Resultado de sustituir el adjetivo turística por cofradiera en el discurso del alcalde de Sevilla
Leña al turista que, como el mono del dicho popular, parece de goma aunque no lo sea. Sí, como no vota en la ciudad que visita o en la que se aloja, los alcaldes, empezando por los de Sevilla y Málaga, se han confabulado para meterles las manos en la cartera tratando de aplicarles una denominada tasa turística, por pernoctar, o/y el cobro de una entrada por dar una vuelta por un espacio público, como la sevillana Plaza de España. La prueba de que hay que cuidar al votante pero que da igual el turista es que el regidor hispalense se apresuró a aclarar que para los censados electoralmente en la ciudad no regirá tasa alguna en la plaza diseñada por Aníbal González, como si éstos no usaran los servicios públicos que dicen que los foráneos recargan por venir a vernos. No hace el alcalde lo que antiguamente se llamaba un balance input-output, es decir el dinero que dejan los turistas en la ciudad y los 4.000 empleos que mantienen sólo en los hoteles. ¿Qué ocurre cuando se cambia el adjetivo que acompaña al sustantivo tasa? Se ha atrevido a hacerlo el propio alcalde Sanz, pero se ha quedado sólo en el principio y de inmediato ha reculado, por lo que en este ejercicio periodístico vamos a completar el discurso del alcalde, para comprobar el resultado.
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