ante el Icomos a anular de inmediato la licencia para paralizar las obras: el proyecto del puente era legal y, además, había sido votado en un referéndum.

UN DEBATE SUPERADO

El puente podría ser legal, pero como a juicio de la Unesco  rompía el paisaje histórico que a lo largo de 18 kilómetros incluía desde el centro de la ciudad hasta palacios barrocos y jardines, Dresde fue expulsada en 2009, a los tres años del primer aviso, justo el mismo tiempo dado a Sevilla para que rectificara con la torre Cajasol, infructuosamente.

En Sevilla se han despreciado los informes de Icomos diciendo que era una especie de ONG del Patrimonio, un grupo de amiguetes sin poder ni influencia en la Unesco. Craso error, porque en la Convención de París de noviembre de 1972 y en virtud de la cual se creó el Patrimonio Mundial, Icomos figura en el artículo 8.3 como la voz consultiva para el patrimonio cultural, y la UICN para el natural.

Y, al igual que en Dresde, los informes del Icomos sobre la torre Cajasol y Sevilla dicen que lo más importante es la protección del paisaje histórico de la ciudad en que se hallan incardinados la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias, y no sólo la de estos tres monumentos aislados, fuera de su entorno. Quienes sostienen lo contrario alegando que el rascacielos no afecta directamente a los tres bienes del Patrimonio Mundial nos retrotraen al debate patrimonial de los años 70 y 80 en Sevilla, cuando se tranquilizaban las conciencias protegiendo edificios aislados (tampoco, como prueba el libro sobre la Arquitectura Civil sevillana, convertido en prueba de cargo sobre el valor de lo demolido) o incluso sólo elementos de los mismos (la portada) mientras la piqueta se ensañaba con el conjunto del caserío histórico, dejando descontextualizados a aquéllos.

DE PROTECTOR A INFRACTOR

Por extensión, el concepto de afección indirecta también se contempla en la Convención de París, ya que el artículo 6.3 especifica que cada uno de los Estados signatarios se obliga a no tomar deliberadamente ninguna medida que pueda causar daño, directa o indirectamente, al patrimonio cultural y natural. Y el artículo 11.4 determina que en la ‘lista del Patrimonio Mundial en peligro’ se incluirán los bienes que estén amenazados “por peligros graves y precisos” como “proyectos de grandes obras públicas o privadas”, una casuística en la que se engloba la torre Cajasol.

España no sólo suscribió en mayo de 1982 la Convención del Patrimonio Mundial, sino que fue mucho más lejos cuando el 18-4-2002 firmó con la Unesco un convenio especial pensando en países del Tercer Mundo para identificar más bienes destinados al Patrimonio Mundial, prestar asistencia técnica a otros Estados para asegurar su protección y, paradójicamente, fortalecer la gestión de los bienes ya declarados como tales, “especialmente a través de una nueva confirmación, si fuese necesaria, de los límites del área bajo protección del Patrimonio Mundial y de la revisión del marco de gestión de dicho patrimonio”.
España, pues,  preconizaba para otros lo que no ha hecho en Sevilla y que también le reprocha la Unesco: no haber ampliado el entorno protegido del casco histórico para evitar amenazas como la torre Cajasol, ese icono de 178 metros de altura que según Monteseirín y Marchena iban a poner a Sevilla directamente en la modernidad y que ha acabado poniéndola en la lista negra de la Unesco y a la altura del Tercer Mundo.

Imprecisiones

Los Antonios (Pulido, presidente de Cajasol; Muñoz, portavoz adjunto del PSOE) descalifican el informe del Icomos sobre la torre Pelli basándose en sus “imprecisiones” por decir que dista 600 metros de la Giralda en vez de 1.600. Se ve que se trata de una errata u omisión atribuible a los famosos duendes de la imprenta. Ya puestos, veamos “imprecisiones” de los paladines del rascacielos. ¿Cómo cuando se pide la licencia de obras al Ayuntamiento se valora el proyecto a la baja en 130 millones de euros pero públicamente Deloitte hincha la cifra hasta los 353 millones? ¿Cómo se dice que genera 2.000 empleos directos y luego en la radio el más listo de los ingenieros los rebaja a tan sólo 600? ¿Y cómo fuentes cercanas a Cajasol dicen que por cada día que la obra estuviera parada se perderían 8 millones de euros? En tal caso, no poner un ladrillo en mes y medio valdría más que lo que según Deloitte costaría construir las 43 plantas del rascacielos.  ¿Quién, pues,  es más “impreciso”, Icomos o Cajasol? Algunos se agarran a las erratas como a un clavo ardiendo.

Marcha atrás

El también alcalde de Sevilla, súper Zoido, anunció entre trompetas del Apocalipsis que paralizaría la torre Cajasol si ponía en peligro la declaración de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad. Pues, como habría dicho Caracol el del Bulto, esos cojones en Despeñaperros, ya que a la hora de la verdad Zoido ha acabado pasteleando con Pulido y diciendo que hay que compaginar todos los intereses en juego: el patrimonio de la Caja y el Patrimonio de la Humanidad. A eso se le llama freno y marcha atrás, como a lo que tan aficionado era Monteseirín, con lo que va a tener razón el Barómetro de Pascual de que aquí no ha cambiado nada. Porque a ver cómo se conjuga (el verbo usado a su vez por Pulido) la exigencia del Icomos de detener la obra y recortar la torre con el desafío de Cajasol de rematarla hasta el final. Preso de sus contradicciones, Zoido ha acabado creando una comisión para escaparse por la tangente, conforme al consejo de Napoleón: “Si quieres que algo se haga, nombra un responsable; si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión”.