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¡Es la educación, estúpido!

La suciedad de Sevilla no se soluciona con diez mil papeleras más, sino con la educación cívica de los sevillanos

La delegación sevillana que acudió a Lausana hace 20 años vio con asombro su limpieza sin papeleras en las calles

 

El gobierno de Espadas ha iniciado un zafarrancho de limpieza de Sevilla en respuesta a la campaña que, emulando a Zoido cuando éste lideraba la oposición (recuérdese el banco roto de Bellavista y la retirada de suciedad, pala en mano, en el Vacie) lanzó a la vuelta de las vacaciones de verano el nuevo portavoz del PP, Beltrán Pérez.

Pérez, que se rodeó de representantes de una veintena de asociaciones vecinales, denunció lo que calificó como “falta de limpieza” de la ciudad por el nulo funcionamiento de la recogida neumática de residuos, contenedores y papeleras llenos, presencia de ratas y “baldeos que brillan por su ausencia”.

Con astucia política, el portavoz del PP se apresuró a destacar que no culpaba de la situación a los trabajadores de la empresa de limpieza municipal (Lipasam), los mismos que le ganaron el pulso que le echaron a Zoido con aquella prolongada huelga de recogida de basura, pese a que el aparato de propaganda del entonces gobierno del PP trató de convencer a través de los medios de comunicación de lo contrario (en la práctica ni siquiera se abrió la bolsa de trabajo). Pérez, decía, culpó a la gestión realizada por Espadas y su equipo y retó al alcalde (otra vez imitando el estilo de Zoido) a ponerse al frente “con los Distritos, los vecinos y Lipasam para conseguir una ciudad más limpia”.

 

REPARTO DE CULPAS

 

Así se las ponían a Fernando VII. El presidente del comité de empresa de Lipasam, Antonio Bazo, recogió el guante lanzado por Pérez y declaró inmediatamente después: “Obviamente, la falta de limpieza en las calles de la ciudad es cierta”. Bazo, para no malquistarse plenamente con unos y con otros, culpó a partes iguales al PP y al PSOE. Al primero, por las restricciones a la contratación impuestas por el Gobierno de Rajoy, que habrían provocado la no sustitución de 180 trabajadores de la plantilla de Lipasam, especialmente en el servicio de limpieza viaria. Al PSOE, que equivale a decir el gobierno de Espadas, porque “habiendo podido mover ficha para corregir la situación, no lo ha hecho”. ¿Soluciones apuntadas por el sindicalista? La primera, la esperable: “Meter más plantilla”. La segunda, ajustar el trabajo a la (menor) plantilla existente.

Viéndose cercado por la oposición y por su propia empresa pública en un tema sensible para los sevillanos (la falta de limpieza de las calles fue señalada como el cuarto problema de la ciudad en el sondeo publicado por Viva Sevilla antes de las vacaciones de verano), Espadas ha reaccionado realizando 119 contratos especiales hasta final de año en Lipasam (así contenta al comité de empresa y frena las acusaciones de inactividad por parte de la oposición), a los que ha unido 25 con cargo al plan especial de Navidad; presentando 12 nuevos camiones de recogida y 8 barredoras, con un coste de 4 millones de euros; destinando 1,3 millones a diez motocarros, tres camiones portacontenedores y compras de bolsas de plástico para los dos próximos años y anunciando la adquisición de 10.000 nuevas papeleras.

 

CAUSA Y EFECTO

 

Por más que Espadas gaste millones (anuncia 9 más en compras para 2018) en camiones, barredoras, bolsas y papeleras, es poco probable que Sevilla deje de estar sucia porque parafraseando a James Carville, el jefe de campaña de Bill Clinton que dijo aquello de “es la economía, estúpido”, lo nuestro no es una cuestión de más equipamiento, sino de más educación cívica. Por tanto, cabe decir “¡es la educación, estúpido!”.

Y es que con las barredoras, los camiones, los motocarros, los contenedores y las papeleras se atiende a las consecuencias, pero no a la causa del problema, que es esencialmente nuestro proverbial vandalismo y ausencia de sentido cívico.

Vamos a ver un ejemplo real del aserto de que no es cuestión de papeleras.

Creo recordar que fue en marzo de 1997 (por lo tanto se habrían cumplido en este 2017 veinte años, un aniversario no recordado, por razones obvias) cuando una delegación oficial de la ciudad de Sevilla, presidida por la entonces alcaldesa, Soledad Becerril, y acompañada, entre otros, por la infanta Cristina y por el exciclista Miguel Induráin, acudió a la sede del Comité Olímpico Internacional en Lausana (Suiza) a defender la candidatura hispalense para organizar los Juegos Olímpicos de 2004.

