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Amnesia

A José Luis Rodríguez Zapatero le empieza a pasar con el ‘Estatut’ de Autonomía de Cataluña lo mismo que a Alejandro Rojas Marcos con el estadio pseudo Olímpico de la Cartuja: todos los partidos votaron en el Ayuntamiento de Sevilla y en la Diputación Provincial a favor del faraónico proyecto, pero a la hora de presentar ante la opinión pública la escandalosa factura, equivalente a la de las Setas, le cargaron el mochuelo exclusivamente a él. Susana Díaz, en plan lanzada al moro muerto, ha despotricado en su puesta de largo en Madrid (en presencia de una amplia claque juntera, expresamente desplazada en AVE y con hotel incluido a la capital del Reino para arropar a la presidenta) contra el ‘error Zapatero’ con el Estatut catalán. Ha recibido loas generales de una clase política que olvida que cuando ella era diputada nacional del PSOE votó dos veces en las Cortes Generales a favor del texto avalado por el ya expresidente, de quien se proclamaba heredera política pero del que ha renegado antes de que el gallo cantara tres veces al alba. Desmemoria histórica.

La servilleta de Zoido

Zoido anunció en su discurso de investidura como nuevo alcalde que procurará moderar gradualmente la presión fiscal que sufren los sevillanos porque, a su juicio, la aplicada hasta ahora supera la media de la vigente en las grandes ciudades españolas  sin que ello redunde en unos servicios de excelencia en la capital de Andalucía. De ahí deriva su obsesión por que las Delegaciones Municipales den una respuesta rápida y eficaz a las demandas cívicas, a fin de cumplir su objetivo de que “Sevilla funcione”.

Inmediatamente, el líder de la Oposición, el socialista Espadas, rechazó la idea de Zoido y la calificó como “la cuadratura del círculo”. En su opinión, el recorte presupuestario no cuadra con la necesidad de obtener ingresos que, ahora más que nunca, tienen los ayuntamientos por causa de la crisis económica.

Sin  embargo, la cuadratura del círculo es posible, tal como se demuestra en una servilleta expuesta en una vitrina del ‘Brookings Institution’ de Washington. La historia de la servilleta, o más bien la servilleta que ha pasado a la historia de la Economía, tiene su origen en una cena celebrada en el restaurante ‘Two continents’ de la capital federal norteamericana en los años 70 del pasado siglo.

A la mesa se sentaron, entre otros, el economista Arthur Betz Laffer; el periodista Jude Wonninski, del ‘Wall Street Journal’, que luego daría fe del suceso, y Dick Cheney, entonces jefe de Gabinete del presidente Gerald Ford y posteriormente vicepresidente con George Bush.

Laffer, profesor de la Universidad de Los Angeles, había inspirado en California la denominada ‘Proposición 13’, consistente en una rebaja del impuesto sobre el patrimonio, y en esa cena discutía con Cheney sobre la presión fiscal, como ahora discuten Zoido y Espadas a través de los medios de comunicación.

En un momento dado, el profesor sacó un bolígrafo del bolsillo para tratar de explicarse mejor y, no teniendo papel a mano sobre el que escribir, agarró una servilleta sobre la que trazó lo que ha pasado a la posteridad como ‘la curva de Laffer’.

El docente angelino dibujó una ‘U’ invertida: un diagrama en el que colocó el tipo de impuesto en el eje de las abscisas y la recaudación fiscal en el de las ordenadas. Para no extendernos en detalles, diremos de forma resumida que, según su teoría, si los impuestos suben de forma continua (en la hipótesis extrema podrían gravar el 100% de la renta) llegará el momento en que los contribuyentes dejen de pagar, porque les será más rentable el fraude o dedicarse a la holganza que invertir o trabajar para que al final se lo lleve todo Hacienda.

La famosa servilleta

Por el contrario, si la presión fiscal baja a partir de un nivel muy elevado, como reacción aumentarán la inversión, el consumo, el empleo y la renta disponible de los ciudadanos y, por ende, la Administración recaudará más dinero al haber mayor actividad económica.

