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Los parados también votan

El presidente del Banco de Alimentos de Sevilla, Juan Pedro Alvarez Giménez, ha declarado hace unos días que la demanda de comida en la capital se ha disparado desde principios de año y que su organización registra casi 2.000 personas más mensualmente como demandantes de auxilio alimenticio, con la particularidad de que se está creando otro tipo de pobre: “la persona que nunca había estado en esta situación, que incluso no la había visto cerca y que ahora la está padeciendo”.
Con 90.000 parados en números redondos, muchísimos de ellos de larga duración y sin esperanza de encontrar trabajo a corto plazo, y con miles de familias sin ingreso alguno, estamos en una situación de auténtica emergencia social en que toda ayuda parece poca. Y, sin embargo, el Ayuntamiento parece que no se entera y que da la espalda a los desfavorecidos cuando, con ‘nocturnidad y alevosía’, ha suspendido el bonobús solidario de tapadillo, confiado en que esta decisión impopular no trascendiera a la opinión pública y cometiendo una torpeza tras otra en la gestión del problema.
Y es que, una vez dejado en evidencia por las informaciones de Viva Sevilla, ha añadido a su error político inicial el de haber presentado a los parados beneficiarios del bonobús como unos defraudadores, responsables del 95% de las irregularidades detectadas en los títulos de viaje de Tussam, sin más matizaciones.

ARGUMENTARIO DE ZOIDO

En esta línea argumental insistía Zoido una y otra vez tras estallar la polémica y surgir un clamor en contra de la decisión municipal en los partidos de la oposición, las centrales sindicales y organizaciones de consumidores como Facua. El alcalde, en rueda de prensa, abundó en ese mensaje a la opinión pública de que “han existido grandes irregularidades”, para contradecirse a sí mismo cuando añadió: “No sé cuántos casos de fraude habrá habido”. Pero volvió a la carga: “Habrán sido muchos y de circunstancias muy diversas. Se presupuestó el mismo dinero que en ejercicios anteriores a pesar del aumento del paro porque se creyó que se podría controlar el fraude”. Y más vuelta de tuerca a la misma idea: “Se está comprobando la situación para documentar las irregularidades y realizar una nueva normativa que evite el fraude”. Según Zoido, es lamentable que se hayan cometido estas “irregularidades” cuando se ha de “atender a personas en estas situaciones”.
Asociar los términos “fraude” e “irregularidades” al bonobús solidario ha sido la línea de defensa argumental del Ayuntamiento, pero se le ha derrumbado como un castillo de naipes cuando el PSOE difundió a continuación un documento firmado por el director-gerente de Tussam, Manuel Torreglosa, el pasado 27 de junio, en el que afirmaba que el nivel de fraude detectado en esta modalidad de tarjeta de viaje hasta mitad de año era de un 2% en números redondos; y en el conjunto de todos los bonobuses de Tussam sólo representaban el 0,07% del total.

UNAS CIFRAS MÍNIMAS

Carente ya por completo de esa coartada, el gobierno local tiró de estadística actualizada hasta septiembre para tratar de incrementar las cifras del fraude. Al final, según sus cuentas, como en el ínterim se ha pasado de 8.000 bonobuses a 12.000, los 450 retirados por irregularidades suponen un 3,75% del total de los solidarios, no del total del conjunto de títulos expendidos por Tussam.
No hay, pues, fraude masivo ni mucho menos, y estas cifras le han dado pie al líder de la oposición, Juan Espadas, a decir que por tanto la suspensión se basa “en una mentira como un piano”. Tampoco ha explicado con detalle el Ayuntamiento dónde radica el fraude, aunque parece que alude a su intento de utilización por otros familiares distintos al titular o a su uso más allá del período de seis meses para el que es concedido, unas circunstancias ‘a priori’ fácilmente detectables por los conductores de los autobuses y que en el segundo de los casos denota que el periodo de validez es demasiado corto y que sería conveniente plantearse ampliarlo a un año.
Así pues, en un error tras otro, el gobierno local ha tratado de ‘criminalizar’ al 96,25% de parados con bonobús solidario que lo usan correctamente,  al meterlos en el mismo saco con el 3,75% restante autores de las irregularidades, cuando señalaba que el 95% de los fraudes en Tussam eran por este tipo de títulos de viaje. Nunca fue más apropiada que a esta situación la frase de justos pagando por pecadores.

