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Zoido deja una deuda de 502 millones de euros

De esta cantidad, 479,3 corresponden al Ayuntamiento y 22,5, a Tussam y Lipasam

Habría amortizado durante su mandato 144 millones, según los datos que se contabilicen

 

El gobierno saliente de la ciudad, que presidió Juan Ignacio Zoido, habría dejado una deuda viva consolidada a fecha 10 de junio de 2015 (entre la del Ayuntamiento y la de Tussam y Lipasam) de 502 millones de euros en números redondos, según un escueto y genérico cuadro estadístico entregado por Asunción Fley al equipo del nuevo alcalde, Juan Espadas.

La corporación cuyo mandato expiró con la toma de posesión de Espadas como regidor de los destinos de Sevilla estima que durante sus cuatro años ha dejado la deuda del Ayuntamiento, toda a largo plazo, en 479.356.843,62 euros.

A esta cifra le suma las deudas de las empresas municipales Tussam y Lipasam, que ascienden a 16.497.063 euros (de los que 136.049 son a corto plazo) y 6.101.934,28 euros, respectivamente, hasta un total entre ambas de 22.598.997,28 euros.

La adición de la deuda del Ayuntamiento y la de Tussam y Lipasam arroja un total para toda la corporación municipal hispalense de 501.955.840,90 euros.

Teóricamente, en esta cantidad estarían incluidos los dineros a devolver por el exceso de transferencias realizadas por el Estado (la PIE) en los ejercicios de 2008 (14,3 millones) y de 2009 (58,6 millones), algo más de 73 millones de euros. La devolución se ha ido aplazando año tras año, mediante maniobras dilatorias ante Hacienda, tanto por Monteseirín en su última etapa como por Zoido, por lo que deberá ser Espadas el que acabe respondiendo por esta deuda.

EL MANDATO ANTERIOR

El balance económico del gobierno de Zoido es todavía provisional, pendiente de una revisión a fondo de las cuentas y de los criterios contables que haya aplicado Asunción Fley y que aplique su sucesor en la Delegación de Hacienda. A título de ejemplo, Emasesa no aparece en la estadística de los números rojos, cuando a principios de año PSOE e IU votaron en contra de un acuerdo para que dispusiera de una línea de crédito de hasta 200 millones de euros con que refinanciar su deuda a largo plazo, que ascendía a 185 millones, y afrontar una ampliación en 58,5 millones de su plan de obras.

Zoido declaró el 11 de mayo, dos semanas antes de las elecciones municipales, que encontró el Ayuntamiento con 790 millones de euros de deuda (con una supuesta deuda oculta de 400 millones) y que la ha rebajado a 502 millones.

El balance de su mandato y el alcance del saneamiento realizado depende de qué se contabilice como deuda y desde qué fecha. Si se toma como referencia el mes de enero de cada ejercicio, cuando suelen entrar en vigor los nuevos presupuestos municipales, a principios de 2011, todavía con Monteseirín como alcalde y medio año antes de la toma de posesión de Zoido, la deuda del Ayuntamiento era de 405,7 millones, y la de las empresas municipales, de prácticamente 128 millones. En total, 533,7 millones.

PUNTO DE PARTIDA

La situación que parece más realista es la de enero de 2012, ya con Zoido plenamente al mando tras seis meses en el sillón de alcalde y cuando afloran deudas como los 58,7 millones de Emvisesa por la encomienda de la ampliación de Fibes bajo el mandato de Monteseirín.

A esa fecha, que podríamos considerar como la del arranque económico de Zoido en la Alcaldía, la deuda del Ayuntamiento ascendía a 502,7 millones, y la de las empresas municipales (incluyendo 12,4 millones de Sevilla Global y 40.000 euros de la televisión municipal, ambas en trance de disolución por entonces) era de 143,1 millones de euros.

En total, Zoido se habría encontrado con 645,9 millones de deuda, lejos de los 790 millones que ha pregonado, salvo que metiera en el mismo cómputo a Emasesa y Mercasevilla, que habitualmente se han quedado fuera de esta estadística.

Si tomamos como punto de arranque enero de 2012 y damos por bueno el estadillo dejado por Fley, Zoido habría saneado realmente casi 144 millones de euros de la deuda municipal (143.969.955 euros), a razón de 23.440.517 euros en el Ayuntamiento y de 120.529.438 euros en las empresas municipales.

El exalcalde procuró garantizarse la paz social en Tussam y Lipasam, a las que ha dedicado la mayoría de los recursos para tratar de poner a cero el contador de su deuda. Así, Tussam ha pasado de deber 53,5 millones en enero de 2012 a 16,4 millones en junio de 2015, y Lipasam, de 18,3 millones a 6,1 millones ahora.

