Ausente

pregoneroCuentan las crónicas  que el (sin) alcalde no dijo ni una palabra tras el Pregón de la Semana Santa y que se marchó del Maestranza en silencio y sin que muchos se percataran de su ausencia. ¿Recuerdan el lema de la lacrimógena película ‘Love story’? ‘Amar es notar la ausencia’. Pues bien, es como un silogismo en Barbara: Sevilla no nota la ausencia de Monteseirín, luego la ciudad no ama a Alfredo. Ésta es la prueba del nueve de por qué hablamos de un (sin) alcalde: está y no se le siente, salvo para peor; se va y no se le echa en falta. No pinta nada. ‘A posteriori’ circularon varias versiones sobre la esfumación del (sin) alcalde etéreo, incluso una oficial sobre un alumbramiento que habría requerido su presencia conforme a su famosa expresión de que él es médico. Pero la que más crédito ha tenido en los mentideros cofradieros y políticos es la de que tenía mucha prisa porque debía preparar su próximo viaje a Nueva York. ¿Y van…? A costa del contribuyente, hasta el último minuto. Sevilla está sin alcalde porque Monteseirín lleva un año haciendo las maletas.

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