SE AVISÓ EN EL CES

Si el Consistorio ha tratado de escaparse por la tangente del supuesto fraude masivo es porque políticamente era indefendible la evidencia de que pese a que con el ‘alcalde del empleo’, tal como se presentó a sí mismo Zoido a los sevillanos antes y durante la campaña electoral, el número de parados en Sevilla ha seguido incrementándose, el gobierno local reducía el presupuesto para el bonobús solidario en nada menos que un 10,7%: de 2.800.000 euros a 2.500.000. Y ello también pese a la advertencia o premonición de los agentes sociales, expresada en el seno del Consejo Económico y Social de la ciudad, de que no parecía la decisión más adecuada, habida cuenta de la gravísima situación económica y de que no había visos de que la situación pudiera cambiar a corto plazo.
Los peores temores de los sindicatos se han cumplido y a Zoido se le ha acabado el dinero para el bonobús solidario este verano, justo en paralelo a dos polémicas que implicaban una generosa asignación de recursos para otras iniciativas mucho menos perentorias: 180.000 euros para alicatar con azulejos la zapata de Triana y 230.000 euros para teledirigir propaganda a los distritos a través de Internet. Dicho de otro modo: el 73% de la suma de estas dos iniciativas equivale a los 300.000 euros detraídos al bonobús solidario.

DINERO HAY

¿Cuál es el orden de prioridades del Ayuntamiento? ¿Puede defenderse que en una situación de emergencia social el Consistorio reduzca la partida destinada a la protección social que supone el bonobús solidario y que no la amplíe cuando se agota? Máxime cuando demuestra tener fondos para otras actuaciones perfectamente aplazables, cuando no ya prescindibles.
A Zoido le han faltado reflejos políticos para revertir la situación por propia iniciativa o incluso recogiendo el guante lanzado por los partidos de la oposición municipal y los agentes sociales de que recurriera a modificaciones presupuestarias para mantener este programa que facilita la movilidad de los parados en busca de trabajo, sobre todo cuando todavía le queda un as en la manga: los 3 millones de euros sobrantes o aún no gastados del acuerdo al que llegó con el Ministerio de Hacienda.
En vez de reaccionar sobre la marcha, como ha hecho al restablecer a última hora los premios de jubilación para los pensionistas, y dotar financieramente el bonobús solidario para ya tan sólo los tres meses que le quedan para la finalización del ejercicio, fue y se enrocó en el falso argumento del fraude masivo. Ha proyectado así ante la opinión pública la imagen de que se desentiende de los 90.000 parados de la ciudad y de que los abandona a su suerte.
Ni siquiera  ha sabido corregir la situación por un mero cálculo electoralista al margen de una cuestión de humanidad: esos 90.000 parados también votan y arrastran con sus votos el de muchos de sus familiares y amigos. Ahora, de una forma incomprensible por la sucesión de torpezas en la gestión del asunto, Zoido se ha señalado ante ellos como el alcalde que les quitó el bonobús.

‘Ninis’

Tierno Galván, el mítico ‘viejo profesor’ que escribía pregones en latín y que encandiló a la juventud al coincidir la ‘movida madrileña’ durante su etapa como alcalde de la capital de España en la Transición, hizo famosa una pregunta que, para romper el hielo, se le ocurrió hacer a una joven de color con la que tuvo que salir a bailar un chotis en las fiestas de un barrio:
-¿Estudias o trabajas?
Pese a los difíciles tiempos que acaecieron tras la muerte de Franco, con España asolada por el terrorismo de ETA y el GRAPO (hasta un centenar de asesinatos en un año) y con una inflación galopante que obligó a la firma de los Pactos de la Moncloa para salir unidos de la crisis de la mano de otro ilustre profesor, Fuentes Quintana (su discurso al país en calidad de vicepresidente económico es recomendable rememorarlo por Internet), los ilustrados regeneracionistas de entonces, como Tierno, pensaban que un joven que no trabajaba era porque estaba estudiando, y viceversa.

