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‘Boom’ sin empleo

Ni con el récord turístico de este verano ni con el nuevo centro comercial en la Cartuja se ha creado empleo en Sevilla

El sector Servicios pierde puestos de trabajo pese a los 2.000 creados en los 60 locales al pie del rascacielos

 

El verano, al contrario de lo ocurrido en el conjunto de España, ha supuesto para Sevilla (meses de julio y agosto) un nuevo incremento turístico (+ 3,6%), con más de medio millón de visitantes que se alojaron en establecimientos reglados (hoteles y apartamentos)  y que hicieron 1.048.350 pernoctaciones. La estadística, como es obvio, no refleja el número de turistas que prefirieron quedarse en pisos turísticos no registrados oficialmente. La estancia media ha sido de 2,08 días, con lo que se superó esa cifra que recuerdo se ponía como meta en el sector hace más de  un cuarto de siglo, tras la celebración de la Exposición Universal de 1992.

La diferencia fundamental es que esa marca se ha conseguido con mucho mayor número de establecimientos que entonces, prácticamente el doble, ya que ahora mismo, y todavía sin materializarse los numerosos proyectos hoteleros anunciados en los últimos meses, tenemos en la ciudad 210 hoteles de todas las categorías, con un total de 21.378 plazas de alojamiento. A esta oferta hay que unir 1.286 apartamentos registrados como turísticos, que añaden 4.635 plazas más. En total, 26.013 plazas, cuya ocupación media en el mes de agosto ha sido del 70,28%.

 

TEMPORADA BAJA

 

Hay que volver a hacer un ejercicio de memoria para recordar los cercanos tiempos en que julio y agosto eran considerados los meses de la temporada baja en Sevilla debido a las elevadas temperaturas estivales y en los que los hoteleros se daban con un canto en los dientes si lograban una tasa de ocupación en torno al 50%. Con tener la mitad del hotel ocupado en los meses del calor ya estaban más que satisfechos.

Sin embargo, de unos años a esta parte, el verano y el calor no han sido óbice para frenar la afluencia de turistas a Sevilla, quizás porque el cambio climático está elevando las temperaturas en todas partes y nuestros visitantes ya están descontando ese efecto en lo que a nuestra ciudad se refiere.

El ‘boom’ turístico del verano se ha reflejado en todos los indicadores: más de dos millones de pasajeros han pasado por el aeropuerto de San Pablo (un espectacular crecimiento de casi el 26% en comparación con el mismo periodo del año anterior); 1.391.124 visitantes por  la catedral (+6,64%) y 1.268.075 por el Real Alcázar (+6,89%).

La previsión es acabar el año con al menos 2,5 millones de turistas. Si con estas cifras el centro aparece repleto de gente en muchas ocasiones, cabe imaginar cómo estará de colapsada una pequeña ciudad como Venecia, con sus limitaciones geográficas, la cual recibe más de 30 millones, razón de la denominada “turismofobia” que allí ha surgido, al igual que en otras urbes europeas.

Recuérdese que el gobierno de Espadas habló de encargar un estudio sobre el impacto del turismo en Sevilla y nuestra capacidad real de acogida de turistas, aunque de momento sigue sin saberse nada al respecto.

 

CENTRO COMERCIAL

 

Apenas instalados oficialmente en el otoño, aunque climatológicamente hemos seguido en el verano hasta ahora por las altas temperaturas, a finales de septiembre se inauguró el complejo comercial situado a los pies del rascacielos de la isla de la Cartuja, originalmente conocido como torre Pelli, por el apellido del arquitecto argentino que lo diseñó..

Aunque los sevillanos se dejan arrastrar fácilmente por cualquier novedad, los datos difundidos sobre la afluencia al centro comercial allende el puente del Cristo de la Expiración son auténticamente espectaculares: 61.000 personas acudieron allí el día de su inauguración (una cantidad equivalente prácticamente a la undécima parte de toda la población de Sevilla capital) y más de 350.000 en la primera semana de funcionamiento, lo que significa una media de 50.000 visitantes diarios.

Si se mantuviera este ritmo, el balance anual sería de 18.250.000 personas, cuando los cálculos iniciales daban una estimación de 8 millones.

Con motivo de la apertura se ofrecieron algunas cifras sobre el rascacielos y su centro comercial, cuyo coste conjunto total para Caixabank, la entidad propietaria tras la absorción de la sevillana Cajasol, ha ascendido a 320 millones de euros.

 

En los edificios Podio, sitos al pie de la torre, se han instalado 60 tiendas de todo tipo, incluidos locales de restauración, que dan empleo a más de 2.000 personas.