 

EN LAUSANA

 

Acompañamos a la clase política periodistas de la mayoría de los medios de comunicación locales existentes en aquella época. En uno de los cambios de impresiones tras nuestro desembarco en la capital del COI, que aún presidía el ya desaparecido Juan Antonio Samaranch, Soledad Becerril nos preguntó a algunos periodistas qué es lo que más nos había llamado la atención de la ciudad suiza.

Varios coincidimos en la misma apreciación, porque saltaba a la vista: la extraordinaria limpieza existente en las calles, donde no se veía ningún residuo por el suelo. Pero lo más impresionante de todo es que aquello ocurría pese a que ¡no había papeleras! Cuando la alcaldesa comprobó que también habíamos reparado en esa singularidad, se le iluminó la cara, y exclamó: “¡¿Verdad que sí?!”.

Sus palabras fueron como la expresión de un deseo de lo mismo que ella habría querido para Sevilla y su alegría por que constatáramos que no era una utopía inalcanzable porque en la civilizada Europa se había conseguido.

 

EL PRECEDENTE DE LA EXPO

 

Recordé entonces cómo la Sociedad Estatal para la Exposicion Universal de 1992 había estudiado los mecanismos psicológicos y sociológicos para lograr mantener limpio el amplio recinto de la Muestra. Según el análisis de sus técnicos, si la Expo estaba limpia como una patena, los visitantes se verían condicionados psicológicamente para no ensuciar los suelos, pero si veían suciedad acumulada en las calles y jardines de la Cartuja, aquélla tendería a incrementarse por un “efecto llamada”: no sentirían vergüenza por arrojar residuos pensando en que hacían lo mismo que todos.  Para conseguir el contraefecto “patena”, la Organizadora dispuso de un ejército de barrenderos que repasaban continuamente los espacios públicos y vaciaban papeleras y contenedores. Gracias a aquella estrategia de seguimiento continuo, la Expo relució limpia hasta casi el final, cuando ya los visitantes se sintieron con la confianza suficiente como para comportarse en sus avenidas como si fueran una prolongación de las calles de Sevilla.

 

La diferencia esencial entre nuestra ciudad y Lausana es que allí no había una legión de barrenderos detrás de la gente y ni siquiera papeleras donde arrojar nada, ante lo cual la única opción era guardarse los residuos en los bolsillos o, simplemente, no generarlos.

 

Este cuidado se veía por todas partes y en todos los detalles. Otro ejemplo: en la calle del hotel en que nos alojábamos los periodistas se preparó una mañana una obra que iban a ejecutar inmigrantes asiáticos. Lo primero que hicieron fue extender sobre el asfalto una gran lona negra sobre la que luego fueron depositando la arena, los adoquines, el cemento, la hormigonera… Cuando por la tarde acabaron su trabajo, envolvieron con la lona los restos de la obra, la cargaron en un camión y la vía pública quedó como si allí no se hubiera hecho nada. Y entonces rememoré un encuentro con Manuel Del Valle, cuando aún era alcalde, en que le preguntamos los periodistas por unas obras de la preExpo y llegó a responder con su habitual seriedad: “Dejan las calles peor de lo que estaban antes”.

No hace falta remontarse a veinte años atrás. El sábado jugó el Betis contra el Alavés en Heliópolis. Antes del partido aparcó una furgoneta en una avenida de Los Bermejales. Sus ocupantes se bajaron y se pusieron a comer tranquilamente unos bocadillos. Cuando acabaron arrojaron al suelo las bolsas en que venían envueltos y las servilletas de papel que utilizaron, con total naturalidad por no decir impunidad.

 

Tenían a su izquierda, a pocos metros, una papelera y dos contenedores de basura. Enfrente, otra papelera y contenedores hasta de papel, plástico y vidrio. No se preocuparon de usar ninguno.

 

El remedio, pues, no es comprar 10.000 papeleras más, sino educar a 690.000 sevillanos.