Deuda viva consolidada del Ayuntamiento de Sevilla

(A 10 de junio de 2015)

            Ayuntamiento         Tussam               Lipasam                    Totales

Corto                          0      16.361.014      6.101.934,28      22.462.948,28

Plazo

Largo  479.356.843,62       136.049                        0,00   479.492.892,62

Plazo

Total   479.356.843,62  16.497.063      6.101.934,28  501.955.840,90

 

 

 

Zoido y el gatopardo

Los politólogos han acuñado los términos  ‘lampedusiano’ y ‘gatopardista’ para describir a los gobernantes que prometen un cambio radical de la realidad pero que a la hora de la verdad sólo realizan modificaciones cosméticas y superficiales que dejan las cosas tal como estaban. Pura apariencia. Los adjetivos derivan de la novela del italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa titulada ‘El gatopardo’, en la que relata el fin de una época y el advenimiento de un nuevo orden y que se resume en una frase que pone en boca de uno de los personajes: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Zoido se ha apuntado al ‘gatopardismo’ en Lipasam (y no sólo) con la Bolsa de Empleo Temporal en esta sociedad municipal. Como es de dominio público y causa vergüenza ajena, ya que no en los empleados y sindicalistas que han propiciado este sistema discriminatorio, nepotista y de corte feudal en pleno siglo XXI, los puestos de trabajo se han estado ‘heredando’ entre los familiares cuando un empleado se jubilaba y la Bolsa de Empleo no se abría para ningún ciudadano que no formara parte del círculo de Lipasam o fuera ajeno a las centrales sindicales con mando en el comité de empresa.

LA HUELGA DE ENERO

Tras la huelga de enero, que duró una decena de días, los sindicatos hicieron concesiones menores al Ayuntamiento para poner fin al conflicto. Entre ellas, la apertura de la Bolsa Temporal, para que dejara de ser un nido de ‘enchufados’. Aunque el poderoso aparato de propaganda del Consistorio ‘vendió’ los acuerdos como una victoria del alcalde, por su aparente firmeza, en el balance real y global los huelguistas cedieron menos que la empresa municipal.

Recuérdese que la huelga se convocó porque el Gobierno local pretendía reducir los costes en Lipasam mediante la ampliación de la jornada de trabajo semanal de la plantilla a 37,5 horas y un recorte del 5% en los gastos de personal a partir de enero de 2013.

La mayor parte de ese ahorro lo quería lograr acabando con los 1.250 contratos temporales que se firmaban a los 466 eventuales inscritos en la Bolsa de Trabajo, gran parte de ellos vinculados por entonces a UGT. Para ello era condición ‘sine qua non’ que la plantilla, en vez de prolongar la jornada laboral hasta completar las 37,5 horas semanales, trabajara durante Semana Santa, Feria y Navidad. El plan fue rechazado de plano por el comité y fue la causa que desencadenó la huelga y que las calles de Sevilla se llenaran de miles de toneladas de basura.

CESIONES MENORES

Después del acuerdo que puso fin al conflicto la plantilla ha seguido sin trabajar durante los periodos festivos; el recorte salarial no fue del 5%, sino del 3,6%, pero, ojo, compensándolo con una subida del 0,75% en 2014 y del IPC en 2015; el Ayuntamiento se ahorrará temporalmente 2,6 millones en vez de 3,3 millones de euros en gastos de personal y la Bolsa de Trabajo Temporal para eventuales se ha mantenido, si bien se dijo en enero que quedaría abierta a partir de entonces a todos los sevillanos y no sólo a familiares y ‘enchufados’. ¿Quién cedió más, Lipasam o los huelguistas?

Nada menos que nueve meses ha tardado el Ayuntamiento en comunicar la apertura de la Bolsa de Trabajo Temporal  a todos los ciudadanos, con anuncios en la prensa y la amplificación mediática oficial correspondiente para transmitir la idea de que Zoido ha acabado con el ‘enchufismo’ en la empresa municipal.

Se ha publicado que el presidente del comité de empresa, Antonio Bazo (CCOO) no ocultaba su satisfacción después de meses de trabajo y continuas reuniones de la mesa encargada de dar forma al proceso de selección de personal para los talleres. Esta satisfacción ya es suficientemente indicativa.

Si se analizan las bases de esta convocatoria -puede descargarse desde la página web de Lipasam- limitada sólo a 100 plazas para el taller y un contrato de un máximo aun en periodos discontinuos de 180 días a lo largo de un año no natural, se comprenderá la reacción sindical por, en la práctica, haberle dado la vuelta a la tortilla en el aspecto que les faltaba de los acuerdos de enero.

EXPERIENCIA PREVIA

La convocatoria es sólo para parados y, atención, eventuales de Lipasam en este momento. O sea, los que ya están dentro de la Bolsa de Trabajo. De entrada, habiendo miles de parados en Sevilla (de un total de 88.639) sin siquiera prestación alguna, se les exige el pago de 12 euros para poder realizar el examen de ingreso.

