Manifestación en defensa de la residencia universitaria Flora Tristán

El abandono de las instalaciones alimenta el temor sobre su posible cierre por la Pablo de Olavide

El Sindicato de Estudianres ha convocado para este martes 16 de3 junio (2026) una manifestación en apoyo de la continuidad de la residencia universitaria Flora Tristán, delante del edificio de la misma (calle Residencia de Estudiantes sin número), ante el temor de su cierre por la Universidad Pablo de Olavide y la Junta de Andalucía.

En este sentido, la asamblea de residentes del Complejo Universitario Flora Tristán ha difundido un comunicado del siguiente tenor: «Durante los últimos años, y de manera especialmente visible en los tres últimos ciclos académicos anuales, hemos sido testigos de un deterioro progresivo tanto de las condiciones materiales de la residencia como del sentido comunitario que dio origen a este proyecto. La reducción de las becas de colaboración, la subida del alquiler sin un proceso previo de información o consulta, las decisiones tomadas de forma unilateral y la falta de canales claros de comunicación han generado un malestar creciente entre residentes, trabajadores y personas vinculadas al proyecto. A continuación, queremos dejar constancia que: la Universidad Pablo de Olavide es responsable de la falta de toma de decisiones, derivando a la situación actual del Complejo Universitario Flora Tristán.

El descontento inicial estuvo relacionado con el estado de las instalaciones. Los departamentos y el mobiliario presentan un deterioro evidente; las zonas comunes acumulan problemas de limpieza y mantenimiento; la lavandería resulta insuficiente para las necesidades actuales; y los ascensores, así como otros servicios básicos del complejo, permanecen con frecuencia fuera de funcionamiento. Estas situaciones han sido presentadas debidamente como quejas puntuales en distintas ocasiones, pero las respuestas recibidas han sido insuficientes y, en muchos casos, se han limitado a remitirnos a otras instancias sin ofrecer soluciones concretas ni asumir responsabilidades claras, a pesar de las escasas asambleas en donde la Universidad envía a los representantes oficiales.

A esto se suma la ausencia de información oficial sobre decisiones que influyen directamente en nuestra permanencia y en nuestras condiciones de vida. Las becas de colaboración, que solían publicarse en septiembre, se convocaron con varios meses de retraso, con cambios importantes y sin una comunicación clara con los afectados. El pago, que por norma general se produce entre enero y febrero, no llegó hasta abril dejando a muchas personas becarias en una situación económica complicada tras haber sostenido durante meses parte del trabajo vinculado al proyecto social.

Vista exterior de la residencia universitaria Flora Tristán

También nos han subido un 16% los precios sin avisar ni consultar a los que ya formamos parte del complejo. Esta decisión se vuelve particularmente grave si se toma en cuenta que la residencia es propiedad de una universidad pública y su existencia se justifica por un proyecto social, no por una lógica meramente económica. En tiempos de crisis habitacional a nivel estatal y especialmente en Sevilla, cualquier modificación de precios o condiciones de acceso debería contar con transparencia, justificación y participación de la comunidad residente.

La situación se ha agravado durante el mes de mayo, cuando hemos conocido por vías indirectas que quienes continuamos nuestros estudios no podríamos dejar nuestras pertenencias en la residencia durante el verano, como se había permitido en años anteriores. Al solicitar explicaciones, únicamente se nos ha comunicado de forma informal que podrían realizarse obras durante el verano y que esto implicaría una reducción de plazas para el próximo curso. Sin embargo, hasta el momento no se nos ha ofrecido información oficial, completa ni suficiente sobre el alcance de esas obras, sus consecuencias, los plazos previstos o las garantías de continuidad para las personas residentes.

La falta de información oficial, así como la presencia de peritajes de obra, la incertidumbre sobre la renovación de los contratos del personal y la prohibición de mantener nuestras pertenencias en la residencia durante el verano, fundamenta una preocupación legítima sobre el futuro del complejo y la continuidad de las plazas. Resulta inadmisible que más de 150 estudiantes de instituciones públicas y personas vinculadas al proyecto social se encuentren en esta situación, sin una comunicación clara por parte de los responsables del complejo.

El Complejo Universitario Flora Tristán no puede ser tratado como una residencia cualquiera ni como un espacio gestionado únicamente desde criterios administrativos o económicos. Se trata de un proyecto social con más de veinte años de historia, construido desde la participación comunitaria, la vinculación con el barrio y el compromiso con el Polígono Sur. Desde la Universidad Pablo de Olavide se nos ha pedido formar parte de la vida del barrio, asumir el complejo como un hogar y participar activamente en su dimensión como recuperadores de su tejido social. Por ello, resulta profundamente contradictorio que decisiones que afectan a nuestra vida cotidiana, vulneran nuestra persona, afectan nuestro trabajo comunitario y a nuestra permanencia se adopten sin información clara ni participación real.

Quienes vivimos en Flora Tristán no somos únicamente inquilinos. Somos residentes, vecinxs y parte activa de la comunidad que sostiene el sentido del complejo. La residencia tenía como objetivo ético fundamental el cumplir con una función social al garantizar alojamiento asequible a personas que, en muchos casos, tuvimos enormes dificultades para acceder al mercado residencial en Sevilla. Entre ellas se encuentran residentxs desplazados de otros países y ciudades, así como personas que dependen de este recurso para poder desarrollar sus estudios y su vida cotidiana en condiciones dignas».

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