Zoido, el triunfo de la micropolítica

Juan Ignacio Zoido, que pasa oficialmente por ser un juez en excedencia, es en realidad un ‘banquero’, un ‘banquero’ muy particular que se ha hecho con la Alcaldía de forma arrolladora tras una campaña electoral marcada por el movimiento juvenil del 15-M, cuyo lema original era ‘Democracia real ya; no somos mercancía en manos de políticos y banqueros’.

Pues bien, Sevilla está desde ahora en manos de un político y ‘banquero’ cuyo estilo representa el triunfo de la micropolítica, simbolizado en el banco estropeado de una plaza de Bellavista. Frente a la indiferencia del Ayuntamiento por una de tantas quejas vecinales por aparentes pequeñeces, en este caso por un banco roto en aquel barrio, Zoido desconcertó al Poder municipal y a la opinión pública al hacer suya la causa vecinal y desafiar al gobierno PSOE-IU de Monteseirín-Torrijos con un reto: si pasado cierto plazo de tiempo el Consistorio no arreglaba el banco o no lo reponía, lo haría él con sus propias manos.

El PSOE, sorprendido por lo que consideró una tontería del juez en excedencia, se lo tomó a chacota y lo bautizó como el ‘banquero’ de Bellavista. Fue sólo el principio, porque al banco siguieron en otros barrios farolas, losas, todo tipo de mobiliario urbano, jardines y hasta la basura del Vacie, que el hoy nuevo alcalde retiró de forma voluntaria con una pala porque el asentamiento chabolista más antiguo de España estaba dejado de la mano de Dios y de la de Monteseirín.

COMO LA MANZANA DE NEWTON

El sarcástico Alfonso Guerra se ha burlado en los mítines de este estilo de hacer política de Zoido al decir que su única preocupación era  “mirarle el culo a las papeleras a ver si estaban rotas”, pero en su continuo patearse los barrios en estos cuatro años, el líder local del PP y sus colaboradores comprobaron que a la gente no le interesaban en demasía o le sonaban a música celestial los grandes proyectos de transformación de la ciudad, casi siempre asociados al centro, sino que le arreglaran sus problemas más cercanos. Y la micropolítica  cayó por su propio peso  como la ley de la gravedad derivó de la caída de la manzana de Newton.

La segunda clave del éxito de Zoido ha sido su campechanía y capacidad de conexión con los vecinos de unos barrios hasta entonces considerados cotos exclusivos del PSOE y en los que los vecinos acabaron viéndolo no como un pijo de Los Remedios, un juez que podía infundir miedo o todo un exdelegado del Gobierno, sino como a un hombre de pueblo, cercano y sin aristas, ataviado con una simple cazadora, capaz de escuchar y de comprometerse hasta el punto de remangarse para echar una mano, lo mismo apaleando basura en El Vacie que despegando caramelos sin recoger por Lipasam tras el paso de una cabalgata de Reyes por Su Eminencia. Zoido predicaba con el ejemplo.

DOBLE TRAGEDIA

No era una pose ni marketing político, porque no en vano el nuevo alcalde nació en un pueblo (Montellano, 21 de enero de 1957) y se crió en otro, Fregenal de la Sierra. Zoido es un hombre con el alma marcada por dos tragedias familiares que  le han hecho aún más humano y que se reflejan en el poso de tristeza  de sus ojos: perdió a su padre, Florentino, de profesión pastelero, cuando él era aún un zagal, el mayor de cuatro hermanos varones,  y su progenitor contaba 44 años de edad. Y perdió en un accidente de tráfico a su hijo José María, de 17 años, aunque le queda el consuelo de que vive en las siete personas que tras su muerte contribuyó a salvar con la donación de sus órganos.

Padre de otros dos hijos, el posterior nacimiento del pequeño Fernando le insufló nuevos ánimos para seguir adelante. Ha confesado que la persona que más le ha influido  ha sido su padre, aunque no le diera mucho tiempo a aprender de sus consejos por su temprana muerte (tenía él entonces 12 años), de tanto como sus parientes y amigos suyos le han hablado de él y de su forma de entender la vida.

