OBJETIVO
Abrir un acceso para el paso de los turistas a la Casa del Militar
RECHAZO
Icomos, órgano consultivo de la Unesco, critica la desvirtuación que provocaría en el patio
NUEVOS ELEMENTOS
Para salvar el desnivel se previó una rampa de 12,5 metros de larga y barandillas
El Comité Español del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), organismo consultivo de la Unesco para temas de patrimonio, no ahorra críticas en su informe negativo al proyecto de la dirección del Alcázar (redactado por el arquitecto Francisco Reina con el apoyo del arqueólogo Miguel Angel Tabales), que ha contado con el respaldo del Ayuntamiento y el aval de la Comisión de Patrimonio, de meter la piqueta en el patio del León y proceder a demoliciones con el fin de habilitar la Casa del Militar como centro de recepción de turistas y con la coartada de que así no tendrían que guardar cola en la calle sino en el interior del recinto declarado Patrimonio de la Humanidad.
Gracias al informe del Icomos ha trascendido que se preveía abrir un hueco de casi 8 metros de anchura (7,80 metros) en el muro que separa el patio del León de la Casa del Militar, una actuación que a juicio del órgano consultivo de la Unesco “desvirtúa por completo las proporciones del patio doméstico haciendo necesaria la disposición de un dintel de grandes dimensiones en el muro y un portón totalmente atípico que no está definido en la documentación del proyecto”.

Asimismo, en el proyecto rechazado de plano por Icomos se prevé que los peldaños que salvan el desnivel entre los dos ambientes y que actualmente se encuentran dentro del patio de la Casa del Militar sean desplazados a la zona del patio del León, con mayores dimensiones incluso, lo que obligaría a disponer una rampa de 12,50 metros de longitud y unas barandillas de protección, que antes no eran necesarias.

Por otra parte, la ubicación de las taquillas en un lateral del patio, tras las columnas, recuerda a juicio de Icomos la situación ya existente y resulta un poco forzada, “ya que carece de espacio de apoyo técnico -afirma- en su zona posterior”. En el proyecto se plantea igualmente la posibilidad de incluir una zona de tienda con acceso público externo, algo que para Icomos “resulta incompatible con los protocolos de seguridad”.
El organismo consultivo de la Unesco también rechaza la idea de cubrir el patio con una montera acristalada completamente plana, con carpintería de aluminio y estructura de perfiles de acero. Estima Icomos que “los perfiles huecos de aluminio resultan visualmente mucho más pesados que los perfiles de acero de tipología tradicional, por lo que no resulta aconsejable la solución propuesta”.

La conclusión de Icomos es que los nuevos espacios proyectados para la acogida y control de visitantes “no difieren gran cosa de los actuales, ni en las superficies ni en las dimensiones de las salas, por lo que las retenciones y las colas seguirán produciéndose con la misma intensidad que con los servicios actuales”.
CONTRADICCIONES
Icomos destaca las contradicciones en que incurren los artífices del proyecto, a los que achaca una visión puramente arqueológica y no arquitectónica, cuando le acabaron reconociendo que los protocolos de seguridad impedirían el libre acceso de los turistas y resultaría imprescindible que el control de aquéllos se realizara en el mismo momento en que ya accedieran al recinto, es decir de nuevo en la puerta del León.
“Esta medida -reza el informe de Icomos- tiene como finalidad evitar que puedan ser introducidos objetos prohibidos a una zona donde se producirán aglomeraciones de visitantes, con la consiguiente posibilidad de riesgo”. Y añade: “Por lo tanto, en caso de suprimir los edificios actuales sería preciso habilitar algún tipo de construcción para albergar los controles de seguridad, que deberían mantenerse en el mismo emplazamiento, reproduciendo la afección visual a la contemplación de lienzos de la muralla”.

Y continúa: “Esta circunstancia, que debería haberse tenido en cuenta desde el inicio de los trabajos, invalida por completo el objetivo del proyecto y obliga a un replanteamiento desde el origen”.
Las construcciones que se quiere demoler son también Patrimonio Mundial
Las construcciones adosadas a la muralla en el interior del patio del León que los redactores del proyecto insisten en demoler ya existían -recuerda Icomos- cuando en bien fue inscrito en el Listado de Patrimonio Mundial “y por lo tanto -afirma- forman parte del bien declarado”.
Asimismo, rememora que en la declaración (del Alcázar como Patrimonio Mundial) “no existe ninguna referencia a que las mismas tuviesen un carácter impropio ni que fuese necesaria su demolición”.
Icomos estima que “teniendo en cuenta la diversidad de opiniones de los expertos y las cautelas que deben adoptarse en intervenciones que tienen carácter irreversible la opción recomendable sería su conservación, intentando mejorar sus prestaciones actuales”.

El organismo consultivo de la Unesco incide de nuevo en la contradicción de los promotores del proyecto de negar cualquier valor arquitectónico a las construcciones adosadas por ser a su juicio excesivamente recientes cuando al mismo tiempo “introducen modificaciones y elementos completamente nuevos que, aplicando el mismo criterio, tendrían una valoración negativa”.
Esa valoración negativa se acentúa aún más si se tiene en cuenta la necesidad de un control en la propia entrada al recinto monumental, que obligaría a algún tipo de nueva construcción en este mismo emplazamiento.
Un proyecto incompatible con la inscripción del Alcázar en el listado de la Unesco
Icomos considera que el proyecto para “Adecuación del Área de Recepción en el entorno de la Puerta del León del Real Alcázar de Sevilla” (su denominación oficial) resulta incompatible con la inscripción del bien en el Listado del Patrimonio Mundial de la Unesco, por cuanto supone una alteración del mismo y es probable que repercuta negativamente en el Valor Universal Excepcional del bien inscrito.

