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El descanso

Quien no se consuela es porque no quiere. Las elecciones siempre ofrecen algún dato al que los políticos se agarran como un clavo ardiendo para no reconocer una derrota o alimentar las expectativas de una recuperación o victoria. A pesar de que Zoido dice que no se pueden mezclar churras con merinas (y que lo perdone Carmen Calvo por utilizar tal expresión, que en su incultura de exministra de Cultura consideraba soez) ni peras con manzanas, Espadas compara estas elecciones no con las generales de 2008 (el PSOE pierde en Sevilla capital entre una y otra 69.996 votos y el PP gana 16.099), sino con las municipales de mayo. E interpreta entonces las consolaciones de Listz: le ha recuperado al alcalde 40.000 votos en sólo cinco meses. Eufórico tras aliñar este gazpacho electoral, el portavoz del grupo municipal Socialista proclama ‘urbi et orbi’ que su partido “sólo está en el descanso”. Lo malo para ti, Juan, es que en tu caso el descanso no va a durar 15 minutos ni los cuatro meses hasta las elecciones autonómicas, sino cuatro años de travesía por el desierto.

Tortuga

El Consejo Andaluz del Patrimonio Histórico es el máximo órgano consultivo en esta materia de la Junta de Andalucía y sus decisiones, aunque no vinculantes, deben ser tenidas “muy en cuenta”. Este organismo se articula en seis comisiones, una de las cuales, la Andaluza de Bienes Inmuebles, ha tenido a bien abrir un debate interno para decidir “antes de Navidad” si emite o no un informe sobre el impacto de la torre Pelli. Informe que, en caso de ser emitido, se supone deberá elevar primero al plenario para que lo haga suyo, o no.  Osea, que meses después de iniciada la construcción del rascacielos, cuyo proyecto se dio a conocer hace tres o cuatro años;  al cabo de casi dos semanas de la visita a Sevilla de la misión de la Unesco;  con la cuarta parte de la torre ya erigida y con el plan de ir levantando una planta cada semana de las 30 pendientes, los señores de la Junta de Andalucía deciden pensar si van a decidir algo algún día. Si algún día se deciden a comunicar su decisión, la torre probablemente estará ya terminada. ¿Y para esto queríamos ser una Autonomía?

El perro del…

…hortelano, que ni come ni deja comer. A esa figura se asemeja ahora Espadas con lo del túnel bajo la confluencia de la Avenida de Andalucía y la ronda del Tamarguillo. Juan lleva desde el regreso de las vacaciones machacando como un martillo pilón sobre las dos mismas piedras. “¡Metro por Pino Montano y túnel del Tamarguillo YA!”. Zoido, harto de que le zumben los oídos por idéntica cantinela día tras día, le ha concedido al fin uno de sus dos deseos y decretado que le abran el paso subterráneo, a ver si se calla. Pero, en vez de alegrarse y de festejarlo, el portavoz del grupo municipal socialista brama contra el alcalde: “¡Cinco meses tarde y a tres días de las elecciones!”. Si, tal como insinúa Espadas, abrir un túnel acabado una vez subsanadas las chapuzas y omisiones de Monteseirín es electoralismo, la puesta en servicio de un solo tramo de la ronda SE-40, a la que le faltan por rematar diez más y 66 kilómetros de asfalto, ¿qué es entonces? Pues la adaptación al siglo XXI y a Sevilla de la parábola bíblica de la paja (el túnel) y la viga (la SE-40).

El retrovisor

La otrora ministra de Fomento, la insoportable malagueña Magdalena Alvarez (se fundió a cinco jefes de Prensa en un santiamén porque ninguno era capaz de aguantarla) anunció en 2006 que la SE-40 estaría lista para finales de 2011. Hablaba entonces de los 77 kilómetros y al completo, con sus cuatro túneles proyectados bajo el río Guadalquivir. Un retraso de cinco años después, dos túneles menos por el recorte de la crisis, con 67 kilómetros pendientes aún de rematar y abierto sólo un tramo de una decena de kilómetros, a Viera y otros gerifaltes del PSOE en Sevilla se les ha ocurrido, en vez de quitarse discretamente del medio, montar en lo alto de un puente un remedo de inauguración prohibida por la Ley Electoral y que tuvo que desarrollarse bajo la vigilancia de la Guardia Civil para que no se metieran aún más en contramano de la normativa. Llegado su turno de palabra, el alcalde perpetuo de Dos Hermanas, Kiko Toscano, dijo solemnemente:  “Esta obra se adelanta al futuro”. El problema de perspectiva del nazareno es que mira el tiempo por el espejo retrovisor.

