Monteseirín afirmó que servirían para abrir las puertas al progreso económico y revitalizar el distrito
El Ayuntamiento de Sevilla firmó el acta de recepción de las Setas de la Encarnación el 27 de abril de 2011, fecha oficial, pues, de su terminación. Sin embargo, el entonces alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, las inauguró un mes antes para protagonizar la foto, ya que no iba a repetir como candidato del PSOE a la Alcaldía en las elecciones municipales de mayo y de haber esperado a la culminación verdadera de las obras para cortar la cinta ello le habría supuesto una sanción por vulneración de la ley electoral. En el acto de la prematura inauguración Monteseirín prometió que el Metropol Parasol (rebautizado como Setas por los sevillanos) serían un revulsivo para el Casco Antiguo, pero 15 años después este distrito se desangra demográficamente.
Según el entonces alcalde, impulsor supremo del faraónico conjunto a modo de icono de su mandato y en el que oficialmente «sólo» se gastaron 123 millones de euros (sobrecoste del 73% del precio inicialmente reconocido), los beneficios económicos del Metropol Parasol superarían en un solo año el dinero gastado en su construcción.
Esos supuestos beneficios y, conforme a sus palabras, apertura de las puertas al progreso económico y a la revitalización del distrito deberían haberse traducido, en pura lógica económica, en un incremento de la población, al contar el Casco Antiguo con tal potente motor de atracción de turistas y de generación de negocio. A la vista de sus balances, parece que el negocio generado se ha quedado sobre todo en las arcas de Sacyr, la empresa concesionaria de las Setas, y que no ha servido para fijar ni incrementar el número de habitantes del distrito.
El indicador demográfico, muy usado por los economistas, refleja justo lo contrario: el Casco Antiguo presenta un balance poblacional negativo al cabo de quince años de la inauguración del Metropol Parasol / Setas de la Encarnación:

Al contrario de las expectativas de reactivación creadas por Monteseirín tras la inauguración del Metropol Parasol en 2011, el distrito consolidó un lento pero continuo proceso de pérdida de población residencial a partir de su máximo histórico de 2012.
La población del distrito Casco Antiguo alcanzó su pico histórico en 2012 con 60.437 habitantes, iniciando a partir de entonces un declive demográfico paulatino pero constante que ha situado la población en 56.980 habitantes en 2024 (una pérdida neta de 3.457 vecinos, equivalente a un -5,72%).
Las Setas se ubican directamente en el barrio de Encarnación-Regina. Según el Padrón Municipal, este barrio perdió un 7% de sus habitantes entre 2012 (el año de pico de población en el centro tras inaugurarse el Metropol Parasol) y 2022, lo que se traduce en una pérdida neta de 309 vecinos. Esto lo posiciona como el séptimo barrio del Casco Antiguo con mayor pérdida absoluta de residentes en ese decenio.

Monteseirín, en las Setas de la Encarnación
El entorno del norte del Casco Antiguo que rodea a la Encarnación muestra una tendencia similar. El barrio de Feria (justo al norte) perdió 515 residentes de nacionalidad española en el mismo periodo, mientras que San Julián fue el peor parado de todo el distrito, dejándose 583 nativos (y 457 habitantes en su saldo total neto).
La zona inmediatamente colindante a las Setas de la Encarnación (especialmente la sección censal correspondiente a la collación de San Andrés) ha experimentado una pérdida demográfica acelerada del -14,72% de su población residencial entre 2016 y 2023, coincidiendo de forma drástica con una penetración masiva de viviendas de uso turístico (VUT), que ya acaparan el 18,22% de su parque de viviendas familiares.
Esta sección censal de la iglesia de San Andrés (que linda directamente con el flanco oeste de las Setas de la Encarnación) es la segunda sección censal de todo el Casco Antiguo con mayor retroceso poblacional del distrito, sólo superada por una micro-zona en el barrio del Arenal.
Si las Setas hubieran generado cada año un negocio equivalente el del coste de su construcción y hubiera abierto las puertas al progreso económico y a la revitalización del Centro lo lógico habría sido que el Casco Antiguo hubiera ganado población en vez de haber perdido casi 3.000 vecinos desde su inauguración.
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