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La posverdad de Zoido

El ministro, detractor inicial de la Torre Sevilla, se presenta ahora como su paladín

Fue él quien escribió a la Junta y al Gobierno sobre la indemnización por la anulación de la licencia

 

Juan Ignacio Zoido ya no sabe qué hacer con tal de prolongar sus habituales estancias de fin de semana en Sevilla, al igual que en su tiempo hacía Javier Arenas cuando estaba en el Gobierno de la nación. El pasado lunes presidió y protagonizó el acto de inauguración de unas oficinas de la empresa Deloitte en el rascacielos de la Cartuja, rebautizado oficialmente como Torre Sevilla y que popularmente sigue siendo conocida como Torre Pelli por el nombre del arquitecto argentino que diseña casi siempre la misma pero con algunas variantes, de ahí que se pudiera intercambiar perfectamente con la Torre Iberdrola, de Bilbao, y no se notaría en demasía la diferencia.

Parafraseando el título de la película de Fernando Colomo, hay que preguntar qué hacía todo un ministro del Interior en un sitio como ése, ya que Deloitte es una consultora con cinco ramas de actividad (consultoría, fiscalidad, asesoría jurídica, asesoría financiera y auditoría) y ninguna de las mismas está vinculada a la seguridad o el orden público, por lo que ese acto de carácter privado habría correspondido en todo caso y en un ejercicio de licencia política al ministro de Economía, al de Hacienda o en último extremo al de Justicia, pero no a Zoido.

Sin embargo, ya es conocida en nuestros lares la propensión del ex alcalde a cortar todo tipo de cintas inaugurales y a aparecer allí donde se le reclame, sea conveniente o inconveniente para su imagen y su cargo, habida cuenta su natural inclinación a decir sí a todos para tratar de no quedar mal con nadie, aun a riesgo de ser él quien quede de forma inapropiada para sí mismo.

CAMBIAR EL PASADO

Aprovechando que el Guadalquivir pasaba por Sevilla y al pie mismo del rascacielos, Zoido hizo con la torre un ejercicio de ese neologismo declarado como palabra del año por el Diccionario de Oxford pero aún no reconocido por el de nuestra Academia de la Lengua: un ejercicio de “posverdad” o, como lo calificó Espadas, de reescritura de la historia.

Frente a los hechos objetivos recogidos en las hemerotecas de que el hoy ministro fue un detractor de la Torre Pelli (hoy Torre Sevilla) y de que incluso se mostró partidario de pararla cuando tan sólo se habían levantado unas cuantas plantas de la misma en caso de que llegara, como llegó, a la Alcaldía, Zoido ha retorcido ahora el pasado para presentarse como un converso e incluso un paladín del rascacielos, al margen de cualquier “pecado original”.

En su parlamento en el acto de Deloitte, Zoido afirmó que “hubo un momento en que tuve que decidir, porque había quien decía que la Torre Sevilla había que tirarla”. El ministro habla de terceras personas, como si no hubiera sido él mismo quien cuando se hallaba en la oposición y/o en su campaña hacia la Alcaldía no se hubiera alineado con quienes eran partidarios de tumbar el rascacielos por entonces aún en ciernes con tal él de arañar votos donde fuera para erigirse en el sucesor de Monteseirín en la Casa Grande.

Añadió Zoido que él acudió a San Petersburgo “a pelear con uñas y dientes y con argumentos sólidos la permanencia de los monumentos del casco histórico como Patrimonio de la Humanidad y también que la Torre Sevilla fuera una auténtica realidad, puesta al servicio del crecimiento y la seguridad jurídica que supone invertir en Sevilla; y -aseveró- lo logramos”.

ECONOMÍA

¿Al servicio del crecimiento económico? Pero si hace siete años declaró en un foro periodístico lo siguiente sobre la torre: “Me parece un proyecto que, hoy por hoy, no tiene viabilidad económica”.

Y ya que Zoido estuvo en las oficinas de Deloitte, es el momento de recordar el estudio que en marzo del año 2009 hizo esta consultora para Cajasol, la promotora inicial del rascacielos, sobre el impacto económico que iba a tener el inmueble, un auténtico cuento de la lechera: con su construcción -decía- se iban a crear más de 4.000 empleos en Sevilla; en su primer año de funcionamiento (se cumple ahora en febrero) iba a generar más de 561 millones de euros (es decir, casi tanto como toda la Feria de Abril) y 11.327 puestos de trabajo; en el segundo año, 795 millones de euros y 16.106 empleos, y en el noveno año, 1.351 millones de euros (dos veces la Feria) y 27.910 empleos.

