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Nuevo informe Corominas sobre el Covid: el desarrollo de la pandemia aún no está escrito

Dependerá del acierto en la modulación de las restricciones sanitarias y de la responsabilidad de cada ciudadano

Según su modelo matemático estarían afectados casi 10 millones de españoles y los muertos ascenderían a 114.000

Si no hubiera existido la vacuna, en esta quinta ola se habría tenido que decretar un confinamiento similar al de la primera

Con la capacidad de producción de vacunas es probable que hasta finales de 2022 o mitad de 2023 no se consiga vacunar a la mayor parte de la población mundial y continuarán los efectos de la pandemia

Joan Corominas, ingeniero agrónomo y ex director de la Agencia Andaluza del Agua, ha terminado una nueva entrega de su ‘Aproximación al análisis estadístico de la pandemia del coronavirus en España’, a fecha 6 de septiembre de 2021. El investigador cree que, como era de prever, los intentos de volver al estilo de vida “habitual” durante el verano de 2020 no permitieron mantener la pandemia controlada, y por ello hemos
desembocado sin apenas transición hasta la 5ª ola, al reincidir en el período pre
festivo de diciembre y la Navidad relajando la movilidad y las interacciones
sociales; en menor medida durante la Semana Santa, y con la casi desaparición de las
limitaciones conductuales por motivos sanitarios durante este verano de 2021. Según Corominas, «de los éxitos y fracasos en la gestión del coronavirus debemos aprender de cara a ésta u otras pandemias».

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Actualmente habría 3,1 millones de españoles contagiados, según el análisis estadístico de Joan Corominas

La pandemia habría causado ya 47.200 muertes en nuestro país

“Debemos estar preparados para que la pandemia en España alcance el millón de infectados hacia primeros de noviembre y cerca de millón y medio hacia la mitad de la primavera de 2021, pronósticos que ojalá sean inciertos por un mejor freno de la pandemia o por la aparición de una vacuna (proceso que durará más de medio año) que pueda alcanzar a un 75% de la población, con lo que se conseguiría la inmunidad de grupo”, expone el ingeniero Joan Corominas Masip, ex director de la Agencia Andaluza del Agua, en la novena actualización de su trabajo ‘Aproximación al análisis estadístico de la pandemia del coronavirus en España’, con datos a fecha 7 de septiembre de 2020.

Al concluir la primera semana de septiembre la cifra oficial de infectados es de 534.000 (de los cuales unos 155.000 serían infectados asintomáticos), que se corresponde con una tasa oficial de 11.380 infectados por millón de habitantes. La estimación del ingeniero afincado en Sevilla los elevaría a 3,1 millones de infectados. La cifra oficial de fallecidos es de 29.594, que probablemente, en estimación de Corominas,  asciendan a cerca de 47.300, al dejar de reflejar las estadísticas oficiales a los fallecidos con trastornos compatibles con el coronavirus pero a los que no se les ha hecho el test de diagnóstico (téngase como referencia las más de 18.000 muertes en residencias de mayores). Esta estimación también reduce la tasa de letalidad actual desde el 5,5% oficial al 1,5%, cifra más cercana respecto a las señaladas en la bibliografía sobre el coronavirus.

Corominas estima que al final de la primera oleada y la fase de rebrote actual de la pandemia podríamos alcanzar en España 1,49 millones de infectados diagnosticados con test PCR, que se elevarían a 3,6 millones de infectados sintomáticos (muchos con pequeños síntomas) y del orden del 5,4 millones de infectados totales, incluyendo los asintomáticos no detectados, que representarán un 11,5% de la población (la tercera ronda del estudio nacional de sero-epidemiología señalaba una prevalencia del coronavirus del 5,2% a finales de mayo). La cifra de muertos alcanzaría los 33.500 contabilizados y del orden de 54.000 muertos totales, incluidos aquellos a los que no se les ha hecho el test PCR de confirmación. La tasa de letalidad descendería hasta el 2,25% según cifras oficiales, superior a la citada por la revista ‘The Lancet Infectious Diseases’, del 0,66%, correspondiente a un estudio sobre los infectados en la región china de Wuhan.

