El reloj

Recordarán que Zoido acuñó la imagen de que bajo su mandato el Ayuntamiento y la ciudad funcionarían con la puntualidad y precisión de un reloj suizo. Año y medio después, como hace doce meses, el colega Juan Parejo ha descubierto que los relojes municipales se han vuelto a parar. Y esta vez el alcalde no puede culpar de la parálisis de las agujas a la herencia recibida de Monteseirín o a la transición de una corporación a otra como en la anterior ocasión, que le pilló casi recién aterrizado, ya que ahora se debe a la imprevisión en la renovación a tiempo del contrato con la empresa responsable del mantenimiento. Imprevisión, pues, que es la antítesis de la acción de gobernar, la cual consiste en prever o anticiparse a los problemas y en la correcta administración de los recursos públicos. La detención de las manecillas de los relojes municipales ratifica el acierto del título-síntesis del balance de la gestión municipal en 2012 realizado por este periódico: el año que no pasó. A Zoido se le ha vuelto a olvidar darle cuerda a este reloj de la marca Sevilla.

 

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