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Cátedras

Una peculiaridad de los conservatorios es la denominación de asignaturas y/o de los profesores que las imparten no por la actividad musical, sino por el instrumento. Así, en vez de catedrático de interpretación pianística existe el titular de piano, del trombón y hasta de modalidades de guitarra, como la clásica o la flamenca. Es como si el catedrático de Química lo fuera de probeta o pipeta. Ahora, la Universidad  ha copiado esa terminología de los conservatorios de música al anunciar la creación de la Cátedra Metropol-Parasol, así denominada porque es una manera de hacerle publicidad a la obra de quien la financia, la constructora Sacyr, en cuyo beneficio ese pseudosocialista aparente defensor de la cosa pública llamado Alfredo Sánchez Monteseirín se la hurtó a los sevillanos y la privatizó por los próximos 40 años. En cinco siglos  de historia, ni a la Hispalense ni a ninguna empresa local les dio por financiar la Cátedra Giralda, Real Alcázar o Torre del Oro, y miren por dónde la primera que se constituye está dedicada a las polémicas Setas de la Encarnación.

Símbolos

Juan Ignacio Zoido, el mismo que abominaba de la torre Cajasol (¿por qué la llaman torre Pelli, si el pobre rico de César Pelli no es más que un mandado?) y ahora se ha convertido en su defensor ante la Unesco, se ha rendido también ante las ‘Setas’ de la Encarnación. Ha lanzado una campaña de promoción turística de nuevo con los Reyes Magos/Vagos de protagonistas, y en vez de sacar a Melchor, Gaspar y Baltasar posando ante, por ejemplo, nuestro Patrimonio de la Humanidad en peligro (la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias), el Parque de María Luisa, la Plaza de España, la antigua Fábrica de Tabacos, el Salvador, el Barrio de Santa Cruz, la Macarena…… aparecen en el spot ante el Metropol/Parasol, el mayor símbolo del despilfarro, con el coste oficial de 102 millones de euros sin contar todo lo gastado en enterrar el proyecto previo del PA. Zoido, como abogado defensor del rascacielos y propagandista de las ‘Setas’, ha acabado convirtiéndose en el padre putativo (no se escandalicen: consulten el Diccionario de la Academia) de los iconos de Monteseirín.

El canon

El arquitecto Francisco Granero ha acuñado una nueva unidad de medida de los derroches y obras faraónicas de Sevilla: el canon de Santa Catalina. Granero, que es como el médico de cabecera del templo y ha declarado que cabe la posibilidad de que amanezca y se haya derrumbado, destaca que el coste de salvar este centenario monumento nacional sevillano es de 3 millones de euros, “un fleco de un modificado de cualquier obra de cierto nivel de las que se han hecho en Sevilla”, y que la factura de las ‘Setas’ de Monteseirín equivale a treinta y tantas restauraciones de esta iglesia. Aplicando el canon de Granero, los 29 millones que ha sacado Zoido para hacerle la SE-35 a Ikea equivalen a casi diez restauraciones de Santa Catalina. Y con el dinero de la torre Cajasol se habría podido arreglar el templo de cabo a rabo cada año durante más de un siglo. Si se hubieran convertido sus presupuestos al canon de Santa Catalina antes de ejecutarlas, probablemente  por vergüenza nos habríamos ahorrado obras como el Metropol y el paseo marítimo de Islantilla en la Alameda.

Las ‘Setas’ no resucitan la Encarnación

La Semana Santa ha confirmado la tendencia iniciada durante la Navidad en el Metropol Parasol: contrariamente al triunfalista discurso de Monteseirín durante el acto inaugural (27 de marzo de 2011) de lo que calificó como ‘hito arquitectónico’, la “sevillanía rancia” (sic) se ha impuesto a la “Sevilla del siglo XXI” y ha asaltado con sus tradiciones este presunto icono de la modernidad.
Si en Navidad la plaza fue un trasunto de la calle del Infierno, con sus tiovivos, dromedarios, ponies, tenderetes y gitanas ofreciendo  romero, en esta Semana Santa los turistas que instintivamente acudían a guarecerse de la lluvia bajo las ‘Setas’,  en vano por las oquedades de la cubierta, han visto en la plaza elevada otra muestra de la Sevilla clásica abominada por Monteseirín: seis tenderetes de lona (uno de ellos triple) albergando churrerías, chocolaterías, freidurías, heladerías, cervecerías, chucherías y montaditos.

