Gaudí versus Aníbal

Antonio Gaudí es el máximo exponente del modernismo catalán. Aníbal González, el de la arquitectura regionalista andaluza. Mientras que Barcelona ha sabido convertir a Gaudí en un mito universal y en una marca turística que le reporta ingentes beneficios, Sevilla ha sido incapaz de proyectar a su arquitecto más reconocido a un estrellato internacional que por su categoría, sin duda, merece. Y éso que, en contraste con Aníbal, Gaudí fue repudiado por los arquitectos catalanes posteriores. De ese olvido temporal no tardó demasiado en pasar a la canonización artística e incluso a ser objeto de un proceso de beatificación por su acendrado catolicismo.

El dispar tratamiento que Sevilla y Barcelona otorgan a sus dos máximos arquitectos es otra muestra de las diferencias entre ambas ciudades. Veamos algunas razones de por qué hoy Gaudí, cuyo genialidad es indiscutible, es un arquitecto mundialmente reconocido mientras que Aníbal se ha quedado constreñido a los límites de Sevilla.

CREACIÓN DEL MITO

En Barcelona se creó hace 61 años una Asociación de Amigos de Gaudí y cuatro años después una Cátedra Gaudí (a la que el Rey Juan Carlos otorgó en 1987 el título de Real) en la Universidad Politécnica de Cataluña , ambas con el fin de estudiar, preservar y divulgar la obra del arquitecto, labor que influyó en que el Gobierno declarara 17 de sus trabajos como monumentos nacionales, rompiendo la tradición de la época de que esta distinción no se otorgara hasta pasado al menos un siglo desde su ejecución.

En 1976, por el cincuentenario de su muerte, Asuntos Exteriores organizó una gran muestra Gaudí, que fue paseada por el mundo como tarjeta de presentación de la España predemocrática tras la muerte de Franco.

La capital catalana aprovechó el 150 aniversario del nacimiento del arquitecto de Reus para convertir 2002 en el Año Gaudí, con un programa de 300 actividades que atrajo a Barcelona a 5,8 millones de turistas.

Su figura se exprimió al máximo, con exposiciones como ‘Universo Gaudí’, llevada a Madrid (302.000 visitantes); ‘Gaudí, arte y diseño’ (217.894 visitantes) y ‘Gaudí. La búsqueda de la forma’ (155.000). Se compuso y representó un musical ‘Gaudí’, cual si se tratara de ‘Evita’, y se crearon los premios con su nombre para distinguir a las mejores películas del cine catalán. Asimismo, se editaron 90 libros sobre su vida y obra, se publicaron 3.500 reportajes en prensa y se emitieron 300 entrevistas radiofónicas y 50 horas de televisión, con un valor de 29 millones de euros si hubiera habido que pagarlos como publicidad.

UNA MARCA TURÍSTICA

Gracias al Año Gaudí, las visitas a los monumentos que proyectó crecieron entre un 21% y un 50%. En la Sagrada Familia se superaron los 2 millones de turistas y en La Pedrera se aproximaron al millón. En resumen, se consolidó una industria turística  en torno al arquitecto y su obra en continuo crecimiento (3,23 millones de visitantes a la Sagrada Familia en 2012), con un impacto  de decenas de millones de euros en la ciudad, hasta el punto de que el Ayuntamiento calificó el evento como “el de mayor incidencia internacional después de los Juegos Olímpicos de 1992”. Barcelona se propuso, además, que toda la obra gaudiniana fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Va camino de lograrlo, porque ya hay siete edificios que han recibido tal distinción.

Frente a este apabullante despliegue, ¿qué amigos y cátedras tiene Aníbal González? Sevilla ha perdido todas las oportunidades posibles con su figura: el centenario de su nacimiento (1976), y el cincuentenario (1979) y septuagésimo quinto aniversario (2004) de su muerte.

EL CENTENARIO

Ahora se presenta una ocasión de reparar estos olvidos porque en 2014 se cumplirán 100 años desde el inicio de su obra emblemática, la Plaza de España, y de la inauguración del Parque de María Luisa, cuya Plaza de América lleva también la impronta de nuestro genial artista con el Pabellón Real y los museos Arqueológico y de Artes y Costumbres Populares.

Existe, sin embargo, el riesgo de que la efemérides se convierta en motivo de bochorno, porque la Plaza de España, en cuya restauración se invirtieron hace dos años cerca de 10 millones de euros, vuelve a ser objeto del vandalismo. Para paliar sus efectos y honrar la memoria de Aníbal González, su familia ha propuesto la creación en los bajos del monumento de un museo a él dedicado al gran arquitecto, a la arquitectura regionalista sevillana y a la Exposición de 1929.

UN MUSEO

Estiman los descendientes que si cada turista del millón que visita la Plaza cada año pagara un euro por entrar en el museo se recaudarían un millón de euros con que sufragar la vigilancia del recinto, amén de la Plaza de América y del Parque de María Luisa, al tiempo que se crearían puestos de trabajo y se dotaría a Sevilla (la visita de los sevillanos sería gratuita) de otro atractivo cultural y turístico.

Barcelona, una vez más, se nos adelanta con su proyecto de acotar la parte monumental del Parque Güell, obra de Gaudí, para cobrar después del verano las visitas turísticas al precio de 8 euros, con una estimación de ingresos de 140.000 euros diarios.

Un museo sobre el arquitecto sevillano en la Plaza de España sería sólo una muestra de lo que podría hacerse (rutas, puesta en valor del resto de su obra, exposiciones, libros….) dentro de todo un ‘Año Aníbal’ en 2014 y que bien podría comisariar Benito Navarrete, tras su experiencia con las ‘Santas de Zurbarán’, o Víctor Pérez Escolano, con el objetivo de vindicar y potenciar la obra y la figura del Gaudí sevillano.

 

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