Una semana después de que el dedo ‘divino’ de Mariano Rajoy designara al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla como nuevo presidente del PP(A) en sustitución de Juan Ignacio Zoido y en detrimento del lugarteniente de éste y alcalde de Tomares, José Luis Sanz, la dupla sevillana que ha
gobernado el PP andaluz durante el interregno tras la dimisión de Javier Arenas aún se lame las heridas de un fiasco que, por ende, acaba con su vitola de triunfadores que como un aura les acompañaba desde las pasadas elecciones municipales.
Al igual que en la época de la guerra fría entre EE UU y la URSS surgió en Occidente la figura de los kremlinólogos, especie de adivinos políticos que mediante el análisis de señales casi imperceptibles trataban de discernir qué ocurría y podía ocurrir tras los muros en los que se parapetaba el líder soviético, en los medios periodísticos cabe hablar de los ‘marianólogos’, presuntos expertos en descifrar el sentido de las decisiones adoptadas o pendientes de adoptar por el presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, porque es lugar común que nunca se sabe si el político gallego sube o baja la escalera.
CASTIGO DE RAJOY
Un sector de los ‘marianólogos’ estima, tras las señales de humo emitidas desde la sede de los populares en la calle Génova de Madrid, que la designación de Moreno Bonilla ‘en contra de’ Sanz, el protegido de Zoido, no obedece tanto a los cortocircuitos de Arenas a las maniobras de Cospedal como a un castigo de Rajoy a Zoido por el hecho de habérsele negado a seguir siendo el referente andaluz del PP y, por tanto, el rival de Susana Díaz en las próximas elecciones autonómicas.
Si Rajoy confió casi hasta el final en convencer a Zoido para que éste cambiara de opinión y por éso no apuntó con el dedo a Moreno Bonilla hasta en la víspera del día ‘D’ y volando ya camino de Turquía, o si Zoido no supo interpretar el hieratismo del líder máximo y sus dos frenos a la operación de encumbramiento de Sanz como su sucesor, el caso es que el alcalde de Tomares ha acabado siendo la víctima de la batalla política librada en el seno del partido, a cuenta del nombramiento para Andalucía, entre partidarios y rivales del dúo Cospedal/Arenas para que no se impusiera la persona apoyada por el otro clan o facción.
Cuando el aún secretario general de los populares andaluces quiso reaccionar tras la sorpresiva decisión de Rajoy a favor de Moreno Bonilla, ya era demasiado tarde e incluso políticamente suicida, pese a que por el silencio del PP de Sevilla y la tibieza de Zoido al hablar de la posibilidad de que otros candidatos “se ofrecieran voluntarios” se colegía que el alcalde aljarafeño sopesaba los apoyos que podría tener en el partido para lanzar su candidatura, habida cuenta de que había reunido sin problemas los 90 avales exigidos como un mero trámite en lo que en principio parecía su carrera triunfal hacia el liderazgo de la formación en Andalucía.
CONFINADO EN TOMARES
Pero mientras Sanz sopesaba, se multiplicaba el eco mediático del nombramiento de Moreno Bonilla, éste se expresaba sin la menor duda como el candidato oficial de Rajoy y del partido y en cascada se iban produciendo adhesiones públicas que dejaban aún más en evidencia la soledad de
Sanz y el silencio del PP de Sevilla. En horas veinticuatro, como en aquellos dramas de Lope de Vega concebidos desde las musas para el teatro, José Luis Sanz pasaba de ser el número dos y número uno ‘in pectore’ del PP en Andalucía a la condición de ‘outsider’ en su propia formación. Ni los desesperados intentos de Cospedal por convencerlo, para no aparecer aún más desautorizada tras la apuesta política de Rajoy, lograron que sanz diera finalmente un paso al frente. Habría sido suicida enfrentarse a Rajoy y a un partido de tradición y obediencia presidencialistas, por lo que tiró la toalla antes que subir al ring.
Moreno Bonilla, en un gesto magnánimo del vencedor, le ha ofrecido que forme parte de la nueva Ejecutiva como señal de integración o que elija algún puesto a su gusto dentro de los que tiene a su alcance el PP, pero lo más probable es que José Luis Sanz opte por apartarse para no hacer sombra al nuevo líder en Andalucía y se quede como está: confinado en la Alcaldía de Tomares, cargo desde el que debe afrontar el problema de los tres ediles que tiene imputados judicialmente, y en el ‘cementerio de los elefantes’ del Senado. Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida y el de Sanz ha pasado por delante sin que haya podido subirse a bordo.