Requisito básico es que los aspirantes cuenten, como mínimo, con 24 meses de experiencia laboral en la actividad propia de un taller relacionado con electromecánica, electricidad del automóvil, calderería, herrería, chapa y pintura o estar en posesión de una titulación relacionada con estas habilidades. Sólo con esta exigencia se deja ya fuera a los 11.715 sevillanos, generalmente los más jóvenes y egresados de las aulas, englobados en la categoría de ‘Sin empleo anterior’.

Obviamente es presumible que los eventuales que ya están dentro de la Bolsa de Empleo cumplen esta condición ‘sine qua non’. Además, en el proceso de selección se valorará con 0,2 puntos a los candidatos por cada mes de servicio prestado en talleres de empresas del sector de la limpieza pública ( como es el caso de Lipasam) y sólo con 0,1 puntos la experiencia en otro tipo de talleres.

La convocatoria, pues, favorece claramente a los eventuales de Lipasam que ya han disfrutado en exclusiva estos años de la Bolsa de Empleo para que sigan dentro de la misma, aunque las fanfarrias municipales pregonen el aparente fin del ‘enchufismo’.

Era necesario que todo cambiara para que todo siga igual.

Lipasam

El delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, declaró al cuarto día de iniciada la famosa huelga de Lipasam el pasado 28 de enero, la más larga de su historia,  que como en ese tiempo habían ardido 15 contenedores, no negociaría con los huelguistas. Ahora, la dirección de Lipasam divulga el Informe de Gestión 2012, donde revela que el año pasado se destrozaron en la ciudad 6.400 unidades entre contenedores y papeleras, a una media de 17 diarios, cifra calificada oficialmente como “en la tónica habitual de los últimos años”. O sea, que había y hay un vandalismo permanente, pero en aquel entonces interesaba políticamente cargarle el mochuelo al personal de la basura y dejar pudrir la situación para que las iras populares se volvieran contra ellos. Cuando al octavo día de conflicto el Ayuntamiento llamó al comité para sentarse a dialogar habían ardido cerca de 300 contenedores, veinte veces más que el número invocado al principio para no negociar. Y al undécimo día se acabó la huelga. ¿Habría durado tanto si hubieran hablado desde el principio?

Contrasentido

Como los zoólogos que examinan la egagrópilas regurgitadas por ciertas aves para averiguar qué han comido, el Ayuntamiento se dedica a contabilizar las toneladas de residuos que dejan los visitantes en el Real para calificar o no de éxito la Feria de Abril: este año, un 7% más de basura que en la edición anterior, indicativo a juicio de nuestros munícipes de una mayor ingesta de comida y bebida, para jolgorio de Pedro Sánchez Cuerda, el presidente de los hosteleros. En este contexto, ya me dirán si ha tenido sentido la campaña publicitaria lanzada por Lipasam con una modelo vestida de flamenca para invitar a los sevillanos a ser limpios durante la fiesta y no generar residuos. Si la campaña de la empresa municipal de la limpieza hubiera sido un rotundo éxito, a estas horas ni Zoido ni su delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, estarían alardeando del resultado económico del evento. Así que imagino que Jesús Maza le leerá la cartilla a Lipasam para que el año próximo cambie de discurso y aconseje lo contrario que ahora: ¡Más basura, que ésto es la Feria!

‘SimCity’

Fernando Alonso, al igual que los pilotos de los aviones, se entrena sobre un simulador de un Fórmula-1 para perfeccionarse como conductor delante de una pantalla. Como, según el Guerra, hay gente pa tó, Electronics Arts lanzará el 7 de marzo su videojuego ‘SimCity’, cuyo elemento representativo ante el mundo mundial será la Giralda. Que se fastidien Monteseirín y Marchena: no han elegido ni la torre Pelli ni las ‘Setas’ de la Encarnación, sino el ‘rancio’ icono por excelencia de Sevilla en vez de uno de sus engendros arquitectónicos. ¿Y qué es ‘SimCity’? Pues otro simulador en forma de videojuego que permite a los usuarios convertirse en alcaldes en vez de en reinas por un día, con la misión de gestionar todos los problemas que se les presenten en esta ciudad virtual. Habría sido magnífico que a Electronics Arts, además de la Giralda, le hubiera dado tiempo a meter en el simulador de Ayuntamiento la huelga de Lipasam, y que Espadas y Torrijos hubieran echado una partidita a ver cómo la habrían solucionado. Zoido tiene prohibido jugar: él ya es alcalde de verdad.

Los neutrinos de Zoido

El 23 de septiembre de 2011, los científicos del experimento Ópera presentaron en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas los resultados de sus ensayos y revolucionaron el mundo: habían descubierto los neutrinos súper lumínicos, así denominados porque viajaban a mayor velocidad que la luz (ésta, a 300.000 kilómetros por segundo).