LA DESESCALADA

Corominas califica de “éxito” el proceso de desescalada hasta finales de mayo, debido a diversos factores entre los que destaca el buen diseño de las fases de vuelta a la nueva normalidad, la colaboración de las administraciones autonómicas y, sobre todo, el comportamiento responsable de la población -más allá de algunos comportamientos incívicos-, que mantuvo las prácticas de distanciamiento social e higiene sanitaria. Sin embargo, a su juicio “las prisas de las administraciones autonómicas para alcanzar la nueva normalidad no fue acompañada por un fortalecimiento de la gobernanza sanitaria, que se ha mostrado débil y frágil, careciendo de los suficientes medios humanos (dotación de los centros de salud y rastreadores, entre otros) y anticipación y decisión política para dictar con anticipación las normas que aseguren el distanciamiento social de la población”.

El ingeniero reitera su crítica a los fallos, cambios y retrasos en los datos estadísticos sobre la pandemia, “atribuibles -afirma- a todas las administraciones, que pudieron ser inevitables al principio de la pandemia y que en la actualidad son imperdonables. Necesariamente -continúa- deberá fortalecerse el sistema de información epidemiológica en España, cooperando las diversas administraciones en trasladar a la sociedad y los expertos la información cierta y en tiempo real”.

En España, según los datos oficiales, se han  alcanzado los citados  534.513 infectados (confirmados con test PCR) y 29.594 muertos a la fecha de 7 de septiembre de 2020. Se duplica así el impacto de la pandemia que se registró al final del estado de alarma, pero en opinión del ingeniero afincado en Sevilla existe una diferencia muy importante en la comparación de las cifras de la primera ola y del rebrote actual: antes se detectaba con test PCR uno de cada nueve infectados y actualmente se detecta uno de cada tres. Hay semejanza en el número máximo diario de infectados pero el ritmo de crecimiento de la pandemia es mucho más lento (en la primera  ola el máximo diario de infectados se alcanzó al mes del inicio, y en el rebrote se alcanzará en el entorno de los 115 días desde su inicio a primeros de junio), con una curva de descenso de los contagiados diarios también mucho más lenta.

FACTOR DIFERENCIAL

Un elemento diferenciador esencial entre la primera ola y el rebrote es el muy inferior impacto actual en cuanto a la gravedad de los síntomas que ocasiona, lo que se traduce en unas muy inferiores tasas de hospitalización y de cuidados en UCI y fallecimientos: en el punto álgido de primeros de abril fallecían diariamente unas 825 personas, sin contar unas 460 personas fallecidas en residencias de mayores con síntomas compatibles con COVID-19, y en la actualidad no se superarán, probablemente, los 60 fallecimientos diarios, afirma Corominas en su trabajo.  El avance en la detección de los casos de infectados, especialmente con síntomas leves o asintomáticos (especialmente entre la  población de 20 a 40 años) ha permitido atender precozmente a los sintomáticos rebajar la presión en las UCI y reducir la letalidad actual al 1% frente al 14% a principios de abril.

En todas las autonomías se ha repetido el crecimiento de la pandemia en esta fase de rebrote, aunque se mantienen diferencias importantes en su incidencia: Madrid, Aragón y La Rioja casi duplican la prevalencia media española y, por el contrario, Asturias, Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana, Extremadura y Galicia han sufrido la mitad de la prevalencia española.

Para mejorar el conocimiento de la pandemia y predecir su evolución futura en función de las estrategias de mitigación que se han ido adoptando, el ingeniero ha desarrollado un modelo epidemiológico SIR de tres compartimentos, del que se desprende que actualmente están infectados cerca de 3,1 millones de españoles y que las muertes serían unas 47.200, datos que multiplican por 5,9 y 1,6, respectivamente, las cifras oficiales. Esta aproximación a la realidad del coronavirus muestra que la información estadística oficial minusvalora el impacto en la infección de la población y las muertes ocasionadas por el coronavirus. Este aserto no debe entenderse -afirma Corominas- como una crítica a las informaciones proporcionadas por las diversas autoridades autonómicas, españolas y mundiales efectos (salvo la crítica a las inexactitudes y confusiones señaladas en lo concerniente a España desde el inicio de la desescalada), sino apuntar a que “seguimos desconociendo mucho sobre el coronavirus, su propagación y su diverso impacto sobre la población y los territorios”.

