Carlos

Carlos Segovia, segundo por la izquierda

Con el declinar del año viejo se nos fue para siempre Carlos Segovia Espiau, aún en la flor de la vida. Era uno de los históricos del ecologismo andaluz, pionero en la más antigua asociación regional conservacionista, Andalus, y en la Fundación Bios, creadora con sus escasos medios de la primera Reserva Ecológica en una finquita llamada Puerto Moral, en la Sierra Morena onubense.  Gracias a él y a otros románticos urbanitas que  trocaban el asfalto por las jaras del monte se han salvado de la extinción los buitres negros de Sierra Pelada -donde reposarán sus cenizas para fusionarse con la tierra a la que todos hemos de volver- y de la Contienda. Boyante hombre de negocios, liquidó su parte empresarial para dedicarse de lleno a su pasión por la Naturaleza, como apicultor y como observador de grullas, espátulas, moritos y cualquier ave que surcara esos cielos que, merced a su labor, aún no hemos perdido. Parece que se nos fue Carlos Segovia, pero sabemos que su espíritu pervive en cada aleteo de un pájaro y en el majestuoso planeo de los buitres negros de Aroche.

 

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