ROL EQUIVOCADO
Si para algunos ‘marianólogos’ el nombramiento del malagueño Moreno Bonilla ha significado un castigo de Rajoy a Zoido, con Sanz de víctima colateral, por haberle dicho ‘no’ al reto de enfrentarse a Susana Díaz en las próximas elecciones autonómicas, más castigo habría sido aún para Zoido mantenerse en un rol equivocado, como se ha puesto de manifiesto en los casi dos años en que ha estado nominalmente al frente del PP andaluz y desatendiendo en paralelo el Ayuntamiento de Sevilla, para el que fue elegido en las urnas.
Aunque el alcalde siempre ha sostenido que debe ser diputado en el Parlamento de Andalucía para defender en ese foro los intereses de la ciudad de Sevilla, el jueves pasado, primer día de Pleno en las Cinco Llagas tras el terremoto interno en el PP (A), hizo rabona y se fue de viaje particular. Antepuso la devoción familiar a la obligación política. Al margen de comprobar si en su grupo parlamentario tienen arrestos para imponerle algún tipo de sanción, su voluntaria ausencia sirvió para que los cronistas parlamentarios ratificaran la impresión que tenían desde hacía ya bastante tiempo: el portavoz parlamentario, el motrileño Carlos Rojas, daba mucho mejor la réplica que Zoido, el aún líder oficial, a Susana Díaz en todos los sentidos.
Una de las constataciones más difíciles de asumir por un político y por cualquier persona es la de las limitaciones propias. En este sentido, aunque hay quienes opinan todo lo contrario, Zoido ha sabido comprender, por más que le molestara a Rajoy, que no estaba capacitado para dar la batalla política regional ni en el Parlamento como líder de la oposición -primero ante Griñán y luego ante Susana Díaz-, ni en el partido para dirigir la estrategia general ni la vida interna de la formación, que claramente ha perdido el impulso y la moral de victoria que acumulaba tras sus tres triunfos consecutivos en las elecciones municipales, generales y autonómicas (sólo el pacto postelectoral PSOE-IU le privó de gobernar en Andalucía) bajo el mando de Javier Arenas.
FIN DEL NÚCLEO DURO
Su retirada en este sentido es un acierto y puede que lo sea más en función de la ejecutoria de Moreno Bonilla, ya que no es lo mismo el rol de acumular todas las tareas de líder regional que el de
permanecer de diputado raso (sería lo más probable) para intervenir sólo en los temas que afecten a Sevilla. Pero como toda moneda tiene su anverso y su reverso, el nombramiento de Moreno Bonilla en lugar de su lugarteniente José Luis Sanz se proyecta ante la opinión pública como su fracaso personal y político, por cuanto ha quedado en evidencia su incapacidad para pilotar su propia sucesión, su pérdida de influencia ante Rajoy y en el partido, el menor peso específico del alcalde de Sevilla en cuanto capital de Andalucía y la pérdida de poder del PP de Sevilla dentro del PP regional, ya que el núcleo duro pasa de la dupla sevillana formada por Zoido y Sanz al PP de Málaga con Moreno Bonilla al frente.
La vocación de un político no puede ser otra que la conquista del Poder a todos los niveles. Cuando Zoido decidió renunciar a dar la batalla por conquistar el Poder de la Junta de Andalucía desde el poder que ostentaba como líder del PP regional, desde ese mismo momento dejó de ser útil para su propio partido y abrió el proceso que ha desembocado en el orillamiento de todo lo representado por él, con Sanz como máximo exponente. Es, pues, también un tiempo nuevo en el PP con Moreno Bonilla como antes lo fue en el PSOE con Susana Díaz.
IMAGEN DE FRACASO
Zoido ha quedado liberado de dirigir el PP de Andalucía, pero queda marcado por su incapacidad para articular su propia sucesión y prolongar vicariamente su proyecto, si es lo que lo había, a través de su ahijado político, José Luis Sanz. Pudo ganar externamente en las urnas las elecciones municipales, pero ha perdido internamente las elecciones en su propio partido. Voluntariamente su campo de acción queda constreñido a la ciudad de Sevilla, cuando podría haber tenido hasta una
proyección nacional, pero la política, como el fútbol cada domingo, da una nueva oportunidad con cada cita en las urnas, que a la postre es donde se forjan y mantienen los liderazgos.
Ahora se enfrenta al reto de revalidar la Alcaldía con tan sólo 15 meses de plazo hasta las elecciones municipales, en una ciudad con 90.000 parados, sin grandes proyectos que rentabilizar ni tiempo suficiente ya para que se materialice cualquier gran iniciativa que pudiera surgir.
