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La Sevilla eterna supera a las Setas de vanguardia

CATEDRAL

El templo metropolitano recibe en un solo año más visitas que el Parasol en siete

ALCÁZAR

El palacio capta más turistas en un ejercicio que el diseño de Mayer en cuatro

MAESTRANZA

El Museo Taurino logra desde 2015 más público que el Metropol de la Encarnación

 

En sus primeros siete años en números redondos (2011-2017) las Setas de la Encarnación, presentadas por Monteseirín como si fueran el icono de la modernidad de Sevilla junto al rascacielos de la Cartuja, ha recibido del orden de dos millones de visitas, una cifra inferior a la que se registró en la Catedral el año pasado. El templo metropolitano y el Real Alcázar baten de largo las cifras del Metropol Parasol que diseñó el arquitecto alemán Jürgen Mayer, al igual que desde hace tres años lo hace también otro exponente de la Sevilla tradicional, el Museo Taurino de la Real Maestranza de Caballería.

Según fuentes municipales, de los alrededor de dos millones de visitantes de las Setas en el septenio 2011-2017, la mitad fueron sevillanos y la otra mitad, turistas de paso por la ciudad. La tendencia observada es una cada vez menor afluencia de público nativo, ya que su interés decae una vez que sube al Metropol Parasol y también pasa el digamos “efecto novedad” tras su apertura. Por el contrario, el número de turistas que aprovechan su estancia en Sevilla para darse una vuelta por la estructura diseñada por Jürgen Mayer en la Plaza de la Encarnación se va incrementando gradualmente, como consecuencia también del ‘boom’ turístico que vive la ciudad en los últimos años, pero sin parangón con el poder de atracción que tienen los grandes monumentos simbólicos de Sevilla desde siempre, la Catedral y el Alcázar.

Así, en el cuatrienio 2014-2017 el número de sevillanos que subieron al mirador de las Setas fue de 401.927 (el 36,25% del total), mientras que el de turistas ascendió a 707.000 (el 63,75%). A pesar de que para los nativos la visita a los Parasoles es gratuita, la subida de sevillanos a las Setas pasó de 126.000 en el año 2014 a 87.000 en 2017, una caída del 31%.

El número de visitantes al Metropol Parasol incluso ha disminuido en el último periodo según los datos disponibles, ya que en el año 2014 se registraron un total de 286.000 entre sevillanos y turistas y en 2017 la cifra global bajó a 281.000.

 

CATEDRAL Y ALCÁZAR

 

Por el contrario, el número de visitantes a los dos grandes monumentos representativos de la ciudad y declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, la Catedral y el Alcázar, no ha dejado de aumentar año tras año en el mismo periodo de tiempo, con incrementos de hasta el 17,64% en el templo metropolitano (año 2017) y de hasta el 14,66% en el palacio real en uso más antiguo de Europa (año 2015). Sólo en 2018 acudieron a la Catedral más visitantes que en siete años a las Setas.

Si se compara la evolución del número de visitas de cada monumento, los 281.000 registrados en el Metropol Parasol fueron 5.000 menos que en 2014, mientras que el Alcázar pasó de 1.325.854 a 1.799.465 (473.611 más) y la Catedral, de 1.434.444 a 1.934.373 (499.929 más).

Es la demostración de que el poder de atracción de la Sevilla digamos tradicional es muy superior a la de la supuestamente vanguardista que al coste de al menos 120 millones de euros representarían las Setas de la Encarnación.

Y ya no se trata sólo de los dos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad. Otro exponente de la Sevilla de siempre, el Museo Taurino de la Real Maestranza de Caballería supera en cada vez mayor número los visitantes de las Setas desde el año 2015: 325.173 frente a 281.000 en 2017.

Número de visitas a entes culturales sevillanos

Año Setas Alcázar Catedral Museo taurino

 

2014 286.000 1.325.854 1.434.444 234.765

2105 267.000 (-6,64%) 1.520.322 (+14,66 %) 1.581.238 (+10,23) 272.650 (+16,13)

2016 275.000 (+,299%) 1.621.355 (+6,64 %) 1.644.272 (+3,98%) 306.715 (+12,49%)

2017 281.000 (+2,18%) 1.799.465 (+10,98%) 1.934.373 (+17,64%) 325.173 (+6,01%)

2018 ¿? 1.875.000 (+4,19%) 2.123.836 (+9,79%) ¿?