Espadas empieza a aplicar su zafarrancho de limpieza en Sevilla

CONTRATOS

Lipasam ha realizado 119 contratos específicos para llevarlo a cabo durante dos meses y medio

OTROS

También se incorporan 25 operarios adscritos al plan especial de Navidad

EQUIPOS

En paralelo se licitan contratos de camiones, motocarros y bolsas por 1,3 millones de euros

 

La empresa pública de limpieza de Sevilla, Lipasam, comenzará a aplicar a partir de hoy el plan de refuerzo de sus servicios en las calles de la ciudad que anunció el alcalde, Juan Espadas, hace diez días con el objetivo de incrementar su labor en un 15% tras las quejas ciudadanas y de la oposición sobre una mayor suciedad en los últimos tiempos en barrios de la urbe.

Espadas, que viene sosteniendo que la tasa de reposición cero y la estricta vigilancia a que tiene sometido el Ministerio de Hacienda a los ayuntamientos para que no se incremente el gasto público le impide reforzar como él quisiera la plantilla de Lipasam, ha exprimido al máximo todas las posibilidades legales hasta el final de año para poder poner más operarios y maquinaria en las calles y tratar de acabar con la percepción existente en diversos barrios y entre la oposición de que la ciudad está menos atendida y menos limpia que antes.

Por ello, el Ayuntamiento, a través de Lipasam, ha realizado 119 contratos de operarios  para dotar este plan de refuerzo y que empiezan a trabajar desde hoy mismo. A este personal transitorio se unirán otros veinticinco trabajadores previstos previamente como refuerzo para el plan de limpieza de Navidad, por lo que los dos programas se solaparán en el tiempo durante dos meses y medio, hasta el 31 de diciembre.

Atendiendo a las promesas de Espadas, los contratos se habrían realizado siguiendo el orden acordado con la plantilla hace ya dos años: se habría dado prioridad a los fijos discontinuos y, después, a los miembros de la bolsa de empleo.

El refuerzo de la limpieza viaria se aplicará durante los siete días de la semana, con aumento del baldeo mixto de viales, baldeo mixto de los mismos con barredoras de mediana capacidad y brigadas especiales.

El plan de refuerzo estará dotado con cuatro baldeadoras, ocho barredoras medianas y ocho brigadas.

MAQUINARIA

El refuerzo transitorio de personal hasta al menos final de año se complementará con la adquisición de maquinaria y de equipamiento, después de que en este mes de octubre Lipasam haya recibido doce nuevos camiones y ocho barredoras, que han costado en conjunto 4 millones de euros.

En estas fechas, Lipasam ha sacado a concurso el suministro de diez motocarros eléctricos adaptados para limpieza viaria durante un plazo de cuatro meses y al coste de 340.000 euros como presupuesto base de licitación; tres camiones autocargantes-portacontenedores por el sistema de gancho, por un tiempo de seis meses y por valor de otros 340.000 euros; el suministro de bolsas de plástico para los próximos dos años, a un coste de 248.232 euros y el mantenimiento correctivo de contenedores metálicos y de fibra de vidrio también hasta el año 2019, por un importe neto de 363.000 euros.

En total, Lipasam ha destinado inicialmente 1,3 millones de euros en números redondos ( 1.291.232 euros) a estos concursos de suministro.

El programa de inversiones para 2018, ya en marcha en esta recta final de 2017, superará los 9 millones de euros.

Zoido deja una deuda de 502 millones de euros

De esta cantidad, 479,3 corresponden al Ayuntamiento y 22,5, a Tussam y Lipasam

Habría amortizado durante su mandato 144 millones, según los datos que se contabilicen

 

El gobierno saliente de la ciudad, que presidió Juan Ignacio Zoido, habría dejado una deuda viva consolidada a fecha 10 de junio de 2015 (entre la del Ayuntamiento y la de Tussam y Lipasam) de 502 millones de euros en números redondos, según un escueto y genérico cuadro estadístico entregado por Asunción Fley al equipo del nuevo alcalde, Juan Espadas.

La corporación cuyo mandato expiró con la toma de posesión de Espadas como regidor de los destinos de Sevilla estima que durante sus cuatro años ha dejado la deuda del Ayuntamiento, toda a largo plazo, en 479.356.843,62 euros.

A esta cifra le suma las deudas de las empresas municipales Tussam y Lipasam, que ascienden a 16.497.063 euros (de los que 136.049 son a corto plazo) y 6.101.934,28 euros, respectivamente, hasta un total entre ambas de 22.598.997,28 euros.

La adición de la deuda del Ayuntamiento y la de Tussam y Lipasam arroja un total para toda la corporación municipal hispalense de 501.955.840,90 euros.