‘Invictus’

Alfonso Guerra, a sus 71 años de edad, le ha salvado algo más que los muebles al PSOE en Sevilla y ha dejado esta provincia convertida  en el equivalente a la aldea gala de Astérix cercada por las gaviotas, que no las águilas, de las legiones ‘romanas’ del PP de Arenas.  El Guerra puede alardear de ser el único que es único: el único diputado electo en todas las legislaturas de la Democracia (también los leones de las Cortes fueron fundidos en Sevilla, muy cerca de su casa natal) y el único invicto, pues ha noqueado a once contrincantes en otras tantas convocatorias electorales a lo largo de 34 años. Un récord digno del libro Guinness, pero todo lo que dice  en su favor  ofrece una lectura inversa sobre su propio partido: durante siete lustros, el PSOE sevillano ha sido incapaz de fabricarle un relevo. Hasta Viera, que en realidad  es entrenador de fútbol y político en sus ratos libres, miró el banquillo y no vio aún a nadie con garantías de sustituirlo. Dentro de cuatro años, Guerra tendrá 75 y no es eterno. ¿Qué hará el PSOE el día en que le falte el ‘Canijo’?

El contador de coches

El técnico de Movilidad enfrentado al otro técnico de Movilidad (¿o fue al revés?) ha cantado la gallina en la Comisión de Investigación  al revelar ingenuamente (¿o no?) que las 22 cámaras instaladas en plan gran hermano por Monteseirín siguen captando todo lo que se mueve por el Centro. ¿No dijo el PP que estaban escacharradas y su destino era el desguace? Pues no estaban muertas, sino vivitas,  y grabando. Pillados en el tonto (¿o no?) renuncio por aquello de querer demostrar hasta a la Agencia de Protección de Datos que las imágenes eran borrosas, salieron por la tangente diciendo que usan las cámaras para contar coches, como otros cuentan ovejas o -el personaje de la novela de Burgos- sombras. ¿Y para éso hace falta gastar este dineral en vez de devolver el material a la fábrica, ahora que aún está en garantía? Bastaría con encargarle un baratito simulador numérico mediante algoritmos a la UPO o a la Hispalense. Al fin y al cabo, hasta Google no es más que un algoritmo matemático. El problema de fondo de este Ayuntamiento es que allí todos son de Letras.

El edil Nº 21

Los relucientes pivotes de diseño bajo las ‘setas’ de la Encarnación han sido desplazados para que el espacio así recortado a los peatones lo ganen los vehículos y, en especial, los autobuses. Lo más llamativo es que la medida se ha adoptado no porque la pidiera la Delegación de Movilidad o Tussam, sino Aprocom. Voy a tener que darle la razón a Espadas cuando se hace la clásica pregunta de la Roma antigua: “qui prodest? (¿a quién beneficia?”. Sí, porque buena parte de las decisiones del gobierno local del PP  benefician en último extremo a los comerciantes del Centro, desde la eliminación del Plan ídem de tráfico hasta la reinstauración de los autobuses a la Encarnación, el Duque y la Magdalena, pasando por el gasto de 300.000 euros en flores de Pascua para exornar las plazas y calles del Casco Antiguo. Alien era el octavo pasajero; Aprocom parece el concejal número 21 de Zoido, con más poder que los otros 20 porque gobierna desde la sombra. Si en el Betis de antaño era “lo que diga don Manué”, en la Sevilla de hogaño se hace “lo que diga don José. (Cañete)”.

