Tempelhof y Tablada

En  1909, en una explanada que con el tiempo sería rodeada por Berlín, el francés Armand Zipfel realizó la primera exhibición aérea de la historia, a la que siguió otra de Orville Wright. Aquellos vuelos marcaron el destino de los terrenos, donde se construyó la primera pista de lo que sería el aeropuerto de Tempelhof.
Un decenio más tarde accedió al poder en Alemania el nazi Hitler, el cual convirtió Tempelhof en otro símbolo del poderío del Tercer Reich. Al concluir las obras encomendadas entre 1937 y 1941 a Erns Sagebiel bajo la planificación y supervisión del arquitecto del régimen, Albert Speer, la terminal aeroportuaria era el edificio más grande del mundo, sólo superado luego por el Pentágono, en Washington.
Esta imponente terminal y las alas adyacentes que formaban un cuarto de círculo y permitían a los aviones llegar casi al pie de los pasajeros, causan aún la admiración de arquitectos como Norman Foster, que calificó Tempelhof como “la madre de todos los aeropuertos”. 

EL PUENTE AÉREO

Como es sabido, tras la derrota nazi en la II Guerra Mundial, Alemania y su capital, Berlín, fueron repartidas entre las cuatro superpotencias victoriosas (Estados Unidos, Unión Soviética, Francia e Inglaterra), y el aeropuerto de Tempelhof quedó, providencialmente, bajo el control aliado, en concreto de Estados Unidos.
El 26 de junio de 1948, en pleno auge de la denominada ‘guerra fría’, la Unión Soviética del genocida Stalin bloqueó  las rutas terrestres y fluviales de acceso a Berlín como medida de presión para que los aliados le cedieran el control de los sectores bajo su mando.
Completamente aislados y rodeados por la zona ‘roja’  en manos de los soviéticos, dos millones y medio de berlineses no tenían forma alguna de abastecerse de alimentos, medicinas y otros productos básicos, pero tan sólo una semana después de establecido el bloqueo Estados Unidos comenzó a usar el céntrico aeropuerto de Tempelhof como base de despegue y aterrizaje de aviones solidarios, que lanzaban en paracaídas las provisiones sin las que los habitantes de Berlín Oeste habrían muerto de hambre.
Aviones de todos los países aliados se sumaron al que ha sido el mayor ‘puente aéreo’ de la historia, mientras en el aeropuerto se trabajaba sin descanso para construir dos nuevas pistas en tiempo récord (tres y cinco meses). En los dos años que duró el bloqueo hasta que Stalin se dio por vencido, gracias a los 280.000 vuelos realizados desde Tempelhof y dos pequeños aeródromos complementarios se lanzaron sobre la población de Berlín 2,3 millones de toneladas de alimentos, carbón para cocinar y calefacción y medicinas. Particularmente famosos se hicieron entre los niños los aparatos Douglas DC-3 llamados ‘Candybombers’, que les lanzaban golosinas y chocolate. La foto de las criaturas con las manos alzadas al cielo esperando las chocolatinas es considerada un documento histórico de la ciudad.

ABOCADO AL CIERRE

El aeropuerto de Tempelhof salvó Berlín y quedó convertido para siempre en un símbolo heroico de resistencia y en la memoria sentimental de los berlineses, pero su misma ubicación estratégica en el centro de la capital acabó progresivamente trocándose en la causa que abocó a su cierre.
Por la proximidad de los edificios a las pistas, los nuevos y cada vez más grandes aviones comerciales no podían aterrizar en él y tenían que ser desviados a aeródromos del extrarradio. Su explotación devino en ruinosa y se decretó su cierre para 2004.
La oposición de los berlineses a tal medida por todo lo que significaba para ellos el aeropuerto lo impidió, pero el déficit era insostenible. En 2007, de los 20 millones de pasajeros de los aeropuertos berlineses, tan sólo 350.000 tuvieron como destino Tempelhof, reservado únicamente a vuelos chárter y avionetas.
La clausura del complejo aeroportuario, de 380 hectáreas de superficie (la dehesa del aeródromo sevillano de Tablada mide 367), no pudo lograrse hasta el 31 de octubre de 2008,  previo referéndum no vinculante en que 580.000 ciudadanos de un censo electoral de 2,4 millones votaron a favor de su supervivencia.

PRESIONES INMOBILIARIAS

Inmediatamente, el Ayuntamiento del Berlín reunificado y capital del, otra vez pese a todos los fantasmas históricos,  país más poderoso económicamente de Europa recibió todo tipo de presiones para convertir Tempelhof en el mayor negocio inmobiliario de todos los tiempos en Alemania. Ahí es nada: 380 Has.  de suelo libre en pleno centro de la ciudad.
Sin embargo….

Hace ahora poco más de un año, 200.000 berlineses se dieron cita en las pistas y terminales del aeropuerto más antiguo de Europa para festejar por todo lo alto, con cometas y fuegos artificiales, su reconversión en el mayor parque público de la ciudad.
Seis kilómetros de pistas de despegue y aterrizaje de aviones son desde entonces circuitos para ciclistas, patinadores y deportistas urbanos. Se han habilitado 2,5 hectáreas de terreno para encender barbacoas y cuatro para que los berlineses paseen sus perros con plena libertad.
La terminal aeroportuaria, que en su día fue el mayor edificio del mundo (1.200 metros de longitud y 290.000 m2 de superficie), es ahora escenario de todo tipo de actividades, como el festival de moda ‘Bread & Butter’ y el ‘Berlin Music Week’, que cada septiembre congrega en la capital germana a miles de jóvenes europeos.
Al leer la historia del mítico aeropuerto berlinés me acordé, no sé por qué, de otro aeródromo sevillano no menos mítico.
Tempelhof, verde. ¿Y Tablada?

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