SIN KIOSCOS DE CRISTAL

Nada que ver con aquellos kioscos de cristal y de diseño ultramoderno que iban a insuflar vida a este complejo de 140 millones de euros destinado, según el exalcalde, a resucitar la Encarnación y su deteriorado entorno.
El zoco navideño, las churrerías por Semana Santa, las botellonas similares a las del Salvador (hay vídeos grabados por los vecinos), los corros hasta altas horas de la madrugada y los turistas mochileros con el torso desnudo al menor rayo de sol han dado la razón a Monteseirín pero en el sentido contrario a sus deseos cuando profetizó que el Metropol sería “uno de los lugares más sevillanos de Sevilla”. “Estoy seguro –afirmó- de que harán este espacio suyo, igual que hay gente que cree que la Avenida peatonal o la Alameda siempre estuvieron así”.
Así ha estado el icono este primer año, cumplido en vísperas de la Semana Santa, con una imagen muy alejada de la publicitada por el exalcalde,  que en sus ensoñaciones aventuró que Sevilla lo exportaría al resto del mundo: “Las ciudades se disputan ya los diseños (de Jürgen Mayer, al que calificó de “macareno de Berlín”), cuyo estilo evoca el barroco sevillano”.

EL CUENTO DE LA LECHERA

Queda por ver si se ha cumplido el objetivo económico invocado por Monteseirín para justificar el gasto de 140 millones de euros. En la ceremonia del 27-3-2011, dijo: “Inauguramos hoy un magnífico espacio en el centro histórico de Sevilla que abre las puertas al progreso económico y al desarrollo de un sector de la ciudad que estaba en franca decadencia. Este proyecto, concebido en época de bonanza económica y concluido en una de crisis, es una excelente herramienta para la creación de actividad económica y empleo. Los beneficios económicos que el Metropol Parasol va a traer a la ciudad superarán en un solo año la inversión acometida”.
Esos beneficios para la Encarnación y su entorno sólo en este primer año deberían haber sido, según el entonces delegado de Urbanismo, Manuel Rey, de 369 millones de euros (61.396 millones de pesetas), cifra cinco veces superior a lo que costó construir Isla Mágica.
Si hubiera entrado este río de dinero (más de un millón de euros/día) gracias al Metropol lo lógico sería que no hubiera hoy un solo metro cuadrado de local comercial vacío, ni edificios en ruinas o abandonados en derredor.

ALREDEDORES

Basta con darse un paseo para comprobar cómo la realidad no refleja las previsiones de Monteseirín. Accediendo por Imagen a la calle lateral Este colindante con el Parasol se puede observar el hotel Ducal, de 51 habitaciones, que cerró a los ocho meses de inauguradas las ‘Setas’  por falta de clientes. ¿No es acaso este cerrojazo el símbolo del mayor fracaso de la operación urbanística? Monteseirín la ‘vendió’ como el eje del proyecto ‘Cardo’ para crear un nuevo itinerario turístico hacia la Encarnación y captar así el flujo de turistas del Alcázar, el Archivo de Indias y la Catedral-Giralda, para lo cual también se incluyó la visita a las ‘Setas’ y el ‘Antiquarium’ en la entrada al palacio almohade.  El nuevo emporio turístico que iba a ser el Metropol ha sido incapaz de garantizar la supervivencia del único hotel existente junto al mismo, cerrado por falta de turistas.
Al lado del hotel, otro inmueble cerrado, el Nº 17, en venta por BNP Paribas. Por el Norte, al inicio de Regina, de ocho locales comerciales existentes en la parte izquierda, seis están cerrados, al igual que dos edificios vecinos, ya con el síndrome de la piqueta. Y a lo largo de la calle, hasta la embocadura de Feria hay al menos otros cinco locales abandonados.