En este escenario, lo más probable es que Zoido se aplique aún más la receta cuya fórmula mejor sabe hacer y que ya le ha dado resultado anteriormente: populismo y marketing político; recuperar la parka y recorrerse los barrios para estrechar las manos de los vecinos e interesarse por sus pequeñas historias y por la resolución de sus problemas cercanos, amén de incrementar su presencia en todo tipo de actos sociales con proyección mediática.
En resumen, más calle y más canapé.
Pues ha ocurrido justamente al revés. El Ayuntamiento se sentó a negociar con los huelguistas el mismo día o al siguiente de la mayor quema de contenedores registrada durante la huelga, que se produjo el 4 de febrero, con 64 destruidos por el fuego, pese a que la estrategia del Consistorio durante la primera semana fue la de establecer una vinculación directa entre los actos vandálicos y los huelguistas de Lipasam, sin aportar prueba alguna al respecto. Un gobierno presidido por un juez hacía tabla rasa con la presunción de inocencia y se amparaba en el ‘vandalismo bajo sospecha’, como en su día Monteseirín con el urbanismo. A estas alturas, todavía el Ayuntamiento no ha podido mostrar a ningún miembro de Lipasam sorprendido quemando mobiliario urbano, independientemente de que en todo conflicto siempre hay elementos incontrolados.
De tanto hablar interesadamente de contenedores quemados para así tener un pretexto ante la opinión pública para justificar la inhibición municipal pudo crearse el caldo de cultivo idóneo para que los vándalos habituales se sintieran impelidos a multiplicar sus ataques al mobiliario urbano, ya que desde el Ayuntamiento se estaba desviando la atención hacia los huelguistas de Lipasam.
La huelga estalla porque el Ayuntamiento pretende que la mayor parte de ese ahorro se produzca acabando con las 1.250 contrataciones de los 466 eventuales inscritos en la Bolsa de trabajo de la compañía, gran parte de ellos vinculados a UGT, para lo cual era condición ‘sine qua non’ que la plantilla, en vez de prolongar la jornada laboral hasta completar las 37,5 horas/semana, trabajara durante Semana Santa, Feria y Navidad, una pretensión rechazada por el comité.
1) Porque los huelguistas, no contentos con las concesiones municipales, acabaron de dinamitar su ya deteriorada imagen ante los sevillanos al rechazar el “interesante acuerdo que satisface nuestras reivindicaciones” -en palabras del presidente del comité de empresa- en la primera y vociferante asamblea en que a mano alzada acordaron seguir la huelga “hasta el final”. En ese mismo momento se difuminó la posible imagen de intransigencia de Zoido por haberse negado a negociar durante ocho días y quienes quedaron retratados como intransigentes e insolidarios fueron los trabajadores de Lipasam, los cuales querían doblegar al alcalde y al Ayuntamiento pese a gozar de un convenio colectivo privilegiado -hasta una paga de 1.400 euros por no faltar al trabajo- y de empleo asegurado en una ciudad con 90.000 parados, con miles de familias sometidas a recortes de salarios y/o despidos y con los funcionarios municipales afectados por el Plan de Ajuste y hasta sin paga extra de Navidad. Y para colmo tenían la ciudad atestada con 7.000 toneladas de basura en las calles.
Efectivamente, dos meses antes de las elecciones municipales de 2011, aquéllos acamparon en la Plaza Nueva porque querían un contrato fijo en una empresa municipal en quiebra que trataba de ahorrar gastos por todos los medios, como ahora Lipasam, y Zoido no se alineó precisamente con Monteseirín, sino con los acampados, a pesar de que esas posteriores contrataciones en cuanto llegó al Poder supusieron un incremento de 6 millones en gastos de personal en Tussam, cuyo número de pasajeros ha vuelto a bajar en 2012 pese a las nuevas líneas puestas en servicio para tratar de justificar los contratos a los acampados.
A diferencia con Zoido en aquel entonces, PSOE e IU salen erosionados de la huelga de Lipasam porque los acampados de Tussam no alteraron la vida cotidiana de los sevillanos ni provocaron la suspensión del transporte público en la ciudad, mientras que Espadas y Torrijos cometieron el error de hacerse la foto con los huelguistas de Lipasam y tras sus pancartas, en vez de haberse limitado a recibirlos en el interior del Ayuntamiento en privado para ofrecer su mediación en el conflicto. No aparecieron como neutrales, sino como alineados con una parte de ese conflicto. Así, los sevillanos percibieron que estaban con quienes además de fastidiarles en su vida ordinaria dejando miles de toneladas de basura en las calles se negaban a aceptar cualquier tipo de sacrificio por la crisis, como si ésta no fuera con ellos.