Habrá que preguntarse en qué se basó Deloitte para hacer tal ejercicio de economía-ficción.

 

SEGURIDAD JURÍDICA

La tercera línea argumental de Zoido en su reescritura de su posición sobre la torre ha sido la de erigirse en el valedor de la seguridad jurídica, con estas palabras: “las Administraciones tienen que ser salvaguarda de la seguridad jurídica para generar confianza en los inversores. Yo he procurado guiarme cada vez que he ocupado un puesto por el sentido común, la razón y la ley…. Mi obligación era salvaguardar la legislación vigente y los legítimos intereses de unos promotores que habían confiado en una legislación y que en base a las licencias legalmente concedidas habían iniciado su proyecto. Habría sido una irresponsabilidad -añadió- si paraba la obra, que reunía todos los permisos, como si no hubiera impedido que Sevilla perdiera la condición de Patrimonio de la Humanidad”.

¡Pero si Zoido puso en duda antes de acceder a la Alcaldía la validez de la licencia urbanística otorgada por Monteseirín a la torre! Item más, tan sólo tres meses después de ser elegido alcalde envió sendas cartas a los entonces presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, y la ministra de Cultura, Angeles González Sinde, para plantearles quién tendría que asumir las indemnizaciones en caso de que la licencia de obras del rascacielos se revisara o se anulara.

¿Y quién, sino él como alcalde, planteaba la posibilidad de la revisión o anulación, esa que seis años después ha negado en las oficinas de Deloitte?

 

PRECEDENTES

Por más que Zoido haya acuñado su posverdad sobre la torre y cambiado de discurso, las actuaciones de sus predecesores al frente de la Alcaldía demuestran que en Sevilla ha sido posible paralizar grandes proyectos urbanísticos por razones políticas, independientemente de las jurídicas.

Rojas Marcos frenó la denominada torre cilíndrica, proyectada por Pérez Escolano en la Plaza de Armas, aunque para ello tuvo que compensar a los promotores con mayor edificabilidad en la construcción de un hotel en la Buhaira.

Monteseirín liquidó el proyecto de sede administrativa para el Ayuntamiento que en el Prado de San Sebastián diseñó Rafael Moneo cuando Soledad Becerril era alcaldesa, pese a que la constructora Dragados le amenazó con pedir una indemnización multimillonaria en los tribunales, del mismo modo que amenazaban con hacer los promotores de la hoy Torre Sevilla.

Zoido, con sus 20 concejales y su mayoría absolutísima, no tuvo la misma determinación que Rojas Marcos y Monteseirín pese a haber militado en las filas de los detractores del rascacielos de la Cartuja, y ahora quiere pasar por su gran paladín.

Como en el soneto de Miguel de Cervantes, y en tantas ocasiones durante su mandato como alcalde, en el caso de la Torre Sevilla, antes Pelli, Zoido “miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.

Ikea, alfa y omega

Dentro de cinco días empieza a correr oficialmente el reloj político para la cita con las elecciones municipales del 24 de mayo, ya a tan sólo veinte días vista, por lo que a falta de un Pleno municipal extraordinario para la concesión de las medallas de la ciudad, el Pleno ordinario celebrado el pasado martes tuvo todo el ambiente de la despedida del mandato en que Zoido logró la mayoría más absoluta –veinte concejales- de un alcalde en la historia de la Democracia en Sevilla.

En ese último Pleno se acabó tratando sobre el mismo tema con el que Zoido inició su trayectoria como alcalde: la segunda tienda de Ikea, proyectada por la multinacional sueca en los terrenos de San Nicolás Oeste, sitos en el entorno del aeropuerto.

Con la fuerza moral y política de su arrolladora victoria en las urnas hace cuatro años, Zoido llegó a la Alcaldía prometiendo resolver poco menos que en un santiamén los problemas pendientes de la ciudad y, especialmente, los grandes proyectos que tenían un componente urbanístico, como el de la tienda de Ikea.

Por eso, de forma temeraria, anunció que en dos meses iba a desbloquear el proyecto de la multinacional nórdica, un bloqueo que achacaba a las disputas internas que hasta entonces habrían mantenido el PSOE e IU durante los últimos gobiernos de la coalición capitaneada por Monteseirín y Torrijos.