INTERIOR

Veamos por dentro del Metropol. De los 38 placeros que se trasladaron al mercado, tres han echado ya el cierre y sólo quedan 35 (un 8% menos en sólo un año). Los locales exteriores sí registran una buena ocupación, sobre todo con bares de copas, cervecerías, heladerías y similares, si bien hasta el punto de convertir en espacio comercial el que en el proyecto básico figuraba como una calle de conexión con el mercado. Los locales del pasillo interior siguen vacíos, con la única excepción de una empresa de telefonía en ciernes.
Monteseirín se ufanó de que hasta que él decidió levantar el Metropol, la Encarnación era “un nido de ratas, un parking de coches y un estacionamiento de autobuses”. Un año después, el parking de coches ha vuelto, los autobuses también (aunque aún no aparcan, todo se andará) y las ratas tienen un foco de atracción en los pestilentes restos del mercado (el mal olor se extiende por la zona cercana a la calle José Gestoso) del ángulo Noroeste y que a mediodía del Lunes Santo (sin huelga a la vista) aún estaban por recoger.

El Zoco

Las ‘Setas’ iban a ser, al bilbaíno modo, un Guggenheim y se han quedado reducidas al zoco que de toda la vida fueron el mercado de la Encarnación, Regina y calles adyacentes. Monteseirín prometió que este icono de la modernidad no sólo iba a democratizar el panorama de los tejados, sino que también iba a atraer un público de alto ‘standing’ y negocios acordes con su poder adquisitivo. Al final, los marcheneros restaurantes de cinco tenedores se han convertido en una barra de bar récord Guinness, por esos 50 metros para el tapeo con vistas a los tendederos de ropa en las azoteas; y las tiendas de lujo, en un mercadillo de bisutería remedo del Portobello londinense, con el añadido de los poneys dando vueltas a los niños como en un trasunto de la calle del Infierno, los vendedores de globos, los manteros exhibiendo su mercancía  y los desfiles de bandas de cornetas y tambores. Monteseirín dijo que con el tiempo Sevilla haría suyas las ‘Setas’; lo que nunca podía sospechar era que se apoderaría de su obra la que él, despreciativamente, llamaba la Sevilla rancia.

¿Gratis?

En los minutos de la basura de su último mandato, Monteseirín firmó una resolución por la que ordenaba a Sacyr que otorgara a los sevillanos en las ‘setas’ de la Encarnación el mismo trato de privilegio que otrora daban en Aviaco a la Maleni: ‘gratis total’. La orden era un mero paripé, porque previamente el ya (ex) había pactado con la constructora el abono de una subvención de 180.000 euros anuales en compensación por el dinero que dejaría de percibir por la visita de los nativos al mirador, a un promedio de 15.000 euros mensuales. De momento Sacyr le ha enviado a Zoido una primera factura que duplica las previsiones: 30.000 euros sólo por el mes de mayo. Los sevillanos, tanto los partidarios como los objetores del Parasol, están pagando con sus impuestos el supuesto ‘gratis total’ de Monteseirín, su moderna versión del ‘panem et circenses’. La única diferencia del (ex) con Roma es que sustituyó el pan por las setas, porque el circo (chabolistas de Los Bermejales, facturas falsas de la Macarena, falsos prejubilados de Mercasevilla, etc…) ya lo ponía él.

 

Quince años de vacas flacas

Celis, exdelegado de Urbanismo, ha declarado a El MUNDO, entre otras cosas, lo siguiente:

 

1) “Las setas no se han pagado con impuestos de los ciudadanos, sino por los empresarios del ladrillo, que cuando se aprobó el PGOU (2006) pusieron algo más de 200 millones de euros en base a los aprovechamientos que tenían para hacer viviendas”.

 

 

Celis trata de hacer creer a los sevillanos que el dinero empleado en las ‘setas’ no ha salido de la caja común  y por lo tanto no han supuesto un despilfarro. Su tesis se sustenta en un par de sofismas, como el de que los empresarios no son también ciudadanos y que su aportación dineraria parezca voluntaria y desinteresada  en vez de venir impuesta por el Plan General y las leyes urbanísticas.

 

El exdelegado ha aclarado una cuestión esencial: que los promotores inmobiliarios entregaron más de 200 millones de euros. Y es que en la última etapa de Monteseirín, a medida que crecía el escándalo por el sobrecoste de las ‘setas’, el Consistorio rebajaba a 172 millones el dinero de la denominada ‘hucha del PGOU’, cuando otrora se habló de una recaudación de entre 230 y 240 millones como fruto de la firma de entre 55 y 70 convenios urbanísticos.

