Sierra sin dientes

Es fantástico comprobar cómo se les aguza el ingenio a los partidos políticos cuando están en la oposición. El PSOE ha destripado los 275 millones de euros que en números redondos destina el Gobierno del PP a Sevilla en los Presupuestos Generales  para el quinto año de la crisis, y ha llegado a la conclusión de que suponen un déficit inversor de 148,5 millones de euros. Su lógica deducción es que si la inversión media por habitante para el conjunto de España es de 222,7 euros, los 142,4 euros per cápita de Sevilla significan una diferencia negativa de 80 euros. A razón de 1.849.315 sevillanos, dejamos de percibir globalmente la citada cifra de 148,5 millones de euros.

La presentación de los Presupuestos en cada año un ‘déjà vu’, como la película del día de la marmota (‘Atrapado en el tiempo’) en versión económica, porque se repiten las mismas amargas quejas sobre la falta de inversiones para proyectos que nunca acaban de materializarse : la SE-40, la ampliación del Museo de Bellas Artes, la traída de aguas desde el pantano de Melonares…. Basta con tirar de hemeroteca para comprobarlo y también para ver cómo PSOE y PP invierte su celo escrutador de las cuentas públicas según estén en el Gobierno o la oposición.

 

NÚMEROS TORTURADOS

 

 

Y si repasamos la prensa de cualquier provincia andaluza o del resto de España, el panorama es el mismo: un guirigay de agravios comparativos en que se mira con lupa el dinero que recibe el vecino y se tortura a los números de todas las formas posibles (en comparación con la media nacional, con la media regional, con el año anterior….) para que confiesen que se ha perpetrado una discriminación injustificable.

Retrocediendo en el tiempo, elegimos al azar la reacción a los Presupuestos para el año 2009, con Zapatero en el Gobierno. Atención al prolijo informe realizado por los técnicos de la CES y de la Cámara de Comercio, del que se hicieron eco en aquel entonces los medios: “La provincia de Sevilla -decían- recibirá siete puntos menos de la cantidad que le correspondería en la distribución de inversiones según la población que tenía a 1 de enero de 2008. Es decir, teniendo en cuenta el criterio poblacional contemplado en el nuevo Estatuto de Andalucía, a Sevilla le correspondería recibir el 22,9% de las inversiones que se destinan a Andalucía, y el 4,06% del total nacional, pero recibe el 15,9% del total andaluz y el 2,8% del Estado. Eso, en euros, supone que Sevilla recibirá 376 euros/habitante (142 por inversiones directas del Estado y 229 por las sociedades mercantiles, fundaciones estatales y otros organismos públicos), muy por debajo de la media andaluza (593 euros) y nacional (538 euros), menos de la mitad de lo que recibirán los ciudadanos de Almería….”

PICOS Y VALLES

Es lógico que con motivo de la realización de grandes proyectos haya años en que la inversión supere con creces la media nacional y otros en que, concluidos aquéllos, caiga por debajo. En este sentido siempre se ponen de ejemplo los años previos a la Exposición Universal de 1992, en que Andalucía más que la propia Sevilla se benefició de unas inversiones extraordinarias que no debieron interpretarse como un plus, sino como la oportunidad de superar un retraso histórico en materia de infraestructuras con que colocar a nuestra comunidad autónoma y a nuestra provincia (pocos recuerdan ya las barreras del tren por la calle Felipe II, el muro de Torneo que separaba a la ciudad del río y de la isla de la Cartuja o los decenios transcurridos con los mínimos puentes sobre el Guadalquivir) a la altura del resto de España.

Por tanto, si recurriéramos a una gráfica para reflejar año tras año las cantidades asignadas en los Presupuestos Generales a Sevilla, lo normal sería que apareciera un dibujo en forma de dientes de sierra: picos y valles. Unos años por encima de la media y otros por debajo. Sería pura normalidad democrática, porque no todos los años se organiza una Exposición Universal, unos Juegos Olímpicos o un Campeonato del Mundo de alguna disciplina deportiva,  o se construye una esclusa, se prolonga una línea férrea del AVE o se amplía un aeropuerto.

El problema de Sevilla es que su gráfica desde 1991 a 2013 sólo ofrece un pico: al final de la era Zapatero, cuando todavía nos creíamos un país rico, como señal de que superamos la media inversora nacional. El resto del tiempo, y son ya veinte años, hemos estado por debajo de la línea, generalmente en plan valle. Y en este amplio periodo han gobernado tanto el PP como el PSOE, por lo que ambos partidos pueden repartirse las culpas y el victimismo de este cierto tufillo a discriminación que suele emanar de las cuentas estatales, tanto las actuales como las anteriores.

Sería sumamente instructivo que desde los partidos políticos, la Universidad, la CES, la Cámara de Comercio, el Colegio de Economistas…. se profundizara en este ejercicio realizado ahora por los socialistas,  para cuantificar desde la preExpo hasta hoy exactamente el déficit inversor sufrido por Sevilla en comparación con la media nacional, si bien hace unos años ya el profesor Ferraro hizo una estimación para el conjunto de las Administraciones Públicas (añadiendo al Estado la Junta de Andalucía, la Diputación y el propio Ayuntamiento) de unos 6.000 millones de euros.

Del resultado de ese estudio podría inferirse que Zoido quizás estuviera en condiciones de reclamar no sólo el discutible Estatuto de Capitalidad que preconiza, sino también hasta una hipotética  ‘Deuda Histórica’ con Sevilla, por más que le pese a su homólogo y correligionario malagueño, Francisco de la Torre.

 

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