La magnitud del descubrimiento radicaba en que destrozaba la teoría de la relatividad de Einstein, según la cual la velocidad de la luz es una constante cósmica y nada puede desplazarse más rápidamente. Aunque se tardó casi un año en desmontar la existencia de los neutrinos súper lumínicos merced a nuevos experimentos que probaron errores técnicos, la nueva teoría alimentó durante meses algunas fantasías de la Humanidad, como la posibilidad de viajar al futuro y al pasado al igual que el actor Michael J. Fox en aquel coche fantástico de las películas de Zemeckis.

Con Zoido hemos pasado de los neutrinos súper lumínicos del experimento Ópera a los sub lumínicos suyos. Zoido  construyó su programa electoral sobre dos promesas esenciales: convertirse en el alcalde del empleo y en el de las ‘luces y taquígrafos’, para diferenciarse del oscurantismo y los chanchullos de Monteseirín. Desgraciadamente, con cerca de 90.000 parados en la ciudad aún no ha podido cumplir la primera.

En cuanto a la segunda, la luz tampoco viaja con él a 300.000 kilómetros por segundo, sino infinitamente más lenta, como prueba el hecho de que para cubrir los escasos centenares de metros existentes entre el Ayuntamiento y la calle Reyes Católicos, donde se instalaron algunas de las cámaras del Plan Centro de tráfico, ha tardado quince meses.

Este ha sido el tiempo que se ha necesitado para que la comisión de investigación sobre el Plan Centro, impulsada en su día por el alcalde, presente hoy, por fin, sus conclusiones.

En síntesis, el gobierno de Zoido decidió apenas aterrizar derogar el Plan Centro. Podía haber invocado la promesa en tal sentido hecha por el alcalde durante la campaña electoral y aun mucho antes, pero en una torpeza propia de unos novatos y con ánimo de hacer sangre de un cadáver político como era ya Monteseirín, argumentó que las cámaras de videovigilancia no funcionaban, pese a que habían costado a los sevillanos 956.926 euros. “Un fraude de principio a fin”, declaró Curro Pérez, el portavoz gubernamental.

Se creó la comisión de investigación, con ánimo de exigirle responsabilidades a PSOE e IU, y segundo disparo en el pie: un técnico del Centro de Control de Tráfico municipal mostró a los concejales de la oposición grabaciones de los vehículos circulando, con lo que se derrumbó el argumento del PP de que las cámaras estaban estropeadas. Para colmo, se estaba grabando a los conductores y transeúntes sevillanos sin que éstos fueran conscientes de tal circunstancia ni se hubiera advertido públicamente.

Se entró en una espiral de denuncias y contradenuncias y apelaciones a la Agencia de Protección de Datos, y así hasta mañana lunes. Quince meses de enfriamiento de un escándalo (desde noviembre de 2011) que a buen seguro se va a quedar en agua de borrajas dada la absolutísima mayoría del PP.

La ‘luz y taquígrafos’ de Zoido, viajando a razón de casi año y medio para recorrer 200 metros desde el Ayuntamiento a la primera cámara de videovigilancia del Plan Centro (en ese mismo periodo de tiempo la luz real descifrada por Einstein habría recorrido nada menos que 11.819.520.000.000 kilómetros) ha contribuido a relativizarlo todo. ¿A quién le preocupa ya si las cámaras grababan o estaban estropeadas, o si costaron casi un millón de euros, con la que está cayendo con la crisis económica, los 6 millones de parados y la corrupción?

La comisión de investigación del Plan Centro es la mejor prueba de la particular teoría de la relatividad de Zoido en la política: cuanto más lenta sea la aplicación a un escándalo del principio de las “luces y taquígrafos”, menos erosión -o al final ninguna- causará a quienes gobiernan.

EL CANON LIPASAM

Juan José Cortés, el padre de la infortunada Mary Luz, ha cumplido un año como fichaje-estrella de Zoido en calidad de asesor municipal en materia de exclusión social. En su momento, el PSOE denunció que para abrirle hueco en el organigrama del grupo municipal popular, el PP tuvo que crear el cargo de director de Juventud, con una remuneración de 50.000 euros anuales, para que el puesto dejado libre por éste entre los asesores fuera ocupado por Cortés, al que se asignó un salario de 36.000 euros.

El padre de la niña onubense declaró en aquel entonces que el alcalde acertaba contratando a personas de pueblo como él para estar en la calle y asesorar sobre barrios marginales. Aunque aseguró que llevaba haciendo éso -la visita a las zonas excluidas- toda la vida, quienes trabajan desde siempre con los marginados en el Vacie, Polígono Sur y Tres Barrios coinciden en afirmar que no han tenido noticias suyas ni lo han visto en estos 365 días.

Cortés se defiende diciendo que Sevilla es muy grande, que él se ha centrado casi en exclusiva en Los Pajaritos y que cobra menos “que un trabajador de Lipasam”. Así pues, el sueldo medio en la empresa de la limpieza, que el Ayuntamiento cifró en 30.000 euros, ha pasado ya al lenguaje popular como canon de medida de la escala salarial.