 

Por tanto, atendiendo a Celis, hay entre 28 y 68 millones de euros ‘desaparecidos’ en el triángulo de las Bermudas municipal, razón más que suficiente para realizar la auditoría anunciada por Zoido y de la que nada se sabe.

 

 

2) “Ese dinero estaba tipificado por ley en qué cosas se podía gastar, que era en grandes infraestructuras. El destino que se ha dado a esos fondos responde a lo estipulado, si no estaríamos hablando de que habría sido ilegal”.

 

 

El PGOU, que debe atenerse a la legalidad, dice con su farragoso lenguaje tecnocrático que el dinero de los convenios firmados con los ‘empresarios del ladrillo’ se destinará “a la ejecución de (atención) los nuevos sistemas generales de la ciudad y, de forma preferente, al establecimiento del sistema general de espacios libres, el viario y desvíos de encauzamiento de la red hídrica, financiando así parte de las actuaciones atribuidas al Municipio de conformidad con la programación y Estudio Económico Financiero del nuevo Plan”.

Está taxativamente claro: dinero para las carreteras, viales, aceras, zonas verdes, equipamientos, canalizaciones y demás dotaciones necesarias para construir los nuevos barrios previstos en el PGOU durante los próximos 15 años, no para las ‘setas’ de la Encarnación, el ‘paseo marítimo’ de la Alameda, la Plaza de España, los carriles-bici…. en la Sevilla consolidada y/o en el Centro como escaparate de la ‘grandeur’ de Monteseirín.

 

 

3) “No podemos construir una carretera (en alusión a la SE-35) que vaya de ningún sitio a ninguna parte”.

 

 

Curiosamente, Celis aplica a la SE-35 el dicho popular sobre el tranvía de Monteseirín y obvia  todos los argumentos a favor de esa vía de comunicación dados en su día por el propio Ayuntamiento como vía clave para descongestionar el saturado tráfico de la ciudad y eje articulador de nuevos desarrollos urbanísticos previstos en el PGOU. Y si no se podía construir la carretera, ¿por qué se gastaron 1,4 millones de euros en diseñarla? ¿No es acaso otra muestra más de despilfarro del dinero?

 

 

4) “No se pueden tener 200 millones de euros parados en una cuenta corriente esperando tiempos mejores”.

 

 

Pero a los empresarios les decía todo lo contrario, les mentía, como ha vuelto a recordar el presidente de Gaesco, Miguel Rus: “Cada vez que pedíamos un desglose de los fondos se nos decía que el dinero estaba a buen recaudo en una cuenta corriente”.

 

Si, según Zapatero, España merecía un Gobierno que no mintiera a sus ciudadanos, ¿qué decir en Sevilla del Ayuntamiento de Monteseirín, Marchena y Celis, que no sólo mintió sobre los dineros del PGOU sino que también ocultó a los sevillanos los informes sobre los problemas técnicos de las ‘setas’, para cuya construcción se han desviado 65 millones de euros aportados por los promotores inmobiliarios para la expansión de la ciudad?

 

 

5) “Se ha acordado mediante un compromiso por escrito, que queda fijado para el futuro que una vez que los empresarios vayan desarrollando esos suelos, el Ayuntamiento, de sus recursos propios, invertirá en la infraestructura necesaria para ello”.

 

 

Celis calla que ante la amenaza de los empresarios de querellarse contra Monteseirín por estafa tras el desvío del dinero, el Consistorio tuvo que firmarles un documento en el que reconocía implícitamente la irregularidad de su actuación y se comprometía a no pedirles ni un euro más y a asumir el coste de las infraestructuras futuras. Por tanto, serán los sevillanos quienes con sus impuestos tapen el ‘agujero’ dejado por Monteseirín.

 

El último sofisma de Celis es decir que una vez que los empresarios desarrollen los suelos, el Ayuntamiento invertirá en la infraestructura necesaria. ¡Si es justamente al revés! Hasta que no se hayan desarrollado los sistemas generales no se puede autorizar ningún desarrollo urbanístico nuevo.

¿Y con qué dinero, si Monteseirín se lo ha pulido todo? Según los datos logrados por el colega Carlos Mármol, de los 172 ó 240 millones de euros del PGOU, sólo quedan 1,5 millones.