 

Origen de las visitas a las Setas

Año Sevillanos Turistas

2014 126.000 160.000

2015  98.000 169.000

2016  90.927 184.000

2017 87.000 194.000

Subtotal      401.917 (36,25%) 707.000 (63,75%)

Setas de la Encarnación, la factura interminable

Administradores concursales exigen el dinero desviado a las Setas en vez de a los sistemas generales de Santa Bárbara

Casi medio millón de euros pagados a Sacyr por la promesa de Monteseirín de subida “gratis” al mirador

 

El pasado 27 de marzo de 2019 se cumplió el octavo aniversario de la inauguración oficial del Metropol Parasol, vulgo Setas de la Encarnación, el símbolo del despilfarrador mandato de Monteseirín, en el cual enterró allí del orden de 120 millones de euros que en buena parte fueron detraídos del dinero que los promotores entregaron al Ayuntamiento con cargo al nuevo PGOU para financiar los sistemas generales de los nuevos barrios de la ciudad.

Monteseirín inauguró las Setas antes de que estuvieran acabadas y con tal de hacerse la foto en vísperas de las elecciones municipales de aquel año, en las que el PSOE lo apartó como candidato a la reelección tratando de evitar lo que al final pasó: el desastre en las urnas de Espadas, imputable a la gestión de su correligionario, y la arrolladora victoria del PP de Zoido (20 concejales) hasta con los votos prestados de barrios tradicionalmente socialistas, hartos de los escándalos de aquella etapa.

La prueba evidente del afán de Monteseirín por retratarse para la posteridad como el artífice de las Setas es que la concesión de su explotación por Sacyr expira el 28 de abril (la fecha de su recepción oficial, y no el 27 de marzo, de su inauguración) del año 2051, por lo que faltan 32 años para que reviertan al Ayuntamiento tras esta privatización, que incluye también la plaza de la Encarnación y que decretó el gobierno de coalición PSOE-IU.

 

TRIUNFALISMO

 

En su triunfalista discurso inaugural, el entonces alcalde dijo que Metropol abría las puertas “al progreso económico y al desarrollo de un sector de la ciudad que estaba en franca decadencia”. Aludió también a supuestos análisis de unos desconocidos expertos, según los cuales “los beneficios económicos, directos e indirectos, que Metropol Parasol va a traer a la ciudad superarán, en sólo un año, a la inversión acometida, en turismo, comercio, hostelería, imagen y proyección exterior”.

Así pues, según las particulares cuentas de la lechera de Monteseirín, las Setas iban a generar  anualmente más de los 120 millones de euros (cifra generalmente admitida sobre su coste final, oficialmente nunca revelado) que costaron, por lo que si le diéramos crédito en estos ocho años su impacto debe haber sido de 960 millones de euros (¿?).

Casi coincidiendo con el octavo aniversario, al arquitecto, profesor de la Universidad Hispalense y principal experto en patrimonio industrial, Julián Sobrino, le recordaron en ABC que Monteseirín hablaba de que a rebufo de las Setas llegarían las grandes firmas de moda a Sevilla. El profesor dijo lo siguiente: “Recuerdo que hablaba de Tiffany`s y no sé cuál otra y de que se iba a formar una especie de Quinta Avenida neoyorquina, cuando lo único que llegó allí fueron bares de franquicias que venden cubos de cerveza a cinco euros. Es obvio que se rehabilitó el espacio, pero era lo menos que podía ocurrir en un espacio que estaba cerrado y degradado. El resultado no justifica, ni de lejos, la inversión del Metropol Parasol, cerca de 120 millones de euros”.

 

PLATILLOS VOLANTES

 

Según Julián Sobrino, Metropol Parasol es, sin duda, el paradigma de lo que no se debe hacer en una ciudad. Por varios motivos. El primero, en relación con el lugar en que se encuentra, porque no era aceptable “que aterrizaran allí -ha dicho- unos platillos volantes. En segundo lugar, porque esos platillos volantes no se corresponden con el volumen, la trama, la altura o la textura de la Encarnación y el centro histórico”.