Teóricamente, en esta cantidad estarían incluidos los dineros a devolver por el exceso de transferencias realizadas por el Estado (la PIE) en los ejercicios de 2008 (14,3 millones) y de 2009 (58,6 millones), algo más de 73 millones de euros. La devolución se ha ido aplazando año tras año, mediante maniobras dilatorias ante Hacienda, tanto por Monteseirín en su última etapa como por Zoido, por lo que deberá ser Espadas el que acabe respondiendo por esta deuda.

EL MANDATO ANTERIOR

El balance económico del gobierno de Zoido es todavía provisional, pendiente de una revisión a fondo de las cuentas y de los criterios contables que haya aplicado Asunción Fley y que aplique su sucesor en la Delegación de Hacienda. A título de ejemplo, Emasesa no aparece en la estadística de los números rojos, cuando a principios de año PSOE e IU votaron en contra de un acuerdo para que dispusiera de una línea de crédito de hasta 200 millones de euros con que refinanciar su deuda a largo plazo, que ascendía a 185 millones, y afrontar una ampliación en 58,5 millones de su plan de obras.

Zoido declaró el 11 de mayo, dos semanas antes de las elecciones municipales, que encontró el Ayuntamiento con 790 millones de euros de deuda (con una supuesta deuda oculta de 400 millones) y que la ha rebajado a 502 millones.

El balance de su mandato y el alcance del saneamiento realizado depende de qué se contabilice como deuda y desde qué fecha. Si se toma como referencia el mes de enero de cada ejercicio, cuando suelen entrar en vigor los nuevos presupuestos municipales, a principios de 2011, todavía con Monteseirín como alcalde y medio año antes de la toma de posesión de Zoido, la deuda del Ayuntamiento era de 405,7 millones, y la de las empresas municipales, de prácticamente 128 millones. En total, 533,7 millones.

PUNTO DE PARTIDA

La situación que parece más realista es la de enero de 2012, ya con Zoido plenamente al mando tras seis meses en el sillón de alcalde y cuando afloran deudas como los 58,7 millones de Emvisesa por la encomienda de la ampliación de Fibes bajo el mandato de Monteseirín.

A esa fecha, que podríamos considerar como la del arranque económico de Zoido en la Alcaldía, la deuda del Ayuntamiento ascendía a 502,7 millones, y la de las empresas municipales (incluyendo 12,4 millones de Sevilla Global y 40.000 euros de la televisión municipal, ambas en trance de disolución por entonces) era de 143,1 millones de euros.

En total, Zoido se habría encontrado con 645,9 millones de deuda, lejos de los 790 millones que ha pregonado, salvo que metiera en el mismo cómputo a Emasesa y Mercasevilla, que habitualmente se han quedado fuera de esta estadística.

Si tomamos como punto de arranque enero de 2012 y damos por bueno el estadillo dejado por Fley, Zoido habría saneado realmente casi 144 millones de euros de la deuda municipal (143.969.955 euros), a razón de 23.440.517 euros en el Ayuntamiento y de 120.529.438 euros en las empresas municipales.

El exalcalde procuró garantizarse la paz social en Tussam y Lipasam, a las que ha dedicado la mayoría de los recursos para tratar de poner a cero el contador de su deuda. Así, Tussam ha pasado de deber 53,5 millones en enero de 2012 a 16,4 millones en junio de 2015, y Lipasam, de 18,3 millones a 6,1 millones ahora.

Deuda viva consolidada del Ayuntamiento de Sevilla

(A 10 de junio de 2015)

            Ayuntamiento         Tussam               Lipasam                    Totales

Corto                          0      16.361.014      6.101.934,28      22.462.948,28

Plazo

Largo  479.356.843,62       136.049                        0,00   479.492.892,62

Plazo

Total   479.356.843,62  16.497.063      6.101.934,28  501.955.840,90

 

 

 

Zoido y el gatopardo

Los politólogos han acuñado los términos  ‘lampedusiano’ y ‘gatopardista’ para describir a los gobernantes que prometen un cambio radical de la realidad pero que a la hora de la verdad sólo realizan modificaciones cosméticas y superficiales que dejan las cosas tal como estaban. Pura apariencia. Los adjetivos derivan de la novela del italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa titulada ‘El gatopardo’, en la que relata el fin de una época y el advenimiento de un nuevo orden y que se resume en una frase que pone en boca de uno de los personajes: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Zoido se ha apuntado al ‘gatopardismo’ en Lipasam (y no sólo) con la Bolsa de Empleo Temporal en esta sociedad municipal. Como es de dominio público y causa vergüenza ajena, ya que no en los empleados y sindicalistas que han propiciado este sistema discriminatorio, nepotista y de corte feudal en pleno siglo XXI, los puestos de trabajo se han estado ‘heredando’ entre los familiares cuando un empleado se jubilaba y la Bolsa de Empleo no se abría para ningún ciudadano que no formara parte del círculo de Lipasam o fuera ajeno a las centrales sindicales con mando en el comité de empresa.