 

Sevilla tenía repleta la ‘hucha’ del PGOU para impulsar la construcción (VPO, por ejemplo) y crear empleo en esta hora de crisis, pero en vez de imitar a la hormiga de la fábula, el alcalde-‘cigarra’ Monteseirín  ha dejado vacía la hucha y condenado a la ciudad a quince años de ‘vacas flacas’.

 

 

 

Broche final

Cuentan las crónicas que el autohomenaje que  Marchena le organizó en lo alto de las ‘setas’ a Monteseirín junto con los últimos de Filipinas (desde el delfín Celis hasta el hombre grande, que no al revés, Fran Fernández) del Régimen demolido por los sevillanos el 22-M  se inició y acabó como el rosario de la aurora. El valido expulsó con cajas destempladas a la prensa que quería democratizar las vistas del ágape en el mausoleo alfrediano y la entrega del regalo de recuerdo (¿sería acaso el teletipo de Europa Press enmarcado?), y uno de la claque del (ex)  lió una bronca con los indignados del 15-M que derivó en heridas a un camarero y forzó la intervención de los antidisturbios. Todo un numerito. Y mientras los miembros de su club de fans político daban la cara por él, o trataban de partírsela los desafectos del Régimen, el muy heroico e ‘invictus’ exalcalde hizo la jugada de baloncesto que siempre ha hecho a lo largo de su vida cada vez que olía a chamusquina: meterse en las ‘setas’ por la puerta de atrás. Osea, la misma por la que ha salido del Ayuntamiento.

 

El mausoleo

Una de las señas de identidad de este ruedo ibérico llamado España son las guerras del callejero. Si hubiera que escribir una leyenda en la correspondiente pared para reflejar el cambio de nombre de calles, plazas y avenidas a cada nuevo régimen político triunfante, no habría espacio suficiente. En línea con nuestra tradición, apenas 48 horas después del triunfo de Zoido el primer debate ciudadano suscitado ha sido el de si habría que mantener o no a Pilar Bardem en el callejero, por nascencia, que no querencia sevillana. Y todavía no se ha ido el (sin) alcalde saliente y ya un querido colega plantea para cuándo van a rotular una esquina con su nombre, tal como se hizo con Uruñuela y Del Valle y se supone se hará con Rojas Marcos y Soledad Becerril. De todos los regidores que en la Democracia han sido, Alfredo es quien menos necesita verse reflejado en una lápida sobre un muro. Sería demasiado poco para alguien cuyo nombre irá por siempre asociado a todo un mausoleo faraónico, al que sus admiradores llaman ‘la catedral sin paredes’: las setas de la Encarnación.

 

Setas versus Expo 92

Monteseirín  pronunció  durante la  ‘inauguración’ de las inacabadas setas un discurso articulado en torno a cuatro mensajes, según estas frases:

1) “Hoy terminamos muchas cosas: los parasoles, las pasarelas, la impresionante cripta arqueológica….. pero, sobre todo, terminamos con el sino de la Encarnación, con 30 años de indolencia y de frustraciones….y una demostración palmaria de incapacidad política”.

Así tachó de incapaces a los alcaldes anteriores, los mismos que no osaron hipotecar la ciudad con un gasto de 140.821.266 euros, y se puso a sí mismo como el mejor alcalde de la Democracia.

2) “Según los análisis de los expertos, los beneficios económicos que Metropol va a traer a la ciudad superarán, en sólo un año, la inversión acometida, en turismo, comercio, hostelería, imagen y proyección exterior”.

Ese aserto, por demostrar, equivale a atribuir a las setas la mitad del movimiento económico que genera  la Semana Santa por todos los conceptos (240 millones de euros).

3) “Sólo decirles (a los críticos) que no tengan miedo a cambiar, porque es cuestión de tiempo que Metropol Parasol sea cantado como uno de los símbolos seculares de la Sevilla eterna, como hoy es la Plaza de España”.

plaza mayorMonteseirín volvió a presentarse no como el alcalde de todos, sino como el permanente instigador de una división entre dos Sevilla, la supuestamente rancia por conservadora y la pretendidamente moderna por progresista, y como paladín de esta última. Pero en su, para él, momento de gloria, le traiciona el inconsciente y en vez de presentar su icono como una ruptura con la tradición, exhibe su deseo de que sea asumido por esa  denostada Sevilla eterna y equiparado a uno de sus símbolos, la Plaza de España (¿?).