 

BALANCE NEGATIVO

 

Con un verano de récord turístico y con un nuevo centro comercial con tales niveles de contratación y de tiendas como la irlandesa Primark, que actúa de locomotora de todo el complejo, habría sido de esperar un estupendo mes de septiembre para el empleo en Sevilla capital. Sin embargo, no ha sido así: el paro volvió a subir, al pasarse de 70.484 desempleados en agosto a 70.732, con un balance de 248 desocupados más y la confirmación de que desde el estallido de la crisis económica en el año 2008 el paro todavía no ha descendido en nuestra ciudad en septiembre, situación que se prolonga ya un decenio.

 

Podría pensarse que ha subido el paro en el resto de sectores económicos, pero no en el de los Servicios, donde se engloban la hostelería, los hoteles y el comercio, actividades “a priori” más beneficiadas por el ‘boom’ turístico y por la inauguración del nuevo complejo comercial en la isla de la Cartuja, con esos 2.000 nuevos empleos en sus 60 tiendas.

 

Pues tampoco. Si en agosto había 50.727 parados en el sector Servicios, en septiembre ya eran 50.862, es decir 125 más, la mitad prácticamente del total de nuevos parados del mes pasado.

 

La conclusión es inquietante: si ni siquiera con la coincidencia de un ‘boom’ turístico y la inauguración de un gran complejo comercial se crea empleo neto en Sevilla en el balance del mes, entonces se demuestra una vez más que nuestro actual modelo económico carece de suficiente fuerza para mantener una mayor tasa de ocupación y que es necesaria una mayor diversificación apostando por otros sectores, pero en lontananza no se divisa alternativa alguna que haga concebir esperanzas de cambio.

La posverdad de Zoido

El ministro, detractor inicial de la Torre Sevilla, se presenta ahora como su paladín

Fue él quien escribió a la Junta y al Gobierno sobre la indemnización por la anulación de la licencia

 

Juan Ignacio Zoido ya no sabe qué hacer con tal de prolongar sus habituales estancias de fin de semana en Sevilla, al igual que en su tiempo hacía Javier Arenas cuando estaba en el Gobierno de la nación. El pasado lunes presidió y protagonizó el acto de inauguración de unas oficinas de la empresa Deloitte en el rascacielos de la Cartuja, rebautizado oficialmente como Torre Sevilla y que popularmente sigue siendo conocida como Torre Pelli por el nombre del arquitecto argentino que diseña casi siempre la misma pero con algunas variantes, de ahí que se pudiera intercambiar perfectamente con la Torre Iberdrola, de Bilbao, y no se notaría en demasía la diferencia.

Parafraseando el título de la película de Fernando Colomo, hay que preguntar qué hacía todo un ministro del Interior en un sitio como ése, ya que Deloitte es una consultora con cinco ramas de actividad (consultoría, fiscalidad, asesoría jurídica, asesoría financiera y auditoría) y ninguna de las mismas está vinculada a la seguridad o el orden público, por lo que ese acto de carácter privado habría correspondido en todo caso y en un ejercicio de licencia política al ministro de Economía, al de Hacienda o en último extremo al de Justicia, pero no a Zoido.

Sin embargo, ya es conocida en nuestros lares la propensión del ex alcalde a cortar todo tipo de cintas inaugurales y a aparecer allí donde se le reclame, sea conveniente o inconveniente para su imagen y su cargo, habida cuenta su natural inclinación a decir sí a todos para tratar de no quedar mal con nadie, aun a riesgo de ser él quien quede de forma inapropiada para sí mismo.

CAMBIAR EL PASADO

Aprovechando que el Guadalquivir pasaba por Sevilla y al pie mismo del rascacielos, Zoido hizo con la torre un ejercicio de ese neologismo declarado como palabra del año por el Diccionario de Oxford pero aún no reconocido por el de nuestra Academia de la Lengua: un ejercicio de “posverdad” o, como lo calificó Espadas, de reescritura de la historia.

Frente a los hechos objetivos recogidos en las hemerotecas de que el hoy ministro fue un detractor de la Torre Pelli (hoy Torre Sevilla) y de que incluso se mostró partidario de pararla cuando tan sólo se habían levantado unas cuantas plantas de la misma en caso de que llegara, como llegó, a la Alcaldía, Zoido ha retorcido ahora el pasado para presentarse como un converso e incluso un paladín del rascacielos, al margen de cualquier “pecado original”.