LA HUELGA DE ENERO

Tras la huelga de enero, que duró una decena de días, los sindicatos hicieron concesiones menores al Ayuntamiento para poner fin al conflicto. Entre ellas, la apertura de la Bolsa Temporal, para que dejara de ser un nido de ‘enchufados’. Aunque el poderoso aparato de propaganda del Consistorio ‘vendió’ los acuerdos como una victoria del alcalde, por su aparente firmeza, en el balance real y global los huelguistas cedieron menos que la empresa municipal.

Recuérdese que la huelga se convocó porque el Gobierno local pretendía reducir los costes en Lipasam mediante la ampliación de la jornada de trabajo semanal de la plantilla a 37,5 horas y un recorte del 5% en los gastos de personal a partir de enero de 2013.

La mayor parte de ese ahorro lo quería lograr acabando con los 1.250 contratos temporales que se firmaban a los 466 eventuales inscritos en la Bolsa de Trabajo, gran parte de ellos vinculados por entonces a UGT. Para ello era condición ‘sine qua non’ que la plantilla, en vez de prolongar la jornada laboral hasta completar las 37,5 horas semanales, trabajara durante Semana Santa, Feria y Navidad. El plan fue rechazado de plano por el comité y fue la causa que desencadenó la huelga y que las calles de Sevilla se llenaran de miles de toneladas de basura.

CESIONES MENORES

Después del acuerdo que puso fin al conflicto la plantilla ha seguido sin trabajar durante los periodos festivos; el recorte salarial no fue del 5%, sino del 3,6%, pero, ojo, compensándolo con una subida del 0,75% en 2014 y del IPC en 2015; el Ayuntamiento se ahorrará temporalmente 2,6 millones en vez de 3,3 millones de euros en gastos de personal y la Bolsa de Trabajo Temporal para eventuales se ha mantenido, si bien se dijo en enero que quedaría abierta a partir de entonces a todos los sevillanos y no sólo a familiares y ‘enchufados’. ¿Quién cedió más, Lipasam o los huelguistas?

Nada menos que nueve meses ha tardado el Ayuntamiento en comunicar la apertura de la Bolsa de Trabajo Temporal  a todos los ciudadanos, con anuncios en la prensa y la amplificación mediática oficial correspondiente para transmitir la idea de que Zoido ha acabado con el ‘enchufismo’ en la empresa municipal.

Se ha publicado que el presidente del comité de empresa, Antonio Bazo (CCOO) no ocultaba su satisfacción después de meses de trabajo y continuas reuniones de la mesa encargada de dar forma al proceso de selección de personal para los talleres. Esta satisfacción ya es suficientemente indicativa.

Si se analizan las bases de esta convocatoria -puede descargarse desde la página web de Lipasam- limitada sólo a 100 plazas para el taller y un contrato de un máximo aun en periodos discontinuos de 180 días a lo largo de un año no natural, se comprenderá la reacción sindical por, en la práctica, haberle dado la vuelta a la tortilla en el aspecto que les faltaba de los acuerdos de enero.

EXPERIENCIA PREVIA

La convocatoria es sólo para parados y, atención, eventuales de Lipasam en este momento. O sea, los que ya están dentro de la Bolsa de Trabajo. De entrada, habiendo miles de parados en Sevilla (de un total de 88.639) sin siquiera prestación alguna, se les exige el pago de 12 euros para poder realizar el examen de ingreso.

Requisito básico es que los aspirantes cuenten, como mínimo, con 24 meses de experiencia laboral en la actividad propia de un taller relacionado con electromecánica, electricidad del automóvil, calderería, herrería, chapa y pintura o estar en posesión de una titulación relacionada con estas habilidades. Sólo con esta exigencia se deja ya fuera a los 11.715 sevillanos, generalmente los más jóvenes y egresados de las aulas, englobados en la categoría de ‘Sin empleo anterior’.