La joya

Juan Ignacio Zoido aún no ha levantado todas las alfombras como alcalde de Sevilla  y ya se conocen algunos de los numerosos despilfarros de la dupla Alfredo Sánchez  Monteseirín-Manuel Jesús Marchena Gómez, que tanto gastan, gastan tanto. El valido del ex ha dilapidado 1,2 millones de euros en el agua de grifo embotellada que usó como pantalla para sus maratones allende Sevilla; 10 millones de euros en un sistema de (in)comunicación cuya factura intentó luego endosarle a otros servicios y departamentos municipales para blanquear así su paso por la empresa municipal de aguas (Emasesa) y 15 millones en patrocinios para comprar complicidades de los mismos que se vendieron al antiguo régimen (por ejemplo, cobrando 600.000 euros por el paripé de cierto alumbrado coincidiendo con las fiestas de  Navidad) y ahora le hacen la pelota a Zoido, Arenas, Montoro, Soraya y hasta el sha de Persia si hace falta con tal de seguir trincando y figuroneando a pesar de su ruina y de los muchos millones que deben a los bancos. Decía el canciller prusiano Bismarck que España era el país más poderoso del mundo porque llevaba siglos intentando destruirse a sí misma y aún no lo había logrado. Emasesa es la empresa modelo según  Bismarck, pues pese a que Manuel Marchena ha estado allí varios años de gerente y ha hecho lo imposible por cargársela (hasta cobró 44.477 euros como liquidación por el contrato blindado que le había hecho Monteseirín a su medida) , tampoco ha podido conseguirlo. Con razón Emasesa es la joya de la corona entre las empresas municipales. Por sobrevivir, ha sobrevivido a las peores sequías en la historia de Sevilla  y a ese manirroto con dinero ajeno  disfrazado de dandi llamado Manuel Marchena.

El PGOU

El neófito delegado de Urbanismo, Max  Vílchez, afirma que el PGOU frena el desarrollo “cuando te viene una empresa que necesita tantos metros y tú le tienes que decir que no cabe”. Max confunde el desarrollo con la especulación. En el PGOU cabe un desarrollo  digamos civilizado, pero no los pelotazos generalizados (algunos en particular sí se han propiciado) de antaño, cuando todo se sacrificaba al becerro de oro del ladrillo en beneficio de los de siempre y de algunos recién llegados. Por definición, el especulador lo quiere todo y ahora. Si por él fuera no habría cesiones de terreno para parques, escuelas, bibliotecas, equipamientos… ni empresas diversificadas con una volumetría razonable, sino uso exclusivo para él, colmatación del suelo y 100% de edificabilidad que supongan dinero rápido en beneficio únicamente de su bolsillo y traslado de costes a la ciudad. Por éso hay  un Plan General, para marcar las reglas. Antes, a Sevilla le cabía todo. El objeto del PGOU, señor delegado, es justamente eso que usted dice sin comprenderlo: que no le quepa todo.

Gerifaltes

El nuevo delegado de Urbanismo, Max Vílchez, ha contado que cuando llegó a la Gerencia encontró que, aparte de jefes de Departamento y otros carguetes, Monteseirín y Marchena tenían en el organigrama 33 jefes de servicio para 450 empleados. La media era de un jefe por cada 13 indios, un número éste de tan mal fario que a buen seguro el antiguo régimen tendría ‘in mente’ prevenir el gafe, bien nombrando más jefes aún, bien enchufando  más gente. Dentro de la amplia fauna de cargos, carguetes y carguillos hallada en el frondoso árbol de Urbanismo figuraban jefes que no podían tomar decisiones porque la responsabilidad era compartida. Osea, que eran como las águilas bicéfalas del escudo de Carlos V. Pero lo mejor era el jefe que sólo lo era de sí mismo porque no tenía a nadie a su cargo: una categoría unipersonal ‘ad hominem’. Sergio Fernández escribió el ‘best seller’ ‘Vivir sin jefe’  sin reparar en que la evolución darwinista, de la que la Gerencia es su avanzadilla, va justo en sentido contrario: ¡todos jefecitos! Como Mascherano en el Barça de Guardiola.