Para el profesor universitario, las Setas no han producido un “efecto Guggenheim” como el del museo del mismo nombre de Bilbao. En su opinión no son arquitecturas comparables: “La de Gehry (el arquitecto americano autor del museo bilbaíno) es de calidad, y la de Mayer (el arquitecto alemán autor del Metropol Parasol) no lo es. Ni lo que albergaba: el Guggenheim contiene un espacio cultural que supuso un gran revulsivo para Bilbao. Estos parasoles (en alusión a las Setas) no tienen ningún contenido”.

 

CASCO ANTIGUO

 

Si las Setas hubiesen tenido ese impacto económico multimillonario del que hablaba Monteseirín en su promesa de que supondrían el progreso y desarrollo para un sector de la ciudad que estaba en decadencia, al cabo de ocho años se habría dejado notar su efecto en los indicadores del Casco Antiguo, pero en el tiempo transcurrido no ha sido así.

 

En el año 2015 el distrito tenía 59.277 habitantes; en 2018, 58.693. Se han perdido, pues, 584 vecinos, el 1% de la población en el último trienio.

 

En el periodo entre 2012 (año siguiente a la inauguración de las Setas) y 2016, la edad media de la población ha pasado de 43,29 años a 44,45 años. Se ha incrementado el envejecimiento. El saldo migratorio por cada mil habitantes ha pasado de 3,24 a 6,39: se ha duplicado el éxodo poblacional. Y si nacían 1003 niños por cada mil vecinos que fallecían, en 2016 la cifra se ha reducido de forma preocupante a 968.

 

Y eso que según dijo Monteseirín en aquel acto inaugural, los allí presentes entonces tenían el privilegio de asistir a “la inauguración de la Sevilla del siglo XXI”, como si no hubiese existido previamente la Exposición Universal de 1992 o el tiempo se hubiera detenido durante once años para ver alzarse el faraónico icono de sus mandatos.

 

LA SUBIDA

 

También se ha conocido en coincidencia con el octavo aniversario del Metropol Parasol que el Ayuntamiento y la constructora que lo explota, Sacyr, han llegado a un acuerdo en virtud del cual ésta podrá cobrar hasta 10 euros a los turistas que quieran subir al mirador de las Setas a cambio de que el Consistorio deje de pagarle la compensación económica que ha venido abonando (se habló de entre uno y tres euros) por cada sevillano o empadronado en la ciudad que accediera a lo alto de los parasoles, y por el mantenimiento de la plaza de abastos.

 

Este acuerdo es la demostración de que la factura de las Setas, pleitos aparte, no ha dejado de incrementarse en estos ocho años, de manera que cada vez es más difícil averiguar cuánto han costado ya a la ciudad realmente.

 

Con tal de hacer más digerible la faraónica obra de los 120 millones de euros y de atraer visitantes que proyectaran una imagen de éxito, Monteseirín anunció que la visita de los sevillanos sería gratuita y así, en palabras de su valido Marchena, se democratizarían las vistas sobre la ciudad y se acabaría con el supuesto privilegio del que únicamente gozaban las clases acomodadas desde sus balcones y miradores.

 

El mensaje no podía ser más demagógico. Por una parte, porque los sevillanos han pagado a través de sus impuestos y de su Ayuntamiento por la subida a las Setas, aunque ingenuamente creyeran que lo estaban haciendo gratis. Por otra, porque raramente un sevillano, por mucho dinero que tenga, dispone de un mirador exclusivo de 28,50 metros de altura, como el de las Setas. Y tercero porque cualquier sevillano goza del privilegio, otorgado por el Arzobispado, de subirse gratis de verdad a la Giralda y divisar Sevilla desde sus 97,5 metros de altura (casi 3,5 veces más que las Setas). ¿Qué necesidad, pues, había de gastarse 120 millones en el Metropol Parasol con el argumento de que así se democratizaban las vistas sobre la ciudad?

Sólo por un periodo de cuatro años en números redondos (del 1 de junio de 2013 al 30 de abril de 2017) el Ayuntamiento ya compensó a Sacyr con 480.407 euros por la subida de los sevillanos a las Setas. A esa cifra tuvo que añadir 227.688 euros por servicios no cobrados a los titulares de los puestos del mercado de abastos. Y es que con tal de que los placeros aceptaran trasladarse desde el antiguo mercado provisional (una provisionalidad que duró más de 30 años) al construido bajo el Metropol Parasol, Monteseirín les anunció unas cuotas inferiores a las que realmente debían pagar a Sacyr, y para evitar su rebelión cuando las conocieran acabó por endosarle al Ayuntamiento el abono de la diferencia con el dinero de todos los sevillanos, su práctica habitual. Nadie debía estropearle la fiesta inaugural, con concierto de la banda sinfónica municipal incluido.

