Penúltimo de la fila

Mediante un sondeo nacional con un universo nueve veces superior al de muchas encuestas de esas que publican algunos  periódicos como churros un domingo sí y otro también sobre intención de voto, un día porque es lo de Cataluña y otro porque no es, se ha sometido a examen de los ciudadanos la gestión de los alcaldes de las 81 urbes más importantes del país. El (sin) de Sevilla, Sánchez Monteseirín, casi ha logrado emular a uno de esos grupos rockeros a los que es tan aficionado, al quedar en la clasificación como el penúltimo de la fila, tan sólo por delante de su homóloga de Jerez, otra que tal baila. Dicen los sociólogos y politólogos tras analizar la encuesta que los escándalos y los casos de corrupción, como Mercasevilla y las facturas falsas, le han pasado ídem. En Sevilla sabíamos cómo era Monteseirín; ahora ya lo saben en toda España, aunque hayan tardado doce años en darse cuenta. Y es que, como dijo Lincoln, “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo; puedes engañar a algunos todo  tiempo; pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

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