De su progenitor, el confitero de Fregenal (su hermano regenta el negocio familiar), Zoido guarda en secreto, como si fuera la fórmula de la Coca Cola, una receta de confitar carne de membrillo. Quienes han tenido la suerte de probarla dicen entusiasmados que es pura delicatessen. Zoido en persona va a las plazas de abasto y a las fruterías, elige los membrillos, los monda y en plan Arguiñano crea su dulce, que luego regala a quienes distingue con su amistad. Los afortunados se chupan los dedos y se aprestan a tomar nota, pero él no revela la receta ni a tiros.

LA VENA DE JUEZ

Si había quienes iban por atún y a ver al duque, Zoido es al revés: va a los mercados a pasearse y comprar fruta –le encanta hacer la compra, previa llamada a su esposa, Beatriz, para ver qué falta en casa- y, de paso, a dar un mitin. De esa soltura para moverse entre los tenderos y placeros –para colmo, también entiende de pescado- le viene su capacidad para conectar con el pueblo llano en los barrios; incluso con quienes no comulgan con sus ideas y se lo espetan en la cara. No sólo no se inmuta ni le molesta esa franqueza con que le disparan buscando su desconcierto, sino que, sin perder la sonrisa, no ha dudado en pedirles prestado el voto a quienes iban predispuestos contra él.

Por su propio carácter y más aún tras su paso por el Juzgado de Familia, Zoido es una persona conciliadora que procura evitar los conflictos o resolverlos con la mediación. Es más un gestor de la Justicia que un juez propiamente dicho. Muy afable de trato, sus colaboradores dicen que es casi imposible enojarse con él y verlo enojado con ellos, y que libera las tensiones poco a poco, tratando de buscar siempre el lado positivo o poniendo un toque de humor. Cuando le domina la preocupación, opta por refugiarse en el silencio, meditativo.

FÚTBOL Y PÁDEL

Le encanta el fútbol. ‘Palangana’ confeso (fue el primer presidente del Foro Sevillista), mantiene desde hace años el mismo asiento en el estadio de Nervión. Es hincha apasionado, y es secreto del sumario y políticamente incorrecto plantear la cuestión de cómo un juez, aunque sea en excedencia , se refiere en el graderío al juez árbitro durante los partidos del club de sus amores, y máxime en caso de pitar un penalti en su contra.

No es tan aficionado a los toros como al balompié y sí fan del pádel, aunque la falta de tiempo por la actividad política y las sobrecargas musculares le impiden practicarlo tanto como él quisiera. Parece que en materia de libros pica de todo un poco y que en cuestiones de música le gustan especialmente las bandas sonoras de las películas que forman parte de la memoria de su vida, como ‘Love story’.

EL VENENO DE LA POLÍTICA

Culpa a Javier Arenas de haberle inoculado el veneno de la política, en la que dijo una vez que se había visto metido “sin saber muy bien cómo”, tras cruzar el Rubicón que supuso la aceptación de un cargo técnico en el Ministerio de Justicia. Acabó de delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha y en Andalucía; de secretario general del PP (A); de diputado en el Parlamento de Andalucía y, ahora, de alcalde.

Es toda una metáfora política que el hombre que al cabo de doce años ha arrebatado la capital de Andalucía a los socialistas y fuera calificado por éstos despectivamente como el ‘banquero’ de Bellavista, haya dado este golpe de mano iniciando su asalto a la Plaza Nueva en esta segunda etapa justamente desde el mismo barrio en que nació Felipe González, que es tanto como ganar por goleada a domicilio.

Si el PP tuviera la misma capacidad marketiniana que el PSOE, que convirtió en todo un símbolo la foto del clan de la tortilla en los pinares de La Puebla del Río, hoy ese banco de Bellavista (donde, por cierto, ningún periódico  ha fotografiado aún al nuevo alcalde)  sería ya su particular icono de la reconquista de Sevilla.

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