 

SIN VISIÓN TÉCNICA

 

Fue un craso error por su parte, a consecuencia de un gran desconocimiento del urbanismo y del derecho urbanístico, parcelas fundamentalmente técnicas y sometidas a procedimientos reglados y de lenta tramitación administrativa que no pueden acelerarse introduciendo un reactivo de tipo político.

El urbanismo tiene sus tiempos, máxime en un sistema jurídico garantista como el nuestro, que obliga a someter a información pública cada fase, en línea con el derecho a la participación ciudadana reconocido por nuestra Constitución y que, por la crisis del sistema, los partidos políticos se esfuerzan ahora en incentivar mucho más que antes. Ninguna fuerza osaría cuestionar los procedimientos establecidos.

Por eso resulta aún más sorprendente el desconocimiento mostrado por Zoido sobre el área más esencial de la administración local, que se expresa y desarrolla a través del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Este documento, calificado como ‘la Biblia de la ciudad’, marca y condiciona todo lo que se puede hacer –y no hacer- en la urbe durante su periodo de vigencia.

Esta subestimación del urbanismo no ha sido exclusiva de Zoido, sino proverbial en el PP de Sevilla, como ya demostró Soledad Becerril al dejarlo en manos del PA de Rojas Marcos cuando gobernó en coalición con los andalucistas, que se vieron teniendo entre las manos el gran instrumento de poder municipal.

Zoido, pese a provenir del mundo jurídico, haber sido delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha y Andalucía y líder de la oposición municipal en los cuatro años previos, no pareció aprender de la etapa de Soledad Becerril, mantuvo una visión meramente política del urbanismo –como si las cuestiones en esta parcela pudieran acelerarse o ralentizarse por el designio de los gobernantes- y nombró delegado y gerente de Urbanismo a Maximiliano Vílchez y Alberto de Leopoldo, respectivamente, dos personas con buena voluntad pero ajenas por completo a este mundo.

EL PEOR MOMENTO

Además, desembarcaron en las caracolas de la Cartuja en una de sus peores por no decir la peor época reciente. El estallido de la crisis inmobiliaria, con el hundimiento de los ingresos por licencias de obra ante la casi nula actividad constructora, había dejado bajo mínimos las arcas de la Gerencia, ya esquilmadas por la dupla Monteseirín/Marchena, que hasta se gastó el dinero del PGOU para los nuevos desarrollos urbanísticos en obras faraónicas como las Setas de la Encarnación (140 millones de euros).

Por ende, las imputaciones judiciales de la juez Alaya en las diversas ramas del caso Mercasevilla, entre ellas la venta de los suelos a una filial de Sando, causaron un miedo cerval entre los técnicos de Urbanismo a sobrepasar cualquier límite a la hora de mover papeles en el departamento, con lo que se extremaron aún más las exigencias de documentos y el agotamiento de los plazos, sin que dos neófitos como Vílchez y Leopoldo tuvieran la capacidad y los conocimientos precisos para cambiar la dinámica de funcionamiento de la Gerencia.

Frente al optimista anuncio de Zoido en 2011 de que él iba a desbloquear en dos meses el proyecto de Ikea gracias a la existencia de un gobierno local con mayoría absoluta que no tuviera que hacer concesiones a un socio de coalición, como había venido ocurriendo en la ciudad desde hacía veinte años, pronto empezó a imponerse la cruda realidad técnica del urbanismo, mucho más compleja en sus normas, plazos y garantías legales.

JUNGLA POR DESBROZAR

En realidad, el proyecto de Ikea era como una jungla que había que desbrozar a machetazos para avanzar. El alcalde descubrió que la multinacional sueca pretendía dar un pelotazo a la vieja usanza, con una recalificación urbanística a la carta y gracias a la cual, con un exceso de edificabilidad de 41.00 m2 en números redondos, construir un cinturón de tiendas alrededor de la suya como gancho y con cuyas rentas financiar de forma gratuita su segundo proyecto en Sevilla.

Por los terrenos de San Nicolás Oeste cruzaba una vía pecuaria que había que deslindar primero y desafectar después (los problemas de recalificar como urbanos unos suelos rústicos de toda la vida), con todo lo que ello implicaba de informes, exposiciones públicas, alegaciones, procesos de aprobación administrativa, publicación en boletines oficiales…

La propia normativa urbanística imponía sucesivas aprobaciones del preceptivo Plan Parcial, con aportación a los expedientes de los informes sectoriales y alegaciones también de organismos oficiales, alguno de los cuales (Dirección General de Carreteras) fue incluso negativo para los intereses del Ayuntamiento.

