Respuesta implícita a quienes pregonaron que Tablada no se inundó durante los recientes temporales
El comisario de aguas de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Alejandro Rodríguez González, ha respondido implícitamente a los partidarios de construir en la dehesa de Tablada, los cuales han argumentado que no se inundó durante el reciente tren de borrascas de enero y febrero (2026). Rodríguez González ha destacado, en el curso de unas jornadas técnicas, la importancia de mantener vírgenes las zonas naturales que sirven para la expansión del río Guadalquivir durante sus crecidas.
La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha celebrado el martes 3 marzo (2026) unas jornadas técnicas para analizar su actuación durante las borrascas que afectaron a la cuenca entre el 28 de enero y el 7 de febrero de 2026.
Durante el encuentro, al que han acudido unas 200 personas, se han presentado los informes más recientes elaborados por el organismo. Desvelan que la comparación de los mapas de inundabilidad de la CHG con las imágenes captadas por el satélite Copernicus en los días del episodio demuestra una coincidencia muy elevada entre la extensión real de las inundaciones y las zonas previstas en los mapas de peligrosidad.
Desde la entidad se subraya la importancia de que las administraciones competentes elaboren y actualicen sus planes de emergencia basándose en estas ARPSIs (Áreas con Riesgo Potencial Significativo de Inundación).
Durante su presentación, el comisario de Aguas (Alejandro Rodríguez González), ha indicado que, salvo en Dúdar y Quéntar, dos localidades de Granada donde ha habido un periodo de retorno de 500 años, en el resto de la cuenca se ha vivido un T10 (situación que puede repetirse cada 10 años).
Ha explicado que el análisis de este episodio ha permitido calibrar los modelos existentes, lo que incrementará su fiabilidad de cara a futuros eventos. Las ARPSIs no sólo identifican las zonas inundables, sino que también permiten estimar cuántas personas se verían afectadas en distintos escenarios de crecida y con qué periodicidad podrían repetirse estos episodios.
«Al final de todo esto están los planes de emergencias, y quiero hacer ver que tenemos una precisión muy importante de lo que puede pasar en el caudal del río. Con nuestros modelos se sabe qué personas se van a ver afectadas con un caudal determinado, por lo que es necesario que se anticipen y creen un plan antes de que sucedan los episodios», ha pedido el comisario. De hecho, la mayor parte de las afecciones que se han producido durante los temporales en los 60 municipios afectados han sido en tramos ya considerados como ARPSIs, en concreto 28 tramos.

La antigua dehesa de Tablada, junto al casco urbano de Sevilla

La llanura de inundación fue esencial para Lora del Río durante el tren de borrascas
El comisario de Aguas ha subrayado, además, la importancia de preservar la funcionalidad de las llanuras de inundación, que actúan como zonas naturales de expansión del río y permiten almacenar grandes volúmenes de agua durante las avenidas. Su ocupación o alteración incrementa el riesgo en áreas urbanas y dificulta el funcionamiento natural del sistema fluvial. Así, por ejemplo, en Lora del Río la llanura de inundación llega a almacenar 42 hm3; y en Almodóvar del Río, casi 12 hm3, en un episodio T10.
PICOS DE 800 LITROS POR M2
Por su parte, la directora técnica de la Confederación (Nuria Jiménez Gutiérrez), ha presentado el trabajo realizado por los técnicos de la CHG durante las dos semanas de lluvias extremas. En ese periodo, la precipitación media acumulada alcanzó los 340 l/m², con picos que llegaron a 800 l/m² en algunos puntos de la cuenca.
La experta ha explicado que la anticipación y el seguimiento continuo, en tiempo real, de los caudales en toda la demarcación fueron determinantes durante el episodio. A ello se sumó la gestión precisa de la laminación en las presas, que permitió reducir de forma significativa los efectos del temporal para evitar daños mayores.
«Los grandes embalses, como el del Tranco, el Negratín y Breña han hecho que la situación no sea tan crítica», ha explicado la directora técnica. También ha destacado que la labor de los técnicos de la CHG se centró en contener los desembalses cuando era mayor la crecida aguas abajo, para desembalsar una vez que el momento de crecida había pasado. «La aportación máxima, el 5 de febrero, a los embalses de la cuenca fue de 10.940 m3/seg y el máximo desembalse que se llevó a cabo fue de 3.880 m3/seg y con un retraso de 16 horas. De este modo, el efecto es doble: disminución y retraso en el tiempo», ha relatado Nuria Jiménez.

El pantano de Melonares, desembalsando agua
El tren de borrascas ha supuesto un aumento del volumen embalsado de 3.800 a 6.500 hm³, ha dejado los embalses del Guadalquivir en un 81% de su capacidad y una experiencia que conlleva un aprendizaje de cara el futuro. De este modo, con las primeras alertas de la AEMET «se comenzó a calcular la cantidad de agua que podía llegar a entrar en la cuenca, para tomar de forma rápida las primeras decisiones.
Se hizo el análisis con el caudal estimado, la precipitación máxima prevista y el volumen de escorrentía», ha relatado la responsable. A partir de ahí el trabajo de los técnicos se centró en el análisis que minuto a minuto hacía el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), con el fin de ‘milimetrar’ los desembalses y coordinarse con emergencias y administraciones autonómicas y locales.
«El conocimiento de los datos fue clave; en algunos casos se perdieron puntos de control por las crecidas, pero en menos de 24 horas teníamos otro instalado», ha indicado Nuria Jiménez. En total, la CHG cuenta con 439 puntos de control y 3.400 sensores, gracias a los cuales la entidad pudo, además de realizar su gestión de laminación, avisar de la situaciones de mayor riesgo a los servicios de emergencias con 217 boletines compartidos durante los días de lluvias y el aviso sobre 25 embalses relevantes.
«Ha sido buenísima la colaboración con Protección Civil, la AEMET y la Junta de Andalucía», ha indicado Jiménez. Una gestión en una situación extrema que, según concluyen ambos expertos, ha servido para evitar daños mayores y para anticipar planes de acción de cara a futuros episodios similares.
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