Obviamente es presumible que los eventuales que ya están dentro de la Bolsa de Empleo cumplen esta condición ‘sine qua non’. Además, en el proceso de selección se valorará con 0,2 puntos a los candidatos por cada mes de servicio prestado en talleres de empresas del sector de la limpieza pública ( como es el caso de Lipasam) y sólo con 0,1 puntos la experiencia en otro tipo de talleres.

La convocatoria, pues, favorece claramente a los eventuales de Lipasam que ya han disfrutado en exclusiva estos años de la Bolsa de Empleo para que sigan dentro de la misma, aunque las fanfarrias municipales pregonen el aparente fin del ‘enchufismo’.

Era necesario que todo cambiara para que todo siga igual.

Lipasam

El delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, declaró al cuarto día de iniciada la famosa huelga de Lipasam el pasado 28 de enero, la más larga de su historia,  que como en ese tiempo habían ardido 15 contenedores, no negociaría con los huelguistas. Ahora, la dirección de Lipasam divulga el Informe de Gestión 2012, donde revela que el año pasado se destrozaron en la ciudad 6.400 unidades entre contenedores y papeleras, a una media de 17 diarios, cifra calificada oficialmente como “en la tónica habitual de los últimos años”. O sea, que había y hay un vandalismo permanente, pero en aquel entonces interesaba políticamente cargarle el mochuelo al personal de la basura y dejar pudrir la situación para que las iras populares se volvieran contra ellos. Cuando al octavo día de conflicto el Ayuntamiento llamó al comité para sentarse a dialogar habían ardido cerca de 300 contenedores, veinte veces más que el número invocado al principio para no negociar. Y al undécimo día se acabó la huelga. ¿Habría durado tanto si hubieran hablado desde el principio?

Contrasentido

Como los zoólogos que examinan la egagrópilas regurgitadas por ciertas aves para averiguar qué han comido, el Ayuntamiento se dedica a contabilizar las toneladas de residuos que dejan los visitantes en el Real para calificar o no de éxito la Feria de Abril: este año, un 7% más de basura que en la edición anterior, indicativo a juicio de nuestros munícipes de una mayor ingesta de comida y bebida, para jolgorio de Pedro Sánchez Cuerda, el presidente de los hosteleros. En este contexto, ya me dirán si ha tenido sentido la campaña publicitaria lanzada por Lipasam con una modelo vestida de flamenca para invitar a los sevillanos a ser limpios durante la fiesta y no generar residuos. Si la campaña de la empresa municipal de la limpieza hubiera sido un rotundo éxito, a estas horas ni Zoido ni su delegado de Fiestas Mayores, Gregorio Serrano, estarían alardeando del resultado económico del evento. Así que imagino que Jesús Maza le leerá la cartilla a Lipasam para que el año próximo cambie de discurso y aconseje lo contrario que ahora: ¡Más basura, que ésto es la Feria!

‘SimCity’

Fernando Alonso, al igual que los pilotos de los aviones, se entrena sobre un simulador de un Fórmula-1 para perfeccionarse como conductor delante de una pantalla. Como, según el Guerra, hay gente pa tó, Electronics Arts lanzará el 7 de marzo su videojuego ‘SimCity’, cuyo elemento representativo ante el mundo mundial será la Giralda. Que se fastidien Monteseirín y Marchena: no han elegido ni la torre Pelli ni las ‘Setas’ de la Encarnación, sino el ‘rancio’ icono por excelencia de Sevilla en vez de uno de sus engendros arquitectónicos. ¿Y qué es ‘SimCity’? Pues otro simulador en forma de videojuego que permite a los usuarios convertirse en alcaldes en vez de en reinas por un día, con la misión de gestionar todos los problemas que se les presenten en esta ciudad virtual. Habría sido magnífico que a Electronics Arts, además de la Giralda, le hubiera dado tiempo a meter en el simulador de Ayuntamiento la huelga de Lipasam, y que Espadas y Torrijos hubieran echado una partidita a ver cómo la habrían solucionado. Zoido tiene prohibido jugar: él ya es alcalde de verdad.

Los neutrinos de Zoido

El 23 de septiembre de 2011, los científicos del experimento Ópera presentaron en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas los resultados de sus ensayos y revolucionaron el mundo: habían descubierto los neutrinos súper lumínicos, así denominados porque viajaban a mayor velocidad que la luz (ésta, a 300.000 kilómetros por segundo).

