La Plataforma pro Parque Guadaira (a mí me gusta sin acento en la ‘i’, pese a Gutiérrez Limones), ya saben, el único parque del mundo proyectado desde su origen con una carretera por medio, ha pedido públicamente su cerramiento ante el riesgo de que sea “fagocitado” por los coches de los aficionados que acuden a los partidos del Betis. Miedo más que justificado. El sábado pasé por allí coincidiendo con el encuentro ante el Español y los automovilistas aparcaban incluso sobre el campo de fútbol del complejo deportivo municipal de la calle Ifni, sin que la invisible Policía se inmutara ni a Zoido se le ocurriera mandar la grúa, no vaya a ser que se le cabreen los votantes. Larga bula a los dos clubes sevillanos. Los gorrillas, que ahora están al aguardo de sus víctimas montados en bicicleta para que nadie se libre de pagarles el ‘impuesto revolucionario’, ya se frotan las manos ante la perspectiva que les ofrece el nuevo espacio explanado entre el Polígono Sur y Heliópolis. Mucho me temo que el Guadaira, más que parque va a ser el parking anexo al estadio del Betis.
El secretario del comité español de Icomos, Víctor Fernández Salinas, ha declarado en relación con la torre Cajasol, alias Pelli, que “en Los Bermejales podría haber catorce torres y nadie diría nada”. Será porque no se ha percatado aún Conchita Rivas, porque si no Salinas se iba a enterar de lo que vale un peine. En este barrio al Sur del Sur se preguntan por qué razón han de acoger todo o casi todo lo que no quiere el resto de la ciudad en esa estrategia tan inglesa de los nimby: que lo pongan en cualquier parte pero no en mi patio trasero. Pues Los Bermejales son no el patio trasero, sino el cuarto trastero de Sevilla. ¿La mezquita? Primera opción, Los Bermejales. ¿Un centro para toxicómanos? Pues en cierta parcelita libre en Los Bermejales. ¿Los locos? Al hospital asimilado al barrio. Hasta el parque del Guadaíra deja de serlo y se convierte en carretera al desembocar entre Heliópolis y Los Bermejales. Con estos precedentes más las palabras de Salinas se comprende mejor por qué este barrio, harto, llegó a pedirle a Kiko Toscano su anexión por Dos Hermanas.