Tablada: el dedo y la Luna

En su recopilación de cuentos zen, Alejandro Jodorowsky recupera el viejo proverbio oriental que dice que cuando el sabio señala la Luna, el necio mira el dedo, pero que el dedo y la Luna pertenecen a dos mundos diferentes.. Me viene a la mente la vieja historia a propósito de la Tablada azul. Ya saben, ese proyecto que dicen bienintencionado –debe de serlo, por estar entre sus padrinos mi viejo amigo Francisco Casero- de inundar la antigua dehesa para convertirla en marisma rociera, cual un Doñana a las puertas de Sevilla. De paso se satisfaría uno de los viejos anhelos de Monteseirín, quien quiso hasta rebautizar con el nombre del Parque Nacional el aeropuerto de San Pablo, aunque doña Sole (Becerril) replicó que ni por encima de su cadáver.

Mientras nuestra imaginación se desborda, nunca mejor dicho, viendo ya los patos, los flamencos, la polla (con perdón) de agua, la focha cornuda (lo siento, pero tal es su denominación; la Naturaleza es así de salvaje) y la cerceta pardilla (¿y si los pardillos fuéramos nosotros?) nadando en el nuevo lago artificial, no reparamos ni en los mosquitos ni en la cara oculta de la Luna: los bloques de pisos que se pretende construir al borde del agua para (se dice) financiar el coste del proyecto y (lo que no se dice) que den el pelotazo los promotores que gastaron miles de millones de pesetas al comprar el suelo a las Cajas aun a sabiendas de que era y es no urbanizable en el PGOU, pero en la confianza de que les caerá una recalificación. Y es que en materia de urbanismo la clase política, salvo Torrijos, siempre tira al monte.

No seamos bobos y no miremos sólo los patitos, que detrás de la Tablada azul hay ladrillos, ladrillos camuflados con plumas de ave. ¿No han tenido ya bastante con los dos millones de pisos que sobran en todo el país que aún quieren más? ¿Es ésta la I+D+i para salir de la crisis? El nuevo modelo económico es ¿más de lo mismo? En el congreso que en la UNIA se celebró sobre los ‘150 años con Darwin’ dijo José Luis Sanz (el catedrático de Paleontología, no el alcalde de Tomares) que las aves son dinosaurios que se especializaron para sobrevivir. Y que “las gallinas y las cigüeñas son dinosaurios tras millones de años de adaptarse a los cambios del medio, como los patos que hay en el río, aquí en Sevilla…. El Guadalquivir está lleno de dinosaurios”.

¿De dinosaurios? No, hombre, no, el Guadalquivir lo que está lleno es de tiburones, de tiburones inmobiliarios.

La Carrera particular

Mientras la crisis sigue galopando implacable hacia los 4,5 millones de parados en todo el país –léase al respecto el último informe de Funcas-, en esta Sevilla nuestra seguimos enfrascados en las mismas cuestiones de siempre: las botellonas, los retrasos en las obras (ahora, también las de Fibes) y si han de ser 6.000 en vez de 7.000 las sillas que se sacrifiquen  en la Carrera oficial para establecer pasillos de seguridad de al menos 1,20 metros. Nada nuevo bajo el sol sevillano, cuando estos asuntos deberían estar resueltos  de oficio, pues no en vano hay una ley antibotellón y normas reguladoras de las medidas de seguridad en los espacios y espectáculos públicos que, obvio es decirlo, no se cumplen.

Ya que sigue el debate sobre las sillas de la Carrera oficial, propongo que se abra otro sobre la Carrera particular. Sí, la que con el beneplácito del Ayuntamiento echan entre sí los hosteleros y hoteleros por ver quién se apropia con sus sillas y veladores de más terreno en nuestras calles. Dice Monteseirín que si peatonaliza tanto es  para convertir Sevilla en la ciudad de las personas. ¿De qué sirve si luego  privatiza espacios públicos y se los quita a los sevillanos?. Los transeúntes cada día tiene menos sitio por donde moverse en el Centro.

¿Han visto el corralito que el Hotel Eme Fusión se ha montado para su uso particular en Alemanes? El nombre al hotelito tan frecuentado por los mandamases municipales le viene que ni pintado, porque se ha fundido la acera, acotada con macetones y todo, y ahora el peatón se ve obligado a pelearse con los coches para no ser atropellado. Y quien se ríe de los pasillos de seguridad es Robles, que como presidente de los hosteleros debería dar ejemplo. Sus veladores en Argote de Molina también expulsan a los viandantes de la acera al tráfico rodado. Y a estos veladores y mesas hay que unir los que tiene en Plaza de San Francisco, Alvarez Quintero, Placentines… Robles, al igual que Fraga durante la Transición, bien puede decir que en el Centro “la calle es mía”.

¿Será Rumanía en vez de Sevilla?

Recordarán que el presidente de Renault España, Jean Pierre Laurent, alertó de que su empresa está construyendo una nueva fábrica de coches en el puerto autónomo de Tánger, al que es muy costoso exportar las cajas de cambio desde la factoría sevillana porque ahora deben dar un rodeo por Canarias y Casablanca. Si esto sigue así, a Renault le saldrá más barato enviar las cajas desde Rumanía, aunque esté mucho más lejos, de ahí que el señor Laurent pidiera que Sevilla se adelantara a los acontecimientos y que sus empresas logísticas crearan una ‘autovía marítima’ hasta Tánger.

Ha pasado el tiempo y en una reciente entrevista le preguntaron a Laurent si ya se había acercado a Renault alguna empresa logística. Su respuesta: “desde Algeciras, sí; desde Sevilla, no”. Aquí nos creemos que somos el nuevo polo aeronáutico de Europa y el nodo entre Oriente y Occidente y seguimos sin percatarnos de que el futuro pasa por convertirnos en la puerta de entrada al norte de Africa.

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