Laffer pretendía demostrar con su ya famosa curva en la servilleta que no por subir la presión fiscal necesariamente se recauda más dinero, y viceversa: no por bajar los impuestos se recauda menos.

El problema, empero, es que la curva no es una fórmula exacta, porque hay que averiguar de forma empírica cuál es el momento en el que se logra la máxima recaudación posible y si la economía se encuentra en un lado o en el otro de la ‘U’ invertida. En caso de errar en la apreciación, una bajada de impuestos sí puede implicar  un descenso en la recaudación en vez de al contrario.

 

DE REAGAN A ISLANDIA

 

La aplicación de la teoría de Laffer ha tenido efectos dispares. Reagan fue uno de sus más entusiastas seguidores y decretó una rebaja general de impuestos en EEUU, pero como en paralelo multiplicó los gastos militares (la llamada ‘guerra de las galaxias’) para presionar a la Unión Soviética, el déficit público se le disparó. En su segundo mandato rectificó, moderó los gastos y obtuvo un cierto éxito.

Antes de la actual crisis financiera y de sentar en el banquillo de los acusados a su ex primer ministro por no haber sabido evitar el ‘crash’ de la banca, Islandia se apuntó también a la curva de Laffer. Entre 1991 y 2001 el tipo impositivo islandés fue reduciéndose gradualmente del 45% al 18% y la Hacienda del país nórdico, en vez de recaudar menos acabó triplicando sus ingresos.

El tiempo y la experiencia acumulada han enseñado que para que la curva de Laffer que a su manera y con sus palbras  trata de aplicar Zoido tenga éxito es condición ‘sine qua non’ contener el gasto público en paralelo a la reducción de la presión fiscal.

El anuncio de Zoido es estimulante porque obligaría al Ayuntamiento a aplicarse a sí mismo una variante de la clásica definición económica: sus necesidades de gasto no pueden crecer de forma infinita a partir de los limitados recursos económicos de los ciudadanos, y menos justamente en una época de crisis como la actual, al peor de la historia reciente. Para Zoido, lo más fácil sería seguir el camino trillado de incrementar la presión fiscal con el pretexto de que Monteseirín le ha dejado las arcas vacías, pero está optando por la senda más difícil, algo ya digno de encomio.

Y extraña que Espadas critique a Zoido por moverse entre la curva de Laffer y la cuadratura del círculo, porque al fin y al cabo el líder de su partido y presidente del Gobierno, Zapatero, ya proclamó en el año 2003 que “bajar los impuestos es de izquierdas”.

Al final, Zoido hasta le va a arrebatar también esa bandera al PSOE.

 

 

 

Espadas y el techo de Zoido

A menos de tres meses ya de las municipales (22 de mayo), el ambiente preelectoral se caldea aún más con las encuestas. En la última semana se han divulgado las de Cepes-Andalucía, Gesta y Commentia. Las dos primeras, de alcance regional, aunque para las autonómicas quede aún un año; la tercera, sobre Sevilla capital.

Juan Ignacio Zoido

Juan Ignacio Zoido

Los tres sondeos auguran la victoria del PP. En dos casos, por mayoría absoluta, y en otro, rozándola. Son ya, pues, una docena de sondeos  los que desde hace un año reflejan una tendencia cada vez más acentuada a un vuelco político en Andalucía y Sevilla que, de producirse finalmente, tendría una dimensión histórica.

Algún observador político que ha escrutado el sondeo de Cepes ha destacado un dato que ha pasado inadvertido pero de vital importancia: el PP ganaría también ahora al PSOE unos comicios en la provincia de Sevilla.

Por su parte, Commentia augura que, también por primera vez, el PP con Zoido al frente obtendría la mayoría absoluta (17 concejales) en Sevilla capital.

INTERPRETACIÓN INVERSA

La reacción del alcaldable socialista, Juan Espadas, ante el sondeo es insóilita, ya que interpreta lo contrario de lo que muestran los datos: “El PP, tanto en España como en Andalucía  y Sevilla –ha dicho- ha tocado techo, porque aunque tiene una masa de votantes perfectamente definida, ese electorado no le permite lograr una mayoría absoluta que le deje gobernar. En el PSOE estamos acostumbrados a trabajar en otros escenarios”.