 

Con tal de librarse de estas facturas interminables, el Ayuntamiento autoriza ahora a Sacyr a que cobre hasta 10 euros a los ingenuos turistas por subirse a las Setas, un precio superior a los 9 euros que cuesta toda la visita a la Catedral, la Giralda y el Salvador.

 

RECLAMACIÓN

 

Pero no acaba aquí la pesadilla de las Setas. Los administradores concursales de los promotores que en su día entregaron 42.778.672 euros a la Gerencia de Urbanismo para financiar los sistemas generales del desarrollo urbanístico de Santa Bárbara (en Torreblanca) conforme al convenio firmado el 25 de julio de 2003, exigen ahora al Ayuntamiento la devolución de ese dinero, no empleado para aquella finalidad porque acabó financiando en parte la construcción del Metropol Parasol, y han llevado al Consistorio a los tribunales.

Así pues, Espadas o quien le suceda si es que éste no renueva en la Alcaldía se enfrentará al riesgo de una nueva hipoteca por las faraónicas Setas de Monteseirín.

Discursos intercambiables

Casi dos meses antes de las elecciones municipales del 22 de mayo de 2011, a las que ya no concurrió como candidato a la reelección por el PSOE y que iban a suponer el final de su ciclo de doce años como alcalde de Sevilla, Monteseirín protagonizó el acto de inauguración oficial de las por entonces aún inacabadas ‘Setas’ de la Encarnación: el monumento al despilfarro (120 millones de euros, detraídos incluso de la ‘hucha’ del PGOU para los nuevos barrios de la ciudad) que legaba como icono arquitectónico de su época en el sillón de la Plaza Nueva.

Las crónicas periodísticas de aquel día, que constan en las hemerotecas, recogen algunos párrafos de la perorata que el entonces alcalde dirigió a los miembros de su claque y a los curiosos allí presentes. Monteseirín, obviando la herencia de escándalos y de deuda multimillonaria (en torno a los 600 millones de euros) que dejaba a su futuro sucesor y a la ciudad, hizo un panegírico de su Gobierno, que era tanto como de sí mismo. Lo calificó como arriesgado e innovador, en contraste con el “inmovilismo que caracteriza -aseveró- a ciertos sectores de la ciudad”. Los críticos, claro era, con el Metropol Parasol y su descomunal coste económico.

CIUDAD ‘CONGELADA’

A estos sectores les dirigió este explícito mensaje: “Sólo decirles que no tengan miedo a cambiar, porque es cuestión de tiempo que Metropol Parasol sea cantado como uno de los símbolos seculares de la Sevilla eterna, como hoy lo es la Plaza de España”. Monteseirín subrayó que “según los análisis de los expertos, los beneficios económicos, directos e indirectos, que Metropol Parasol va a traer para la ciudad superarán, en sólo un año, la inversión acometida: turismo, comercio, hostelería, imagen y proyección exterior”. Y abundó: “Tengo la sensación, creo que compartida, de que esta tarde, en la Encarnación, estamos teniendo el privilegio de asistir a la inauguración de la Sevilla del siglo XXI”.

El predecesor de Zoido insistió en su tesis de que “la tradición no puede ser lo único que sirva a una ciudad, pues bloquea; y el desarrollo sólo se puede asumir con retos. Sevilla -añadió- no puede ser un territorio congelado en el tiempo; no puede ser  la ensoñación de un pasado idealizado y sin futuro, la Vetusta pequeña y provinciana”.

DE LAS ‘SETAS’ A LA TORRE

Cambio de escenario, de personaje, de tiempo y de icono arquitectónico. En vez de las ‘Setas’ de la Encarnación, el trasfondo simbólico lo ocupa el rascacielos de 178 metros de altura construido en la isla de la Cartuja, la torre Pelli, aunque físicamente las palabras fluyerann en la Plazas de España, durante la apertura del Encuentro Internacional sobre Arquitectura Contemporánea en Ciudades Históricas, comprometido ante la Unesco.

Han pasado dos años y medio: 17 de septiembre de 2013. Quien habla es Juan Ignacio Zoido, sucesor de Monteseirín y otrora detractor tanto del Metropol Parasol -donde ahora ya no tiene empacho en que le hagan hasta un reportaje fotográfico- como de la torre Pelli.

