La bombilla

Hoy entra en vigor la subida del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)  y también la prohibición en toda la Unión Europea  de fabricar más bombillas incandescentes. Mi ferretero me dice que al igual que muchas familias han anticipado compras para ahorrarse el IVA, bastantes comunidades de vecinos del barrio le demandan bombillas tradicionales, no sólo porque dejen de fabricarse sino también porque por la crisis carecen de recursos para sustituir la iluminación de portales, escaleras y trasteros por otra de bajo consumo. Cuando murió Thomas Alva Edison, autodidacto genial que patentó más de mil inventos en su fecunda vida pese a haber ido tan sólo tres meses a la escuela, en Estados Unidos quisieron rendirle homenaje apagando todas las luces en varias de sus ciudades. No pudieron: la bombilla de filamento de carbono que creó en 1879 era ya demasiado indispensable para la Humanidad. A pesar de que falló en infinidad de ocasiones antes de lograrla, nunca desesperó. A un periodista que le recordó tantos fracasos le respondió: “No fracasé. Sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. ¡Qué lección de constancia  para nuestras vidas! Edison, genio imperecedero por más que Bruselas decrete la muerte de sus bombillas.

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