La Plataforma pro Parque Guadaira (a mí me gusta sin acento en la ‘i’, pese a Gutiérrez Limones), ya saben, el único parque del mundo proyectado desde su origen con una carretera por medio, ha pedido públicamente su cerramiento ante el riesgo de que sea “fagocitado” por los coches de los aficionados que acuden a los partidos del Betis. Miedo más que justificado. El sábado pasé por allí coincidiendo con el encuentro ante el Español y los automovilistas aparcaban incluso sobre el campo de fútbol del complejo deportivo municipal de la calle Ifni, sin que la invisible Policía se inmutara ni a Zoido se le ocurriera mandar la grúa, no vaya a ser que se le cabreen los votantes. Larga bula a los dos clubes sevillanos. Los gorrillas, que ahora están al aguardo de sus víctimas montados en bicicleta para que nadie se libre de pagarles el ‘impuesto revolucionario’, ya se frotan las manos ante la perspectiva que les ofrece el nuevo espacio explanado entre el Polígono Sur y Heliópolis. Mucho me temo que el Guadaira, más que parque va a ser el parking anexo al estadio del Betis.
La Universidad Pablo de Olavide ha inaugurado un jardín de plantas aromáticas, medicinales y culinarias de libre acceso a todos. Me recuerda, en pequeñito (1.000 m2 y unas 50 especies) al ‘Jardin des Plantes’ de París (23,5 Has. y 4.500 variedades sólo en su Escuela Botánica), con similar fin didáctico. Uno, a orillas del Guadaira; otro, a orillas del Sena. El consejero de Medio Ambiente, José Juan Díaz Trillo, poeta al igual que su paisano Juan Ramón, no ha podido cantarlo mejor, con estas bellas palabras: “Un jardín que se lee, se estudia; un jardín que se huele, se saborea; y un jardín que cura”. Sí, el jardín de la UPO tiene efectos curativos sobre las heridas causadas por la otra universidad sevillana a todos los que amamos las plantas y los árboles, por haber mutilado los Jardines del Prado para construir una biblioteca que pudo erigir en cualquier otro sitio sin necesidad de hurtarnos un trozo de ese parque. Si no toda, al menos parte de la mancha de mora dejada por la Hispalense se ha quitado con esta mora verde, que te quiero verde, de la Olavide.