La magnitud del descubrimiento radicaba en que destrozaba la teoría de la relatividad de Einstein, según la cual la velocidad de la luz es una constante cósmica y nada puede desplazarse más rápidamente. Aunque se tardó casi un año en desmontar la existencia de los neutrinos súper lumínicos merced a nuevos experimentos que probaron errores técnicos, la nueva teoría alimentó durante meses algunas fantasías de la Humanidad, como la posibilidad de viajar al futuro y al pasado al igual que el actor Michael J. Fox en aquel coche fantástico de las películas de Zemeckis.

Con Zoido hemos pasado de los neutrinos súper lumínicos del experimento Ópera a los sub lumínicos suyos. Zoido  construyó su programa electoral sobre dos promesas esenciales: convertirse en el alcalde del empleo y en el de las ‘luces y taquígrafos’, para diferenciarse del oscurantismo y los chanchullos de Monteseirín. Desgraciadamente, con cerca de 90.000 parados en la ciudad aún no ha podido cumplir la primera.

En cuanto a la segunda, la luz tampoco viaja con él a 300.000 kilómetros por segundo, sino infinitamente más lenta, como prueba el hecho de que para cubrir los escasos centenares de metros existentes entre el Ayuntamiento y la calle Reyes Católicos, donde se instalaron algunas de las cámaras del Plan Centro de tráfico, ha tardado quince meses.

Este ha sido el tiempo que se ha necesitado para que la comisión de investigación sobre el Plan Centro, impulsada en su día por el alcalde, presente hoy, por fin, sus conclusiones.

En síntesis, el gobierno de Zoido decidió apenas aterrizar derogar el Plan Centro. Podía haber invocado la promesa en tal sentido hecha por el alcalde durante la campaña electoral y aun mucho antes, pero en una torpeza propia de unos novatos y con ánimo de hacer sangre de un cadáver político como era ya Monteseirín, argumentó que las cámaras de videovigilancia no funcionaban, pese a que habían costado a los sevillanos 956.926 euros. “Un fraude de principio a fin”, declaró Curro Pérez, el portavoz gubernamental.

Se creó la comisión de investigación, con ánimo de exigirle responsabilidades a PSOE e IU, y segundo disparo en el pie: un técnico del Centro de Control de Tráfico municipal mostró a los concejales de la oposición grabaciones de los vehículos circulando, con lo que se derrumbó el argumento del PP de que las cámaras estaban estropeadas. Para colmo, se estaba grabando a los conductores y transeúntes sevillanos sin que éstos fueran conscientes de tal circunstancia ni se hubiera advertido públicamente.

Se entró en una espiral de denuncias y contradenuncias y apelaciones a la Agencia de Protección de Datos, y así hasta mañana lunes. Quince meses de enfriamiento de un escándalo (desde noviembre de 2011) que a buen seguro se va a quedar en agua de borrajas dada la absolutísima mayoría del PP.

La ‘luz y taquígrafos’ de Zoido, viajando a razón de casi año y medio para recorrer 200 metros desde el Ayuntamiento a la primera cámara de videovigilancia del Plan Centro (en ese mismo periodo de tiempo la luz real descifrada por Einstein habría recorrido nada menos que 11.819.520.000.000 kilómetros) ha contribuido a relativizarlo todo. ¿A quién le preocupa ya si las cámaras grababan o estaban estropeadas, o si costaron casi un millón de euros, con la que está cayendo con la crisis económica, los 6 millones de parados y la corrupción?

La comisión de investigación del Plan Centro es la mejor prueba de la particular teoría de la relatividad de Zoido en la política: cuanto más lenta sea la aplicación a un escándalo del principio de las “luces y taquígrafos”, menos erosión -o al final ninguna- causará a quienes gobiernan.

EL CANON LIPASAM

Juan José Cortés, el padre de la infortunada Mary Luz, ha cumplido un año como fichaje-estrella de Zoido en calidad de asesor municipal en materia de exclusión social. En su momento, el PSOE denunció que para abrirle hueco en el organigrama del grupo municipal popular, el PP tuvo que crear el cargo de director de Juventud, con una remuneración de 50.000 euros anuales, para que el puesto dejado libre por éste entre los asesores fuera ocupado por Cortés, al que se asignó un salario de 36.000 euros.

El padre de la niña onubense declaró en aquel entonces que el alcalde acertaba contratando a personas de pueblo como él para estar en la calle y asesorar sobre barrios marginales. Aunque aseguró que llevaba haciendo éso -la visita a las zonas excluidas- toda la vida, quienes trabajan desde siempre con los marginados en el Vacie, Polígono Sur y Tres Barrios coinciden en afirmar que no han tenido noticias suyas ni lo han visto en estos 365 días.

