Afirma que en el altar del turismo se sacrifica desde hace 15 años la vida de los barrios
Lo ocurrido en torno a la celebración del evento “Jarana en el Guadalquivir”, organizado por Netflix con motivo de la presentación de su nueva serie ‘Berlín y la dama del armiño’, constituye, a juicio de Sevilla Se Muere, «el epítome de una gestión municipal demencial realizada de espaldas a la ciudadanía, el último episodio de la parquetematización a la que el gobierno municipal, con el alcalde a la cabeza, somete diariamente a la ciudad».
En un comunicado emitido al respecto, la asociación Sevilla Se Muere hace las siguientes consideraciones:
«Nuestros gestores municipales se han entregado a una carrera desaforada por la celebración de eventos como parte de una estrategia irracional que, bajo distintos mantras -“desestacionalización del turismo”, “consolidación de la ciudad como referente internacional”, “fortalecimiento de la marca Sevilla” o, más groseramente, “poner Sevilla en el mapa”-, ha convertido en un fin en sí mismo -la promoción de la actividad turística- lo que sólo debería ser un instrumento -uno más, no el único ni el principal- para mejorar la economía de la ciudad y, con ello, el bienestar y la calidad de vida de los sevillanos en una ciudad marcada por un déficit crónico de dotaciones e infraestructuras, de servicios públicos y por una sangrante desigualdad de la que dan testimonio seis de sus barrios, entre los quince más pobres de la Unión Europea.
Hace demasiado tiempo que asistimos a una completa subversión de prioridades en la gestión municipal como para pensar que es fruto de una ingenua confianza en los beneficios del turismo para sacarnos de nuestra postración secular. Cuando durante los últimos quince años venimos siendo testigos de cómo en el altar del turismo se sacrifican el acceso a una vivienda asequible, la protección del patrimonio histórico y natural, el descanso de los vecinos, las rutas de transporte público y las soluciones de movilidad, la accesibilidad y, en general, la vida de sus barrios, no queda más que concluir que esta acción política no es fruto de la torpeza o de un mal diagnóstico de nuestros gobernantes sino de una estrategia deliberada que subordina las necesidades de la ciudad y de sus habitantes a los intereses de una minoría que ha hecho presa a Sevilla y que la exprime como un limón a mayor gloria de sus cuentas corrientes. Nuestros dirigentes municipales han sido capturados por un lobby a los que ha entregado las llaves de nuestra ciudad y, con ello, nuestras vidas, con la promesa de un maná que no son más que migajas de un banquete al que no estamos invitados.
Entre tanto, la ciudadanía, paciente, calla… y paga. Paga innumerables obras innecesarias reclamadas por el lobby que mueve los hilos de la política municipal; paga horas extras para vigilancia de eventos de una Policía Local cuya plantilla no está dimensionada a las necesidades de una ciudad que vive en un perpetuo show; paga stands en Fitur y viajes y estancias en Madrid de alcalde y concejales durante toda una semana en febrero, todos los años; paga el patrocinio de los Grammy Latinos o las finales de la Copa del Rey; paga la reparación de nuestros monumentos expuestos a la presión de las masas cuando no, directamente, al vandalismo; paga la recogida de bolsas de basura depositadas a destiempo en las esquinas de nuestras calles; paga los dispositivos especiales de limpieza de unos espacios públicos sustraídos a sus habitantes para ser transformados en campo de batalla de borrachos; paga el aislamiento acústico de sus hogares porque la actividad de los veladores, legales e ilegales, no le permite conciliar el sueño; paga, paga y paga.
Todo es poco para garantizar visitantes, pernoctaciones, altos porcentajes de ocupación de una planta de alojamientos turísticos (viviendas, apartamentos, hoteles) que no para de crecer a costa de la reconversión de inmuebles residenciales y de locales comerciales. La ciudadanía paga resignadamente porque ha creído a quienes le decían que esta ciudad no puede aspirar a otra cosa que a ser escenario de las juergas del resto de España y del mundo. Con la misma inocencia con la que creyó al actual alcalde cuando siendo candidato afirmó que en Sevilla no cabía un apartamento turístico más.
Lo ocurrido con el evento “Jarana en el Guadalquivir” ha sido el último y más grosero ejemplo de la malversación la ciudad y de sus recursos operada por nuestros dirigentes municipales. De un día para otro una enorme superficie en la lámina del río entre los puentes de Triana y de San Telmo se ocupó con infraestructuras flotantes, el Muelle de la Sal se acotó y se pobló de vehículos, grandes bultos y una grúa gigante, se levantaron gradas.
Hace apenas cinco días nos fue desvelada la “sorpresa” mediante una publicación en una cuenta institucional del Ayuntamiento, reconvertida en altavoz de una estrategia publicitaria de una empresa privada promotora del evento. Un día más tarde se anunciaron “afecciones” en el tráfico rodado e, incluso, en el acceso peatonal. Y, finalmente, hemos asistido incrédulos a cómo amplios espacios públicos a ambas orillas del Puente de San Telmo han sido clausurados con vallas de obra cubiertas con lona para garantizar la exclusividad de la experiencia a los afortunados y selectos asistentes.

El escenario en el río, visto desde un huevo en la valla en el puente de San Telmo
Por si lo dicho no fuera suficientemente escandaloso, el Ayuntamiento ha permitido a la promotora del evento hacer y deshacer en la configuración del recinto, haciendo completa dejación de sus responsabilidades públicas y contraviniendo las determinaciones de la Ordenanza Reguladora de la Ocupación de los espacios públicos del Conjunto Histórico declarado de la ciudad de Sevilla, de 16 de noviembre de 2007.
Entre otros incumplimientos, se ha afectado el uso de viales con tráfico rodado, en contra de lo dispuesto en el artículo 14 in fine, y sobre todo, no se ha atendido el deber de ordenar los distintos componentes del evento de manera que “[favorezca] de forma prioritaria su percepción desde el exterior, huyendo de soluciones que configuren recintos dispuestos hacia su interior con fachadas traseras ciegas y no tratadas estéticamente, o basadas en recintos cerrados y unitarios (carpas y otras grandes estructuras)”, como prescribe el artículo 16.
En declaraciones públicas y ante la ola de descontento vecinal vertida en las redes sociales, el Sr. Sanz ha salido a “pedir disculpas” por las molestias, al tiempo que ha destacado que este evento es una “promoción impagable” para la ciudad de Sevilla. No, Sr. Sanz, no son meras molestias: la ilegalidad ni es disculpable ni puede ser el precio que se acabe pagando por una promoción turística cuyos efectos, lamentablemente, ya conocemos.
Por otro lado, no queremos dejar de señalar el clamoroso silencio en esta última polémica de Cristina Peláez (VOX), como portavoz del partido que apoya al gobierno municipal, y de Antonio Muñoz (PSOE), como líder del principal partido de la oposición. Su silencio les delata y deja bien a las claras que comparten esta execrable mercantilización de Sevilla.
Desde Sevilla Se Muere exigimos al Ayuntamiento y al alcalde una reflexión rigurosa que conduzca a un cambio de rumbo en la política municipal y que, atendiendo a las necesidades de la mayoría social, se ponga fin a la depredación de lo común en beneficio de poderosos grupos de presión. Asimismo, invitamos a la sociedad civil a sumarse a esta petición».
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