Vacas flacas

Numerosos proyectos-estrella de Monteseirín basados en el sistema de la concesión administrativa están paralizados o retrasados por la crisis. En este sistema de corte neoliberal, las empresas privadas ejecutan las obras públicas a cambio de su explotación económica durante un tiempo, tras el cual pasan a la Administración. Esta se libra de aportar toda o la mayor parte de la financiación, que indirectamente corre a cargo de los usuarios-contribuyentes, los cuales suelen pagar por el servicio un precio superior al objetivo como compensación al desembolso de la compañía  adjudicataria.

Este sistema lo ha utilizado Monteseirín para las ‘setas’ en la Encarnación (aporte en metálico de 25 millones de euros y entrega de la actual sede de la Hacienda municipal y de la nueva plaza para su explotación comercial), la ampliación de Fibes (aportación de 49 millones y de las parcelas anexas), edificio de la Gavidia (cesión de parte del mismo a cambio de su rehabilitación), mercado de la Puerta de la Carne y antigua estación de Cádiz (rehabilitación a cambio de la explotación de un parking subterráneo)…… y ahora ve cómo cuando los alemanes exigen por adelantado el pago de la madera para el revestimiento de las ‘setas’ no hay dinero para pagarles; cómo no puede afrontarse la desviación presupuestaria en Fibes; cómo queda desierto el concurso para la Gavidia y cómo Sando ni siquiera inicia el mercado ni el parking.

Celis dice ahora que la concesión administrativa sólo es adecuada en época de bonanza económica pero no para las de crisis, porque es casi imposible que una empresa pueda costear sola una obra y esperar  años para un beneficio. Omite Celis que estos y otros proyectos de Monteseirín  ahora paralizados o en demora fueron adjudicados en plena bonanza económica, como la línea 1 del Metro por la Junta de Andalucía. El  Ayuntamiento podría haber tomado buena nota de lo ocurrido con el Metro por el sistema de concesión: tres años de retraso, obras acometidas sin siquiera estudio previo del subsuelo y un sinfín de errores y chapuzas por el objetivo de maximizar el beneficio….hasta el punto de que la Junta ha abjurado de  más concesiones para las líneas futuras.

La realidad ha demostrado que las empresas adjudicatarias de los proyectos municipales carecían de suficientes recursos propios para acometerlas y que dependían del crédito bancario tanto como el Ayuntamiento del Estado y de la Junta. Pero eso debió haberse previsto mediante la exigencia de avales u otras garantías que, en todo caso, se han revelado insuficientes. El buen gobernante prevé las vacas flacas tras los siete años de vacas gordas y no piensa que todo el monte va a ser siempre orégano. La cuestión de fondo es también ideológica, ese terreno que tanto le gusta a Monteseirín (la modernidad, lo rancio, etcétera): un Ayuntamiento socialista que se encomienda a la iniciativa privada en vez de a la pública aplica un modelo político thatcheriano. Aún se recuerda en Gran Bretaña cómo Blair tuvo que paliar a costa del contribuyente la falta de mantenimiento de los ferrocarriles y de otros servicios entregados por Margaret Thatcher al sector privado por ese sistema de la concesión administrativa. La historia es la de siempre: privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas.

Números rojos

Como  al perro flaco todo se le vuelven pulgas, el Ayuntamiento deberá presentar a la Junta un plan de estabilidad tras haber sobrepasado el nivel máximo de endeudamiento legal. Y eso que Celis sí supo aprovechar la época de bonanza económica y del dinero barato para renegociar los 420 millones de euros de la deuda municipal y diferir a largo plazo el pago de los créditos, lo cual dio un balón de oxígeno de 42 millones a las arcas municipales. El que venga detrás, ya sea Zoido o el propio Celis, que arree con la “herencia recibida” de Monteseirín: lo que el alcalde no paga ahora deberán pagarlo sus sucesores, como le pasó a su cuñado, Luis Navarrete, cuando le sucedió en la Diputación y las arcas estaban vacías.

Al Ayuntamiento no le salen las cuentas porque con la crisis y la menor recaudación de ingresos, el Estado deja de transferir a Sevilla 53 millones y porque el ‘agujero’ de Tussam roza ya los 60 millones de euros. El transporte público suele ser deficitario por definición (el usuario sólo paga realmente el 50% del precio del billete), pero si el déficit de Tussam ha pasado de 15 millones de euros en la época de Becerril a los 60 millones actuales se debe a la política de ‘barra libre’ aplicada en la empresa municipal durante casi un decenio. Para Monteseirín ha sido más cómodo comprar la paz social en Tussam antes que meter en cintura a unos sindicatos que sólo han reclamado privilegios sin importarles la situación crítica de la empresa. Al final siempre paga Sevilla.

Orden de prioridades

El alcalde, como ha recordado su delegada de Hacienda, ha dicho que si no se pueden cuadrar las cuentas no habrá más remedio que renunciar a la prestación de algunos servicios.

Tussam perderá 60 millones de euros, pero hace unos días tuvo que transferir 450.000 euros de sus fondos para pagar la dirección facultativa de las obras de ampliación del tranvía, y a finales de septiembre el Ayuntamiento lanzó a bombo y platillo Giralda Televisión, con una dotación de 900.000 euros.

Osea, que se recortarán servicios a los sevillanos, pero no faltará dinero para los proyectos electoralistas y el aparato de propaganda del alcalde.

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