Si Cortés gana 36.000 euros, ¿cómo sostiene que cobra menos que un empleado de Lipasam? Quizás ha tirado de calculadora a partir del dato que dieron desde el comité durante la huelga: estaban perdiendo 100 euros por cada día de paro. Multipliquen 100 por  los 365 días del año a ver cuánto sale.

La bolsa

Cuentan las crónicas de los periodistas locales enviados a cubrir la información de alto riesgo de la huelga de Lipasam cual corresponsales de guerra, debido a que los huelguistas los declararon personas ‘non gratas’ por revelar las prebendas del convenio, que una de las máximas preocupaciones entre los huelguistas al conocerse la apertura  de la Bolsa de trabajo era si a partir de ahora se iban a colocar sólo los enchufados del PP. Esto denota el concepto sindical sobre el sentido de una Bolsa de trabajo: el botín del partido vencedor. Habida cuenta de lo ocurrido tras el triunfo del PP en los talleres de distrito con Pepelu, correligionarios y demás parientes, en la faunística versión pepera del clásico libro de Gerald Durrell, no es de extrañar que cunda esa fundada sospecha. Así que en aras de esa transparencia que tanto predica el alcalde de la luz y los taquígrafos, sugiero que la Bolsa la gestione una agencia externa en vez de esa Comisión Paritaria de que se ha hablado. Y es que eso de paritario me suena a reparto clientelar: uno para ti y otro para mí.

Impactos

El Ayuntamiento proyecta la imagen de que el balance de la huelga en la recogida de basuras es favorable a Lipasam, por cuanto se ahorrará 1,25 millones de euros en las nóminas por los once días no trabajados mientras que ‘sólo’ tendrá que abonar 750.000 euros por las horas extra en la recogida de los 7 millones de kilos de residuos amontonados en las calles, más  100.000 euros en la reposición de los contenedores quemados por los vándalos. Con estas particulares ‘cuentas de la vieja’ municipales, el saldo sería favorable a la empresa pública en 400.000 euros.

El primer error en la contabilidad de la huelga consiste en imputarle el coste de los contenedores quemados, ya que varios días después de finalizado el conflicto laboral siguen ardiendo recipientes en el mismo elevado número que durante las once jornadas de paro, sin que ahora el Consistorio pueda establecer una aparente relación de causa-efecto. Desgraciadamente, no es precisa una huelga en Lipasam para que los vándalos incineren contenedores. Rojas-Marcos contaba en sus tiempos de alcalde que los fabricantes de mobiliario urbano testaban la resistencia de sus productos en Sevilla antes de lanzarlos al mercado porque era entre nosotros donde el vandalismo alcanzaba mayor virulencia.

Sí debe imputarse a la huelga el coste del daño de imagen sufrido por Sevilla en esos once días, un coste que en ningún conflicto en los servicios públicos – se pueden enumerar varios ya en Lipasam, Tussam, taxistas, bomberos y policías a lo largo de la Democracia- jamás valora el Ayuntamiento.

Cada vez que Sevilla aspira a organizar u organiza un gran acontecimiento deportivo se suele hacer una estimación del valor económico que tendrían o han tenido las informaciones en los medios de comunicación sobre nuestra ciudad si hubiera que pagarlas como publicidad, a fin de justificar desde la candidatura olímpica en su día hasta la Copa Davis o una sede del Mundial de balonmano. Y, sin embargo, al Consistorio nunca le da por estimar el impacto económico negativo que en este caso han tenido las noticias sobre la huelga de la basura aparecidas en el New York Times, Le Monde, la CNN, la BBC y todos los telediarios y periódicos nacionales y resto de los internacionales.

Un estudio de esa naturaleza nos permitiría evaluar ‘a priori’ en el futuro el coste que la repetición de una huelga en los servicios públicos esenciales tendría para la ‘marca’ Sevilla. Así, al menos, alguien se lo pensaría dos veces antes de convocarla.

Paisaje después de la batalla

Suele decirse que la primera víctima de la guerra es la verdad. La ‘guerra’ de la huelga de Lipasam confirma una vez más tal aserto. Por éso, en honor a la verdad, es preciso analizar algunas de las declaraciones y comportamientos durante y después del fragor del ‘combate’.

El alcalde ha respondido a las críticas de que demoró deliberadamente durante ocho días el inicio de las negociaciones con el comité de empresa -en los dos primeros hasta se ausentó de Sevilla, como no dándole importancia-  y permitió así que la ciudad acumulara hasta entonces 6.000 toneladas de basura y apareciera en el New York Times, Le Monde y otros grandes medios internacionales -con grave perjuicio para la imagen turística de Sevilla- con el argumento de que no iba a negociar mientras se produjeran actos vandálicos como la quema de contenedores de basura.