Y como guinda del pastel, la supeditación del proyecto a su conexión con una vía rápida de comunicación, la SE-35, pintada sobre una zona verde cual era el parque del Tamarguillo, financiado con fondos europeos, razón por la que Bruselas abrió un dictamen motivado al Gobierno de España, máxime tras el precedente del derribo de la biblioteca de la Universidad por haberse erigido sobre los jardines del Prado.

Y SIGUE

La resolución de toda esta maraña administrativa y urbanística, en la que estaban implicados también el Gobierno de la nación y la Unión Europea y no sólo la Junta de Andalucía, sobre la que siempre ha puesto el foco el Ayuntamiento, le ha ocupado a Zoido los cuatro años de este mandato. La historia, sin embargo, aún no ha terminado, ni mucho menos, porque se estima que todavía le pueden quedar un par de años de trámites urbanísticos (por ejemplo, los proyectos de reparcelación y urbanización), y de otro tipo para  la construcción de la conexión alternativa a la SE-35.

El caso de Ikea sería extrapolable a muchos otros proyectos de índole urbanística que el alcalde pensaba se desbloquearían o activarían, según los casos, por la simple formulación de un designio político del gobierno municipal, como si los procedimientos reglados pudieran desvanecerse de la noche a la mañana: la Gavidia, Altadis, Sevilla Park, el Caixaforum en las Atarazanas, el complejo comercial de Decathlon en la isla de la Cartuja, el museo de las Tradiciones junto a la Torre de la Plata, el Paseo de las Artes en Torneo, la Ciudad de la Justicia en el Prado, un nuevo puente en la Cartuja, un nuevo parking al margen del PGOU en la Alameda y en las naves de la calle Becas….

Se comprende,  pues, que por el desgaste sufrido durante estos cuatro años, Maximiliano Vílchez, que reconoció que se planteó su dimisión, no repita en la lista de Zoido para las próximas elecciones municipales: de él han dependido las dos áreas en las que el alcalde ha sufrido más sinsabores, el urbanismo y (polémicas por los arboricidios y las podas de árboles a mansalva) y el medio ambiente.

 

 

Protocolo

Mauricio Domínguez fue el jefe de Protocolo del Ayuntamiento con todos los alcaldes de la Democracia excepto con Zoido, que llegó cuando él ya se había jubilado. Ahora, ha publicado un libro de recuerdos de sus 40 años de actividad profesional. Al rememorar las aportaciones de los alcaldes en el campo de su especialidad, cuenta que Uruñuela arregló el tema de los palcos de Semana Santa; Del Valle, la presencia municipal ante el Cristo de San Agustín desde la guerra civil; Rojas Marcos, las ceremonias de la corporación bajo mazas; Soledad Becerril, la organización del terrible funeral, por el estado de shock en que se hallaba toda la ciudad, tras el asesinato por los terroristas de ETA de Alberto y Ascen; y Monteseirín…. Bueno, el (sin) tuvo la ocurrencia de proponer que se conmemorara no el aniversario de la muerte de Blas Infante (11 de agosto) sino el de su nacimiento (5 de julio). Para el muy cuco era más importante irse a la playa o no volver de allí antes que honrar al padre de la patria andaluza. Así quedó retratado una vez más por su (sin) sentido de Estado.

Amnesia

A José Luis Rodríguez Zapatero le empieza a pasar con el ‘Estatut’ de Autonomía de Cataluña lo mismo que a Alejandro Rojas Marcos con el estadio pseudo Olímpico de la Cartuja: todos los partidos votaron en el Ayuntamiento de Sevilla y en la Diputación Provincial a favor del faraónico proyecto, pero a la hora de presentar ante la opinión pública la escandalosa factura, equivalente a la de las Setas, le cargaron el mochuelo exclusivamente a él. Susana Díaz, en plan lanzada al moro muerto, ha despotricado en su puesta de largo en Madrid (en presencia de una amplia claque juntera, expresamente desplazada en AVE y con hotel incluido a la capital del Reino para arropar a la presidenta) contra el ‘error Zapatero’ con el Estatut catalán. Ha recibido loas generales de una clase política que olvida que cuando ella era diputada nacional del PSOE votó dos veces en las Cortes Generales a favor del texto avalado por el ya expresidente, de quien se proclamaba heredera política pero del que ha renegado antes de que el gallo cantara tres veces al alba. Desmemoria histórica.

