La resurrección de Viera

La Semana Santa ha evidenciado la resurrección de un político al que Monteseirín, Marchena y sus adláteres daban por muerto hace sólo unos meses: José Antonio Viera, el secretario general del PSOE de Sevilla. No sólo no era un cadáver político, sino que ha demostrado desde el Viernes de Dolores que es quien manda y quien ejerce realmente de alcalde en la sombra tras la defenestración de Monteseirín y su camarilla, los cuales le habían ‘hecho la cama’ dentro del partido aprovechándose para ello de los resortes de poder con que contaban en el Ayuntamiento y unas empresas municipales convertidas en su red clientelar.

La Semana de Pasión de Monteseirín empezó el Viernes de Dolores con la entrevista cara a cara con el secretario general, cuya autoridad no ha reconocido nunca pese a que fue reelegido por cerca del 90% de los delegados en el último congreso ordinario socialista. Tras esa reunión se dijo que el alcalde defenestrado mediante el teletipo de Europa Press seguiría ejerciendo “en este tiempo más inmediato” y que el PSOE supervisará la gestión municipal durante el resto del mandato. El mensaje no podía ser más nítido: Monteseirín, que hasta su caída proclamaba el principio de la autonomía municipal y de la no injerencia del partido en las instituciones para sustentar así su califato independiente desde el que asaltar el poder orgánico, se sometía a las directrices de un Viera plenamente ratificado por Griñán y quedaba señalado no sólo como alcalde interino, sino también como tutelado por el secretario general.

SÁBADO DE PASIÓN

La Semana Mayor se inició con el tradicional anuncio de huelga por parte de los trabajadores de Tussam, en esta ocasión para el Domingo de Ramos y la Feria y secundados por los taxistas, que amenazaban también con alguna acción de protesta “sobre la marcha y en función de cómo vaya todo” por la distribución de paradas dentro del Plan Especial de Tráfico. Ora los autobuses, ora los taxis, cuando no los dos gremios simultáneamente. Esto sí que era la ‘pinza’ y no aquella de la que hablaba Celis en el último Pleno tras el voto favorable del PP a la iniciativa de IU en contra de retrasar la edad de jubilación anunciada por Zapatero.

Al igual que para los franceses es inconcebible un jardín sin flores o una comida sin queso, para los sevillanos lo sería una fiesta de primavera sin un conflicto en el transporte, acostumbrado como está el sector a tomar como rehén a la ciudad. La dirección de Tussam denunció que la plantilla había llevado a la ruina a la empresa al conseguir que las autoridades municipales se plegaran a sus chantajes durante los últimos diez años, pero que con una deuda de 130 millones de euros ya no quedaba margen de maniobra. Los directivos no se percataron de su lapsus freudiano, porque estaban reconociendo inconscientemente que había sido Monteseirín (la autoridad del último decenio) el que había dado alas a los sindicatos con sus continuas concesiones.

El sábado, mientras el alcalde interino y tutelado imponía a la Esperanza de Triana  la duodécima medalla de su mandato a una Virgen, los directivos de Tussam eran forzados a una última negociación con los sindicatos para tratar de parar la huelga del Domingo de Ramos. Gutiérrez y Arizaga reconocieron que se habían sentado a la mesa “porque el partido se lo había ordenado”. Así pues, Viera, y no Monteseirín aun tratándose de una empresa municipal, era quien ejercía de alcalde en la sombra mientras Alfredo aún alardeaba en la procesión de la Hiniesta de que llevaba ya diez años con la vara de máximo regidor.

MARTES SANTO

Aunque el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, Viera aprendió de la experiencia tras el último congreso socialista y esta vez no tolera que desde el Ayuntamiento se consolide un califato, ni con Monteseirín ni con Celis de delfín, de ahí que tras la defenestración del primero se haya dedicado a demoler el  sector crítico.

El Martes Santo asistimos a la escenificación del ‘ascenso’ de Celis como secretario general de la Consejería de Obras Públicas o, lo que es lo mismo, a su salida del Consistorio y al final de su carrera como alcalde ‘in pectore’. ‘El País’ publicaba la noticia en unos términos muy significativos para las bases socialistas: “Su fichaje  fue anunciado ayer por la consejera, Rosa Aguilar, a través de la agencia Europa Press con un inusitado, extraño e infrecuente entusiasmo en un nombramiento de segundo nivel. Tanta vivacidad revela que el salto de Celis a la Junta forma parte de una operación política para calmar las aguas en el Consistorio sevillano”. Y el titular de El Mundo lo sintetizaba todo: “Viera manda a la Junta al edil más próximo a Monteseirín”.

LUNES DE PASCUA

La laminación de Celis obligará a remodelar el equipo de gobierno municipal, motivo que sirvió a Maribel Montaño para ratificar la sumisión de Monteseirín, del que dijo: “no va a hacer ningún nombramiento que no consensúe con el partido”. Osea, con Viera.

Así pues, la Sevilla de los tres estadios de fútbol asiste a un escenario con cuatro alcaldes: el interino y tutelado (Monteseirín); el alcalde en la sombra (Viera); la alcaldesa de transición que no quiere ser ‘florero’ (Rosamar) y el alcalde que, atención, puede ser el accidental de manera mucho más inminente de lo que se piensa (Torrijos).

Viera, el resucitado, bien  podría entonar la famosa rumba de Peret: Pero un día se apareció/ lleno de vida y contento/ diciéndole a todo el mundo/ ¡Eh! Se equivocaron de muerto.

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