La hora de la verdad

Los sevillanos  y los andaluces están convocados hoy a unas elecciones regionales que pueden ser históricas de consumarse el vuelco que auguran todas las encuestas y producirse por vez primera la alternancia en el Poder en beneficio del PP de Javier Arenas. Incluso pasarán a los Anales si se mantiene el ‘statu quo’ actual, pues supondría que los socialistas, de sufrir una ‘dulce’ derrota por no obtener el PP la mayoría absoluta, estarían en disposición de seguir gobernando mediante una coalición con IU y salvarían así la peor situación imaginable: la arrolladora marea azul popular tras las municipales y generales, el escándalo de los ERE y una tasa de paro en Andalucía superior al 31% tras sus 30 años de gobierno. Nunca lo tuvo aparentemente más difícil el PSOE y nunca más fácil el PP.

Todas las encuestas publicadas en los dos últimos años, y de forma más acusada hace una semana, le dan la mayoría absoluta al PP, pero pueden acabar siendo un espejismo, como bien sabe el propio Arenas por experiencias anteriores en que, merced a su poderosa maquinaria y a las redes clientelares tejidas desde la Junta, Diputaciones y Ayuntamientos,  el PSOE ha sido capaz de invertir la situación en el último minuto para al menos seguir gobernando en minoría o con alianzas.

LA MAYORÍA ABSOLUTA

Arenas apenas ha podido contener el triunfalismo entre sus filas tras divulgarse hace una semana los sondeos realizados por Sigma Dos para El Mundo, IMC para ABC y Metroscopia para El País, ya que todos le daban al PP la mayoría absoluta o lo colocaban al borde de la misma. Paradójicamente, el medio menos sospechoso de simpatizar con el partido de la gaviota, El País,  es el que le augura la victoria más aplastante:  el 47,3% de los sufragios y una amplia mayoría absoluta de 59 diputados (55 le bastarían para gobernar en solitario), frente al 34,4% de votos y 41 escaños del PSOE, donde ha caído como un jarro de agua fría por no esperar un vaticinio de semejante castigo, que superaría la peor de sus pesadillas.

Ni Arenas lo tiene todo ganado ni Griñán todo perdido, porque los sondeos tienen un significativo margen de error, en algunos casos destacan el peor dato de la horquilla para el PSOE y en el mejor para el PP e incluso el más amplio de todos, el del CIS, tampoco incluye algo fundamental: la participación/abstención. Hemos visto que con tan sólo 120 entrevistas telefónicas por provincia se han hecho estimaciones de escaños, con lo cual hay grandes probabilidades de equivocación.
Al PP, que logró 47 diputados en las anteriores elecciones autonómicas, le bastaría con sumar uno más en cada provincia (8) para obtener la ansiada mayoría absoluta.
Para que Arenas, cuya victoria se da por descontada, no logre gobernar en solitario, el PSOE precisa al menos que el PP no lo supere en diputados en las tres provincias en que ha depositado todas sus esperanzas – Sevilla, Huelva y Jaén- y obtener unos resultados razonables en las restantes.

CLAVE, LA PARTICIPACIÓN

El grado de participación y el de movilización a última hora de los indecisos serán determinantes en este 25-M. De las ocho elecciones anteriormente celebradas en Andalucía, sólo dos, además de éstas, no han coincidido con otras, ya fueran generales o europeas: las de 1982 y las de 1990. En ambos casos la participación fue inferior a la registrada cuando se han celebrado de forma conjunta con unas generales: un 66,31% en 1982 y tan sólo un 54,72% en 1990.
En el resto de citas electorales, la participación ha oscilado entre el 67,28% (año 1994) y el 75,85% (año 2004). ‘A priori’ la menor participación beneficia al PP en una región sociológicamente de izquierdas,  porque implica que más potenciales votantes socialistas se quedan en casa, mientras que la fidelidad del votante popular es muy superior. Sin embargo, como estos comicios se perciben de una forma especial porque pueden suponer un vuelco tras 30 años, hay muchas posibilidades de que la participación supere las cotas de las dos elecciones autonómicas anteriores en solitario.
A partir de un 65% de participación, Arenas tendría serios motivos para preocuparse, porque significaría que el PSOE habría encontrado respuesta a su desesperado toque de corneta.

VOTO DEL ÚLTIMO DÍA

El segundo elemento clave van a ser los indecisos. Algunos sondeos han reflejado que entre un 25%-30% de los votantes aún no tenían decidido su sufragio hace siete días. Como dato de referencia, en las generales del 20 de noviembre un 7% de los andaluces decidió su voto en la misma jornada electoral. Se estima que en torno al 20% se decanta en la semana precedente, por lo que habrá que ver cómo han influido la campaña de los partidos, las movilizaciones contra la reforma laboral y la declaración ante la juez Alaya del ‘chófer de la cocaína’ en el escándalo de los ERE.
La tercera clave será la Andalucía profunda, tradicional feudo del PSOE. El PP ha ido laminando progresivamente el poder socialista. Primero, en el litoral. Después, en las capitales de provincia. Si Arenas consigue un avance suficiente en los municipios del interior, y especialmente en la provincia de Sevilla, tendrá prácticamente asegurada la mayoría absoluta.
Por eso Sevilla es tan importante en estas elecciones, porque tiene el 14% de todos los pueblos andaluces, el 24% del censo electoral (uno de cada cuatro votos en disputa) y elige a uno de cada seis diputados en el Parlamento.
Ganar hoy en Sevilla o al menos que no gane aquí el rival (empate en escaños) es una de las condiciones para que el PP o el PSOE puedan celebrar esta noche la victoria en el conjunto de Andalucía o, al menos, una ‘dulce’ derrota.

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