Cortés se defiende diciendo que Sevilla es muy grande, que él se ha centrado casi en exclusiva en Los Pajaritos y que cobra menos “que un trabajador de Lipasam”. Así pues, el sueldo medio en la empresa de la limpieza, que el Ayuntamiento cifró en 30.000 euros, ha pasado ya al lenguaje popular como canon de medida de la escala salarial.

Si Cortés gana 36.000 euros, ¿cómo sostiene que cobra menos que un empleado de Lipasam? Quizás ha tirado de calculadora a partir del dato que dieron desde el comité durante la huelga: estaban perdiendo 100 euros por cada día de paro. Multipliquen 100 por  los 365 días del año a ver cuánto sale.

La bolsa

Cuentan las crónicas de los periodistas locales enviados a cubrir la información de alto riesgo de la huelga de Lipasam cual corresponsales de guerra, debido a que los huelguistas los declararon personas ‘non gratas’ por revelar las prebendas del convenio, que una de las máximas preocupaciones entre los huelguistas al conocerse la apertura  de la Bolsa de trabajo era si a partir de ahora se iban a colocar sólo los enchufados del PP. Esto denota el concepto sindical sobre el sentido de una Bolsa de trabajo: el botín del partido vencedor. Habida cuenta de lo ocurrido tras el triunfo del PP en los talleres de distrito con Pepelu, correligionarios y demás parientes, en la faunística versión pepera del clásico libro de Gerald Durrell, no es de extrañar que cunda esa fundada sospecha. Así que en aras de esa transparencia que tanto predica el alcalde de la luz y los taquígrafos, sugiero que la Bolsa la gestione una agencia externa en vez de esa Comisión Paritaria de que se ha hablado. Y es que eso de paritario me suena a reparto clientelar: uno para ti y otro para mí.

Impactos

El Ayuntamiento proyecta la imagen de que el balance de la huelga en la recogida de basuras es favorable a Lipasam, por cuanto se ahorrará 1,25 millones de euros en las nóminas por los once días no trabajados mientras que ‘sólo’ tendrá que abonar 750.000 euros por las horas extra en la recogida de los 7 millones de kilos de residuos amontonados en las calles, más  100.000 euros en la reposición de los contenedores quemados por los vándalos. Con estas particulares ‘cuentas de la vieja’ municipales, el saldo sería favorable a la empresa pública en 400.000 euros.

El primer error en la contabilidad de la huelga consiste en imputarle el coste de los contenedores quemados, ya que varios días después de finalizado el conflicto laboral siguen ardiendo recipientes en el mismo elevado número que durante las once jornadas de paro, sin que ahora el Consistorio pueda establecer una aparente relación de causa-efecto. Desgraciadamente, no es precisa una huelga en Lipasam para que los vándalos incineren contenedores. Rojas-Marcos contaba en sus tiempos de alcalde que los fabricantes de mobiliario urbano testaban la resistencia de sus productos en Sevilla antes de lanzarlos al mercado porque era entre nosotros donde el vandalismo alcanzaba mayor virulencia.

Sí debe imputarse a la huelga el coste del daño de imagen sufrido por Sevilla en esos once días, un coste que en ningún conflicto en los servicios públicos – se pueden enumerar varios ya en Lipasam, Tussam, taxistas, bomberos y policías a lo largo de la Democracia- jamás valora el Ayuntamiento.

Cada vez que Sevilla aspira a organizar u organiza un gran acontecimiento deportivo se suele hacer una estimación del valor económico que tendrían o han tenido las informaciones en los medios de comunicación sobre nuestra ciudad si hubiera que pagarlas como publicidad, a fin de justificar desde la candidatura olímpica en su día hasta la Copa Davis o una sede del Mundial de balonmano. Y, sin embargo, al Consistorio nunca le da por estimar el impacto económico negativo que en este caso han tenido las noticias sobre la huelga de la basura aparecidas en el New York Times, Le Monde, la CNN, la BBC y todos los telediarios y periódicos nacionales y resto de los internacionales.

Un estudio de esa naturaleza nos permitiría evaluar ‘a priori’ en el futuro el coste que la repetición de una huelga en los servicios públicos esenciales tendría para la ‘marca’ Sevilla. Así, al menos, alguien se lo pensaría dos veces antes de convocarla.