Gerifaltes

El nuevo delegado de Urbanismo, Max Vílchez, ha contado que cuando llegó a la Gerencia encontró que, aparte de jefes de Departamento y otros carguetes, Monteseirín y Marchena tenían en el organigrama 33 jefes de servicio para 450 empleados. La media era de un jefe por cada 13 indios, un número éste de tan mal fario que a buen seguro el antiguo régimen tendría ‘in mente’ prevenir el gafe, bien nombrando más jefes aún, bien enchufando  más gente. Dentro de la amplia fauna de cargos, carguetes y carguillos hallada en el frondoso árbol de Urbanismo figuraban jefes que no podían tomar decisiones porque la responsabilidad era compartida. Osea, que eran como las águilas bicéfalas del escudo de Carlos V. Pero lo mejor era el jefe que sólo lo era de sí mismo porque no tenía a nadie a su cargo: una categoría unipersonal ‘ad hominem’. Sergio Fernández escribió el ‘best seller’ ‘Vivir sin jefe’  sin reparar en que la evolución darwinista, de la que la Gerencia es su avanzadilla, va justo en sentido contrario: ¡todos jefecitos! Como Mascherano en el Barça de Guardiola.

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