4) “Tengo la sensación, que creo compartida, de que esta tarde, en la Encarnación, estamos teniendo el privilegio de asistir a la inauguración de la Sevilla del siglo XXI”.

Monteseirín comete el mayor pecado de soberbia al omitir que Sevilla entra en el siglo XXI con la Expo 92. ¿Acaso no ha sido  ése el motivo esgrimido por él mismo para dar el nombre  de Felipe González  a la biblioteca que en Torneo mira a la Cartuja, sede de la Exposición?

La Muestra dotó a la ciudad de unas infraestructuras y equipamientos (desde la  fibra óptica y el estreno de la telefonía móvil hasta el AVE) sin parangón en aquel entonces, una ventaja que no supo aprovechar.

FRENTE A FRENTE

La comparación entre el Parasol loado por Monteseirín como un canto a sí mismo y algunas magnitudes de la Expo  son esclarecedoras.

obras.jpg000Monteseirín ha tardado en construir –y aún están inconclusas, no se olvide- las setas tanto tiempo (6 años) como se tardó en levantar  los pabellones de los 108 países participantes en la Expo, de las 17 comunidades autónomas, de las 23 organizaciones internacionales y los temáticos, amén de los 471 kilómetros del AVE a Madrid, los 90 kilómetros de la autovía a Huelva, la ampliación del aeropuerto, el levantamiento del tapón de Chapina, los ocho nuevos puentes, las nuevas rondas, todos los hoteles de nueva planta, etcétera..

Si en vez de construir las setas, Monteseirín hubiera tenido que hacer la Expo y todo lo demás, ¿cuánto tiempo habría necesitado?

Con los 140.821.266 euros que oficiosamente  ha costado el proyecto de la Encarnación, la Expo habría tenido  dinero para estas opciones, a elegir:

-Dos puentes como el del Alamillo (la parte de Calatrava costó 60 millones de euros) más el Reina Sofía (costó 18,6 millones).

-Dos puentes como el del Quinto Centenario (57 millones), más el de Chapina o Cristo de la Expiración (11,5 millones) y también casi el de las Delicias (15 millones de euros).

alamillo-Toda la red ferroviaria del 92: la estación de Santa Justa (60 millones), la variante Norte a Huelva, ésa que ha permitido ahora implantar el Cercanías al Aljarafe (18 millones), el tramo Santa Justa-La Salud (24 millone), la estación de ordenación de Majarabique (9,7 millones), la estación de mercancías de La Negrilla (8,3 millones), el centro de tratamiento técnico de Santa Justa (7,9 millones) y actuaciones varias (7,2 millones). Y aún habrían sobrado 3,7 millones.

-La ampliación del aeropuerto (costó 91,8 millones de euros) y casi toda la autovía Sevilla-Huelva (60 millones).

-Todas las rondas de circunvalación: la Este (7,3 millones), la Sureste (25 millones),  la Suroeste (83 millones), la Oeste (20 millones) y hasta la Ronda Urbana Norte (7,8 millones de euros).

PRETEXTOS DISTINTOS

¿Para qué seguir? Esta muestra es suficiente para comprender que cualquiera de estos lotes de obras con que se preparó Sevilla para la Expo y con un coste similar al de las setas  han tenido un efecto dinamizador para su economía, o mejorado la vida de los sevillanos, de forma mucho más importante de lo que ‘a priori’ pueda tener el Metropol.

La Expo, como sostenían Felipe González y Alfonso Guerra, fue un gran pretexto para modernizar Sevilla y Andalucía y para que superaran el retraso secular que sufrían en materia de infraestructuras.

Por el contrario, en la Encarnación el mercado provisional de abastos, condenado a desaparecer a medio plazo conforme al pliego de condiciones impuesto por Sacyr a los comerciantes (sus gastos se han quintuplicado desde su traslado) con la connivencia municipal, ha sido el pretexto para erigir en la peor crisis económica de la historia reciente de Sevilla un costosísimo icono arquitectónico sin más función que la de perpetuar la huella de Monteseirín como‘faraón del siglo XXI’.