Rencor

En su momento fue muy comentada la espantá  que dio el (sin) alcalde Monteseirín en el último almuerzo-homenaje de su mandato a un pregonero de la Semana Santa, Fernando Cano-Romero. Si se cayó del cartel no fue por causa del pregonero, sino por su delegada de Fiestas Mayores, sabedor de que la comida se acabaría convirtiendo en una despedida por todo lo alto a Rosamar Prieto, hasta el punto de que Adolfo Arenas le dijo a esta última: “Si te presentas a la Presidencia del Consejo General de Cofradías y Hermandades, yo te voto”. El otro día, tampoco Monteseirín ni nadie del  círculo de los últimos de Filipinas de su Régimen se sumaron a la comida-homenaje tributada a Rosamar con motivo de su jubilación como funcionaria municipal. Rencoroso como el niño chico que en el fondo sigue siendo, el (sin) aún se la tiene jurada a su antigua delegada porque en su día dijo estar dispuesta a sustituirlo como alcaldesa si el PSOE se lo pedía. Monteseirín la tiene desde entonces en su lista negra de enemigos personales. El (sin), como Enrique Múgica, ni olvida ni perdona.

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