Pues ha ocurrido justamente al revés. El Ayuntamiento se sentó a negociar con los huelguistas el mismo día o al siguiente de la mayor quema de contenedores registrada durante la huelga, que se produjo el 4 de febrero, con 64 destruidos por el fuego, pese a que la estrategia del Consistorio durante la primera semana fue la de establecer una vinculación directa entre los actos vandálicos y los huelguistas de Lipasam, sin aportar prueba alguna al respecto. Un gobierno presidido por un juez hacía tabla rasa con la presunción de inocencia y se amparaba en el ‘vandalismo bajo sospecha’, como en su día Monteseirín con el urbanismo. A estas alturas, todavía el Ayuntamiento no ha podido mostrar a ningún miembro de Lipasam sorprendido quemando mobiliario urbano, independientemente de que en todo conflicto siempre hay elementos incontrolados.

AL FINAL ERAN LOS ‘ANTISISTEMA’

Recuérdese que al tercer o cuarto día de la huelga, el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, declaró a los medios de comunicación que como en ese periodo habían ardido 15 -al día siguiente subió la cifra a 18- contenedores, la dirección de la empresa no se sentaría a negociar mientras se produjera tal cantidad de actos vandálicos.

Cuando a partir de octavo día de huelga el Consistorio llamó al comité de empresa para iniciar las negociaciones habían ardido ya entre 200 y 300 contenedores. El balance final ha sido de unos 320 en los once días de paro. Por tanto, las cifras demuestran que esa imagen de firmeza y de no sometimiento a la presión por los actos vandálicos pregonada por Zoido no se ajusta a la realidad: la negociación empezó cuando más contenedores ardían.

De tanto hablar interesadamente de contenedores quemados para así tener un pretexto ante la opinión pública para justificar la inhibición municipal pudo crearse el caldo de cultivo idóneo para que los vándalos habituales se sintieran impelidos a multiplicar sus ataques al mobiliario urbano, ya que desde el Ayuntamiento se estaba desviando la atención hacia los huelguistas de Lipasam.

Daba igual que desde el comité de empresa se condenaran los actos vandálicos y que su presidente declarara que para ellos no tenían lógica alguna porque su interés radicaba en que se viera cuanta más basura en las calles mejor y no consumida por el fuego. Una vez desconvocada la huelga, Maximiliano Vílchez reconoció en declaraciones a una emisora de radio que quienes podían estar quemando los contenedores eran elementos ‘antisistema’ aprovechando la conflictividad laboral. Y un último dato: al día siguiente de desconvocarse la huelga ardieron 62 contenedores en la ciudad. ¿A quiénes cabía entonces culpar de esos actos vandálicos si los huelguistas habían vuelto al trabajo?

CESIONES Y CONCESIONES

La segunda declaración de Zoido tras el fin de la huelga es que no podía “ceder al chantaje” porque ya había un acuerdo firmado y que su deber consistía en buscar el interés general y la viabilidad de Lipasam. Centrémonos en las posiciones iniciales de cada parte y en lo conseguido finalmente por cada una de ellas. Como se recordará, el 2 de abril de 2012, Lipasam y los representantes de los trabajadores firmaron un acuerdo de ampliación de la jornada semanal a 37,5 horas y la reducción del 5% de gastos de personal, que debía incluir conceptos salariales, para su aplicación a partir de enero de 2013 para lograr un ahorro de 3,3 millones de euros.

La huelga estalla porque el Ayuntamiento pretende que la mayor parte de ese ahorro se produzca acabando con las 1.250 contrataciones de los 466 eventuales inscritos en la Bolsa de trabajo de la compañía, gran parte de ellos vinculados a UGT, para lo cual era condición ‘sine qua non’ que la plantilla, en vez de prolongar la jornada laboral hasta completar las 37,5 horas/semana, trabajara durante Semana Santa, Feria y Navidad, una pretensión rechazada por el comité.

¿Qué ha pasado al final tras el acuerdo por el que se ha desconvocado la huelga? La plantilla seguirá sin trabajar durante esas épocas festivas; el recorte salarial no será del 5%, sino del 3,6%, y esa reducción se compensará con una subida del 0,75% en 2014 y del IPC en 2015; el Ayuntamiento ahorrará 2,6 millones de euros en vez de 3,3 millones en gastos de personal y la bolsa de trabajo para eventuales se mantiene, si bien -y ésta es una diferencia esencial- abierta a todos los sevillanos a partir de ahora. ¿Ha habido cesiones o no ha habido cesiones por parte del Ayuntamiento, pese a lo dicho por Zoido?