Por ello propone “el desistimiento del mencionado proyecto en sus términos actuales”, que debe reconsiderarse plenamente, acompañado de un proceso de evaluación del impacto del patrimonio. La mejora de los accesos al monumento podrá plantearse a partir de la elaboración de un estudio funcional que permita definir con precisión las necesidades actuales, de manera que se puedan diferenciar grupos de visitantes de distinta naturaleza y proponer una diversificación de los accesos, rebajando la presión sobre las instalaciones de la puerta del León.
También, según Icomos, podrían acometerse ciertas mejoras en los espacios actuales, como por ejemplo el desplazamiento de las audioguías y la consigna a lugares más cercanos a la zona de salida, de forma que se facilite la devolución de las primeras y la recogida de las pertenencias evitando el retroceso de los visitantes y los cruces de circulaciones. Esto permitiría ampliar la zona de recepción y control y mejorar sus condiciones.
Para el Icomos sería recomendable eliminar los parterres y plantas situados en la base de los paños de muralla existentes entre los tres vanos del Patio de la Montería, ya que la humedad del riego y las raíces de la vegetación pueden producir serios problemas a los materiales constructivos históricos, a medio y largo plazo.













En el Patronato se formaron dos grandes bandos: el de los partidarios de no enterrar los restos, cuya consecuencia sería la materialización del proyecto de exhibirlos al público en una especie de cripta cubierta, al modo del Antiquarium bajo el mercado de la Encarnación, y el de quienes, por el coste de materializar el proyecto y las restricciones impuestas por el Plan de Ajuste debido a la crisis económica, abogaban por esperar a tiempos mejores, por lo que la consecuencia lógica sería el enterramiento para preservar los testimonios del pasado y evitar su deterioro por las inclemencias meteorológicas y el riesgo de expolios.
En los últimos años, el Patronato del Real Alcázar ha promovido una intensa campaña de excavaciones arqueológicas en el Patio de Banderas, donde de hecho se ubicaría el primitivo acceso al recinto fortificado. En este enclave, pero en 1974, el arqueólogo Manuel Bendala Galán había descubierto unos restos arquitectónicos de época medieval que él atribuía entonces a una antigua basílica paleo cristiana.
«No hemos encontrado la basílica que Manuel Bendala Galán pensaba que estaba en este entorno», ha dicho no obstante el arqueólogo director del Real Alcázar. Las ruinas más recientes halladas en el yacimiento, según Tabales, corresponden al viario público y los alzados de un barrio de la antigua medina islámica, restos datados estos últimos en el siglo XI después de Cristo. En resumen, para el equipo arqueológico el valor de los vestigios hallados en el Patio e Banderas es que los estratos muestran restos de la historia de Sevilla en un mismo lugar desde el siglo IX antes de Cristo hasta el siglo XXI de nuestra era.
Según las fuentes consultadas, en Sevilla se han tapado anteriormente restos arqueológicos de igual o superior valor a los hallados en el Patio de Banderas, en cuyas excavaciones no se ha encontrado material que suponga un gran gancho para los visitantes, como sería el caso de los mosaicos romanos bajo el mercado de la Encarnación, sino sólo muretes y segmentos estratigráficos que no suponen una justificación taxativa para la fuerte inversión proyectada, máxime cuando el Ayuntamiento ni siquiera ha conseguido todavía del Gobierno de la nación la cesión de la casa del Patio de Banderas donde instalar el centro de interpretación y conectarla mediante un túnel a cinco o seis metros de profundidad con la futurible cripta. Ello equivaldría a empezar la casa por el tejado.
la Pescadería y preservada a modo de cripta. Aunque se dijo en su momento que sería uno de los hitos turísticos para enlazar el Alcázar con las ruinas halladas bajo la Encarnación, lo cierto es que la cisterna ha acabado abandonada a su suerte y sólo se abre al público en contadas ocasiones, como alguna Noche en blanco por la cultura.
Si, pese a ser el propietario de esa maravilla de la orfebrería, el Ayuntamiento no está dispuesto a sufragar siquiera el 50% de una factura de 145.000 euros, más difícil sería para Zoido justificar un gasto en tiempos de crisis de 3,5 millones de euros (daría para poder exhibir durante 24 años el Tesoro del Carambolo y 48 años si el coste de la vigilancia lo paga a medias la Junta de Andalucía) que podrían tener un uso alternativo más rentable turística y culturalmente para la ciudad.
El debate patrimonial sobre el proyecto de cripta en el Patio de Banderas se ha producido justo una semana después del desalojo de la iglesia de San Roque por la rotura del cordón inferior de las cerchas metálicas que soportan las cubiertas y que implican el riesgo de un derrumbamiento inminente. Salvar San Roque cuesta 500.000 euros, siete veces menos que mostrar los restos hallados en el Patio de Banderas.
Con los 3,5 millones de euros de la cripta del Patio de Banderas se podría multiplicar por siete la intervención en la rehabilitación de Artillería, que podría servir de inmenso contenedor cultural para la ciudad (desde museos a todo tipo de equipamientos) y convertirse en un foco de atracción lejos de los trillados circuitos habituales en torno a los tres monumentos Patrimonio de la Humanidad.