Esos otros escenarios a los que alude son las coaliciones –primero, con el PA; luego, con IU-, que han permitido al PSOE hacerse con la Alcaldía, pero al coste de entregar a sus socios, con autonomía plena, importantes parcelas de poder y del presupuesto.

Espadas no quiere enterarse de que a la luz del sondeo da igual que aluda a una nueva coalición con IU, porque el PP obtendría ahora mismo la mayoría absoluta. Y según expertos en demoscopia, Zoido aún no ha tocado techo: en función del grado de participación podría lograr 18 e incluso 19 concejales.

VOTO VERGONZANTE

Parafraseando a Javier Cercas, recién conmemorado  el XXX aniversario del 23-F, un sondeo no es más que la anatomía de un instante, de ahí que Zoido no deba lanzar todavía las campanas al vuelo. Y es que Commentia desvela la existencia de un voto vergonzante socialista en Sevilla. ¡Quién lo habría dicho hace tan sólo unos años! Antes, los simpatizantes de la Derecha se avergonzaban de revelar sus inclinaciones políticas. Ahora, las tornas han cambiado y por los antiefectos Zapatero y Monteseirín  un 23% de quienes otrora votaban al PSOE están deshojando la margarita de la duda:  votar, no votar o cambiar su sufragio.

Si a ellos se les une otro 20% de indecisos, resulta que esta foto instantánea que son los sondeos a menos de tres meses del 22-M no ha captado aún nítidamente a casi la mitad de los electores. Por esta circunstancia, basta con que en el último minuto un significativo porcentaje de ellos decidan votar incluso con la nariz tapada para hacer trizas la imagen que hoy proyectan las encuestas.

Hechas estas salvedades, habría que estar ciego sin embargo para ignorar que desde hace 14 meses los sondeos dibujan constantemente la victoria del PP.

EN CLAVE DE PACTO

Este hipotético triunfo ya está asumido en el inconsciente del alcaldable socialista desde hace tiempo, por más que Espadas proclame que su lista, que lleva por delante sus fichajes ‘galácticos’ como independientes, va a ser el revulsivo que los indecisos y los simpatizantes avergonzados necesitaban para salir de su atonía.

Espadas y Torrijos

Espadas y Torrijos

A su alusión de que el PSOE contempla otros escenarios que no son su propia mayoría absoluta ni la del PP, hay que unir la polémica que mantuvo con Torrijos acerca de que nunca le entregaría la Delegación de Economía, en un intento de distanciamiento y de congraciarse con los empresarios,  máxime tras la declaración del titular de la Delegación como persona ‘non grata’ por la hostelería a raíz de participar  en un piquete durante la huelga general. Expresarse en tales términos denota por parte de Espadas la interiorización de la necesidad de un pacto postelectoral con Torrijos como consecuencia, obviamente, de una victoria de Zoido o una casi improbable mayoría relativa socialista.

EL TIEMPO VUELA

Zoido, por su parte, también ha proyectado inconscientemente que no confía en la mayoría absoluta, pues en tal caso no se hubiera empeñado en el debate a tres en  Giralda Tv en que Espadas y Torrijos se comprometieran a respetar la lista más votada y no pactar entre ellos. Olvidaba Zoido que Becerril y Rojas Marcos pactaron en su día contra la lista más votada de Yáñez para arrebatarle la Alcaldía.

Tras veinte años de gobiernos de coalición de casi todos los colores en la ciudad, Zoido se ha impuesto cautela, pues ya sufrió una amarga experiencia en las últimas elecciones pese a haber sido el ganador.

Ahora bien, quien no puede permitirse el lujo de ser cauteloso, sino osado en pos de la victoria es Espadas. La herencia de Monteseirín es un lastre difícilmente olvidable, y ahí están las ‘setas’ para recordarlo de forma permanente; su lista con independientes en puestos de privilegio puede tener un efecto ‘boomerang’ desmovilizador entre las bases y simpatizantes del PSOE en los barrios; es el candidato más desconocido; los sondeos están en su contra y sólo le quedan 84 días para revertir la situación.

