Las Administraciones «venden» que el impacto de algunos eventos en Sevilla equivale a los mil millones que factura Persán, la cual genera 3.000 empleos

Sanz repite el mantra habitual de que el acto de Netflix con Rosalía es una promoción «impagable» para la ciudad

El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha pedido disculpas por los problemas y molestias que puedan generar los cortes de tráfico -«puntuales», ha destacado- que se van a realizar en la ciudad con motivo de la presentación por Netflix de su nueva serie ‘Berlín y la dama del armiño’ y de, en el marco de la misma, la actuación de la cantante Rosalía, razón por la que, entre otros, se ha tapado con una lona la cara del puente de San Telmo que mira al de Triana. La privatización en la práctica del espacio público para esta promoción audiovisual ha reactivado en redes sociales el debate sobre el grado real de interés para Sevilla de su conversión en parque temático como telón de fondo de grandes eventos, un debate que se arrastra desde la Expo-92.

«No tendríamos presupuesto para pagar una campaña de imagen como ésta. Estará disponible en más de 190 países. Se traducirá a 30 idiomas. Fue la serie más vista en el mundo en su semana de estreno, que entró en el top 10 de 91 países, que permaneció siete semanas consecutivas en el top 10 mundial de series de habla no inglesa, que acumuló 348 millones de horas reproducidas y que registró 53 millones de visualizaciones. Existe una proyección internacional sin precedentes. Este ayuntamiento no podría permitirse el lujo de pagar», ha declarado el alcalde.

Según Sanz, estos datos compensan las molestias que se puedan generar durante este fin de semana, para lo cual «se ha puesto en marcha un dispositivo de seguridad, de tráfico, Policía Local, protección civil, bomberos y, por supuesto, un refuerzo importante de Policía Nacional. Abrimos la puerta -ha continuado diciendo- a las producciones culturales de alto nivel internacional, que posicionan a Sevilla como ese gran escenario audiovisual europeo que queremos ser».

El puente de San Telmo se ha vallado para evitar la visión del espectáculo de Netflix

El vallado del puente de San Telmo y la reducción del número de carriles para los usuarios con motivo del acto de Netflix ha sido el detonante de un nuevo debate en redes sociales sobre qué beneficios reales obtiene la ciudad por la privatización del espacio público y la organización de grandes eventos, un modelo económico que mantiene una continuidad desde los tiempos de la Exposición Universal de 1992.

Frente a las críticas de cada vez más amplios sectores ciudadanos, cansados de las molestias que sufren, las Administraciones Públicas, especialmente el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía, pregonan cifras del supuesto impacto económico generado en la ciudad que más que justificarían la acogida de este tipo de acontecimientos, ya sean deportivos, musicales, audiovisuales o de otro género.

En la siguiente tabla se recoge el supuesto impacto económico de algunos grandes eventos acogidos por Sevilla en los últimos años:

En el caso de la Eurocopa 2021, el Gobierno andaluz desglosó la supuesta generación económica de 215 millones de euros en 73 millones de impacto directo y 142 millones de “retorno mediático”.

Para los Latin Grammy 2023, la cifra de más de 300 millones se comparó con una inversión pública cercana a 25 millones, según declaraciones posteriores de la Junta.

El festival Icónica Santalucía Sevilla Fest se ha convertido en el ejemplo más repetido por las instituciones para justificar ocupación del espacio público y grandes despliegues logísticos. Incluso algunos medios lo presentan ya como “el tercer gran evento de la ciudad tras Semana Santa y Feria”.

Un concierto del Icónica Festival en la Plaza de España

La suma de los impactos económicos (1.002 millones de euros) atribuidos por las Administraciones Públicas a los eventos citados anteriormente equivale a la facturación de la empresa sevillana de detergentes Persán en 2025, una empresa que genera más de 3.000 empleos en el conjunto de sus factorías.