Item más, en muchos casos, de los que puedo dar fe, no había tal disyuntiva, sino una copulativa: jóvenes que trabajaban y estudiaban. Estudiantes que por la mañana se afanaban en las labores de una fábrica y que durante la otra mitad del día, por las noches, los fines de semana o incluso mediante cursos por correspondencia o a distancia, completaban a trancas y barrancas una carrera para mejorar sus expectativas. Estaban alentados por unos padres que veían en la educación, a la que ellos no pudieron acceder por falta de medios o por las consecuencias de la guerrra civil, el único ‘ascensor’ posible en la escala social.

Degraciadamente, España es hoy noticia porque un informe de la OCDE ratifica la triste realidad que se sufre en multitud de familias: somos el país europeo con más jóvenes que no estudian ni trabajan, por la falta de oferta laboral en una nación con cinco millones de parados y porque el ‘sistema’ difícilmente les da ya una segunda oportunidad educativa.

Tenemos dos millones de ‘ninis’, jóvenes de entre 15 y 29 años cruzados de brazos en las calles, de lunes a domingos al sol, y con las puertas cerradas de las aulas, en muchos casos porque en su día las abandonaron prematuramente deslumbrados por el dinero fácil del ladrillo, cuando nadie sospechaba que la ‘burbuja’ inmobiliaria estallaría como una pompa de jabón.

Y lo peor no es ya que ni estudien ni trabajen, sino que tampoco tengan ni subsidio ni otras protecciones sociales por no haber cotizado. La generación ‘nini’ va camino de convertirse en una generación perdida.

Robin Hood

‘Weekday’, la filial alemana de la multinacional ‘H&M’, considerada como la Zara sueca, se ha visto obligada a retirar del mercado la camiseta que había lanzado en homenaje a Juan Manuel Sánchez Gordillo, dadas las virulentas reacciones, a favor y en contra, que había suscitado su iniciativa en las redes sociales, donde lo mismo se instaba a boicotear a la compañía que a agilizar los pedidos por Internet antes de que el género se le agotara.
Haciendo honor a su razón social, ‘Weekday’ suele poner a la venta cada día de la semana una camiseta u otro producto textil o complemento de nuevo diseño, con el fin de ofrecer a sus clientes un motivo diario para acercarse a sus tiendas y, de paso, que sucumban a otras tentaciones además de al reclamo de la prenda barata de algodón, que en el caso de la dedicada a Gordillo se vendía a 20 euros la pieza.
Como los diseñadores andan cortitos de ideas después de haber agotado los temas universales, desde el arcoiris a las puestas de sol pasando por las mariposas y las flores como en la época hippie, han recurrido a la lectura de la prensa diaria en busca de inspiración. Esta utilidad insospechada de los periódicos quizás sea al final la razón última que evite su desaparición, so pena de que los señores Esling Persson (fundador de H&M), Amancio Ortega (de Zara), Isak Andic (de Mango) y Pepe Barroso (de Don Algodón) dejen de vender los millones de camisetas con que empezaron a hacerse riquísimos.
Y como en los papeles alemanes también apareció la noticia de los asaltos jornaleros a los supermercados, idealizada en plan romántico como hizo el francés Prosper Merimée con ‘Carmen’ y las cigarreras de la Fábrica de Tabacos, les dio por crear una colección denominada ‘Zeitgeist’ (algo así como ‘el espíritu de nuestro tiempo’), con una prenda dedicada a Sánchez Gordillo y esta tarjeta de presentación: “El Robin Hood de España. Un alcalde, Juan Sánchez Gordillo, se ha convertido en héroe de culto por organizar asaltos a supermercados y dar a los pobres la comida robada’.
Tras la desafortunada restauración del ‘Ecce Homo’ de Borja, unos avispados lanzaron camisetas con la imagen así deformada de Cristo al precio de 12,95 euros. Ahora ha ocurrido lo mismo con Sánchez Gordillo. La triste paradoja del ‘Robin Hood’ de Izquierda Unida es que sus asaltos a los supermercados sólo han servido para incrementar la cifra de negocio de una de las empresas icono del capitalismo y de la sociedad de consumo.
A ver qué dicen ahora en Sherwood. Perdón, en Marinaleda.