Amnesia

A AJosé Luis Rodríguez Zapatero le empieza a pasar con el ‘Estatut’ de Autonomía de Cataluña lo mismo que a Alejandro Rojas Marcos con el estadio pseudo Olímpico de la Cartuja: todos los partidos votaron en el Ayuntamiento de Sevilla y en la Diputación Provincial a favor del faraónico proyecto, pero a la hora de presentar ante la opinión pública la escandalosa factura, equivalente a la de las Setas, le cargaron el mochuelo exclusivamente a él. Susana Díaz, en plan lanzada al moro muerto, ha despotricado en su puesta de largo en Madrid (en presencia de una amplia claque juntera, expresamente desplazada en AVE y con hotel incluido a la capital del Reino para arropar a la presidenta) contra el ‘error Zapatero’ con el Estatut catalán. Ha recibido loas generales de una clase política que olvida que cuando ella era diputada nacional del PSOE votó dos veces en las Cortes Generales a favor del texto avalado por el ya expresidente, de quien se proclamaba heredera política pero del que ha renegado antes de que el gallo cantara tres veces al alba. Desmemoria histórica.

Paris Plages, Séville rien

De Sevilla y de París se suele decir que para ser perfectas sólo les falta la playa. Tradicionalmente, los sevillanos trataron de suplir esta carencia aprovechando las riberas del Guadalquivir con más arena depositada por el río y/o sus afluentes, cual fue la playa fluvial más famosa, la conocida como de María Trifulca, sita donde hoy están los pilares del puente del Centenario. Esta playa desapareció en la era desarrollista del siglo XX por las obras hidráulicas realizadas para contener las riadas, la presión urbanística y la contaminación.

Rojas Marcos, probablemente el alcalde más imaginativo, fue tomado a risa cuando durante la campaña para las municipales de 1999 presentó su proyecto, avalado por el ingeniero José Luis Manzanares, de convertir en playa el meandro de San Jerónimo e  instalando en sus profundidades generadores de olas artificiales. La orilla, en un tramo de 200 x  50 metros, habría contado con las típicas infraestructuras playeras: sombrillas, duchas, chiringuitos…. El coste se cifró en el equivalente a unos 4 millones de euros.

La derrota  de Rojas Marcos sepultó el proyecto en el olvido y, dada la permanente ocupación de la margen derecha del río por clubes privados -que el socialista Monteseirín prorrogó por más años, pese a que en el proyecto del PGOU de 2006 se había previsto su liberación para uso y disfrute de todos los sevillanos- y la ausencia de una programación cultural y recreativa que emule a la de otras urbes europeas, Sevilla se repliega sobre sí misma durante los estíos.

PARIS EN VERANO

París, que dista 100 Kms. más del mar que la capital de Andalucía, no se resigna ni a carecer de playa ni a que el calor (agosto se presentó este año allí con 35º C, pese al servicio meteorológico francés que auguró un verano más fresco en toda Europa)  ralentice la vida cultural y artística y las actividades al aire libre de sus ciudadanos.

Este verano que aún no ha acabado, la revista con la programación de todo tipo de actos organizados en los distritos de la capital francesa ocupa 52 páginas: exposiciones, festivales, cine, danza, ópera, jazz, rock, tecno, clásica, rutas, jardinería, ocio nocturno….

El Ayuntamiento parisino, consciente de que por la crisis muchos ciudadanos no tomarían vacaciones, ha incrementado aún más la oferta veraniega, al margen de lo que de forma permanente se puede disfrutar en una ciudad con 134 museos, 143 teatros, 376 pantallas de cine, 69 bibliotecas, 242 monumentos (palacios, iglesias, edificios), 400 parques y jardines y 1.847 ha de bosques (Vincennes y Boulogne).

DESPUÉS QUE ROJAS MARCOS

En el programa de ‘Mi verano en París’  ha habido dos iniciativas que de haberse adoptado en Sevilla habrían generado ríos de tinta y que, sin embargo, se despachan sólo con 13 y 16 líneas de texto, respectivamente: ‘Paris Plages’ (Playas de París) y ‘Berges de Seine’ (Riberas del Sena).