Si el Ayuntamiento avala, aunque sea por silencio administrativo, la cifra de 230 millones de euros de impacto económico del Icónica Fest en la Plaza de España, ello equivale a parangonarlo con el 23% de la facturación anual de Persán, pero Persán funciona durante todo el año, exporta no sólo detergentes sino también -por decirlo con el argumentario del alcalde- la imagen de Sevilla, mantiene miles de puestos de trabajo directos e indirectos y paga impuestos a las arcas municipales, mientras que el el festival sólo dura unas semanas. Eso no significa que el Icónica no genere actividad; significa que el supuesto impacto de 230 millones de euros que se proyecta en el imaginario colectivo no equivale a ingresos empresariales reales.

¿Puede un evento de unos días o de unas semanas generar una riqueza para la ciudad comparable a una parte tan importante de una empresa industrial puntera permanente como la del ejemplo, Persán? Más que probablemente no, en términos reales de producción económica tangible.

Las cifras suelen tener una parte real, compuesta por más ocupación hotelera, mayor negocio para la hostelería, más compras en el comercio local…..El problema es que en la cifra estimada de impacto económico se mezcla gasto real, meras proyecciones y, sobre todo, valor publicitario hipotético. Y entonces aparecen titulares sobre cientos de millones de euros que, comparados con empresas reales que producen durante todo el año, resultan difíciles de creer en sentido estricto.

No sólo en Sevilla: esto ocurre en casi todas las ciudades que compiten por atraer grandes eventos, desde Fórmula 1 hasta festivales, congresos o premios musicales.
La cuestión clave es que el llamado “impacto económico” normalmente no equivale a dinero que entra limpio en la ciudad, sino a una suma de estimaciones muy amplias. Ahí es donde aparece la crítica de que muchas veces esas estimaciones funcionan más como herramienta política y de marketing que como contabilidad real.

El punto más controvertido es el de la valoración del impacto mediático. Por ejemplo, si Sevilla aparece en programas o retransmisiones nacionales/ internacionales, si aparecen imágenes de Plaza de España, o si un hashtag se hace viral, se calcula cuánto “habría costado” obtener esa publicidad pagando en concepto de anuncios. Y eso se suma como “retorno económico”. Ahí es donde se lanzan cifras de supuestos cientos de millones de euros.

Escena de la serie Juego de Tronos rodada en el Real Alcázar de Sevilla

Recuérdese en este sentido lo declarado por el alcalde Sanz respecto de la presentación de la serie de Netflix y la actuación de Rosalía: «No tendríamos presupuesto para pagar una campaña de imagen como ésta. Este Ayuntamiento no podría permitirse el lujo de pagar».

Que se diga, por ejemplo, “el evento generó 120 millones en impacto mediático” no implica que Sevilla haya recibido 120 millones de euros. Es un mero cálculo hipotético de publicidad equivalente.

EL IMPACTO NEGATIVO

Según las fuentes consultadas, existen metodologías para valorar los impactos negativos de los eventos. El problema es que rara vez se utilizan en la comunicación pública de los mismos porque producen conclusiones mucho menos espectaculares y mucho más incómodas políticamente. De hecho, en economía urbana y evaluación de políticas públicas hay toda una tradición de análisis llamada coste-beneficio social, externalidades negativas o impact assessment.

Con esa metodología sí se intenta medir lo que gana una ciudad y también lo que pierde. Lo que ocurre es que en los comunicados institucionales y en las declaraciones de los políticos se suele presentar sólo el lado positivo: ocupación hotelera, gasto turístico, proyección internacional, etcétera, y se deja fuera el coste real asumido por vecinos y Administraciones Públicas.

Así, en el caso de Netflix y Rosalía, el alcalde habla del valor de la campaña de imagen que supone la presentación de la serie y la actuación de la cantante, pero no del coste de su afirmación «se ha puesto en marcha un dispositivo de seguridad, de tráfico, Policía Local, protección civil, bomberos y, por supuesto, un refuerzo importante de Policía Nacional».