En su parlamento en el acto de Deloitte, Zoido afirmó que “hubo un momento en que tuve que decidir, porque había quien decía que la Torre Sevilla había que tirarla”. El ministro habla de terceras personas, como si no hubiera sido él mismo quien cuando se hallaba en la oposición y/o en su campaña hacia la Alcaldía no se hubiera alineado con quienes eran partidarios de tumbar el rascacielos por entonces aún en ciernes con tal él de arañar votos donde fuera para erigirse en el sucesor de Monteseirín en la Casa Grande.

Añadió Zoido que él acudió a San Petersburgo “a pelear con uñas y dientes y con argumentos sólidos la permanencia de los monumentos del casco histórico como Patrimonio de la Humanidad y también que la Torre Sevilla fuera una auténtica realidad, puesta al servicio del crecimiento y la seguridad jurídica que supone invertir en Sevilla; y -aseveró- lo logramos”.

ECONOMÍA

¿Al servicio del crecimiento económico? Pero si hace siete años declaró en un foro periodístico lo siguiente sobre la torre: “Me parece un proyecto que, hoy por hoy, no tiene viabilidad económica”.

Y ya que Zoido estuvo en las oficinas de Deloitte, es el momento de recordar el estudio que en marzo del año 2009 hizo esta consultora para Cajasol, la promotora inicial del rascacielos, sobre el impacto económico que iba a tener el inmueble, un auténtico cuento de la lechera: con su construcción -decía- se iban a crear más de 4.000 empleos en Sevilla; en su primer año de funcionamiento (se cumple ahora en febrero) iba a generar más de 561 millones de euros (es decir, casi tanto como toda la Feria de Abril) y 11.327 puestos de trabajo; en el segundo año, 795 millones de euros y 16.106 empleos, y en el noveno año, 1.351 millones de euros (dos veces la Feria) y 27.910 empleos.

Habrá que preguntarse en qué se basó Deloitte para hacer tal ejercicio de economía-ficción.

 

SEGURIDAD JURÍDICA

La tercera línea argumental de Zoido en su reescritura de su posición sobre la torre ha sido la de erigirse en el valedor de la seguridad jurídica, con estas palabras: “las Administraciones tienen que ser salvaguarda de la seguridad jurídica para generar confianza en los inversores. Yo he procurado guiarme cada vez que he ocupado un puesto por el sentido común, la razón y la ley…. Mi obligación era salvaguardar la legislación vigente y los legítimos intereses de unos promotores que habían confiado en una legislación y que en base a las licencias legalmente concedidas habían iniciado su proyecto. Habría sido una irresponsabilidad -añadió- si paraba la obra, que reunía todos los permisos, como si no hubiera impedido que Sevilla perdiera la condición de Patrimonio de la Humanidad”.

¡Pero si Zoido puso en duda antes de acceder a la Alcaldía la validez de la licencia urbanística otorgada por Monteseirín a la torre! Item más, tan sólo tres meses después de ser elegido alcalde envió sendas cartas a los entonces presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, y la ministra de Cultura, Angeles González Sinde, para plantearles quién tendría que asumir las indemnizaciones en caso de que la licencia de obras del rascacielos se revisara o se anulara.

¿Y quién, sino él como alcalde, planteaba la posibilidad de la revisión o anulación, esa que seis años después ha negado en las oficinas de Deloitte?

 

PRECEDENTES

Por más que Zoido haya acuñado su posverdad sobre la torre y cambiado de discurso, las actuaciones de sus predecesores al frente de la Alcaldía demuestran que en Sevilla ha sido posible paralizar grandes proyectos urbanísticos por razones políticas, independientemente de las jurídicas.

Rojas Marcos frenó la denominada torre cilíndrica, proyectada por Pérez Escolano en la Plaza de Armas, aunque para ello tuvo que compensar a los promotores con mayor edificabilidad en la construcción de un hotel en la Buhaira.

Monteseirín liquidó el proyecto de sede administrativa para el Ayuntamiento que en el Prado de San Sebastián diseñó Rafael Moneo cuando Soledad Becerril era alcaldesa, pese a que la constructora Dragados le amenazó con pedir una indemnización multimillonaria en los tribunales, del mismo modo que amenazaban con hacer los promotores de la hoy Torre Sevilla.

Zoido, con sus 20 concejales y su mayoría absolutísima, no tuvo la misma determinación que Rojas Marcos y Monteseirín pese a haber militado en las filas de los detractores del rascacielos de la Cartuja, y ahora quiere pasar por su gran paladín.

Como en el soneto de Miguel de Cervantes, y en tantas ocasiones durante su mandato como alcalde, en el caso de la Torre Sevilla, antes Pelli, Zoido “miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.