La Asociación de Empresas Gestoras de Transporte Urbano Colectivo (ATUC), que engloba a los operadores de transporte público en nuestro país, estima que se inyectaría 3,8 millones de euros al transporte público de Sevilla, servicio prestado por Tussam, si se le aplicara un tipo superreducido de IVA. En el conjunto de España, esta cantidad ascendería a 150 millones de euros. La inyección económica que supondría una menor fiscalidad permitiría invertir en mejoras del servicio tan necesarias como la renovación de flotas, la transición hacia flotas sostenibles o la mejora de las frecuencias de paso.
El transporte público tributa actualmente al IVA reducido (10%), al igual que el ocio por ejemplo, ya sea la hostelería o espectáculos deportivos. Una equiparación injustificada a juicio de ATUC, ya que el transporte público garantiza la movilidad universal (independientemente de edad, salud física, niveles de renta, etc.) y, por tanto, debería considerarse como bien de primera necesidad.
Este cambio en la tributación permitiría tener más recursos para afrontar el desafío actual al que se enfrenta el transporte público, que debe liderar el replanteamiento de la movilidad en las ciudades sobre las bases de la sostenibilidad y la tecnología para mejorar la experiencia de servicio de usuario.
Al mismo tiempo, el transporte público tiene ante sí el reto de hacer frente a un incremento del número de viajeros; no en vano la previsión es que este año crezca un 3% en el conjunto del país debido al mayor dinamismo de la actividad económica y a la menor tasa de desempleo, una variable inversamente proporcional al aumento de viajeros.
ATUC explica que repercutir esa bajada del IVA en el precio final de la tarifa tendría un impacto mínimo en el bolsillo del usuario y tampoco incentivaría el uso del transporte público pues la experiencia muestra que la demanda de este servicio es muy inelástica. Por el contrario, sí supondría un revulsivo para acometer mejoras del servicio y tener un sistema donde la relación calidad/precio sea todavía más evidente.
En la actualidad, los precios de los billetes y abonos en España están muy alineados con los niveles de renta de la población y son más bajos que en otras ciudades europeas. Por citar un ejemplo, el abono de transporte mensual en Berlín es casi 25 euros más caro que en Madrid, cuando ambas ciudades tienen un PIB similar (datos Barómetro EMTA 2015).

La petición de reducir la tributación del IVA del transporte público al tipo superreducido (4%) se enmarca dentro del conjunto de medidas del Plan TP elaborado por ATUC, que recoge las propuestas del sector para liderar el cambio en la movilidad de las ciudades.
En este plan se plasman, entre otras medidas, la necesidad de articular una Ley de Financiación del Transporte Público de ámbito estatal, que ponga orden los recursos que se asignan al sistema, cuyo coste anual es de aproximadamente 5.000 millones de euros y de los que alrededor de un 50% se obtiene del precio del billete y el resto, de recursos públicos (prácticamente lo mismo que ocurre en Tussam).
Según el secretario general de ATUC, Jesús Herrero, “apostar por el transporte público no debe ser un mero eslogan. Necesitamos -añade- un sistema con recursos mejor asignados, con vías de financiación nuevas y justas y con un marco legal que proporcione orden y estabilidad a todo ello. Nuestra sociedad está cada vez más concienciada, por lo que no tiene lógica que el transporte público tenga el mismo IVA que el que aparece en el ticket del bar cuando nos vamos de cañas. La necesidad no es la misma y su tributación tampoco debe serlo”.
El híper concejal Goro Serrano, chico para todo de Zoido, dice sobre la suspensión del bonobús solidario, oficialmente por falta de dinero, que la partida presupuestaria que se le ha destinado en 2012 era “prácticamente coincidente” con la de 2011. El salto (ya que hablamos de viajes, como en los tramos del Metro) de 2,8 a 2,5 millones de euros supone una diferencia del -10,72%. Por bastante menos que eso con la gasolina este verano, ha convocado el ministro Soria a los mandamases de las petroleras a su despacho y les ha leído la cartilla. En cifras absolutas, el recorte al bonobús solidario ha sido de 300.000 euros. Teniendo en cuenta que al Consistorio se le ha acabado el dinero justo después de adjudicar por 230.000 euros una web con la inocente intención de trasladar digitalmente (nunca mejor dicho) la información municipal a los distritos (Marchena era más burro y lo hacía buzoneando los barrios con revistas plagadas de fotos de Monteseirín), la conclusión es obvia: le ha quitado dinero al bonobús solidario para destinarlo a propaganda. Robin Hood al revés.
En pleno siglo XXI, la única opción que nos da la empresa municipal de transportes, Tussam, para distinguir entre un bonobús con transbordo y otro sin transbordo es pintarles encima con bolígrafo o rotulador una señal diferencial que, dadas las características del plástico con que están fabricados, acaba emborronándose con el tiempo para dejarte las manos (y por extensión la ropa) manchadas de tinta. Protesté por el ‘teléfono rojo, volamos hacia Moscú’ que sólo uso para casos de emergencia y me contestaron que era técnicamente inviable hacerlas bicolores. Pero hete aquí que ahora Juan Ignacio Zoido ha presentado junto a José María Del Nido y Miguel Guillén un bonobús verdiblanco y otro rojiblanco, destinados a los hinchas de los dos equipos futboleros de la ciudad, que así no tendrán necesidad de pintarraquearles encima una señal con el rotulador además de no utilizar el coche. Mientras el ciudadano de a pie ha de fastidiarse, está claro que para este Ayuntamiento, como para los anteriores y los que vendrán, el Sevilla y el Betis tienen un color especial.