Los cronistas reproducen para la posteridad trozos del discurso del alcalde, que se expresa en estos términos: “El principal valor de una ciudad patrimonial no son sólo sus monumentos o edificios históricos, sino el entramado de éstos y sus relaciones con los que los perciben y con los que los disfrutan. Por ello, no nos tenemos que sentir tentados a convertir las ciudades en museos, sino en espacios de vida. La musealización de un casco histórico sólo conlleva el falseamiento de la realidad, la adulteración del patrimonio y la folclorización”.

PARALELISMO

Y Zoido añade: “No debemos renunciar a la evolución sostenible e inteligente de la arquitectura contemporánea, integrándola como un elemento que ha nacido no sólo para hacer más confortable y agradable la vida del hombre, sino como manifestación de lo que puede proyectar e idear el genio”.

Monteseirín habría podido emplear perfectamente las palabras de Zoido para defender las ‘Setas’ de la Encarnación, al igual que Zoido las de Monteseirín para defender ante los congresistas previamente seleccionados -y aun así se le coló algún que otro disidente- la torre Pelli. La diferencia sustancial es que mientras Monteseirín se mantuvo coherente con su discurso, Zoido ha acabado moviéndose hacia las posiciones de su rival y predecesor, hasta el punto de asumir su argumentario, prueba de su camaleonismo político en función de las circunstancias.

TRANVÍA Y BUS

Estos días hemos tenido otra demostración del argumentario intercambiable entre el anterior y el actual Gobierno municipales. Monteseirín bautizó como Metrocentro el sucedáneo del tranvía, para instalar en el imaginario colectivo la idea de que Sevilla contaba con una línea de suburbano directa al corazón de la ciudad, cuando el Metro auténtico sólo bordea el casco antiguo sin penetrar en el interior.

La prolongación de la línea 3 de Tussam hasta Bellavista, un acierto pleno de Zoido por otra parte, ha sido presentada en los medios, e interpretada por los vecinos, como la conexión que por fin permite al barrio acceder al centro de la ciudad, cuando el autobús circula en paralelo al río bordeando el casco antiguo y su penetración máxima es sólo hasta Plaza de Armas, que no puede considerarse el centro propiamente dicho. Y, sin embargo, una vecina, plenamente convencida, declaraba a la prensa que ahora podía ir directamente hasta el mercadillo del Jueves en la calle Feria.

La línea 3, pues, se ‘vende’ al igual que el Metrocentro de Monteseirín, con la diferencia de que el tranvía al menos llega hasta la Plaza Nueva.

 

Sobrecostes

Si la juez Alaya ha puesto de moda el término ‘sobrecomisiones’ con los ERE, mucho antes Monteseirín puso el de ‘sobrecostes’. Alfredo era como Atila: obra en la que pensaba, obra que dejaba esquilmada las arcas públicas. Con él nunca crecían los brotes verdes, porque dejaba a su paso un desierto presupuestario y una montaña de deudas a sus sucesores. Sus faraónicas ‘Setas’ se presupuestaron en 51,2 millones y se terminaron con varios años de retraso y a un ‘sobrecoste’ similar, para dispararse hasta los 100 y pico de millones de euros. En vez de indemnizar a Sevilla por la demora y la desviación presupuestaria, Sacyr quiere cobrarse el triple de lo estipulado por el alquiler de las oficinas de la Hacienda municipal, a cuenta de otro ‘sobrecoste’ pactado verbalmente por Monteseirín con tal de que le acabaran su pirámide particular y le diera tiempo a inaugurarla antes de las elecciones. Zoido hace perfectamente al negarse a pagar contratos sin papeles. Una cosa es asumir la herencia del mandato anterior y otra muy distinta, las facturas debajo de las alfombras.