EFECTO ‘BOOMERANG’

En el balance, aparentemente el alcalde ha cedido más que los huelguistas, aparte de que el Ayuntamiento se sentó a negociar en la coyuntura en la que dijo nunca lo haría -cuando más contenedores se quemaban-, pero ante la opinión pública aparece como ganador del conflicto, por dos razones fundamentalmente:

1) Porque los huelguistas, no contentos con las concesiones municipales, acabaron de dinamitar su ya deteriorada imagen ante los sevillanos al rechazar el “interesante acuerdo que satisface nuestras reivindicaciones” -en palabras del presidente del comité de empresa- en la primera y vociferante asamblea en que a mano alzada acordaron seguir la huelga “hasta el final”. En ese mismo momento se difuminó la posible imagen de intransigencia de Zoido por haberse negado a negociar durante ocho días y quienes quedaron retratados como intransigentes e insolidarios fueron los trabajadores de Lipasam, los cuales querían doblegar al alcalde y al Ayuntamiento pese a gozar de un convenio colectivo privilegiado -hasta una paga de 1.400 euros por no faltar al trabajo- y de empleo asegurado en una ciudad con 90.000 parados, con miles de familias sometidas a recortes de salarios y/o despidos y con los funcionarios municipales afectados por el Plan de Ajuste y hasta sin paga extra de Navidad. Y para colmo tenían la ciudad atestada con 7.000 toneladas de basura en las calles.

Todo el malestar ciudadano acumulado durante diez días de huelga y de soportar sus pestilentes consecuencias se expresó en una oleada de indignación contra los huelguistas.

2) La apertura de la Bolsa de trabajo para que cualquier sevillano pueda aspirar a trabajar en Lipasam, acabándose así con el coto cerrado de enchufados -de UGT y del PSOE, fundamentalmente- desde los tiempos de Monteseirín ha sido percibida por la opinión pública  como un éxito de Zoido, por más que su mantenimiento no se haya traducido en que la plantilla trabaje en épocas festivas como pretendía el Ayuntamiento. En la guerra sindical interna en Lipasam, esta apertura, facilitada por el sindicato mayoritario de CCOO, debilita a la postre el clientelismo de su rival UGT.

TRADUCCIÓN POLÍTICA

En el Pleno municipal posterior a la huelga, Espadas, Torrijos y Zoido se enzarzaron en un cruce de acusaciones sobre el comportamiento de cada uno durante el paro. El alcalde calificó de “rémora” a los partidos de la oposición, los acusó de estar en el lado de la pancarta con los huelguistas en vez de con los ciudadanos y les espetó que no acepta ninguna lección de ellos.

Espadas, por más que Zoido haya presentado la historia al revés, le recordó al alcalde que cuando se hallaba en la oposición no es que hubiera estado al lado o detrás de la pancarta, sino directamente con un megáfono junto a quienes protestaban contra el gobierno local, como ocurrió en  el caso de los eventuales de Tussam.

Efectivamente, dos meses antes de las elecciones municipales de 2011, aquéllos acamparon en la Plaza Nueva porque querían un contrato fijo en una empresa municipal en quiebra que trataba de ahorrar gastos por todos los medios, como ahora Lipasam, y Zoido no se alineó precisamente con Monteseirín, sino con los acampados, a pesar de que esas posteriores contrataciones en cuanto llegó al Poder supusieron un incremento de 6 millones en gastos de personal en Tussam, cuyo número de pasajeros ha vuelto a bajar en 2012 pese a las nuevas líneas puestas en servicio para tratar de justificar los contratos a los acampados.

A diferencia con Zoido en aquel entonces, PSOE e IU salen erosionados de la huelga de Lipasam porque los acampados de Tussam no alteraron la vida cotidiana de los sevillanos ni provocaron la suspensión del transporte público en la ciudad, mientras que Espadas y Torrijos cometieron el error de hacerse la foto con los huelguistas de Lipasam y tras sus pancartas, en vez de haberse limitado a recibirlos en el interior del Ayuntamiento en privado para ofrecer su mediación en el conflicto. No aparecieron como neutrales, sino como alineados con una parte de ese conflicto. Así, los sevillanos percibieron que estaban con quienes además de fastidiarles en su vida ordinaria dejando miles de toneladas de basura en las calles se negaban a aceptar cualquier tipo de sacrificio por la crisis, como si ésta no fuera con ellos.

Espadas y Torrijos han expresado su satisfacción por el fin de la huelga merced al voto favorable al preacuerdo rechazado el día anterior. Sin embargo, tras ese primer rechazo, el PSOE, por boca de Antonio Muñoz, pidió que el Ayuntamiento volviera a negociar. No hubo más negociación y la huelga se desconvocó. Si Espadas mostró su satisfacción sin que hubiera habido ningún cambio, ¿cómo el día antes el PSOE instaba a seguir negociando? Ha sido una prueba más de la errática línea de conducta de la oposición, también perdedora de una huelga en la que Zoido sale reforzado más por los errores ajenos que por su acierto en gestionar el conflicto.

Paradojas de la huelga

El hombre de confianza de quien fue presidenta de Lipasam con Monteseirín, Evangelina Naranjo, me comentó ‘in illo tempore’ que cuando algún asunto se enquistaba en el seno de la empresa por las excesivas pretensiones de los sindicalistas deslizaba la palabra “privatización”, que actuaba como mano de santo y permitía encauzar la situación.

Mentar el término, sobre todo por dirigentes que provenían del PSOE y/o la UGT, era como mentar la bicha, pues los sindicalistas sabían que los trabajadores jamás gozarían de similares salarios y ventajas sociales en una empresa privada.