En 2002, tres años después de la idea concebida por Rojas Marcos para el meandro de San Jerónimo, el alcalde parisino Bertrand Delanoe lanzó ‘Paris Plages’, consistente en la transformación de parte de la ribera del río Sena en una playa fluvial mediante el aporte artificial de arena (se habla de 5.000 toneladas) en la margen sita frente a la isla de la Cité, donde se halla Notre Dame. La iniciativa se completaba con un programa cultural y lúdico al aire libre y fue desde el principio un éxito apoteósico, hasta el punto de que cada año se ha ampliado a más tramos de la orilla equivalente a lo que en Sevilla sería la zona entre el muelle de las Delicias y San Jerónimo y a un canal, el ‘estanque de La Villette’, hasta totalizar cerca de 5 kilómetros.

ACTIVIDADES PARA TODOS

En líneas generales, los espacios y actividades, que pueden ser disfrutados tanto por nativos como por turistas, pueden clasificarse en tres grandes áreas: deportivas, culturales e infantiles. La oferta es enorme. Fnac animó los primeros cuatro días con sendos conciertos en la Plaza del Ayuntamiento, donde se instalaron grandes pantallas, en los que actuaron una treintena de artistas y a los que asistieron 26.000 espectadores.

El estanque de La Villette ha sido el paraíso de los niños. Algo tan sencillo como una tirolina de 160 metros de larga para cruzarlo de una punta a otra a 8 metros de altura ha tenido un éxito espectacular. La Federación Francesa de Automovilismo instaló un circuito de Karts eléctricos para enseñar a conducir a los adolescentes. También se habilitó un campo de mini-golf y hasta una mini Villa Olímpica y se han ofertado diversos tipos de embarcaciones: canoas, kayaks, barcos a vela….

PATROCINIOS PRIVADOS

Los mayores han disfrutado de variadas animaciones, una biblioteca efímera, jardines de brumas, exposiciones como la interesantísima ‘Regardez, monsieur Monet…. comme la Seine a changé’ (‘Mire, señor Monet, cómo ha cambiado el río Sena), comparando fotográficamente la evolución de las riberas del río con cuadros del pintor impresionista; danzas de salón (el mayor éxito popular ha sido la zumba, mezcla de ejercicios aeróbicos y bailes latinos), concursos fotográficos y hasta cuatro pistas de voley-playa ante la fachada del Ayuntamiento.

Más de 230.000 personas han participado este año (un +26,4%) en ‘Paris Plages’, un evento de un mes cuyo coste, 1.136.000 euros, han patrocinado empresas como Lafargue, Culturebox y otras y por tanto le ha salido gratis al Ayuntamiento parisino. En contraste, el Ayuntamiento de Sevilla se gastó 3,7 millones de euros para sólo unos días de la final de la Copa Davis, en la que perdió casi un millón de euros y de la que aún no ha reutilizado ni la cubierta.

Sendai

La Expo-92 motivó que los participantes bucearan en la historia, a la busca de algún vínculo que les permitiera congraciarse con Sevilla. Así fue como trascendió la existencia de más de 600 habitantes de Coria del Río a los que, por apellidarse Japón, se supone descendientes de los expedicionarios que hace 400 años remontaron el Guadalquivir procedentes del país del sol naciente y liderados por el samurái Hasekura Tsunenaga. En el archipiélago nipón quedaron entusiasmados al saber de esta colonia en Occidente, y la ciudad de Sendai, desde la que partió la denominada Embajada Keicho, cursó una invitación formal a Sevilla para el hermanamiento de ambas urbes en la época de Rojas Marcos como alcalde. Pese a que Japón es una potencia mundial y a los beneficios culturales, turísticos y de todo tipo de un   hermanamiento que para los japoneses no tenía nada de folklórico, sino un carácter verdaderamente sentimental, Sevilla, con su tradicional desidia, lleva 21 años demorando la respuesta. Así funciona esta ciudad. Ni reloj suizo, como pretende Zoido, ni reloj japonés.

Karaoke

Rojas Marcos, alcalde entonces, dijo que Sevilla era una ciudad universal pero que hasta la Expo 92 no había tomado consciencia de su universalidad. Efectivamente, la que fue capital del mundo durante su condición de puerto y puerta de América recuperó un rol planetario con la celebración de la mayor y más exitosa Exposición de la historia y acogiendo las reflexiones de aquel ‘Senado de los saberes’ que fue el Comité de Expertos, el cual alumbró reflexiones sobre el futuro de la Humanidad recogidas en documentos como ‘En el umbral del Tercer Milenio’.

Siete años después, nuestra ciudad aún gozaba de aquella proyección internacional al dar nombre a la ‘Declaración de Sevilla’, que aquí suscribieron los participantes en la Conferencia Euro-Mediterránea de Ciudades Sostenibles.