Espadas dice que ésta es una carrera de larga distancia y que él es “un corredor de fondo”. Todavía no se ha percatado de que, en su caso y máxime  por haber salido el último, es una carrera contra el reloj.

El ‘puente’ de Alfredo

Zapatero, al igual que en Brasil, ha vuelto a dejar en evidencia al (sin) alcalde de Sevilla, que pese a la que está cayendo en España se larga de ‘puente’ a Argentina a costa del contribuyente con una coartada de película y, de paso, huye de la ola de frío polar y del temporal, porque allí es verano austral y hace calorcito. Vamos, que Alfredo hasta puede poner en la maleta el traje de baño y la toalla de playa, mientras que aquí 70.000 sevillanos en paro tiritan de frío y para llegar a fin de mes. En contraste, ZP ha cancelado su viaje oficial a la Cumbre Iberoamericana de Argentina, para quedarse y abordar las nuevas medidas ante la delicada situación económica del país. Si Humphrey Bogart dijo en ‘Casablanca’ aquello de “siempre nos quedará París”, ZP también podría decir que siempre le queda Monteseirín para que viaje al extranjero en su lugar y proclame lo mismo que cuando fue de gañote al Mundial de Suráfrica: “He venido en representación de quienes no han podido hacerlo por la crisis”. A alcalde que huye, Río de la Plata. No llores por él, Sevilla.

La escapada

Cada 52 días, un viaje al extranjero en el peor año de la crisis. Ese es el promedio del (sin) alcalde, émulo del capitán Tan en sus periplos a lo largo y ancho de este mundo. Ahora se ha empotrado en una expedición a Argentina organizada por la Cámara de Comercio para que los productores audiovisuales acudan a un encuentro de cine. De cine se lo monta el (sin) para largarse de la Sevilla de los 70.000 parados. ¿No le ordenó el PSOE un apagón informativo? Pues si Viera y Susana no quieren caldo, que tomen dos tazas. Ya van siete escapadas al extranjero en este curso, con cualquier motivo, porque el (sin) es tan jaranero que toca todos los palos. Lo mismo aterriza en Río, por más que a ZP le diera corte por aquello de la crisis, que en Suráfrica por el Mundial de fútbol o en Turquía la de las tuberías (de Marchena) por el Mundobásquet. El caso es viajar a costa del contribuyente, aunque en Buenos Aires cante para disimular el ‘No llores por mí, Argentina’: “Debéis creerme,/ mis lujos son sólo un disfraz,/ un juego burgués nada más/, las reglas del ceremonial”.

Trampas

Apenas concluido el mitin con ZP en las Delicias, donde en vez de distanciarse de  Monteseirín acabó presentándose como continuador del alfredismo, Espadas anunció  que propondría a Zoido y a Torrijos una campaña “limpia”, en la que todos respetasen las reglas del juego. ¿Será cínico? Apeló a la limpieza el día en que Rosa Aguilar utilizó con total descaro su cargo de consejera para poner la Junta de Andalucía a su servicio y prepararle un encuentro con los vecinos de Alcosa, a fin de que parezca que el Metro va a tener parada  allí gracias al candidato socialista. Y más que el jefe de Personal de la Diputación lo traslade en su coche pese a no tener carnet (de conducir, que seguro que el otro sí lo tiene), me escandaliza ver cómo el delegado de Urbanismo y el gerente de Lipasam le hacen de teloneros en su precampaña por el Polígono en vez de dedicar su tiempo a aquello por lo que cobran: Sevilla. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Mucho invocar el juego limpio, pero el primero que hace trampas es Espadas. El ‘fair play’ empieza por uno mismo.