 

Rus

En la zona Sur hay una gran satisfacción por el apoyo de los Príncipes de Asturias a la construcción de la Politécnica en Los Bermejales, por el dinero que van a mover los universitarios y los empleos que se van a crear. Ah, ¿que los Príncipes no han dicho nada sobre la Politécnica? No importa. Por el helicóptero que sobrevoló la zona y el cortejo de vehículos oficiales en su obligado paso por allí en dirección al puerto es de aplicación ‘el principio de Rus’. Sí, ése acuñado por el presidente de la CES y según el cual los Príncipes apoyan el dragado de la que ahora llaman Eurovía del Guadalquivir, aunque no hayan dicho ni una sola palabra al respecto, sólo porque estuvieron de paso o de visita a la esclusa. Así que desde ahora  tengan mucho cuidado con el principio del presidente de la patronal sevillana, tanto como con los coches ‘ponemultas’. Sólo con que les hagan una foto o les vean paseando por la Encarnación o la Cartuja, aunque estén más mudos que el mudo de Triana, se les atribuirá automáticamente que ustedes son fans de las ‘Setas’ y/o de la torre Pelli.

 

Sin premio

Los premios de arquitectura contemporánea ‘Mies van der Rohe’ de la Unión Europea, así denominados en honor al arquitecto alemán que erigió el pabellón de su país en la Exposición Internacional de Barcelona 1929, distinguen cada dos años la mejor obra por su calidad conceptual, técnica y constructiva, y reservan una mención especial a un arquitecto emergente. En la edición recién fallada, la XIII, ha sido galardonado el Centro de Conciertos y Conferencias ‘Harpa’, de Reykjavik (Islandia), diseñado por Henning Larsen, el artista (que no arquitecto) Olafur Eliasson y el estudio Batreríio;  y la mención especial ha recaído en la Nave de Música del Matadero de Madrid, de María Langarita y Víctor Navarro. Así pues, no han pasado de la condición de finalistas las ‘Setas’ de la Encarnación, diseñadas por Jürgen Mayer pero cuya autoría intelectual es de Monteseirín & Marchena. Si le hubieran dado el premio Van der Rohe al Metropol Parasol ello habría equivalido a elevar a Monteseirín a la misma categoría que el Cid: lograr una victoria después de muerto políticamente.

 

Pecado de vanidad

Uno de los pasajes de la Biblia refiere cómo Israel acaba siendo invadido, derrotado, esclavizado y obligado al exilio en tierra extranjera durante varias generaciones no mucho tiempo después de que el rey de los judíos hubiera mostrado las riquezas acumuladas en el Templo a una delegación de otro país que había acudido en son de paz y cargada de valiosos presentes para el sucesor de David.

En medio de la aflicción de los hebreos, los sacerdotes imploran a Yaveh, pero Dios considera justo el castigo por su pecado de vanidad, al haber hecho ostentación de sus tesoros y haber despertado así la codicia del rey extranjero, que en principio no tenía noticia alguna de los mismos y que por arrebatárselos acabó sometiendo a aquéllos a cautiverio.

Salvando las diferencias, obviamente, recordaba el texto bíblico con motivo de las quejas populares (se han escrito hasta sevillanas sobre este tema, como ‘Los hombres de Cristóbal’, que el grupo Rancias Maneras ha colgado en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=fWnmB9LByxU ) y a través de los medios de comunicación sobre los inspectores enviados por el ministro de Hacienda y diputado por Sevilla, Cristóbal Montoro, a supervisar el montaje de las casetas y de las actividades desarrolladas durante la Feria de Abril, con el fin de aflorar la economía sumergida tradicionalmente ligada al festejo sevillano.

INFORMES PREVIOS

El ministro ha confesado que adoptó esa decisión al leer las informaciones sobre el impacto de la Feria en la economía sevillana, esos estudios, como el citado previamente por Gregorio Serrano, de que genera el 3,42% del Producto Interior Bruto de la ciudad, o sea, unos 675 millones de euros.

Con el enorme déficit público existente y la necesidad de recortar gastos y de sacar dinero hasta debajo de las piedras para calmar a Bruselas y a Angela Merkel, Montoro vio el cielo abierto al leer cómo Sevilla alardeaba de su particular tesoro, un tesoro al que nunca antes Hacienda había prestado atención porque las actividades en el campo de Los Remedios carecían de reflejo estadístico al no haberse declarado de manera alguna. Oficialmente era como si no existieran.

Así pues, Montoro debe de estar muy agradecido a Sevilla, no sólo por haberlo elegido como diputado, sino también por haberle abierto los ojos sobre el dinero opaco escondido en el seno de las fiestas populares, sobre todo las que en la grandes urbes congregan una ingente cantidad de personas, cuyas necesidades básicas de comer y beber hay que satisfacer con un montaje efímero de estructuras de hostelería: la Feria de Abril, las Fallas de Valencia, los sanfermines de Pamplona, el Pilar de Zaragoza…. Los hombres de negro del ministro de Hacienda marcan ahora en rojo el calendario festivo nacional al igual que los Bañulls y otros dueños de atracciones en la calle del Infierno, con los que de hacer la ruta anual pueden acabar hasta confraternizando.