INFRAVALORACIÓN

La no detección de todos los infectados, debido a la poca extensión de los test a buena parte de la población, infravalora la cifra de los infectados en las estadísticas oficiales al no contemplarse los pacientes asintomáticos o con patologías leves. El aumento de test de anticuerpos que se viene realizando desde hace el inicio de la desescalada ha puesto en evidencia el gran número de infectados asintomáticos y la muy importante disminución de pacientes con síntomas muy graves o graves. En la fase de confinamiento, el 54% de los test PCR positivos correspondían a personas con patologías muy graves o graves, mientras que en las tres últimas semanas únicamente representan el 4,8%, estima Corominas. El total de infectados estimados era superior a 9,3 veces el número de diagnosticados con test PCR, habiéndose reducido en las tres últimas semanas 3,4 veces, lo que indica la ampliación del número de diagnósticos con test PCR a los nuevos infectados y a su círculo de relaciones.

Al mismo tiempo la pandemia afecta actualmente a gente más joven, con síntomas más leves, habiéndose reducido los casos de personas mayores de 70 años desde el 36,8 % al final del confinamiento al 9,8 % en la actualidad. El diagnóstico temprano, junto con el cambio de cohortes de edad afectadas, ha permitido reducir mucho la cifra diaria de fallecidos, siendo pequeño el rebrote en la cifra de muertos Desde el inicio de la desescalada se han producido rebrotes, que en opinión de Corominas “eran de esperar al aumentar la movilidad y las interacciones sociales”.

En el conjunto de España esta nueva incidencia del coronavirus es asumible a nivel sanitario actualmente, aunque en algunos territorios, como Madrid, País Vasco, Navarra, la Rioja y Aragón el rebrote está empezando a tensar el sistema hospitalario. En casi todos los territorios las tasas diarias de infectados son del orden de las producidas en la oleada de marzo. “El éxito en el control y encapsulamiento de estos rebrotes -asevera el ingeniero- es imprescindible para permitir controlar la pandemia, con elevada incidencia pero con poca presión sobre el sistema sanitario y con tasas de letalidad de los nuevos contagios bajas (del orden del 0,5%)”.

El número de infectados es de 534.513 (7-9-20) y desconocemos el número de recuperados (no se informa de ello desde el 24 de mayo) pero se acercarán ya a los 450.000 (84% de los infectados).

A partir del inicio de la desescalada se ha producido un aumento, esperable, del ritmo de infectados diarios con un ritmo de nuevos casos actual de unos 9.000 infectados diarios que se mantendrá próximo a este nivel a lo largo del resto del año, convirtiendo la pandemia en una cuasi endemia.

En esta fase de rebrote la pendiente de crecimiento del número diario de infectados es muy inferior a la de la primera fase aunque, por el contrario, será más aplanada y duradera (menor tasa reproductiva que en la primera ola), como puede observarse en el siguiente gráfico (la escala del número de infectados diarios es logarítmica).

El número oficial de fallecidos actualmente es de 29.594, contrastados con test PCR, aunque el número real de muertos por efectos de la COVID pueda ascender a unos 47.400.

Las gráficas correspondientes a la distribución diaria de los fallecidos por coronavirus muestran un rebrote significativo pero del orden de 12 veces inferior al de la primera ola, probablemente debido a una detección precoz de los nuevos casos y a la mejor atención médica por la no saturación de los hospitales y los tratamientos más experimentados.

“Como era de prever -concluye Corominas en su trabajo- es difícil volver progresivamente al estilo de vida “habitual” (que, a buen seguro, lo iremos adaptando a esta dura experiencia) y que se mantenga la pandemia controlada sanitariamente, a pesar de los inevitables rebrotes. Es probable que la pandemia se cronifique y que mantengamos durante muchos meses un nivel de infectados y fallecidos similar al sufrido en los meses de marzo y abril, con menor gravedad de los síntomas y las muertes que cause, pero que mantenga en tensión a toda la sociedad y sigan repercutiendo negativamente en nuestra economía. Las autoridades, y toda la sociedad, deberemos acertar en las medidas a implementar para retomar la actividad social y económica sin asumir riesgos importantes de que se descontrole la pandemia y que tengamos que desandar el costoso camino que hemos recorrido para dominar al coronavirus”.