Aún hace un decenio, en 2002, Sevilla era escenario de la Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, en la que se acordaron temas tan importantes como el Plan Global de Asilo e Inmigración y la Reforma de la organización y funcionamiento de las propias Cumbres Europeas y del Consejo de Ministros de la Unión.

Estos grandes eventos con proyección mundial y ligados a Sevilla hasta hace tan sólo una década contrastan con el nuevo rol al que aspira la ciudad, su vuelta al clásico papel de jugador número 12, puesto de manifiesto el domingo con el karaoke promovido por el Ayuntamiento en la Plaza de San Francisco, con el cantante Hugo Salazar de maestro de ceremonias y definido como ‘El mayor evento navideño jamás cantado’. ¿Objetivo? Reunir a un coro de 15.000 personas que cantaran, siguiendo la letra proyectada a modo de karaoke sobre la fachada de las Casas Consistoriales, el tema ‘Blanca Navidad’, para que así Sevilla pueda figurar en el libro Guinness de los Records junto al de esos pueblos a los que nadie conoce y que por eso mismo inventan marcas estrafalarias como la de degustar la paella más grande del mundo, batir el récord de troncos convertidos en astillas a hachazos o superar el de kilómetros de fichas de dominó que se sostienen en pie sin caerse.

Al igual que en la evolución humana hay una escala de Jacob por la que el hombre asciende desde la piedra al cielo, en la evolución de las ciudades debe de haber otra escalera en la que Sevilla recorre el camino inverso: desciende desde los cielos que tocó con la Expo hasta el suelo de equipararse a cualquier poblachón sin nombre que trata de lograr un  estrambótico minuto de gloria.

Será ésto a lo que Zoido llama “la ciudad del talento”.

 

Zoido, del Corpus al Domingo de Ramos

El pasado mes de junio, recién investido como alcalde, Zoido se dio un baño de multitudes en la procesión del Corpus Christi, donde fue vitoreado, besado y abrazado de forma tan entusiasta que él no pudo contener las lágrimas de emoción. Nueve meses después (diez desde las elecciones municipales) llega a las procesiones del Domingo de Ramos con menos palmas de lo que podía imaginarse a la luz de aquellas adhesiones que parecían inquebrantables.

No ha habido ningún medio que no haya hablado del debilitamiento del ‘efecto Zoido’, aquella corriente de simpatía sin precedentes que, gracias al voto ‘prestado’ de barrios sociológicamente de izquierdas, impulsó al candidato del PP a la Alcaldía de una forma arrolladora al premiarlo con 20 concejales.
Por más que por su distinta naturaleza no deban compararse elecciones diferentes, ha sido inevitable que tanto en los partidos como en los medios se haya entrado en el juego de las extrapolaciones tras el 25-M. Los números  reflejan que en los diez meses transcurridos entre las elecciones municipales que encumbraron a Zoido a la Alcaldía y las regionales en que ha sido cabeza de lista del PP por la provincia, su apoyo popular ha pasado en la capital de 166.040 a 150.897 votos. Ha perdido 15.143 sufragios.

LA IZQUIERDA SE RECUPERA

Por el contrario, el bloque PSOE-IU ha pasado de 123.234 votos (99.168 + 24.066) en las municipales, a 165.474 (132.338 + 33.136) en las autonómicas. Hace diez meses, el PP aventajaba en Sevilla capital a la izquierda en 42.806 sufragios; ahora se ha invertido la situación y PSOE e IU, sumando su fuerza electoral, obtienen 14.577 votos más que el PP. La extrapolación indica que, como ha pregonado un jubiloso Espadas, Zoido habría perdido virtualmente la mayoría absoluta (16 concejales) y que PSOE e IU la habrían recuperado (17) y podrían reeditar su coalición de gobierno.

Aunque faltan tres años para que las urnas ratifiquen tal posibilidad en las siguientes municipales, los resultados del 25-M denotan al menos una tendencia y deben ser interpretados por Zoido como un aviso para que no olvide que muchos de sus votos del 22 de mayo de 2011 fueron un préstamo y que sus dueños pueden retirárselos, máxime si el tiempo sigue pasando y no ven que la situación de la ciudad haya experimentado ninguna variación sustancial.
Ahora que los sondeos han vuelto a jugar una mala pasada al PP, por exceso de confianza en las expectativas creadas, cabe recordar que el realizado hace unos meses para la Fundación Antares reflejó la opinión de los sevillanos de que tras el ascenso de Zoido a la Alcaldía en realidad todo seguía igual.

