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El pato cojo

No hay mayor imagen de torpeza que la que transmite en su errática trayectoria un pato cojo. La prensa americana acuñó precisamente la expresión ‘the lame duck’ para definir el síndrome que afectaba a los presidentes estadounidenses que no podían optar a la reelección porque se hallaban en su último mandato. La Constitución de EEUU impide que estén más de 8 años en el poder, para inyectar así savia nueva en el sistema político y evitar tentaciones totalitarias. Ya lo dijo el clásico: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los presidentes que dejarán de serlo a plazo fijo pierden mando e influencia a chorros porque el resto de los políticos, sean o no de su cuerda, dejan de tenerlo como referente y se reorientan en función de los posibles candidatos a la sucesión. Como reacción, los inquilinos de la Casa Blanca dados por amortizados empiezan a pasar olímpicamente de todo y de todos y a hacer lo que les viene en gana. Total, como ya no van a ser penalizados electoralmente. En los ambientes flota que Monteseirín, no acabe o  acabe el mandato por imperativo de sus mayores (él propone y Chaves dispone), está ya políticamente visto para sentencia. Da igual que salga indemne o con algunos perdigonazos de los casos Mercasevilla o Unidad o que corte la cinta inaugural de Fibes o las ‘setas’ de la Encarnación, si es que halla dinero para acabarlas. En la metáfora del cuento de Blancanieves, si a Monteseirín le crecen enanitos como Celis, Rosamar, Espadas y hasta el fantasma de Pepote, es porque todos ellos lo ven ya como un  ‘pato cojo’.

El bastón de mando

Dicen que el alcalde es el gran ausente en los actos de la ciudad y eso dispara las cábalas sobre su futuro. O está ausente porque quiere dejar de ser alcalde o al no sentirse ya  alcalde por eso está ausente, como en el poema de Neruda. Dicen también que habría comunicado a Griñán su deseo de dejar el bastón de mando. La percepción hasta en el PSOE es que ese bastón lleva abandonado demasiado tiempo. Recuerden si no lo dicho por Del Valle: si Torrijos tiene más poder que el que representan sus votos es porque está ocupando el vacío que deja Monteseirín. En realidad, Alfredo ha sido siempre un alcalde cogido entre alfileres, primero por las del PA y luego por las de IU.  Viera en Sevilla y Blanco en Madrid han intentado cargárselo al comprobar con horror el rechazo que inspira en las encuestas hasta entre los votantes socialistas, pero ha sobrevivido gracias a la teoría de Chaves de que a un regidor no debe quitarlo el partido, sino las urnas. Que Monteseirín se vaya o se quede, al cabo es indiferente: sólo es una marioneta cuyos hilos mueve  Marchena.

Los Diez Mandamientos

A raíz de los penúltimos escándalos –recuerden mi teoría de que con esta corporación nunca hay un último- que ponen el nombre de Sevilla en todos los telediarios salvo en los de Giralda Tv, el portavoz municipal del PP, Juan Ignacio Zoido, ha elaborado sus particulares ‘Diez Mandamientos’ para garantizar la transparencia en la gestión y contrarrestar el ocultismo actual que, dice, propicia la corrupción y dificulta que salga a la luz. Ya he recortado el Decálogo para, si Zoido es un  día alcalde, situarme metafóricamente a su vera y exigirle su observancia,  como Roma ponía en la cuadriga del césar a un ciudadano para recordarle entre los vítores de la plebe que no olvidara que era mortal. Suscribo de ‘pe’ a ‘pa’ las Tablas de la Ley zoidianas, como eso de darle siempre un puesto a la Oposición, y cualquier papel en siete días, al igual que se publiquen en Internet  todas las retribuciones. Me he metido en la ‘web’ municipal, pero no he visto que Zoido haya colgado los dineros que gana “por todos los conceptos”. La transparencia empieza por uno mismo.

Del Valle es verde

Sí. No es una errata. Han leído bien. El valle, como el de la famosa película, es verde, y Del Valle, el exalcalde de Sevilla, también. Pasa, en cuanto socialdemócrata, por rojo pálido, más bien difuminado por aquello de los despachos, pero al final ha roto en ecologista. Y es que aplica a la política local el principio ecológico del ‘nicho vacío’ (en la Naturaleza, toda especie tiende a ocupar el hábitat dejado libre por otras) cuando ha destacado el gran protagonismo de Torrijos por la debilidad de Monteseirín. Por ende, ha puesto a parir los proyectos-estrella del alcalde, desde el ilógico tranvía que duplica en superficie el recorrido del Metro hasta las ‘setas’ de la Encarnación; ha alardeado de que en su época no había escándalos como el de las facturas falsas y Mercasevilla y ha prescrito que un alcalde no debe estar más de 8 años en el cargo porque se enroca en las ideas y hace falta aire fresco. Parece como si Del Valle, tan serio entre tantos graciosos sin ángel, hubiera extendido el acta de defunción política de Monteseirín.

Torrijos y Bertolt Brecht

Torrijos se queja del ambiente de crispación existente en la ciudad y, para demostrarlo, en el último Pleno municipal puso como ejemplo su propia vivencia personal: “Iba por la Plaza Nueva y un vecino se plantó ante mí y me dijo: “¡Viva Franco, viva España!”. Yo sólo le respondí: “Pues que vivan”. Pero eso era impensable hace sólo unos meses en esta ciudad”. Aun compartiendo el llamamiento del primer teniente de alcalde a que se aplaquen ciertos ánimos demasiado exaltados en un régimen democrático como el nuestro, Torrijos olvida que cuando Zoido empezó sus visitas a los barrios, personas que luego fueron identificadas como militantes de IU lo rodearon, lo increparon y trataron de echarlo de allí desde la totalitaria creencia de que invadía su coto electoral. ¿Quién, pues, inició la crispación política en esta ciudad? Torrijos debe hacer examen de conciencia y preguntarse si no le es de aplicación a él mismo el famoso poema de Berltot Brecht: “Primero fueron a buscar a Zoido, pero como yo no era del PP, no dije nada…..”