Único

Llegó, vio y perdió. Me refiero al (sin) alcalde, que llegó a Turquía de gañote con Marset y con la coartada de que su amigo Erdogan, el del zapato, le iba a enseñar cómo se organiza un Mundobásquet; vio el decisivo partido de España contra Serbia y resultó ser  gafe, porque el base balcánico enchufó un triple estratosférico a falta de tres segundos que dejó K.O. a la ‘Roja’. Monteseirín es como el brandy, además de por añejo pese a que se las da de muy ‘modelno’, por ser el único que es único. Sí, porque el (sin) ha sido el único alcalde de todas las ciudades sede del próximo campeonato que se ha ido cinco días a Turquía, mientras que los demás declinaron la invitación o delegaron en segundos o terceros niveles porque tenían cosas mucho más importantes que hacer en estos tiempos de crisis y convulsión. Pero el (sin), como ya es un cero a la izquierda para su partido y está más tutelado que Zapatero por la Merkel, demuestra con sus excursiones que Sevilla está sin alcalde desde hace mucho tiempo. A él le da igual. ‘Carpe diem’. Que le quiten lo viajao.

¿Y Espadas?

Si ahora algún partido –por ejemplo el PSOE, tan aficionado a ellas, según Blanco y Zapatero- hiciera una encuesta en Sevilla y preguntara por el nombre de los precandidatos socialistas a la Alcaldía de Madrid (Trinidad Jiménez y Tomás Gómez) y del precandidato a la de  Sevilla, Juan Espadas, ¿a quién creen que citarían más los encuestados por su mayor grado de conocimiento? Estamos en septiembre y faltan tan sólo nueve meses para las municipales, el periodo de un embarazo para un parto político que puede ser feliz o infeliz, un plazo inferior al año con que contó Zoido tras su anterior elección como candidato por el PP y Espadas sigue manteniendo el mismo bajo perfil público que antes del verano, como si el PSOE y él fueran sobrados de tiempo. Mientras en Madrid, por seguir con el símil, la feminista Trinidad Jiménez se ha dejado ver hasta en los partidos del Getafe para chupar cámara, Juan Espadas sigue camuflado entre la multitud, como en el acertijo de ‘¿Dónde está Wally?’. Sí, ¿dónde está Espadas? A Juan se le espera, pero por ahora sigue sin estar.

Zapaterazo

A raíz de la aprobación de la reforma laboral de Zapatero, que está adelantando a Aznar por la derecha sin que nadie dentro del vehículo del PSOE diga ni ‘mú’ sobre el cambio de la doctrina socialista por el que asintió a aquello del “no nos falles” (con a) y la pérdida de la ‘O’ de ‘Obrero’ en las siglas , hemos podido leer en el periódico este titular: ‘Despido barato con sólo prever pérdidas’. Para mí que Zapatero está aplicando ya el Decretazo en política, pues no en vano se quiere cargar al candidato socialista en Madrid, Tomás Gómez, en previsión de la mayor pérdida posible para un partido: la derrota en las urnas Extrapolando el Zapaterazo a Sevilla, el Decreto pone en manos de Viera y de Griñán el mejor instrumento posible para cepillarse de una vez por todas a Monteseirín de la Alcaldía, pues su continuidad en el cargo para organizarse viajes exóticos con Marchena & Cía. a Turquía, Brasil y Suráfrica y sus dispendios en las setas y a costa del PGOU es previsión garantizada de las mayores pérdidas de votos para el PSOE en la próxima cita electoral.

Anti marca

Los sociólogos coinciden en que la Selección es el mejor embajador de España como marca-país y de sus empresas, para las que su triunfo ha supuesto una impagable campaña de marketing. ‘Sensu contrario’, ¿qué valor para Sevilla como marca-ciudad y para el PSOE como marca-partido tiene  el viaje de Monteseirín en un vuelo de 3.000 euros y tras utilizar su cargo para presionar al CSD a fin de que le regalara 4 entradas de 800 euros cada una para él y sus amiguetes? ¿Qué valor que no sea negativo tiene para el PSOE que Monteseirín, al contrario que Zapatero, haya abandonado tres días la ciudad con más de 70.000 parados para hacer de Alfredo ‘el del bombo’ junto al valido del autobombo? ¿Acaso cree Griñán  que los sevillanos no toman nota de cómo el (sin) alcalde y su valido se pasan la crisis por el arco del triunfo entre viajes y más viajes? Monteseirín volvió no con la camiseta de alguno de los tres jugadores sevillanos -Ramos, Marchena (el bueno, no el otro) o Navas-, sino con la de Villa. Osea, que para colmo le hizo el marketing al ‘Guaje’ y a Asturias.