EL PIONERO

En el PP y su entorno se recuerda que el pionero, el promotor de los informes estadísticos que traducían a dinero las magnitudes de la Feria y han acabado así atrayendo la atención de los inspectores de Hacienda no ha sido precisamente el delegado de Empleo y Economía, Gregorio Serrano, sino el socialista Emilio Carrillo, el hombre que pudo reinar en Sevilla y al que Monteseirín le segó tanto la hierba bajo los pies que logró hasta su abandono de la política y que hoy transite por los derroteros de la vida contemplativa, la filosofía zen y la meditación trascendental.

Por más que los populares señalen a Carrillo como el ‘culpable’ de que se cumpla la legalidad en la Feria, aquél ya está amortizado políticamente para el PSOE y personalmente se encuentra en una situación en que estas polémicas no le afectan.

EXITO DE LA PORTADA

La portada de este año, inspirada en las torres y puentes de la Plaza de España y diseñada por Manuel Jesús Jiménez Varo y Miguel Angel Pérez Cabo, no ha suscitado controversia alguna y ha merecido un elogio generalizado por su belleza y por cómo, iluminada, resalta en la noche abrileña.

Sus magnitudes invitan a una reflexión. Pesa 250.000 kilogramos. Lleva incorporadas 20.000 bombillas para lucir en todo su esplendor. Ha precisado pintura artística para cubrir el equivalente a una superficie de 4.000 m2. La altura de sus torres es de 43 metros. El conjunto tiene un frente de 50 metros longitudinales y ha precisado de 15.500 horas de montaje, con una inversión total en su construcción de 500.000 euros.

La portada, que entre montaje (cuatro meses a partir de diciembre) y desmontaje sufre las inclemencias meteorológicas durante una larga temporada (este año, desde un prolongado temporal de lluvias hasta el sol inclemente, veraniego, de esta semana), es tan de madera como las ‘Setas’ de la Encarnación (aunque es de suponer que no de la misma calidad).

COMPARACIÓN CON LAS ‘SETAS’

El Metropol Parasol, seis parasoles apoyados sobre dos columnas de hormigón y compuestos por 3.000 piezas de madera unidas mediante barras de acero encoladas y tratadas con una resina especial para soportar el calor sevillano, tiene una altura de 28,50 metros y mide 150 metros de longitud  por 75 de anchura. Tiempo de construcción: 6 años. Coste más o menos admitido oficialmente: unos 120 millones de euros.

Las ‘Setas’ de la Encarnación, pues, equivalen a 4,5 veces la portada de la Feria de Abril, pero se tardó en construirlas 18 veces más tiempo y su coste ha sido 240 veces superior.

Si al equipo que ha montado la portada le hubieran encargado el Metropol Parasol, ¿cuánto habría costado?

Plaza Mayor

Segunda muestra de la huella monteseirinesca en el lenguaje, fruto de sus doce años (casi una generación) en el Ayuntamiento. Caso verídico, como los que narraba Gandía. Escenario, el Arco del Postigo. Hora, la del crepúsculo. Una pareja de turistas se acerca a un vecino y tras el intercambio de saludos de cortesía pregunta dónde queda la Plaza Mayor. El nativo, sorprendido, les aclara que en Sevilla no hay Plaza Mayor como en Madrid y que o bien se están refiriendo a la cercana Plaza Nueva, que hace la misma función que la madrileña, o a la algo más alejada Plaza de España. Entonces, los turistas, sin mediar palabra, despliegan un plano delante de sus ojos y señalan un punto con el dedo. Y, efectivamente, al lado de un dibujito de las ‘Setas’ figura la leyenda ‘Plaza Mayor’. No Plaza de la Encarnación, ni siquiera Metropol Parasol, sino ‘Plaza Mayor’, conforme a la terminología acuñada por Monteseirín. No se sorprenda si a partir de ahora cualquier día se le acerca un guiri preguntándole no por la Plaza del Salvador de toda la vida, sino por ‘La piel sensible’.