El escenario montado por Netflix en el río y en el que actuará Rosalía

Algunos aspectos del impacto negativo a los que raramente se hace referencia serían los siguientes:

Coste directo para las Administraciones: Servicios extraordinarios de la Policía Local, Policía Nacional, Protección Civil, Bomberos, limpieza extraordinaria, cortes y señalización de tráfico, montajes y desmontajes de elementos en espacios públicos…..en resumen, si 200 policías están dedicados al evento, no están dedicados a atender a los ciudadanos que pagan sus retribuciones con sus impuestos.

Valor del espacio público ocupado: Cuando una productora ocupa calles, plazas, puentes, riberas o monumentos está utilizando un bien público escaso. Por eso existen tasas municipales. Por ejemplo, el Real Alcázar de Sevilla cobra tarifas por rodajes y eventos audiovisuales. Muchas ciudades cobran por ocupación de vía pública, cierre de calles, uso de mobiliario urbano o limitaciones de tráfico. La pregunta clave sería: ¿Netflix ha pagado el coste íntegro del uso extraordinario del espacio público o bien ha habido bonificaciones, cesiones gratuitas o costes asumidos directa o indirectamente por el Ayuntamiento?

-Coste para los ciudadanos: Por ejemplo, tiempo perdido en atascos, desvíos, retrasos, transporte público alterado. Eso se calcula económicamente usando tiempo medio perdido × salario medio/hora. Pérdida de accesibilidad: vecinos que no pueden aparcar, comerciantes que pierden clientes habituales y dificultad para cruzar ciertas zonas. Ruido y contaminación atmosférica: impacto en salud, pérdida de descanso,
deterioro del bienestar. En algunos países incluso se traduce en coste sanitario estimado.

Hay varios ejemplos de ciudades y países que precisamente rechazaron o se replantearon grandes eventos después de hacer análisis de costes, impactos urbanos y rechazo ciudadano.

La ciudad de Boston era candidata a organizar los Juegos Olímpicos de 2024, pero finalmente retiró la candidatura por oposición ciudadana, miedo a sobrecostes, falta de garantías financieras y dudas sobre el beneficio real. Fue especialmente importante el movimiento ciudadano denominado ‘No Boston Olympics‘.

Los promotores del movimiento anti-Juegos dispusieron de menos de 10.000 dólares, mientras que los partidarios de albergarlos gastaron aproximadamente 15 millones de dólares; sin embargo, el movimiento opositor prevaleció al proporcionar datos y lograr la implicación ciudadana.

Manifestantes pidiendo más viviendas y escuelas en Boston en vez de los Juegos

La experiencia fue recogida en el libro «No Boston Olympics«, considerado un estudio crucial en economía deportiva y una guía para que otras ciudades resistan los riesgos financieros, a menudo subestimados, de albergar megaeventos.

Lo interesante es que en la urbe estadounidense sí hubo un debate público muy técnico en el que participaron economistas, urbanistas, académicos y ciudadanos. Analizaron costes reales, endeudamiento, desplazamiento urbano, presión inmobiliaria y uso del dinero público. La gran pregunta era: “¿Vale la pena alterar la ciudad y asumir riesgos multimillonarios para un evento de unas semanas?”
Y la respuesta política acabó siendo “no”.

La literatura académica sobre megaeventos deportivos y culturales es bastante crítica. Hay estudios que concluyen que los informes previos exageran beneficios, infravaloran costes y no descuentan suficientemente las externalidades negativas. Hay incluso investigaciones que hablan de “déficit estructural de los megaeventos”. Un estudio comparando Olimpiadas y Mundiales (The structural deficit of the Olympics and the World Cup: Comparing costs against revenues over time) encontró que más de 4 de cada 5 eventos acabaron con pérdidas o retornos inferiores a los costes.

¿Ha abandonado del todo Sevilla el denominado «sueño olímpico»?

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