Los miembros del comité de empresa de Lipasam se limitaron a asentir con un “está todo dicho” cuando la asamblea del miércoles decidió a voz en grito y a mano alzada continuar la huelga “hasta el final” pese al “interesante” -en palabras del presidente del comité- preacuerdo con el Consistorio.

Este asentimiento y complicidad iniciales con la asamblea se trocó en alarma cuando supieron que el delegado de Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, el cual había llevado el peso de la negociación por parte del Ayuntamiento, había anunciado el estudio de la contratación de una empresa externa, previa petición de permiso al Gobierno central, para la retirada de las 7.000 toneladas de basura acumuladas hasta entonces tras diez días de paro.

La intervención de una empresa externa ante la insolidaria cerrazón de una plantilla acostumbrada desde los tiempos de Monteseirín a doblegarle el brazo al alcalde, abría la posibilidad de una posterior privatización del servicio, porque los operarios, pese a las cesiones hechas por Zoido, al dinamitar el preacuerdo con su intransigencia le habían acabado dando al alcalde esa baza impensable, y justificable ante la opinión pública por la indignación de los ciudadanos tras diez días soportando la basura a sus puertas. De hecho han aparecido cartas en los periódicos abogando por la privatización.

Con tan sólo agitar el espantajo de la externalización/privatización, los sindicalistas, olfateando rápidamente el potencial peligro, reaccionaron de inmediato convocando una nueva asamblea, el jueves, con el pretexto de que el descampado junto a los Servicios Centrales no había sido el lugar más adecuado para explicar el muy favorable para ellos preacuerdo con el Ayuntamiento.

Aunque el conflicto se ha solucionado “en segunda vuelta”, la impresión que queda tras el mismo es que se ha llegado a un punto de no retorno en la percepción ciudadana sobre Lipasam y que los sevillanos no están dispuestos a tolerar la repetición de una huelga tan duradera (de hecho ha batido el récord) como ésta, por lo que comprenderían la adopción de medidas excepcionales en el futuro por parte del Ayuntamiento. Por éso, el inicial rechazo al preacuerdo, al mostrar la intransigencia e insolidaridad de la plantilla de Lipasam en un contexto socioeconómico de despidos y recortes salariales generalizados, se ha acabado convirtiendo en una victoria moral para Zoido, paradójicamente.

Y hay que decir paradójicamente porque el alcalde ha cometido varios errores en la gestión del conflicto -desde irse de Sevilla los dos primeros días hasta empecinarse durante ocho en no negociar- y se ha apartado de su posición inicial de firmeza, en el sentido de exigir el cumplimiento a rajatabla del pacto firmado con el comité de empresa en 2012 y que a juicio del Consistorio debía traducirse en trabajar los festivos por la ampliación de la jornada a las 37,5 horas semanales, para así eliminar la Bolsa de trabajo eventual (integrada por 466 miembros, que se benefician de unos 1.250 contratos anualmente) y lograr una reducción de gastos de 3,3 millones de euros conjuntamente con el recorte del 5% en la masa salarial.

 Basta contar las veces que las palabras cesión y concesión se emplearon el jueves en los medios de comunicación para comprobar que, como dijeron los sindicalistas, el preacuerdo “se ajustaba a sus reivindicaciones” más que a las del Ayuntamiento: seguirán librando en Semana Santa, Feria y Navidad; el recorte salarial se limita al 3,6% y se compensa con una subida del 0,75% en 2014 y del IPC en 2015; se mantiene la Bolsa de trabajo de los eventuales y el gobierno local sólo ahorra 2,6 millones de euros en vez de los 3,3 millones que se había marcado como objetivo.

Y, sin embargo, este balance favorable para la plantilla queda mitigado ante la opinión pública por el efecto de otra victoria moral y enormemente significativa del Consistorio: la democratización de la Bolsa de trabajo, ampliada en su día por Monteseirín y convertida en un coto cerrado de los afiliados del PSOE y/o UGT y de sus familiares. El propio Viera decía gráficamente que militantes de agrupaciones socialistas acudían a votar en las elecciones internas del partido “con el mono de Lipasam puesto”. Monteseirín no sólo compraba la paz social en la empresa con el dinero de los contribuyentes mediante generosos convenios colectivos, sino también el voto para su facción, contraria a la oficialista de Viera, llenando de enchufados la Bolsa de trabajo de Lipasam y de otras empresas públicas.

La última paradoja de esta huelga es que quien ha creado, mantenido y defendido este sistema cerrado de castas laborales, en que los puestos eventuales pasaban de unos familiares a otros, han sido los autocalificados “progresistas” del PSOE y UGT, con la complicidad por acción u omisión de IU y CCOO, y que quien ha acabado con este sistema feudal mediante la futura convocatoria pública y con igualdad de oportunidades para todos los sevillanos es un alcalde “de derechas” llamado Zoido.