MEMORIAL DE AGRAVIOS

El alcalde inició el curso político en septiembre con una carta de siete folios al presidente de la Junta de Andalucía, Griñán, que era todo un memorial de agravios por la desatención del Gobierno andaluz hacia Sevilla, y la exigencia de que contrajera un compromiso con la ciudad “para poner en marcha grandes proyectos olvidados y estancados”.  En su larga lista, el mandatario sevillano enumeró la ley de Capitalidad, una red completa de Metro, la Ciudad de la Justicia, el pantano de Melonares, el museo de Bellas Artes, la iglesia de Santa Catalina, la conexión del AVE con el aeropuerto….
La carta, filtrada a los medios antes incluso de que llegara a su destinatario, fue interpretada como el inicio de la confrontación política con la Junta desde las capitales de provincia gobernadas por el PP, al modo de lo que había hecho el Gobierno andaluz contra el central en la era de Chaves y Aznar, y para preparar el terreno de cara a las autonómicas del 25-M, por entonces a seis meses vista, y el luego frustrado desembarco de Arenas en San Telmo.
En todo este tiempo Zoido ha esquivado pronunciarse sobre las opciones que la Junta ha puesto sobre la mesa en temas capitales como la ampliación del Metro y la Ciudad de la Justicia, con el claro propósito de que no se abordaran hasta que Arenas no ganara las elecciones para que así su partido pudiera rentabilizar políticamente la realización de los grandes proyectos. Nada nuevo bajo el sol. La Junta dio continuamente largas a Soledad Becerril sobre el Metro, cuya construcción no se inició hasta que, aun por la exigencia de Rojas Marcos, Chaves no se garantizó  de que se acometería  con un alcalde socialista (Monteseirín).

CAMBIO DE ESCENARIO

Pero los planes del PP y de Zoido se han convertido en humo tras el 25-M y la continuidad de Griñán en la Junta. Zoido se presentó como el alcalde del empleo pero durante su mandato hay 10.000 parados más. En plena recesión y con continuos recortes por parte del Gobierno central para reducir el gasto público, el alcalde difícilmente puede justificar un encastillamiento en su postura de que o red completa, simultánea y subterránea de Metro o nada, en vez de que se inicie de una vez el tramo Pino Montano-Prado, como ha preconizado y cuantificado económicamente la Junta. Tampoco se comprendería que siguiera  mareando la perdiz sobre la ubicación de la Ciudad de la Justicia, un día en Los Gordales, otro en el Prado y al siguiente en el Buen Aire. Y así sucesivamente.
Son infraestructuras y equipamientos que suponen inversión y creación de empleo para la ciudad y sobre los que Zoido no puede mantener por más tiempo su indefinición con tal de ejercer de oposición a la Junta. En la disyuntiva entre confrontación y cooperación, de inclinarse por la primera corre el riesgo de aparecer como el paralizador de los grandes proyectos de Sevilla y de sufrir un serio desgaste entre quienes, prestándole  su voto hace diez meses, le dieron la Alcaldía.

Adverbio

El discurso de investidura de Juan Ignacio Zoido me recordó el poema ‘Andalucía, de Manuel Machado, en la parte en que glosó a sus predecesores. El poeta que ha pasado a la historia por ser el hermano de Antonio en vez de por su obra fue adjetivando cada provincia (Cádiz, salada claridad; Granada, agua oculta que llora…) hasta que no sabiendo qué decir sobre Sevilla concluyó el poema al albur de sólo su nombre. Zoido fue cantando una cualidad de cada alcalde (la caballerosidad de Uruñuela; la fina ironía de Del Valle; el rigor de Soledad Becerril; la capacidad de comunicación de Rojas Marcos) y al llegar a Monteseirín….En aquel momento quizás Zoido se acordó de Lope de Vega y el soneto que le mandó hacer  Violante, pues nunca se vio en tal aprieto. ¿Qué decir del Ausente, si Alfredo el Soberbio carece de rasgo positivo destacable alguno? Salió del paso con una evidencia que resultó todo un hallazgo retórico: había sido alcalde durante doce años. A falta de cualidades en el personaje, y por tanto de adjetivos, Zoido redujo a Sánchez Monteseirín a lo que realmente ha sido: un mero adverbio de tiempo.